La gestación es un período maravilloso en la vida de una mujer, pero también puede venir acompañada de algunos desafíos de salud, entre ellas, la temida infección de orina. Esta afección es bastante común durante el embarazo y requiere una atención especial debido a sus posibles complicaciones tanto para la madre como para el feto. Durante el embarazo, el cuerpo experimenta una serie de cambios hormonales y físicos que pueden aumentar el riesgo de desarrollar una infección de orina, siendo la presencia de orina con un olor fuerte o un aspecto turbio uno de los síntomas que pueden generar preocupación. Es crucial abordar esta afección de forma proactiva para garantizar un embarazo saludable y sin complicaciones, prestando especial atención a los factores que influyen en el tercer trimestre.
La Importancia de Abordar la Salud Urinaria en el Embarazo
La cistitis en el embarazo, además de las molestias para la madre, puede representar un riesgo para la salud del feto si no se trata de forma adecuada. En condiciones normales, la orina es estéril, contiene fluidos, sales y desechos, pero está libre de bacterias, virus y hongos. Cuando microorganismos, generalmente bacterias del tubo digestivo, se aferran a la uretra, que es la abertura a las vías urinarias, y comienzan a reproducirse, tiene lugar una infección urinaria.
Las infecciones de orina en el embarazo son bastante comunes debido a los cambios hormonales y fisiológicos que experimenta el cuerpo de la mujer. La incidencia de infecciones urinarias es mayor durante la gestación que en otra etapa de la vida de la mujer, informándose en el 18% de los embarazos. Durante la gestación, el sistema urinario sufre cambios fisiológicos que favorecen la aparición de infecciones urinarias.

Causas de la Orina con Olor Fuerte o Turbia en el Embarazo
La orina tiene un aspecto turbio, huele mal o el olor es muy concentrado en diversas situaciones, y es importante revisar estos cambios. La turbidez o un cambio de olor podría ser señal de infección, aunque a veces la turbiedad benigna es atribuida a las secreciones y es totalmente inofensiva, especialmente si solo se observa por un día sin otros síntomas.
Cambios Fisiológicos y Hormonales
“La progesterona segregada durante el embarazo produce una relajación del músculo liso”, lo que contribuye a la estasis urinaria. La mayor incidencia de infecciones también se debe a la dilatación ureteral mediada por hormonas y la hipoperistalsis.

Factores Específicos del Tercer Trimestre
Con el crecimiento del feto, se produce un aumento del tamaño del útero y éste ejerce presión sobre la vejiga que puede dificultar el vaciado completo al orinar y favorecer la acumulación de bacterias. En el tercer trimestre, la presión del útero sobre la vejiga impide su vaciado completo, lo que aumenta significativamente el riesgo de infección urinaria. La disminución del tono muscular y de la uretra reduce la eficacia de los músculos que controlan la vejiga y la uretra y aumenta la probabilidad de retención de orina. Además, el aumento del pH de la vagina, que tiende a volverse más ácido, puede favorecer el crecimiento de bacterias, o la aparición de reflujo de orina desde la vejiga hacia los uréteres proporciona un sustrato adicional para el crecimiento bacteriano.
Infecciones del Tracto Urinario (ITU)
Si la turbiedad se combina con un fuerte olor, podría ser señal de una Infección del Tracto Urinario. Las infecciones urinarias son la complicación más común durante el embarazo. Cuando microorganismos, generalmente bacterias, se reproducen en las vías urinarias, puede alterar el color y el olor de la orina.
Deshidratación
La deshidratación también puede provocar una orina oscura, turbia y maloliente, ya que la orina se vuelve más concentrada.
Dieta y Hábitos Alimenticios
Las variaciones en la orina son más que nada debido a los cambios hormonales o dietéticos, sobre todo si la mujer está comiendo muchos productos lácteos o comidas grandes por la noche. Los cambios en la dieta por antojos de comida o aversiones también podrían ser los culpables de la orina turbia y con olor. En general, la orina turbia ocasional no debería ser la mayor preocupación, ya que el cuerpo está eliminando probablemente más residuos por seguridad.
Proteinuria
Si la turbidez se combina con un fuerte olor, también podría ser señal de Proteinuria, la cual se produce cuando la orina contiene demasiada proteína durante el embarazo.
Síntomas Asociados a una ITU en el Embarazo
Si estás embarazada, debes estar muy alerta a estos síntomas que pueden indicar una infección de orina:
- Dolor o sensación de ardor al orinar (disuria).
- Necesidad de orinar frecuentemente (polaquiuria).
- Después de orinar, se continúa con el deseo de orinar un poco más (tenesmo vesical).
- Sangre al limpiarte después de orinar o moco en la orina.
- Dolor o contracciones en la parte baja del vientre o sensación de presión (dolor suprapúbico).
- Dolor durante el acto sexual.
- Escalofríos, fiebre, sudoración profusa.
- Incontinencia.
- Cambio en la cantidad de orina, ya sea a más o a menos.
- La orina tiene un aspecto turbio, huele mal o el olor es muy concentrado.
Es fundamental reconocer estos síntomas. No todas las mujeres embarazadas los sufren, pero si es tu caso, debes acudir al médico cuanto antes para un diagnóstico y tratamiento adecuados que eviten complicaciones más graves. Sin embargo, algunos de estos síntomas, como la polaquiuria o la nocturia, pueden ocurrir durante el embarazo sin una infección urinaria, por lo que las pruebas de diagnóstico deben realizarse antes del tratamiento.
Bacteriuria Asintomática (BA)
No todas las ITU tienen síntomas. Es posible tener bacterias en el tracto urinario y no darse cuenta, pero aun así puede dañar su salud. En estos casos, se detecta gracias a los análisis de orina que se realizan en cada trimestre, donde se puede comprobar la presencia de bacterias. Por eso es muy importante que la embarazada no se salte ninguno de los controles recomendados.
La bacteriuria asintomática se refiere a la presencia de bacterias en las vías urinarias sin los síntomas típicos de una infección. Sin embargo, las mujeres embarazadas con BA corren un mayor riesgo de desarrollar una infección del tracto urinario superior, que sí presenta síntomas y no es saludable para el feto. La bacteriuria asintomática a veces progresa a cistitis o pielonefritis sintomática, aunque la infección urinaria sintomática no siempre es precedida por bacteriuria asintomática.
IMPORTANCIA DE LOS CONTROLES PRENATALES
Pielonefritis o Infección Renal
La pielonefritis es una infección del riñón, que se produce cuando las bacterias alcanzan estos órganos a través de los uréteres. La pielonefritis aguda es más frecuente en el segundo o el tercer trimestre. Los síntomas son los mismos en pacientes embarazadas y no embarazadas y suelen incluir síntomas de cistitis combinados con síntomas de las vías urinarias superiores o sistémicos como:
- Escalofríos.
- Fiebre.
- Dolor en el flanco.
- Dolor abdominal cólico.
- Náuseas y vómitos.
- Dolor costovertebral y en región lumbar.
- Malestar general.
En pacientes embarazadas, el índice de sospecha de pielonefritis debe ser alto, y se debe hacer una prueba de orina incluso si algunos de los signos y síntomas característicos no están presentes. En la exploración clínica de la pielonefritis, la sensibilidad a la percusión del ángulo costovertebral suele estar presente en el lado infectado.
Riesgos y Consecuencias de las ITU no Tratadas
Una mujer embarazada que desarrolla una infección urinaria debe ser tratada inmediatamente para evitar posibles complicaciones, tanto para la madre como para el feto. La infección de orina durante el embarazo puede ser peligrosa si no se trata adecuadamente, pudiendo provocar complicaciones graves. La detección y el tratamiento temprano de las infecciones urinarias en las embarazadas debe ser una prioridad, y siempre que se lleve a cabo un diagnóstico precoz, su tratamiento es sumamente efectivo e inocuo para el bebé.
Para la Madre
- Mayor riesgo de pielonefritis: Si una infección de orina no se trata adecuadamente, puede extenderse hacia arriba y afectar los riñones, dando lugar a una pielonefritis aguda; una infección grave del tracto urinario que puede causar fiebre alta, dolor lumbar intenso y malestar generalizado. La pielonefritis puede progresar rápidamente a una infección sistémica durante el embarazo, lo que resulta en sepsis, coagulación intravascular diseminada y síndrome de dificultad respiratoria aguda.
- Parto prematuro: Las mujeres embarazadas que sufren de infecciones de orina no tratadas tienen un mayor riesgo de desencadenar un parto prematuro.
- Hipertensión gestacional: Se ha observado que las mujeres que padecen infección de orina durante el embarazo tienen un mayor riesgo de desarrollar hipertensión gestacional, caracterizada por presión arterial alta después de las 20 semanas de gestación.
- Infecciones recurrentes: Las mujeres que han experimentado una infección de orina durante el embarazo tienen un mayor riesgo de sufrir infecciones recurrentes en el futuro y requerir un tratamiento continuo con antibióticos, aumentando la probabilidad de complicaciones a largo plazo en el tracto urinario.
- Aborto espontáneo: Una infección urinaria no tratada durante el embarazo puede aumentar el riesgo de aborto espontáneo.
Para el Feto
- Bajo peso al nacer: Las infecciones de orina no tratadas durante el embarazo pueden afectar el crecimiento y desarrollo del feto y pueden provocar un bajo peso al nacer. Los bebés nacidos con bajo peso enfrentan una variedad de problemas de salud a corto y largo plazo (problemas respiratorios, dificultades en el desarrollo y un mayor riesgo de enfermedades crónicas en la vida adulta).
- Mayor riesgo de infección neonatal: Los bebés nacidos de madres con infecciones de orina no tratadas durante el embarazo pueden tener un mayor riesgo de desarrollar infecciones neonatales como infecciones del tracto urinario, sepsis y otras enfermedades infecciosas que pueden poner en peligro la vida del recién nacido y requerir tratamiento médico urgente.

Diagnóstico de las Infecciones Urinarias
Ante cualquier duda o síntoma, es muy importante que consultes a tu médico o acudas a urgencias. Es fundamental que la mujer embarazada consulte a su médico de inmediato para obtener un diagnóstico preciso. Para ello, los médicos realizan una prueba de análisis de orina para diagnosticar una ITU, donde se orina en una taza especial.
Como parte de la atención prenatal de rutina, todas las embarazadas deben someterse a pruebas de detección de bacteriuria asintomática en una consulta prenatal temprana. Las pruebas para detectar bacteriuria asintomática deben realizarse con un urocultivo. El diagnóstico de infección urinaria sintomática es igual para pacientes embarazadas y no embarazadas. Por lo general, primero se realiza una prueba de orina con tira reactiva, y se envía un análisis de orina y un cultivo al laboratorio.
Medidas Preventivas y Soluciones para la Salud Urinaria
Para reducir el riesgo de desarrollar una infección de orina durante el embarazo, y con ello evitar el olor fuerte o la turbidez, es importante seguir una serie de medidas preventivas que ayuden a mantener la salud del tracto urinario y a prevenir la proliferación de bacterias:
Hidratación y Hábitos de Micción
- Beber abundante agua: Tomar aproximadamente dos litros diarios de líquidos durante el día. La deshidratación puede concentrar la orina y acentuar su olor.
- Orinar con frecuencia: Procura vaciar completamente la vejiga cada vez que orines.
Higiene y Vestimenta
- Higiene adecuada de la zona genital: Limpiarse siempre desde adelante hacia atrás, y nunca al revés, para evitar que la bacteria E. Coli se introduzca en la uretra. Conviene asear la zona con jabones neutros para mantener una adecuada flora vulvovaginal.
- Uso de ropa interior adecuada: Utilizar ropa interior de algodón y holgada. Evitar el uso de ropa interior de fibra o ropas muy ajustadas.
- Higiene post-coital: Después de mantener relaciones sexuales, limpiar el área genital y orinar. Es recomendable orinar tras las relaciones con el fin de disminuir el paso de bacterias desde el área genital a la uretra, produciendo así un arrastre de las bacterias hacia fuera.
Dieta y Suplementos
- Dieta sana y rica en vitamina C: Comer verduras y seguir una dieta rica en vitamina C (naranjas, pomelos, kiwis, limones…). La vitamina C produce una acidificación de la orina y evita la colonización por parte de las bacterias, además de favorecer el sistema inmune.
- Arándanos rojos: Se destacan por sus propiedades antiinflamatorias, antioxidantes y antibióticas. Una de las cualidades más conocidas del arándano rojo es la prevención y tratamiento de infecciones urinarias, al impedir o dificultar la adherencia de las bacterias de Escherichia Coli (causante más frecuente de infecciones de orina) a las paredes de la vejiga, lo que favorece su eliminación con la orina.
- Probióticos: El uso de productos probióticos (que contienen microorganismos vivos que forman parte de la flora endógena), solos o en combinación con arándano rojo, para la prevención de las infecciones del tracto urinario puede ser beneficioso. Se recomienda su uso sobre todo en mujeres que suelen tener muchas infecciones de orina, ya que parecen ayudar a la estabilización de la microbiota natural y disminuyen la capacidad de desarrollarse de E. Coli.

Evitar Irritantes y Estreñimiento
- Evitar productos irritantes: No usar productos no adecuados para la zona genital, ya que pueden irritar la piel y alterar el pH y la flora genital, que constituyen una barrera natural para las infecciones genitales, favoreciendo así la invasión por bacterias y otros microorganismos.
- Evitar el consumo de cafeína y alcohol.
- Evitar el estreñimiento: Seguir una dieta rica en fibra (frutas, verduras, cereales integrales…) para prevenir el estreñimiento, que puede contribuir a la presión sobre el tracto urinario.
Tratamiento de las Infecciones Urinarias en el Embarazo
El tratamiento de la infección de orina durante el embarazo requiere atención especial para garantizar la salud tanto de la madre como del feto. Ante la presencia de síntomas de infección de orina, es fundamental que la mujer embarazada consulte a su médico de inmediato para obtener un diagnóstico preciso y recibir el tratamiento adecuado. Por lo general, la infección urinaria en el embarazo no perjudica al bebé y puede tratarse fácilmente con antibióticos seguros indicados por el obstetra. El tratamiento de la infección urinaria no cambia con el embarazo, con la excepción de que se evitan los medicamentos que puedan dañar al feto (por ejemplo, fluoroquinolonas).
Antibióticos Seguros
En caso de confirmarse la infección de orina, el médico prescribirá un antibiótico adecuado y seguro para su uso durante el embarazo. La selección de antibióticos se basa en los resultados del urocultivo, la susceptibilidad local y los patrones de resistencia.
- La bacteriuria asintomática o la cistitis aguda se tratan con antibióticos por vía oral.
- La elección habitual para el tratamiento empírico es la cefalexina.
- Puede usarse nitrofurantoína o trimetoprima/sulfametoxazol durante el primer trimestre si no se cuenta con alternativas apropiadas. La duración del tratamiento con estos agentes suele ser de 5 a 7 días.
- La fosfomicina en una sola dosis solo se considera si un cultivo muestra sensibilidad, porque la resistencia es frecuente.
Es importante tener en cuenta que la nitrofurantoína está contraindicada en pacientes embarazadas de término, durante el trabajo de parto y el parto, o cuando el inicio del parto es inminente porque es posible que se desarrolle anemia hemolítica en el recién nacido. Las mujeres embarazadas con deficiencia de G6PD no deben tomar nitrofurantoína, y su uso durante los últimos 30 días del embarazo aumenta la incidencia de ictericia neonatal. La trimetoprima/sulfametoxazol (TMP/SMX) puede causar malformaciones congénitas (por ejemplo, defectos del tubo neural) y encefalopatía hiperbilirrubinémica (kernícterus) en el recién nacido, aunque el suplemento de ácido fólico puede disminuir el riesgo de algunas malformaciones congénitas.
Para tratar la mayoría de las ITU, los médicos prescriben un antibiótico que se toma por vía oral durante 3 a 7 días, lo que elimina la mayoría de las infecciones. Se debe tomar el ciclo completo de antibióticos que el médico recomiende, incluso si los síntomas han desaparecido. Si aún persisten los síntomas después de una semana, se debe informar al médico. Después del tratamiento, algunos médicos realizan un cultivo para evaluar la curación, aunque después de un solo episodio de cistitis o bacteriuria asintomática, no es necesario repetir el cribado en pacientes asintomáticas.
Tratamiento de la Pielonefritis
Debido al riesgo de infección grave, las pacientes embarazadas con pielonefritis son internadas y tratadas inicialmente con antibióticos intravenosos, incluyendo uno de los siguientes: ampicilina y gentamicina; ceftriaxona; cefepima; o aztreonam (para pacientes con alergia a los beta-lactámicos). Tras la mejoría clínica, los pacientes pueden ser dados de alta y recibir antibióticos por vía oral durante 14 días. Para una infección renal más grave, el tratamiento con antibióticos se administra en la vena mediante una inyección. Después del tratamiento de la pielonefritis, la orina debe cultivarse mensualmente.
Las mujeres que tienen pielonefritis o han tenido más de una infección urinaria pueden requerir terapia supresora, generalmente con cefalexina (250 a 500 mg por vía oral) o nitrofurantoína (100 mg por vía oral) diariamente durante el resto del embarazo y hasta 4 a 6 semanas después del parto.
Profilaxis para Estreptococo Grupo B
Las pacientes con cualquier recuento de colonias de estreptococos del grupo B en un urocultivo en cualquier momento durante el embarazo (que sugiere una fuerte colonización vaginal-rectal) deben recibir profilaxis antibiótica en el momento del parto.