Rosita Amores (Nules, 1938) es una figura indiscutible del music hall, el cabaret erótico valenciano y el espectáculo nocturno. Conocida por su picardía, humor ácido y dosis de provocación, con los años se ha consolidado como un icono kitsch de la ciudad de València. Su trayectoria artística, marcada por la audacia para esquivar la censura franquista, la ha convertido en un referente del imaginario colectivo valenciano.

Una Trayectoria Artística Transgresora
Desde sus inicios en la década de 1960, Rosita Amores demostró ser un "terremoto sobre el escenario". Nunca tuvo miedo y supo eludir la censura para ofrecer al público un espectáculo vibrante. Su habilidad para mezclar erotismo con humor la convirtió en una artista única en una época de restricciones. La vedette actuó en numerosos teatros, cautivando a audiencias y desafiando las convenciones de la época.
Su carrera abarca una extensa filmografía y una notable presencia en televisión, participando en series como L’Alqueria Blanca, Negocis de família, Benifotrem (Canal 9), Ala... Dina y Tio Willy (RTVE), y La casa de los líos (Antena 3). En cine, ha participado en películas como El virgo de Visanteta (1979), Gracias por la propina (1997), Con el culo al aire (1980), Un negro con un saxo (1988) y El robo más grande jamás contado (2002). Además, participó en la miniserie de Blasco Ibáñez dirigida por su hijo Jorge García-Berlanga en 1997 para RTVE, un trabajo que realizó junto al maestro Berlanga.
Actualmente, a sus 83 años, Rosita Amores sigue activa y con proyectos. Su última película, Lo que sabemos, ópera prima del cineasta valenciano Jordi Núñez, está pendiente de estreno. Su vitalidad y presencia en el panorama artístico la mantienen como un mito popular vivo.

"Hija Adoptiva" de Valencia y Símbolo de Libertad
El Ayuntamiento de València reconoció recientemente la figura de Rosita Amores nombrándola “hija adoptiva” de la ciudad. La alcaldesa, María José Catalá, destacó cómo Rosita "esquivó la censura de la dictadura, se convirtió en un icono del espectáculo de variedades y canciones como Posam menta fueron un soplo de libertad". Esta distinción subraya el valor cultural y social de su legado.
La icónica canción 'Posa’m Menta' se convirtió en un verdadero himno de rebeldía y libertad. La letra, cargada de picardía y doble sentido, permitía a la audiencia conectar con un anhelo de emancipación en tiempos difíciles: "Posa’m menta, posa’m menta / que el voler aixina augmenta / que les coses de l’amor / si són fortes són millors".
Colaboración y Controversia
La obra del artista Luis Montolío, una gigantografía que adorna la pared medianera junto al futuro retén de policía local y bomberos de Ciutat Vella de Valencia, incluye una representación de Rosita Amores. En la obra, la vedette aparece ataviada con un espectacular vestido rosa, con los brazos abiertos en medio de una enorme paella, simbolizando su conexión con la cultura valenciana.
Sin embargo, la instalación de esta gigantografía no ha estado exenta de controversia. El Sindicato Profesional de Policía Local y Bomberos (SPPLB) exigió la retirada del cartel, considerándolo "denigrante y ofensivo para la imagen de la Policía Local". A pesar de ello, la obra se enmarca dentro del festival de arte Intramurs, cuyo objetivo es revitalizar la vida cultural de Ciutat Vella.
Rosita Serrano | Reportaje
Legado y Reconocimiento
Rosita Amores ha logrado, por mérito propio, formar parte del imaginario colectivo valenciano. Su capacidad para burlar la censura franquista en sus espectáculos eróticos es un testimonio de su ingenio y audacia. A pesar de haber dejado de ser la artista exótica y erótica de antaño, su figura se ha transformado en un símbolo de la cultura popular y un icono kitsch de València.
Su influencia se extiende también a la comunidad LGTBIQ+, donde es considerada un icono único. Su valentía al subir al escenario junto a artistas como 'El Titi' en tiempos de intransigencia, demostrando tolerancia y respeto, la han convertido en un referente de la lucha por la diversidad y la libertad de expresión.
La artista, que comenzó a actuar a los 14 años (aunque decía tener 16 para poder trabajar), acumula 69 años de escenario. Su labor benéfica semanal, apoyando a artistas que animaron tiempos oscuros y que quedaron a la intemperie al jubilarse, demuestra su compromiso social y su conexión con el mundo del espectáculo.