La gastroenteritis, conocida también como virus estomacal o gripe estomacal, es una afección muy común en la infancia. Se define como una disminución de la consistencia de las deposiciones o un aumento en su número (3 o más en 24 horas), que puede ir acompañada de vómitos, dolor abdominal y/o fiebre. La mayoría de los niños pasan por algún episodio de gastroenteritis infantil, especialmente antes de los 5 años, y suele resolverse en un periodo de entre tres y cinco días.
Causas y diagnóstico de la gastroenteritis en niños
¿Qué causa la gripe estomacal en niños?
La gastroenteritis aparece cuando hay una infección con gérmenes (virus, bacterias o parásitos) en el estómago o los intestinos, causando una inflamación. En niños y adolescentes, los virus son la causa más frecuente, representando el 80% de los casos. Entre los virus, el rotavirus es el agente etiológico más común, afectando casi a la totalidad de los niños menores de 4 años, seguido por adenovirus, calicivirus (norovirus) y astrovirus. La vacuna contra el rotavirus puede ayudar a prevenir los casos debidos a este virus.
La gastroenteritis infantil también puede tener un origen bacteriano, siendo la salmonella y el estafilococo las bacterias más comunes, seguidas por Campylobacter spp, Shigella spp, Aeromona spp, Yersinia spp y E. coli. La infección por salmonela (salmonelosis) es una enfermedad bacteriana frecuente que afecta el aparato intestinal, y la bacteria generalmente vive en los intestinos de animales y humanos, liberándose mediante las heces. Puede transmitirse a través de carne cruda de res, ave y pescado, huevos crudos, o frutas y vegetales hidratados o lavados con agua contaminada.
¿Es contagiosa la gripe estomacal?
Los gérmenes que causan la gripe estomacal son contagiosos y se transmiten de persona a persona. Esto ocurre al tocar objetos contaminados y luego llevarse las manos a la boca, compartir comida o bebida con una persona enferma, o vivir con una persona infectada, incluso si esta no presenta síntomas. La principal vía de contagio es la fecal-oral. Los niños y adolescentes contagian más mientras tienen síntomas, pero pueden seguir transmitiendo la enfermedad durante días o semanas después de mejorar, dependiendo del germen.
Diagnóstico del virus estomacal
El diagnóstico de gastroenteritis viral (gripe estomacal) se basa generalmente en los síntomas, la exploración física y, en ocasiones, la presencia de casos similares en la comunidad. La mayoría de las veces, no se requieren pruebas adicionales ya que el resultado no modificaría la actitud terapéutica. En algunos casos, un análisis rápido de heces puede detectar rotavirus o norovirus. Si hay sospecha de infección bacteriana o parasitaria, el médico puede pedir una muestra de heces para descartarlas.
Tratamiento y manejo en casa
Hidratación: la clave fundamental
La consecuencia más habitual y principal riesgo de la gastroenteritis es la deshidratación a causa de la diarrea y los vómitos. Por ello, el objetivo más importante es restituir las sales y los líquidos perdidos. Es fundamental mantener al niño hidratado, ofreciéndole muchos líquidos para reponer esas pérdidas, de a pequeños sorbos y de manera frecuente, sin forzarle para que los tolere mejor.
- Soluciones de rehidratación oral (SRO): Son la opción ideal, especialmente en niños pequeños o cuando la diarrea es abundante. Contienen la cantidad adecuada de agua, azúcar y sal para combatir la deshidratación y se absorben mejor que el agua sola o los jugos. Están disponibles sin receta en farmacias y supermercados (como Pedialyte, Enfalyte, Naturalyte, Infalyte y CeraLyte) en sobres o líquidas. Si el niño vomita, empiece con pequeños sorbos (una a dos cucharaditas) cada pocos minutos. Es crucial consultar al médico sobre cómo usarlas, especialmente en bebés.
- Agua: Ofrecer agua con frecuencia, pero sin forzar a beber demasiado de una sola vez. No se debe dar agua sola a bebés en lugar de SRO, ya que el agua no se absorbe bien ni restituye adecuadamente los electrolitos perdidos, y carece de los nutrientes necesarios para bebés deshidratados.
- Infusiones: El té de manzanilla es conocido por sus propiedades antiinflamatorias y calmantes, ayudando a reducir la inflamación digestiva. La limonada casera (sin demasiado azúcar) también es una alternativa.
- Agua de arroz: Un remedio tradicional que puede ayudar a detener la diarrea. Se prepara hirviendo arroz en agua y colando el líquido, dejándolo enfriar antes de ofrecerlo en pequeñas cantidades. Para preparar agua de zanahoria, se cortan 250 gramos de zanahorias en trozos pequeños, se hierven en 1 litro de agua durante 60 minutos y se cuela.
- Evitar: Jugos de frutas naturales y, especialmente, el jugo de manzana para rehidratar, ya que puede empeorar la diarrea. También se deben evitar los refrescos, bebidas deportivas y otras bebidas azucaradas por su alto contenido de azúcar, que puede agravar la diarrea.

Alimentación durante la gastroenteritis
Una vez que el niño esté rehidratado o deje de vomitar, puede retomar su dieta normal gradualmente. La Asociación Española de Pediatría recomienda no cambiar la dieta habitual por una dieta blanda o astringente si el niño tiene apetito, pero sí evitar ciertos alimentos. Si el niño no tiene apetito al principio, no se le debe forzar a comer, pero sí se debe continuar ofreciendo bebida con frecuencia. Es importante tener variedad en el menú para mantener el interés y el apetito.
Alimentos recomendados y fáciles de digerir:
- Hidratos de carbono: Arroz hervido, sémola o puré de arroz, patata hervida (picada o en puré), pasta blanca hervida (pasada) con un poco de aceite de oliva.
- Verduras: Zanahoria hervida (picada o en puré), chirivía.
- Pescado blanco: Merluza, bacaladilla, lenguado, rape, gallo.
- Carnes magras: Pollo, pavo, conejo, codorniz.
- Frutas: Manzana (cocida u oxidada, como asada al horno o cortada en cuadraditos con gotas de limón), plátano verde, granada, caquis. Estos alimentos, por su contenido en pectina o taninos, son eficaces contra la diarrea y tienen propiedades antiinflamatorias y para la recuperación de la flora intestinal.
- Lácteos: Yogur natural sin azúcar ni miel. No es necesario evitar los lácteos a menos que empeoren los vómitos o la diarrea. En lactantes, la lactancia materna debe continuar de manera normal, ya que disminuye la intensidad y duración de la gastroenteritis. Si el bebé toma biberón, se debe continuar con la leche maternizada común, sin diluirla.
Alimentos a evitar hasta que se sienta mejor:
- Alimentos azucarados: Helado, gaseosas, dulces, jugos envasados, pastelería, chocolate.
- Alimentos grasos: Frituras, embutidos.
- Alimentos muy condimentados.
- Cafeína, alcohol, nicotina.
- Panes a base de granos integrales, cereales, salvados, productos industrializados.
- Leche de vaca (en algunos casos, si empeora la diarrea).
- Verduras y frutas crudas (excepto las mencionadas).
Descanso y medicación
El descanso es fundamental, ya que la enfermedad y la deshidratación pueden provocar cansancio y debilidad. La gastroenteritis aguda infantil normalmente no requiere ningún tratamiento médico específico, y los antibióticos no son eficaces contra los virus. Los médicos no recetan antibióticos para tratar la gastroenteritis viral, pero pueden ser indicados en casos de infección bacteriana o parasitaria específica, como azitromicina para Shigella o E. coli, ceftriaxona para diversas infecciones gastrointestinales, o eritromicina para diarrea con sangre causada por Campylobacter.
Es crucial evitar dar medicamentos antidiarreicos o antieméticos (para los vómitos) de venta libre a bebés y niños, a menos que lo indique expresamente el médico, ya que pueden ser inseguros para ellos. Si el médico lo permite, se pueden dar medicamentos para aliviar la fiebre o el dolor, como paracetamol o ibuprofeno (nunca ibuprofeno a un bebé menor de 6 meses). No se debe dar aspirina a niños o adolescentes debido al riesgo del síndrome de Reye. Los médicos pueden recetar medicamentos para controlar los vómitos severos en algunos casos.
Algunos estudios sugieren que los probióticos (como los que contienen Lactobacillus y Saccharomyces boulardii) pueden ayudar a restaurar el equilibrio de la flora intestinal y acortar un caso de diarrea, especialmente después de un tratamiento con antibióticos o en casos de gastroenteritis viral.
Deshidratación y Rehidratación en niños
Prevención y cuándo buscar atención médica
Prevención del contagio
Para evitar contraer o propagar infecciones que causan la gastroenteritis viral, es esencial extremar las medidas de higiene:
- Lavado de manos: Enseñar a todos los miembros de la familia a lavarse las manos a fondo y con frecuencia (mínimo 20 segundos con agua y jabón), especialmente después de ir al baño, antes de preparar comida o de comer. Los desinfectantes para manos no son tan efectivos para muchos de estos virus.
- Limpieza de superficies: Lavar encimeras, pomos de puertas y otras superficies de contacto frecuente con un limpiador que elimine virus y bacterias (una mezcla de 5 a 25 cucharadas de cloro y 1 galón de agua para superficies en contacto con heces o vómitos).
- Higiene de ropa: Si la ropa o ropa de cama han estado en contacto con heces o vómito, lavarlas con detergente en el ciclo más largo y secarlas a máquina.
- Seguridad alimentaria: Seguir las recomendaciones de seguridad alimentaria para impedir la entrada de bacterias y virus en alimentos y bebidas. Lavar muy bien verduras y frutas, descongelar alimentos sin romper la cadena de frío y consumir la carne muy hecha.
- Vacunación: Asegurarse de que el niño reciba puntualmente todas las vacunas recomendadas, especialmente la vacuna contra el rotavirus (la primera dosis antes de las 15 semanas de edad para mayor efectividad).
- Evitar contacto: Si una persona tiene gastroenteritis viral, debe evitar tocar y preparar alimentos para otras personas mientras esté enferma y durante 2 días después de que cesen los síntomas. Los niños no deben ir a la escuela o guardería hasta que la diarrea haya mejorado y hayan pasado más de 24 horas sin vómitos o fiebre, y no deben bañarse en piscinas hasta que todos los síntomas hayan desaparecido.
Cuándo consultar al médico
Si el niño presenta alguno de los siguientes signos o síntomas, es importante consultar al médico de inmediato:
- Signos de deshidratación severa: Ausencia o escasez de lágrimas al llorar, boca seca o pegajosa, labios agrietados, mareo o sensación de desvanecimiento, somnolencia o reducción del nivel de alerta.
- Diarrea con sangre o fiebre alta, que pueden ser signos de infecciones bacterianas o parasitarias.
- Vómitos severos o persistentes que impiden la rehidratación oral.
- Si no logra encontrar una solución de rehidratación oral o tiene preguntas sobre su uso.
- Si los síntomas empeoran o no mejoran en pocos días.
Es probable que primero se consulte al médico de cabecera o pediatra. Si hay preguntas sobre el diagnóstico, el médico puede remitir a un especialista en enfermedades infecciosas. Preparar una lista de preguntas (sobre la causa probable, pruebas necesarias, mejor tratamiento, alternativas, cuándo comenzaron los síntomas, su gravedad, qué los mejora o empeora) ayudará a aprovechar al máximo el tiempo de la consulta.