Puños Cerrados en Bebés de 3 Meses: Interpretación y Desarrollo

Prestar atención a las manitas de los bebés puede proporcionar información muy valiosa para entender su estado y necesidades. Cuando un bebé cierra los puños, puede ser un indicador de varias situaciones, desde el hambre hasta un proceso de desarrollo neurológico normal.

Bebé de 3 meses con los puños cerrados, durmiendo o en estado de alerta

El Reflejo de Agarre Palmar y el Desarrollo Temprano

Los puños apretados son uno de los varios reflejos del bebé recién nacido que notarás en las primeras semanas después de su nacimiento. Este apretón de puños es una reacción normal, uno de los varios movimientos reflejos que ayudan a desarrollar sus futuras habilidades motoras finas.

Comportamientos Comunes del Recién Nacido

A medida que tu bebé se adapta a su nuevo entorno después del nacimiento, es posible que te maraville cómo se mueve en reacción a las imágenes, los sonidos y el tacto. Ten en cuenta que está experimentando un gran cambio con respecto a su entorno en el útero, que era oscuro y acogedor, por lo que tiene una variedad de respuestas físicas. Uno de los reflejos que notarás es que cierra uno o los dos puños con fuerza. Este movimiento también se llama agarre palmar y puedes activarlo acariciando suavemente la palma abierta de tu bebé con tu dedo. Verás que su puño se cierra de inmediato como respuesta. Esta tendencia natural es uno de los muchos movimientos involuntarios que hacen muchos bebés. Otros incluyen:

  • Rastreo: Este importante reflejo comienza al nacer y ayuda a tu bebé a encontrar el pezón que le estás dando. Puedes verlo al tocar la mejilla de tu bebé para que gire la cabeza hacia el pecho o el biberón.
  • Succión: Antes de nacer, tu bebé ya está practicando cómo succionar. Este instinto de succionar cualquier cosa que se le ponga en la boca es una habilidad que perfeccionará en las primeras semanas, con tu ayuda.
  • Reflejo de Moro: También llamado respuesta de sobresalto, este reflejo aparece al nacer y hace que tu bebé agite los brazos en un movimiento repentino cuando lo sorprende una luz intensa, un ruido fuerte o incluso una sensación de caída.
  • Reflejo tónico del cuello: Es gracioso porque parece que tu bebé está diciendo "¡en guardia!". En esta postura de "esgrima", la cabeza de tu bebé gira hacia un lado y luego el brazo del mismo lado se endereza mientras que el otro brazo se dobla, como si estuviera empuñando una espada en una justa.

¿Por qué mi bebé aprieta los puños?

Los puños cerrados son una respuesta neurológica que ocurre a medida que el sistema nervioso de tu bebé sigue desarrollándose. Los puños fuertemente apretados, junto con los codos, brazos y piernas doblados, también son un hábito que queda de su época en el útero, cuando estaba doblado en una posición fetal apretada.

Durante las primeras etapas (0-3 meses), los bebés suelen tener los puños cerrados tanto despiertos como dormidos. Ver que tu bebé duerme con los puños cerrados es completamente normal, sobre todo en los primeros meses de vida. Significa, en la mayoría de los casos, que su sistema nervioso aún está madurando. Es importante tener en cuenta que si tu bebé aprieta los puños mientras duerme y además muestra tensión en otras partes del cuerpo, puede deberse a sobreestimulación durante el día o a una fase de sueño activo. También puede estar relacionado con gases, dolor o irritabilidad (por cansancio).

8 REFLEJOS del RECIÉN NACIDO 👶🏼​ Tipos de Reflejos de un Recién Nacido

Interpretación de los Puños Cerrados

Puños cerrados como signo de hambre

¿Sabías que cuando un bebé cierra los puños es porque tiene hambre? Frecuentemente suelen introducírselas en la boca y esto es un indicador de que tienen hambre, aunque no siempre significa que sea así, ya que a veces es por simple curiosidad. Este comportamiento es algo natural desde que el pequeño está en la tripa y al nacer, sus manos serán el medio para detectar donde se encuentra el pezón de la madre que quiere acercar a su boca.

Puesto que hasta el año no va a ser capaz de comunicarse mediante alguna palabra, su manera de enviar señales será mediante su cuerpo. Evidentemente, cuando el niño esté alterado y abra la boca, nos estará pidiendo alimento, pero si no lo hace de esta forma, hay otros signos que nos permiten identificarlo. Por ello, cuanto más cerrados tenga los puños y más fuerza ejerza, más síntoma de estrés será y por ende, posiblemente de hambre. A medida que lo vayas amamantando y vaya perdiendo el ansia, irá perdiendo esa tensión y aflojando las manitas. Los bebés hambrientos también apretarán los puños, y si tu bebé tiene un caso de cólico, presta atención a este mismo movimiento.

Puños cerrados como signo de sueño o irritabilidad

Otra de las cosas que puede estar comunicando el bebé cuando cierra los puños es que tiene sueño. Pero igual que decíamos que cuando tiene hambre, muchas veces abre la boca, en el caso de que tenga sueño, muchas veces tiende a frotarse los ojos. Es más, si se pone irritable, muchas veces lo que te estará queriendo decir es que necesita que lo dejes tranquilo.

Puños cerrados como señal de dolor

Si un bebé abre y cierra las manos y llora constantemente, es posible que esté sintiendo dolor por algún motivo. Además, si cuando lo coges en brazos no deja de llorar, esto ratifica el hecho de que pueda estar dolorido o incluso enfermo. Ya que si el lloro fuese para reclamar la atención de los padres, iría cesando a medida que se tranquiliza.

Estimulación y Relajación de las Manos del Bebé

Por lo general, no es necesario que hagas que tu bebé relaje el puño cerrado porque este reflejo se desvanecerá alrededor de los cinco o seis meses de edad. Si tu bebé aprieta los puños debido al estrés o los cólicos, trata de calmarlo, envolviéndolo, cantándole, etc. Y, por supuesto, si es hora de comer, ofrécele el pecho o el biberón. En cuanto empieces, deberías ver que sus manos se abren y se relajan. Puedes jugar con el agarre palmar, colocando tu dedo en la mano de tu bebé (¡te sorprenderá lo fuerte que puede agarrar!). Un movimiento similar ocurre en los pies de los bebés (se llama agarre plantar). Acaricia la suela y observa cómo esos diminutos dedos se curvan sobre sí mismos.

Cerrar los puños es muchas veces un reflejo involuntario. Por eso, siempre será una buena idea acariciar sus manitas, colocar objetos no dañinos, sonoros, utilizar distintas texturas, etc. para que pueda tener conciencia de sus manos. Esto además le permitirá relajarse y descansar, además de generar una conexión con sus progenitores. También existen productos Montessori, cuyos diseños están pensados para ejercitar las manos. También es aconsejable mostrarle sus propias manos y moverlas delante de sus ojos.

Padre acariciando la mano de su bebé para ayudarle a relajar los puños

Cuándo Preocuparse y Buscar Asesoramiento Profesional

Signos de alarma en el desarrollo psicomotor

Es normal preocuparse por el desarrollo de tu bebé de vez en cuando o comparar su progreso con otros bebés en tu círculo familiar y de amigos. Pero recuerda, en las visitas regulares de control de su bebé, el proveedor de tu hijo revisa cada reflejo durante un examen médico completo para asegurarse de que cada uno responde adecuadamente a varios tipos de estímulos. Si notas que un reflejo particular, como los puños cerrados, dura más de lo normal, podría indicar un problema con el sistema nervioso de tu bebé. En casos raros, los reflejos exagerados pueden indicar parálisis cerebral o hipertonía, que es un tono muscular rígido.

Irritabilidad, llanto persistente, rigidez (postura de “tijera espástica” con las piernas extendidas y cruzadas entre sí) desde el nacimiento también pueden ser signos de alerta. Hay que tener en cuenta que la conducta del niño es el resultado de la interacción entre la genética y el ambiente. Así, existen variaciones interindividuales y normales según la herencia (“no hay dos bebés iguales”) y según la estimulación que haya recibido el niño en sus primeros meses de vida.

Factores que pueden contribuir a retrasos leves en el desarrollo

Existen varios factores que pueden contribuir a provocar retrasos del desarrollo, leves y no patológicos:

  • Aislamiento social (p.ej. los meses de confinamiento por la COVID).
  • Bebés adoptados institucionalizados desde recién nacidos en su país de origen.
  • Familias inmigrantes sin lazos familiares o culturales en el país de acogida.
  • Inicio tardío de la escolarización.

Estos aspectos pueden provocar retrasos relativos y no patológicos en los ítems de desarrollo, por ejemplo, los relacionados con la hipotonía benigna de la infancia y los retrasos cronológicos (maduración lenta). Estos procesos se distinguen con facilidad de los verdaderamente patológicos porque el niño sigue un desarrollo más lento que la media, pero va alcanzando los diferentes ítems de forma secuencial, sólo 1 ó 2 meses más tarde.

Movimientos repetitivos y funciones de comunicación

En ocasiones, a lo largo del desarrollo pueden aparecer movimientos repetitivos, como las esterotipias y las mioclonías, que pueden semejar crisis epilépticas. Estos movimientos no se acompañan de alteraciones del nivel de conciencia, son transitorios y desaparecen progresivamente en el curso de semanas o pocos meses.

Por lo que respecta a las funciones de comunicación y relación, también existen algunos procesos que pueden provocar retraso en el desarrollo de dichas funciones: los secundarios a hipoestimulación, el retraso simple del habla (normalmente relacionado con dificultades auditivas), el mutismo selectivo y la disfemia (tartamudeo) del desarrollo. Estos procesos evolucionan favorablemente, llegando a la completa normalización del desarrollo, y pueden distinguirse porque el niño tiene una buena intención comunicativa (quiere hacerse entender y tiene recursos para ello) y su capacidad comprensiva es adecuada.

Finalmente, hay que tener en cuenta que el desarrollo psicomotor suele ser disharmónico: no todas las funciones evolucionan a la vez, por lo que puede haber niños cuyo desarrollo sea más lento en algunas áreas (p.ej, caminan más tarde o se retrasan en el habla), mientras que el resto de ítems se desarrollan normalmente. En estos casos, sólo es necesario vigilar la evolución y confirmar que los diferentes aspectos se van normalizando progresivamente.

Pasos a seguir ante signos de alarma

Primero, tranquilidad: los signos y síntomas de alerta no siempre indican que algo va mal. En la mayor parte de los casos, no pasa nada o se trata de patología benigna, de buen pronóstico. Siempre hay que evitar consultar fuentes no fiables (páginas de internet no avaladas científicamente, redes sociales, etc.).

Los actuales controles del niño sano, realizados sistemáticamente tanto en la sanidad pública como en la privada, detectan precozmente los signos de alarma que pueden indicar un trastorno del desarrollo. Se evalúan sistemáticamente los protocolos de desarrollo motor, lenguaje, autismo, etc. No obstante, los padres deben consultar a su pediatra si observan algún signo de regresión (pérdida de habilidades ya conseguidas) o, simplemente, cuando tengan dudas o preocupaciones, ya que su pediatra es el profesional de confianza que mejor conoce al niño.

Evaluaciones y pruebas diagnósticas

El proceso siempre se inicia del mismo modo, con una completa exploración física y neurológica, adaptada a la edad del niño. Después, según los datos aportados por los padres en la historia clínica y los signos evidenciados a través de la exploración, el pediatra aconsejará una trayectoria diagnóstica, siempre empezando por las pruebas menos molestas y que descarten un mayor número de patologías.

Así, según la sospecha diagnóstica inicial, se solicita una valoración auditiva por ORL o a través de una prueba de potenciales evocados auditivos; una valoración de la función visual por oftalmólogo; análisis sistemáticos de sangre y orina… Después de estas pruebas iniciales, el pediatra puede derivar al niño al neurólogo infantil si lo cree conveniente, para una evaluación clínica más profunda y la realización de pruebas complementarias más complejas:

  • Electroencefalograma.
  • Estudio de sueño (polisomnografía).
  • Electroneurografía y electromiografía.
  • Resonancia cerebral (RNM).
  • Análisis de sangre metabólicos y genéticos.

En todo caso, las pruebas no son dolorosas ni invasivas, salvo las que puedan requerir punción (análisis) o sedación ligera (RNM), y siempre se individualizan según la sospecha diagnóstica y evaluando cuidadosamente la relación entre las molestias o el riesgo y la información que se puede obtener.

Infografía: Proceso de evaluación médica y diagnóstica en trastornos del desarrollo infantil

Recursos e Intervención Temprana

Acceso a recursos públicos

A nivel de la sanidad pública se puede acceder a los distintos recursos a través del pediatra del centro de salud, quien derivará al niño a la unidad de desarrollo infantil adscrita al ambulatorio, donde recibirá el tratamiento que precise (fisioterapia, estimulación, logopedia…), así como controles por neuropediatra. Este último puede derivar al paciente a centros hospitalarios de tercer nivel, donde se podrá completar el estudio diagnóstico mediante las pruebas complementarias que pueda precisar.

Por otro lado, a través de estos centros, del propio pediatra o de los servicios sociales del ayuntamiento o comunidad donde resida la familia, se pueden activar ayudas complementarias (dotaciones económicas, ayudas para guardería, para tratamientos, etc.), mediante la obtención de los certificados de discapacidad y/o dependencia.

Acceso a recursos privados y educativos

A nivel de la sanidad privada, existe igualmente una extensa red de centros para realizar el diagnóstico y los tratamientos que pueda precisar el niño. Estos tratamientos pueden combinarse perfectamente con los que se realicen a través de la red pública de asistencia.

Por último, todos los centros educativos públicos y concertados, y muchos de titularidad privada, pueden ofrecer a los alumnos con algún tipo de discapacidad las ayudas pedagógicas que precisen, mediante profesorado de apoyo, atención individualizada, logopedia, refuerzos, etc. Estas actividades se coordinan con los centros de estimulación, para ofrecer al paciente una atención integral.

Trastornos del desarrollo a partir de los 2 años

Suele tratarse de trastornos del desarrollo más leves o que comienzan a dar signos más tardíamente, como el retraso simple del habla, el mutismo selectivo, la disfemia del desarrollo, etc. A partir de los 6 años ya pueden diagnosticarse problemas de aprendizaje, como el déficit de atención (TDAH), la dislexia y otros. Aunque estas condiciones no pueden confirmarse en edades más tempranas, sí que pueden sospecharse más precozmente por la presencia de problemas conductuales, inquietud motora, dificultades de comprensión y disminución progresiva del rendimiento escolar conforme avanzan los cursos.

Por otro lado, trastornos del desarrollo más graves, como el trastorno específico del lenguaje (TEL) o el autismo, en ocasiones se presentan como formas más tardías que pueden no dar síntomas específicos en edades tempranas. Finalmente, hay que considerar también como un signo de alarma cualquier pérdida de lenguaje o de habilidad social a cualquier edad.

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