La gestación subrogada es un proceso complejo y controvertido que implica que una mujer gestante lleva a término un embarazo para otra persona o pareja, renunciando a sus derechos legales sobre el bebé al nacer, a menudo a cambio de una compensación económica. Este fenómeno, aunque no cuenta con cifras oficiales, se estima que alrededor de 1700 bebés de familias del Estado español nacen cada año a través de la gestación subrogada, lo que genera un intenso debate ético, jurídico y social, especialmente en el ámbito feminista.
Experiencias Personales y la Búsqueda de un Marco Legal
Muchas familias recurren a la gestación subrogada ante la imposibilidad de tener hijos por otros medios. Vanesa y Miguel, por ejemplo, esperan mellizos gestados por Lina en Kiev, Ucrania, a más de 3200 kilómetros de su hogar. Ellos enfatizan que no han "alquilado a nadie", lamentando que el discurso feminista pueda alinearse con posturas conservadoras en este tema. Dedican gran parte de su activismo a visibilizar que este camino no es un "sendero cómodo", sino uno lleno de resistencias y desafíos.
La Asociación por la Gestación Subrogada de España, a través de una iniciativa legislativa popular, propone un marco jurídico que proteja a todas las partes implicadas. Según esta propuesta, los progenitores subrogantes deberían haber agotado otras técnicas de reproducción asistida o ser incompatibles con ellas. Las mujeres que decidan gestar tendrían que ser mayores de edad, haber gestado al menos un hijo sano previamente, residir en España durante al menos dos años antes del contrato, tener buena "salud psicofísica y plena capacidad de obrar", y una situación socioeconómica estable. Aurora González, secretaria de la Asociación, busca una regulación "perfecta" para evitar situaciones de riesgo y equipara la gestación subrogada a la externalización del cuidado de un niño en cualquier otro momento de su vida.

Vanesa y Miguel expresan un profundo agradecimiento hacia la mujer que gesta a sus mellizos, considerándola parte de su familia y de su historia. Insisten en la importancia de que las familias de intención conozcan a la mujer gestante y acuerden el proceso para evitar problemas. En Ucrania, la familia de intención puede elegir a la gestante, pero la decisión final siempre es de ella.
Análisis Crítico desde el Feminismo: Más Allá de las Experiencias Individuales
La Mercantilización y la Explotación del Cuerpo Femenino
Para la socióloga y activista feminista Sara LF, es crucial no solo conocer las motivaciones personales de las gestantes y familias, sino también "qué estructura sostiene esa decisión". Distingue entre el derecho a intentar un proyecto de familia y el derecho a la reproducción genética.
Mar Esquembre, profesora de Derecho Constitucional, enfatiza la necesidad de poner límites a la libertad individual y reflexionar sobre su dimensión colectiva. Como firmante del comunicado ‘No somos vasijas’, denuncia la "lógica neoliberal" y la "mercantilización" del cuerpo de las mujeres que atribuyen a la gestación subrogada, calificándola de "eufemismo que idealiza el negocio de compra-venta de bebés". Argumenta que "el altruismo y generosidad de unas pocas, no evita la mercantilización, el tráfico y las granjas de mujeres comprándose embarazos a la carta". Esquembre sostiene que no puede reconocerse como técnica de reproducción asistida porque implica "utilizar un cuerpo", comparando la situación con la prohibición ética de la clonación humana. Ironiza que "si el embarazo lo hiciesen los hombres, se consideraría un hito heroico".
Layla Martínez, en su ensayo Gestación subrogada. Capitalismo, patriarcado y poder, critica el discurso de la libre elección al señalar una clara asimetría: las gestantes firman contratos para cubrir sus necesidades, mientras que los padres de intención lo hacen para materializar sus deseos. Coincidiendo con María Luisa Peralta, Martínez expone cómo las técnicas de reproducción asistida, inicialmente presentadas como procedimientos médicos para la legitimación social y la diversidad familiar, transitaron rápidamente de una lógica sanitaria a una lógica de mercado.
Varias entrevistadas en el libro Sueños y vasijas abogan por una "mirada global" que entienda la urgencia de frenar la voracidad de los mercados capitalistas, buscando un consenso similar al que existe con el comercio de órganos. La politóloga Jule Goikoetxea compara este "extractivismo de semillas" con los mercados reproductivos, donde se manipulan las formas de crear vida, aprovechando los avances científico-tecnológicos y las relaciones de poder. Josebe Iturrioz, profesora de filosofía, añade que una diferencia fundamental entre la prostitución y la gestación subrogada es la presencia de un sujeto protagonista que excede la autonomía de las mujeres: el bebé.
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El Debate sobre el Altruismo
El modelo "altruista", legalizado en países como Reino Unido, Canadá, Uruguay y Cuba, contempla una compensación económica para la gestante que cubre el tiempo y gastos del proceso. Sin embargo, muchas feministas con posiciones antagónicas coinciden en criticar este marco. La retórica del altruismo, similar a la del "ayuda en casa", sirve para desactivar el estigma de la madre "abandonadora" y abarata los costes al pedir "gratuidad precisamente a quienes ponen el cuerpo".
La antropóloga Ariadna Ayala, basándose en sus entrevistas con gestantes estadounidenses, afirmó que la retórica del altruismo se impone a las mujeres, incluso en modalidades comerciales como la de California. Aunque las gestantes reconocen motivaciones económicas, también reivindican los beneficios emocionales y sociales que les reporta. Sin embargo, Sara Lafuente Funes, en su ensayo Mercados reproductivos, interpreta estas retóricas como lógicas de los trabajos feminizados y su precarización. El manifiesto "No somos vasijas" sostiene que el argumento del altruismo refuerza la definición patriarcal de las mujeres como "seres para otros" cuyo horizonte vital es el "servicio dándose a los otros".
Las gestantes altruistas organizadas, como las británicas, defienden este modelo por implicar relaciones horizontales y evitar que el bebé se convierta en objeto de contrato mercantil. No obstante, voces feministas consideran inverosímil una práctica desmercantilizada en un marco neoliberal.
Implicaciones Médicas y Perinatales
El colectivo de profesionales y activistas perinatales feministas (matronas, doulas, psicólogas, etc.) sostiene que la gestación subrogada es una forma de explotación reproductiva. Definen la relación entre la madre gestante y el recién nacido como una díada simbiótica y consideran que la separación entre ambos constituye en sí misma una forma de violencia obstétrica.
La matrona Ana Mendia y la psicóloga perinatal Estitxu Fernández Maritxalar, en el libro Aingeruak eta neskameak [Ángeles y criadas], se oponen a que el embarazo, un proceso psicosocial que transforma el cerebro de las mujeres e implica un intercambio biológico (epigenética), se convierta en un procedimiento mecanizado. Advierten sobre los mayores riesgos de efectos adversos en la reproducción asistida (preeclampsia, placenta previa, partos prematuros, diabetes gestacional, etc.) y presuponen que la violencia obstétrica está especialmente generalizada en los casos de gestación subrogada, con graves consecuencias físicas y psicológicas para mujeres y bebés.
Las asociaciones de familias por gestación subrogada, sin embargo, citan investigaciones como la de Samantha Yee y Clifford Librach, que analizaron las experiencias de parto de 90 gestantes canadienses. Según este estudio, el 97% de las consultadas afirmó que renunciar a la maternidad no les provocó conflicto interno o fue muy leve. Estas asociaciones también hacen referencia a buenas prácticas, como la guía del Ministerio de Sanidad del Reino Unido para atender adecuadamente a gestantes y padres de intención.

El Marco Jurídico y su Evolución
Prohibición en España y Desafíos Internacionales
En España, la gestación subrogada está expresamente prohibida en cualquiera de sus formas por el artículo 10 de la Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida. Esta ley establece que la madre biológica es la que da a luz al bebé, no la que no lo gesta. Los contratos de gestación, "con o sin precio", son nulos de pleno derecho.
A pesar de la prohibición en España, países como Estados Unidos, Ucrania, Rusia, Georgia, Australia o India sí la permiten. Esto genera un complejo entramado normativo cuando las familias españolas recurren a esta práctica en el extranjero. La inscripción de los bebés nacidos por gestación subrogada en el extranjero ha sido un punto de conflicto. La Ley 54/2007 de adopción internacional permite la adopción en el extranjero, incluso en estos casos, siempre que "no vulneren el orden público" español. La Dirección General de los Registros y del Notariado (DGRN) emitió una instrucción en 2010 para regular estas inscripciones.
La Ley 26/2015, de modificación del sistema de protección a la infancia y a la adolescencia, complicó aún más la situación al considerar que vulneran el orden público español aquellas adopciones obtenidas "mediante pago o compensación". El Tribunal Supremo, en sentencias clave (como la 835/2013 y la 1153/2022), ha puesto límites, estableciendo que la filiación de la madre no gestante solo puede ser por adopción y siempre que el proceso en el país de origen haya garantizado los derechos fundamentales de todas las partes, en particular los de la gestante y del menor. Esto implica verificar que no hubo vulneración del interés superior del menor ni de los derechos de la madre gestante.
Casos como el de Ana Obregón, que ha generado un gran debate mediático, exceden los límites legales establecidos por el Tribunal Supremo, ya que el contrato de gestación incluía cláusulas que limitaban la autonomía personal y la integridad física y moral de la gestante, como la renuncia a la intimidad médica o la capacidad de decisión sobre la interrupción voluntaria del embarazo.
El Caso Baby M y su Relevancia Histórica
En 1986, en Estados Unidos, nació Melissa Stern, considerada la primera persona concebida mediante un contrato de gestación por sustitución que incluía inseminación artificial. El caso, conocido como Baby M, llegó a los tribunales cuando Mary Beth Whitehead, la gestante, intentó renunciar a la entrega del bebé. Este precedente marcó el inicio del debate sobre la "surrogacy". Las feministas liberales adoptaron una postura positiva, defendiendo el derecho de las mujeres a determinar sus derechos reproductivos.
Décadas después, en 2021, la Suprema Corte de Justicia de México exhortó al Congreso a regular "de manera urgente y prioritaria" la gestación por sustitución. Fuera de la Corte, feministas protestaron vestidas como las "criadas" de Margaret Atwood, denunciando la mercantilización de mujeres y bebés.

La "Laguna Legal" de la Ley Trans
Es erróneo afirmar que la Ley Trans ha creado una laguna legal para la gestación subrogada en España. La prohibición se refiere al contrato de gestación, con o sin precio, independientemente del sexo de la persona que geste, y a la cesión de una criatura fuera de los procesos regulados de adopción. La adopción nacional excluye los casos derivados de la gestación subrogada por ser ilegal y no cumplir con los requisitos del Código Civil.
Hacia un Discurso Feminista Coherente sobre la Gestación Subrogada
El debate sobre la gestación subrogada revela la complejidad de las interacciones entre el capitalismo, el patriarcado y la autonomía individual. Para June Fernández, es crucial "politizar" los deseos personales y construir un discurso feminista coherente, evitando la intransigencia. Se propone dejar de reducir el deseo de maternidad/paternidad a un problema jurídico y abordarlo como un problema político, relacionado con la organización de la economía bajo reglas capitalistas y patriarcales.
Causas de la Disminución de la Fertilidad y el Rol del Capitalismo Biotecnológico
El aumento de la edad media de las madres primerizas en España (30,6 años en 2014) es un "problema objetivo" al que el mercado neoliberal responde con la gestación subrogada. Este fenómeno es visto como una nueva mercantilización de las mujeres, donde "los subrogadores serán casi siempre más ricos y más blancos, y las subrogadas siempre más pobres y de piel más oscura".
Tere Maldonado y Josebe Iturrioz coinciden en que lo problemático no es la gestación en sí, sino la mercantilización de la reproducción que promueve el capitalismo biotecnológico, el cual "pudre todo" al operar "sin límites". Iturrioz argumenta que la gestación subrogada no es solo una práctica más del capitalismo, sino un negocio estratégico y nuclear, donde la ciencia "crea realidad y la legitima" al invertir en ciertas líneas de conocimiento.
Diálogo Feminista y Propuestas
Las feministas radicales, como Andrea Dworkin, llevan décadas cuestionando la libre elección en trabajos atravesados por lógicas de dominación. En el otro extremo, Gracia Trujillo defiende la autonomía corporal, argumentando que las gestantes "ponen su capacidad reproductiva al servicio de otras personas, sea por motivos altruistas o económicos", similar a las trabajadoras sexuales.
Sin embargo, Lola Robles subraya una diferencia fundamental con el derecho al aborto: en la gestación subrogada, el embrión "no es suyo, es propiedad jurídica de otra/s persona/s". Layla Martínez añade que la gestación ocurre de manera ininterrumpida dentro del cuerpo, lo que cuestiona si lo que se adquiere es la fuerza de trabajo o el derecho a controlar un cuerpo durante un periodo.
Frente a la "deriva moralista del feminismo radical" y su abolicionismo simultáneo de la pornografía y la prostitución, se hace un llamado a un debate abierto, diverso y productivo. Se critica que la lucha contra la gestación subrogada pueda conciliar movimientos reaccionarios y ser un "paraguas bajo el que se reúne el feminismo abolicionista" en España. Itziar Alkorta Idiakez, profesora de Derecho Civil, sostiene que la gestación subrogada es contraria a los derechos humanos, pero propone una regulación restrictiva mientras la prohibición internacional sea inviable. Su propuesta incluye que la gestante sea inscrita inicialmente como madre y que el bebé pueda conocer sus orígenes, además de limitar la retribución de prestaciones humanas.
La perspectiva de la teoría queer, representada por Sophie Lewis y Paul B. Preciado, reivindica la "desnaturalización de la maternidad" (se puede ser madre sin parir y parir sin ser madre) y la "desestabilización de la familia", abogando por "comunas gestantes" y "gestación de código abierto" que liberen la reproducción de la "miseria alienante" y el "absolutismo de la tecnología", promoviendo la camaradería y la amistad sobre el parentesco hereditario.
La creación de un organismo público, como propone la Asociación por la Gestación Subrogada en España, podría ser una alternativa a las agencias privadas, representando una apuesta por lo público frente a la privatización neoliberal y buscando impedir la injerencia de intereses del capital privado.