La interrupción del embarazo mediante medicamentos es una opción accesible y segura para muchas personas, especialmente en las primeras etapas de gestación. Este procedimiento, a menudo autoadministrado en el hogar bajo supervisión médica, generalmente involucra una combinación de dos fármacos: mifepristona y misoprostol. Sin embargo, surge la interrogante sobre las implicaciones de tomar solo uno de estos medicamentos, particularmente la mifepristona, y no continuar con el misoprostol. Comprender el mecanismo de acción de cada droga y las posibles consecuencias de un régimen incompleto es crucial para quienes consideran esta opción o se enfrentan a un escenario donde el proceso se interrumpe.

El aborto farmacológico: Un proceso dual
El aborto farmacológico se basa en la acción secuencial de dos medicamentos para inducir la interrupción del embarazo. La Ley 27.610 en Argentina, por ejemplo, establece el derecho a una Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) hasta la semana catorce de gestación, y pasada esta, se accede a la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) bajo ciertas condiciones, como riesgo para la salud o vida de la persona o en casos de violación. La interrupción puede realizarse con medicamentos o mediante la Aspiración Manual Endouterina (AMEU).
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Mifepristona: El primer paso
La mifepristona es el primer medicamento que se administra en el proceso de aborto farmacológico. Su función principal es actuar como un antiprogesterona. Es un derivado de la noretisterona que se une al receptor de la progesterona con mayor afinidad que esta hormona, pero sin activarlo. Esto significa que bloquea la fijación de la progesterona a su receptor, impidiendo que esta hormona esencial mantenga el embarazo. Al bloquear la progesterona, la mifepristona provoca que la placenta se separe del revestimiento uterino. Además, la mifepristona incrementa la sensibilidad del músculo uterino a la acción de las prostaglandinas, un efecto potenciador que se produce entre 24 y 36 horas después de su administración y que es de gran relevancia clínica. La dosis habitual de mifepristona utilizada en la mayoría de los protocolos es de 200 mg, aunque en algunos países se sigue utilizando un protocolo de 600 mg.
Misoprostol: El complemento esencial
El misoprostol, una prostaglandina sintética (PGE1), es el segundo medicamento utilizado en el aborto farmacológico. Se administra entre 6 y 72 horas después de la mifepristona, aunque se recomienda esperar al menos 36 horas para optimizar la efectividad debido a la vida media de la mifepristona de 24-30 horas. El misoprostol provoca que el útero se contraiga y se vacíe, induciendo el sangrado y la expulsión del feto. Las prostaglandinas ablandan y dilatan el cuello uterino, al mismo tiempo que son potentes estimuladoras de las contracciones uterinas, actuando sobre la musculatura lisa del miometrio. La dosis de misoprostol habitualmente utilizada es de 800 mcg. La vía de administración del misoprostol puede ser vaginal o bucal, siendo la vía vaginal históricamente considerada más efectiva, aunque estudios recientes sugieren que la vía bucal puede ser igual de efectiva en ciertas gestaciones y con menos efectos secundarios.
¿Qué sucede si se toma mifepristona y no misoprostol?
La combinación de mifepristona y misoprostol tiene una tasa de eficacia muy alta, entre el 95% y el 99% en embarazos de hasta 10 semanas de gestación. Sin embargo, la efectividad del misoprostol solo es del 80%, lo que implica un 20% de probabilidades de que falle. Cuando se toma mifepristona y no se administra el misoprostol, la situación cambia significativamente.

Posibles escenarios
- Continuación del embarazo: La Asociación Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) destaca que tomar mifepristona sin misoprostol no garantiza el aborto. Se estima que en un 40% de los casos, el embarazo puede continuar si la persona toma solo la primera droga. Investigaciones muestran que un feto expuesto únicamente a mifepristona y que no es abortado, puede continuar desarrollándose normalmente.
- Aborto incompleto: Existe la posibilidad de un aborto espontáneo sin que la persona lo sepa, es decir, el embarazo no se desarrolla normalmente y el feto no está vivo, pero los productos del embarazo (sangre, tejido) no han sido expulsados y permanecen en el cuerpo. Esto constituye un aborto incompleto, que es una complicación seria y requiere intervención médica para completarlo, generalmente mediante un aborto en la clínica.
- Riesgos de anomalías congénitas: Si el embarazo continúa después de haber tomado mifepristona sin el complemento de misoprostol, existe un riesgo muy alto de anomalías congénitas graves. La etiqueta del producto de mifepristona recomienda que las mujeres embarazadas o que planean quedar embarazadas no usen este medicamento. Además, el uso de mifepristona en combinación con misoprostol también puede aumentar el riesgo de defectos congénitos si el aborto no es completo.
Intentos de reversión del aborto farmacológico
Ha habido un debate en torno a la posibilidad de "revertir" el proceso de aborto después de tomar mifepristona pero antes de tomar misoprostol. Un experimento realizado por el médico George Delgado, publicado en 2012, sugirió que la administración de dosis suplementarias de progesterona podría interrumpir el proceso de aborto. Este tratamiento, basado inicialmente en experimentos con ratas, mostró que algunas mujeres tratadas con progesterona después de cambiar de opinión lograron continuar con éxito el embarazo. Sin embargo, gran parte de la comunidad médica ha reaccionado con escepticismo, calificando esta investigación como "ciencia basura" y argumentando que el estudio describe un número pequeño de casos, no siguió una metodología rigurosa y no provee evidencias sólidas de que la progesterona haya tenido algún efecto. La ACOG señala que la continuación del embarazo podría deberse a que la mifepristona por sí sola no garantiza el aborto, no necesariamente a la administración de progesterona.
Consideraciones importantes y seguimiento médico
La seguridad y efectividad del aborto farmacológico dependen de la correcta administración de ambos medicamentos y del seguimiento médico adecuado. Es importante resaltar que el sangrado esperable es de varios días y un poco más abundante que la menstruación. Sin embargo, el sangrado no siempre indica que el aborto se ha completado. Para confirmar si el aborto fue completo, es fundamental realizar una ecografía entre los 7 y 14 días posteriores al inicio del tratamiento. Si el aborto no fue completo, será necesario realizar un aborto en la clínica.
Preparación y riesgos del aborto con medicamentos
Antes de un aborto con medicamentos, el proveedor de atención médica realizará un examen físico, un ultrasonido, revisará la historia clínica, realizará exámenes de sangre y orina, explicará cómo funcionan los medicamentos y solicitará la firma de formularios de consentimiento. Es crucial no practicarse un aborto con medicamentos si el embarazo tiene más de 11 semanas, si se tiene un trastorno de coagulación sanguínea, insuficiencia de las glándulas suprarrenales, un dispositivo intrauterino (DIU) no retirado, alergia a los medicamentos, o si no se tiene acceso a un proveedor de atención médica o a una sala de emergencias.
Los riesgos del aborto con medicamentos son generalmente bajos, pero incluyen:
- Aborto incompleto: Requiere un procedimiento quirúrgico para completarlo.
- Sangrado abundante: Más de lo esperado.
- Infección: Aunque se administran antibióticos para prevenirla.
- Coágulos de sangre en el útero: Requieren atención médica.
Después del aborto farmacológico
Después de tomar el misoprostol, la persona experimentará dolor intenso y cólicos, sangrado abundante con coágulos y tejido, que normalmente dura de 3 a 5 horas. También pueden presentarse náuseas, vómitos, fiebre, escalofríos, diarrea y dolor de cabeza. Se pueden tomar analgésicos como ibuprofeno o paracetamol. Es esencial evitar el coito vaginal durante aproximadamente una semana y planear no tener mucha actividad. El periodo normal debe regresar en aproximadamente 4 a 8 semanas. Es fundamental realizar una cita de control con el proveedor para asegurar que el aborto fue completo y no hay complicaciones.
La mifepristona pasa a la leche materna en pequeñas cantidades, y estudios sugieren que no es necesario interrumpir la lactancia después de una dosis única. Sin embargo, para tratamientos prolongados, se recomienda extraer y desechar la leche durante el tratamiento y hasta 18-21 días después de la última dosis.