Lo que vieron o escucharon tres pastorcillos analfabetos a principios del siglo XX, mientras cuidaban de su rebaño junto a una encina en Fátima (Portugal), impactó en las decisiones de los pontífices de los siglos XX y XXI, incluido el Papa Francisco. Un «milagro del sol», que según la prensa anticlerical de la época «bailó» el 13 de octubre de 1917 en el lugar de las apariciones, avaló de alguna forma ese mensaje, que incluía «tres secretos».

Los Videntes: Lucía, Francisco y Jacinta
Los videntes se llamaban Lucía Dos Santos, de 10 años, Francisco Marto, de 8, y Jacinta Marto, de 7. Eran primos y vivían en el pueblito de Aljustrel (Fátima). En aquel tiempo de la Primera Guerra Mundial, el día a día de estos niños era tranquilo; como pastores, pasaban el día acompañando el rebaño de ovejas de su familia.
- Lucía Dos Santos: Era la prima mayor. Después de las apariciones, Lucía fue enviada al convento de las Hermanas Doroteas de Villar en Oporto en 1921. En 1928, se convirtió en religiosa y en 1946, ingresó al convento de las Hermanas Carmelitas de Coimbra, Portugal, adoptando el nombre de María Lucía del Inmaculado Corazón, aunque es más conocida como la Hermana Lucía. Escribió varios libros y cartas sobre las apariciones, proporcionando detalles y explicaciones de los mensajes. Falleció el 13 de febrero de 2005, a los 97 años. En 2017, Sor Lucía fue nombrada Sierva de Dios, el primer paso para su canonización.
- Francisco Marto: Era un niño muy tranquilo, sus amigos eran los pájaros y un flautín que tocaba con frecuencia. Después de las apariciones, llevó una vida de profunda religiosidad, centrándose en la oración y el sacrificio por la conversión de los pecadores. Contrajo la influenza española en 1918 y falleció de gripe en 1919. Fue canonizado por el Papa Francisco el 13 de mayo de 2017.
- Jacinta Marto: Le encantaba bailar y jugar, y tenía un corazón bueno y sensible. Al igual que Francisco, Jacinta vivió una vida de devoción y sacrificio tras las apariciones, ofreciendo su vida por la conversión de los pecadores y por la paz. También contrajo la influenza española en 1918 y falleció el 20 de febrero de 1920, a la edad de 9 años, por complicaciones de una neumonía. Fue canonizada por el Papa Francisco el 13 de mayo de 2017.
Las Apariciones del Ángel de la Paz (1916)
Antes de que la Virgen de Fátima se apareciera a los pastorcillos, el Ángel de la Paz los visitó en 1916, en medio de la Primera Guerra Mundial. Las apariciones del Ángel ocurrieron mientras los niños cuidaban de sus rebaños en el campo.
- En su primera visita, el Ángel les dijo: «¡No tengas miedo! Soy el Ángel de la Paz. Rezad conmigo», y les enseñó la Oración del Perdón: «¡Dios mío, creo, adoro, espero y Te amo! Pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no Te aman.»
- Durante la segunda visita, el Ángel se autodenominó «Ángel de Portugal» y les dijo: «¡Rezad! ¡Reza mucho!»
- El Ángel apareció por tercera vez, sosteniendo un cáliz sobre el que estaba suspendida en el aire la Hostia, goteando sangre en el cáliz. Entregando la Hostia a Lucía y el cáliz a Jacinta y Francisco, el Ángel les pidió que rezaran por los crímenes de los ingratos y les dio la Oración del Ángel: «Oh Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Te adoro profundamente. Te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él es ofendido. ¡Santísima Trinidad, yo Te adoro!»
Las Apariciones de la Virgen María (1917)
El 13 de mayo de 1917, los niños aseguraron haber visto por primera vez a la Virgen María, a quien describieron como una figura que «brillaba como el sol y era de una inmensa belleza». Este evento marcó el inicio de una serie de seis visiones que tendrían lugar el día 13 de cada mes hasta octubre de ese año, en la Cova da Iria.
- Primera Aparición (13 de mayo): La Virgen les pidió que volvieran el día 13 de cada mes y les instó a rezar diariamente el Rosario para acabar con la guerra y ofrecer pequeños sacrificios. Les dijo que irían al cielo, pero que antes tendrían que rezar mucho para que volviera la paz al mundo y ofrecer sacrificios para que los pecadores cambiaran de vida.
- Segunda Aparición (13 de junio): María pidió a Lucía que aprendiera a leer y escribir. También les dijo: «Pronto me llevaré a Jacinta y a Francisco, pero Lucía se quedará un tiempo más. No te desanimes, no te abandonaré nunca.»
- Tercera Aparición (13 de julio): María reveló a los niños los «tres secretos de Fátima».
- Cuarta Aparición (19 de agosto): Los niños faltaron a su encuentro programado el 13 de agosto debido a que fueron detenidos por las autoridades civiles anticlericales. Fueron liberados el 15 de agosto y la Virgen se apareció a ellos unos días después cerca de la casa de uno de ellos, animándoles a seguir volviendo a la Cova da Iria.
- Quinta Aparición (13 de septiembre): Unas 30.000 personas acompañaron a los tres niños. María dijo: «Quiero que vengáis aquí el 13 de octubre y que sigáis rezando el Rosario para obtener el fin de la guerra.»
- Sexta Aparición (13 de octubre): Más de 50.000 personas se reunieron bajo la lluvia cerca de la Cova da Iria y fueron testigos del «Milagro del Sol». Mientras el sol giraba, Lucía, Francisco y Jacinta vieron a San José con Jesús y María como Nuestra Señora de los Dolores y Nuestra Señora del Monte Carmelo. La Virgen, abriendo las manos, las hizo reflejar en el sol y dijo: «¡No ofendan más a Nuestro Señor que ya está muy ofendido!».

Los Tres Secretos de Fátima
Los «secretos de Fátima» fueron mostrados a los pastorcillos por la Virgen el 13 de julio de 1917. Los hermanos menores, Francisco y Jacinta, fallecieron tres años más tarde sin revelarlos. Pasaron 21 años antes de que Lucía comenzara a hablar de esas visiones al obispo de Leiría-Fátima. Lo hizo a través de un «memorial» redactado en 1941, donde detalló los dos primeros secretos. El tercer secreto fue escrito el 3 de enero de 1944 y entregado al Vaticano en un sobre lacrado en 1957.
El Primer Secreto: La Visión del Infierno
Lucía detalló que el primer «secreto» era una visión del infierno, «un gran mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra». Ella escribió: «Hundidos en este fuego vimos demonios y almas, (...) entre gritos y gemidos de dolor y desesperación. Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes y negros, como carbones negros en la brasa.» Esta visión, según el relato de Lucía, causó un pavor inmenso a los niños. La Virgen les prometió llevarles al Cielo.
El Segundo Secreto: Profecías sobre Guerras y la Consagración de Rusia
El segundo «secreto» fue un intento de tranquilizarlos ante el miedo que les había generado la primera visión. Lucía relató que la Virgen les dijo con bondad y tristeza: «Visteis el infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hacen lo que yo os diga, se salvarán muchas almas y tendrán paz.»
La Virgen también predijo el fin de la Primera Guerra Mundial y el inicio de otra peor si la humanidad no dejaba de ofender a Dios. «La guerra va a acabar, pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor», refiriéndose a la futura Segunda Guerra Mundial. Les dio una señal para prevenir el estallido: «Cuando veáis una noche alumbrada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que da Dios de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, el hambre y las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre.»
Además, la Virgen María añadió: «Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón, y la comunión reparadora en los primeros sábados. Si atienden mis peticiones, Rusia se convertirá y tendrán paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia, los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas.» El mensaje terminaba con una nota de esperanza: «Por fin Mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz.»
El Tercer Secreto: La Visión del Obispo Vestido de Blanco
El tercer secreto no fue revelado por Lucía hasta que, gravemente enferma a finales de 1943, su obispo la convenció de ponerlo por escrito para no llevárselo a la tumba. Lo redactó el 3 de enero de 1944. El sobre llegó al Vaticano en 1957. Pío XII no lo leyó, pero sí sus sucesores Juan XXIII y Pablo VI, quienes optaron por no revelar su contenido.
El Papa Juan Pablo II, mientras se recuperaba del atentado del 13 de mayo de 1981, solicitó el texto del «tercer secreto» para leerlo con calma. Tras su lectura, lo devolvió a su sobre original, aunque envió a Portugal una de las balas que le hirieron como exvoto para la corona de la imagen de Fátima, lo que indica su creencia en la conexión entre el atentado y la profecía.
La Revelación Oficial del Tercer Secreto
El domingo 13 de mayo de 2000, Juan Pablo II regresó a Fátima para beatificar a Jacinta y Francisco. Durante la ceremonia, el cardenal Angelo Sodano, entonces Secretario de Estado del Vaticano, anunció que por decisión del pontífice, el «tercer secreto» sería revelado en unos días. Sodano adelantó que el secreto hacía referencia a un Papa que «cae a tierra como muerto por disparos de arma de fuego».
El 26 de junio de 2000, el cardenal Joseph Ratzinger (futuro Papa Benedicto XVI) explicó el texto completo. Lucía había escrito que primero vieron un ángel «con una espada de fuego en la mano izquierda; al brillar, despedía llamas que parecían que iban a incendiar el mundo; pero se apagaban con el contacto del brillo que de la mano derecha expedía Nuestra Señora a su encuentro: el Ángel apuntando con la mano derecha hacia la tierra, con voz fuerte dijo: '¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!'»
A continuación, vieron una escena inquietante: «Y vimos en una luz inmensa que es Dios algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando le pasa por delante un Obispo vestido de Blanco; tuvimos el presentimiento de que era el Santo Padre. Varios otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subían una escabrosa montaña, en lo alto de la cual estaba una gran Cruz de troncos toscos. El Santo Padre, antes de llegar ahí, atravesó una gran ciudad medio en ruinas, y medio tambaleante, con andar vacilante, desconsolado de dolor y pena, iba orando por las almas de los cadáveres que se encontraba por el camino; llegando a lo alto del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz, fue asesinado por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros y flechas, y así mismo fueron muriendo unos tras otros los Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y varias personas seglares, caballeros y señoras de varias clases y posiciones.»

Interpretación del Tercer Secreto
El cardenal Ratzinger explicó que la visión de Fátima tiene que ver con «la lucha de los sistemas ateos contra la Iglesia y los cristianos», describiendo el inmenso sufrimiento de los testigos de la fe del siglo XX. La visión del Papa que moría ejecutado fue interpretada como una representación del martirio de la Iglesia en el siglo XX, incluyendo el atentado contra Juan Pablo II. Ratzinger aclaró que, aunque en la visión el Papa moría, Juan Pablo II se salvó, mostrando que «no existe un destino inmutable, pues la fe y la oración pueden influir en la historia, y al final la oración es más fuerte».
También recordó que la Iglesia no obliga a creer en «revelaciones privadas» como esta, pues no son «materia de fe», pero pueden ser de ayuda para devociones personales.
El Milagro del Sol (13 de octubre de 1917)
La tercera y última supuesta aparición de la Virgen tuvo lugar el 13 de octubre de 1917, día en que se produjo el llamado «milagro del sol», presenciado por 70.000 personas. El sol empezó a girar y se hizo más grande, pareciendo que iba a caer sobre la tierra. La gente cayó de rodillas, asustada. Luego se dieron cuenta de que sus ropas estaban completamente secas a pesar de haber estado bajo la lluvia. Incluso los incrédulos y escépticos fueron testigos del fenómeno. Mientras los miles veían el milagro del sol, Lucía, Francisco y Jacinta vieron a San José con Jesús y María como Nuestra Señora de los Dolores y Nuestra Señora del Monte Carmelo.

Legado y Canonización
Fátima se ha convertido en un importante lugar de peregrinación católica. La Iglesia aprobó Fátima como lugar de apariciones en 1930. Los niños no solo enfrentaron el escepticismo público y familiar, sino también interrogatorios policiales y amenazas, manteniéndose firmes en su testimonio.
Francisco falleció de gripe en 1919, y Jacinta en 1920 por complicaciones relacionadas con la misma enfermedad. Ambos fueron canonizados por el Papa Francisco el 13 de mayo de 2017, en el centenario de las apariciones de Fátima, convirtiéndose en los primeros niños en la historia de la religión católica proclamados santos sin ser mártires. Lucía, por su parte, falleció en 2005 y se encuentra en proceso de beatificación.
El Papa Francisco visitó el Santuario de Nuestra Señora de Fátima el 5 de agosto de 2023, durante su viaje por la Jornada Mundial de la Juventud, confirmando la relevancia continua de estas apariciones para la fe católica.
La profecía perdida de la Virgen de Fátima - Documental
Oraciones de Fátima
Además de los secretos, los niños de Fátima recibieron varias oraciones del Ángel de la Paz y de la Virgen María que son ampliamente rezadas hoy en día:
- Oración del Perdón: «¡Dios mío, creo, adoro, espero y Te amo! Pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no Te aman.» (Enseñada por el Ángel de la Paz).
- Oración del Ángel: «Oh Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Te adoro profundamente. Te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él es ofendido. ¡Santísima Trinidad, yo Te adoro!» (Enseñada por el Ángel de la Paz).
- Oración de la Década (u "Oh Jesús Mío"): Se reza después del Gloria de cada decena del Rosario: «Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.» (Dada por la Virgen en su segunda aparición).