Ómicron en Recién Nacidos: Información Esencial y Cuidados

La enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19) puede afectar a cualquier persona, incluidos los niños. Si bien los niños tienen las mismas probabilidades que los adultos de contraer el virus, es menos probable que se enfermen gravemente. No obstante, algunos niños requieren ingreso hospitalario, tratamiento en la unidad de cuidados intensivos (UCI) o conexión a un respirador. Los niños menores de 1 año, y especialmente los nacidos prematuramente, parecen tener un mayor riesgo de enfermarse de gravedad con la COVID-19.

Esquema de las vías respiratorias de un bebé afectado por COVID-19

Impacto de la Variante Ómicron en Recién Nacidos

La variante Ómicron del SARS-CoV-2 ha mostrado diferencias significativas en la forma en que afecta a los niños, particularmente a los recién nacidos. La mayor diferencia es que Ómicron tiene más efectos a nivel respiratorio, por lo que los niños presentan síntomas similares a los de un resfriado. Antes, en las primeras oleadas del virus, predominaba la fiebre y, tal vez, síntomas gastrointestinales.

Centros como el Sainte-Justine en Canadá, el centro médico más grande destinado a la atención de niños y madres, reportaron un aumento de las hospitalizaciones pediátricas diarias durante la oleada de Ómicron. Si bien en oleadas anteriores los bebés esencialmente no se vieron afectados por COVID-19, con Ómicron se comenzó a observar casos en recién nacidos. El Hospital de Niños del Este de Ontario, en Ottawa, informó que los bebés están particularmente en riesgo debido a su sistema inmunológico inmaduro.

Las autoridades mundiales continúan analizando los datos de transmisión por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Inicialmente, no se logró relacionar con certeza los positivos detectados en los bebés hospitalizados de Sudáfrica con Ómicron, e incluso algunos no tuvieron acceso a un test de diagnóstico que confirmara la infección por coronavirus, siendo abordados como otros pacientes con síntomas respiratorios. Se observó que el 29 por ciento de los ingresos por COVID-19 en el grupo de edad de 0 a 4 años presentaban una enfermedad grave, una proporción similar a la de otros grupos de edad, aunque por debajo de los casos críticos detectados entre los pacientes mayores de 60 años.

Riesgos y Vulnerabilidad en Recién Nacidos

Algunos problemas de salud aumentan el riesgo de que un niño tenga un cuadro grave de COVID-19. Estos incluyen:

  • Tener más de una enfermedad crónica, como enfermedades del corazón, los pulmones o el sistema nervioso.
  • No estar al día con la vacunación contra la COVID-19.
  • Tener el sistema inmunitario debilitado.
  • Haber tenido un nacimiento prematuro (antes de la fecha de parto prevista).
  • Tener obesidad.
  • Tener diabetes tipo 1 o tipo 2.

Además, tener menos de 1 año de edad aumenta el riesgo de un cuadro grave. El riesgo también puede aumentar si el niño tiene una afección médica que no está controlada. Es importante destacar que tener más de un factor de riesgo incrementa las probabilidades de padecer COVID-19 grave. Según un estudio realizado en hospitales españoles en 2020, los neonatos menores de 28 días son una población especialmente vulnerable, aunque la mayoría de los casos tuvieron un curso clínico leve, especialmente si el neonato estaba sano previamente.

Gráfico comparativo de la gravedad de COVID-19 en diferentes grupos de edad pediátrica

Síntomas de COVID-19 en Recién Nacidos y Niños Pequeños

Los niños con COVID-19 pueden presentar síntomas graves o leves, o incluso ningún síntoma. Estos pueden manifestarse de 2 a 14 días después del contacto con el virus. Los síntomas más comunes son fiebre y tos, incluyendo la tos perruna asociada al crup.

En muchos niños, los síntomas se asemejan a los de otras enfermedades respiratorias e incluyen:

  • Irritación de garganta.
  • Congestión nasal o goteo de la nariz.
  • Dolor de cabeza.
  • Mucho cansancio (fatiga).
  • Náuseas, vómitos o heces acuosas (diarrea).
  • Escalofríos.
  • Molestias y dolores musculares.
  • Dificultad para respirar o falta de aire.
  • Pérdida reciente del gusto o el olfato.

El pediatra Luis López de la Clínica Tarapacá, señala que en menores de un año, que aún no aprenden a respirar por la boca, la capacidad respiratoria se concentra en la nariz. Los primeros síntomas a los que se debe prestar atención son la inapetencia, el decaimiento y la irritabilidad. Con el paso de las horas puede aparecer fiebre, no más alta que 38.5° C, pero que permanece constante. Si la fiebre se extiende más allá del tercer o cuarto día, es hora de acudir a urgencias. En el caso de la tos producida por Ómicron en bebés, esta suele venir acompañada de fiebre y dificultad respiratoria, sonando como un "gallito" al inspirar.

Covid19 en niños: lo que deben saber los padres

Señales de Emergencia en Niños con COVID-19

Es fundamental buscar ayuda de emergencia de inmediato si su hijo presenta dificultad para respirar. Los síntomas de dificultad respiratoria incluyen:

  • Gruñidos.
  • Aleteo de las fosas nasales.
  • Retracciones (el pecho parece hundirse a la altura de la clavícula y las costillas con cada respiración).
  • Falta de aire durante el reposo.
  • Respiración rápida o sibilante, ruidosa o ronca.
  • En bebés: incapacidad para llorar o alimentarse.

Otros síntomas de enfermedad grave que requieren atención de emergencia son:

  • Fiebre de más de 100,4 grados Fahrenheit (38 grados Celsius) en niños menores de 3 meses.
  • Problemas de deglución, como babeo en niños menores de 3 años, o incapacidad de tragar o abrir la boca por completo en niños mayores.
  • Color gris o azul en la piel, los labios o el lecho ungueal.
  • Confusión de reciente aparición.
  • Problemas para mantenerse despierto o despertar.
  • Dolor o presión constante en el pecho.
  • Vómitos o diarrea que no se detienen.
  • Deshidratación (en un bebé menor de 3 meses, mojar el pañal menos de tres veces en 24 horas).

Si el niño bajo su cuidado presenta síntomas que le preocupan, debe buscar ayuda médica de inmediato e informar al equipo de atención médica sobre un resultado positivo en la prueba de COVID-19 o síntomas de la enfermedad.

Transmisión del Virus

La literatura disponible sugiere que el virus que causa la COVID-19 generalmente no se disemina de la persona embarazada al feto. Los bebés suelen contagiarse de COVID-19 de un cuidador enfermo después del parto. Las personas embarazadas pueden ayudar a reducir el riesgo de un bebé si reciben la vacuna contra la COVID-19 durante el embarazo, ya que existen algunas pruebas de que el feto puede recibir esta protección y que puede continuar después del nacimiento.

Aunque existe un riesgo teórico de transmisión vertical (de madre a hijo durante el embarazo o el parto) dada la alta expresión de la enzima convertidora de la angiotensina 2 (ACE2) en la placenta (receptor viral), la evidencia disponible para confirmarla in utero es limitada. La gran mayoría de las muestras de líquido amniótico, cordón umbilical, exudado nasal, faríngeo, jugo gástrico y anal de neonatos de madres con SARS-CoV-2 positivo, se han reportado como negativas para el virus.

Sin embargo, sí se han detectado anticuerpos IgM e IgG (aunque estos pudieron haber cruzado la placenta o ser falsos positivos) y citocinas elevadas en recién nacidos de madres con infección por SARS-CoV-2. Incluso se han reportado algunos casos de neonatos positivos para el virus, sugiriendo la posibilidad de transmisión vertical frente a posnatal. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha lanzado un proyecto internacional para definir los criterios clínicos y virológicos de la infección neonatal por SARS-CoV-2. Según este proyecto, la transmisión "vertical" parece ocurrir en no más del 4-5% de los embarazos. En la mitad de los casos, los recién nacidos no muestran síntomas, y los casos sintomáticos graves son muy raros.

Un ejemplo de caso postnatal es el de un neonato de 15 días de vida, cuyos padres presentaron sintomatología sugestiva de COVID-19. El bebé fue ingresado por fiebre y dificultad respiratoria, con taquicardia, taquipnea, tiros intercostales y saturación de oxígeno de 93%, detectándose ARN de SARS-CoV-2 en muestras de vías respiratorias. Otro caso reportado fue el de una neonato de 27 días cuyos padres y abuelos fueron confirmados con COVID-19 veinte días después de su nacimiento. La bebé ingresó por fiebre, congestión nasal y saturación de oxígeno de 95%, y presentó vómito y tos. Se detectó ARN de SARS-CoV-2 en muestras de nasofaringe, orofaringe, plasma, orina, heces y saliva, lo que sugiere que la COVID-19 puede ser sistémica en los neonatos y con afectación de múltiples órganos.

Diagnóstico y Manejo de la Infección en Recién Nacidos

Hacer pruebas de detección de la COVID-19 puede ayudar a determinar con rapidez si el virus es la causa de la enfermedad de su hijo. Esto permite actuar rápidamente para prevenir un cuadro grave en niños con mayor riesgo y proteger a otras personas. Si usted o su hijo estuvieron expuestos al virus o tienen síntomas, deben hacerse pruebas de detección de la COVID-19.

Si la madre es positiva para infección por SARS-CoV-2, las pruebas moleculares en el neonato deben realizarse en muestras de nasofaringe, orofaringe y recto, dentro de las primeras 24 horas posteriores al nacimiento y repetirlas 24 horas después, dado que la tasa de detección en exudado faríngeo es del 50%. Cuando se sospecha infección en la madre, se deben tomar muestras de exudado nasal y faríngeo de la madre para la detección de ARN viral.

Manejo Clínico y Cuidados

Toda paciente embarazada con sospecha o confirmación de COVID-19 debe usar cubrebocas quirúrgico durante su estancia hospitalaria y durante el traslado a la sala de labor o quirófano, evitando rutas con mayor circulación de personas. La sala de partos o quirúrgica debe ser desinfectada y esterilizada al final de cada procedimiento, y solo debe estar presente el personal de salud necesario con equipo y material desechable en contacto directo con la paciente.

Existe controversia respecto a ciertos procedimientos al nacer. La OMS sugiere el contacto piel a piel después del nacimiento para establecer la lactancia y el apego inmediato. Sin embargo, guías de China y España prefieren minimizar dicho contacto, recomendando el aislamiento inmediato del neonato en una habitación con presión negativa o con filtros de alta eficiencia de partículas de aire, y evitar visitas hasta obtener el resultado de la prueba de ARN de SARS-CoV-2. Si el recién nacido requiere reanimación, esta debe efectuarse a una distancia mayor a 2 metros de la madre, con una barrera física, y el neonato debe ser trasladado y mantenido en aislamiento en una habitación con presión negativa.

En el caso de recién nacidos pretérmino o de término con otras patologías, puede ser necesario su ingreso a la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN). Ante la presencia de dificultad respiratoria, debe realizarse una radiografía de tórax, aunque no se ha descrito un patrón específico pulmonar de la infección por SARS-CoV-2 en recién nacidos.

Dado que no hay fármacos específicos para COVID-19 en neonatos, el manejo debe ser sintomático y de soporte, incluyendo el suministro de oxígeno, el mantenimiento de un adecuado equilibrio hidroelectrolítico y ácido-base, evitando agravar el edema pulmonar y la hipoxemia. Se ha sugerido que el uso de gammaglobulina puede ser efectivo en casos de enfermedad severa. Para los recién nacidos con síndrome de dificultad respiratoria (SDR), pueden ser útiles la administración de surfactante pulmonar, el óxido nítrico inhalado, la ventilación oscilatoria de alta frecuencia e incluso el uso de membrana extracorpórea pulmonar de rescate.

El manejo de la vía aérea neonatal debe efectuarse de acuerdo con las recomendaciones habituales. En caso de requerir intubación, el neonatólogo más experimentado debe realizar el procedimiento. En reanimación con presión positiva continua en vías respiratorias (CPAP) o ventilación con presión positiva (PPV), se sugiere el uso de mascarilla laríngea en lugar de mascarilla facial para reducir la generación de aerosoles. Durante la succión de la vía aérea y la administración de surfactante, el neonatólogo y el personal de salud siempre deben utilizar el equipo de protección personal (EPP) adecuado. Los cuidados neonatales de rutina y los pasos iniciales de reanimación neonatal (secado, estimulación táctil, evaluación de la frecuencia cardíaca, colocación de oxímetro de pulso y derivaciones de electrocardiograma) no suelen generar aerosoles.

Prevención del Contagio en Bebés

Hay muchas medidas que se pueden tomar para evitar que los bebés contraigan el virus de la COVID-19 y lo contagien a otras personas. Estas medidas son especialmente importantes ya que los bebés no forman parte del plan de vacunación directo:

  • Vacunación: Si las fechas son adecuadas, la vacuna contra la COVID-19 puede administrarse a los niños que cumplan los requisitos el mismo día que reciban las demás vacunas. Para los recién nacidos, es crucial que las personas embarazadas reciban la vacuna durante el embarazo para transmitir protección.
  • Higiene de manos: Fomentar el lavado de manos frecuente con agua y jabón durante al menos 20 segundos. También se puede usar un desinfectante de manos a base de alcohol con al menos un 60% de alcohol.
  • Cubrir tos y estornudos: Enseñar a los niños a cubrirse la boca y la nariz con el codo o con un pañuelo desechable. Recuérdeles que deben evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca.
  • Limpieza y desinfección: Limpiar con regularidad las superficies y objetos que se tocan con frecuencia, especialmente después de visitas. Limpiar regularmente áreas como la mesa para cambiar al bebé y los objetos que el niño toca.
  • Ventilación: Renovar el aire con ventiladores, ventanas o puertas abiertas y filtros para evitar que los gérmenes persistan en espacios cerrados.
  • Distanciamiento: Evitar el contacto cercano con cualquier persona que esté enferma o tenga síntomas. Mantener distancia en espacios cerrados y concurridos, especialmente en lugares con poca circulación de aire.
  • Uso de mascarilla: Si se encuentra en un área con alta hospitalización por COVID-19, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) recomiendan usar una mascarilla bien ajustada en espacios públicos cerrados. No se debe poner mascarilla a niños menores de 2 años ni a niños con discapacidades que no puedan usarla de forma segura.
  • Controles pediátricos: Mantener al día los controles pediátricos y las demás vacunas del niño.

Si se es padre o madre de un recién nacido, es fundamental seguir las mismas medidas de prevención que se recomiendan al resto de la población. Las visitas al hospital o al domicilio deben limitarse a las estrictamente necesarias, evitando recibir amigos o familiares.

En caso de contagio, la pediatra Rojas recomienda controlar los síntomas en el hogar en la medida de lo posible: manejar la fiebre con antipiréticos, usar analgésicos como paracetamol e ibuprofeno para dolor de cabeza o garganta, alimentar e hidratar según tolerancia, mantener aseo nasal constante y, si hay tos obstructiva, usar inhaladores como salbutamol.

Síndrome Inflamatorio Multisistémico Pediátrico (SIM-P)

El síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico (SIM-P) es una afección grave asociada a una infección por el virus que causa la COVID-19. Los niños que lo padecen presentan fiebre, marcadores sanguíneos de inflamación y enfermedad grave en todo el cuerpo. Órganos como el cerebro, los ojos, el corazón, los pulmones, los riñones, el sistema digestivo y la piel pueden inflamarse. Los síntomas del SIM-P suelen aparecer de 2 a 6 semanas después de la infección por el virus y se tratan en el hospital durante el curso de la enfermedad.

El SIM-P es poco frecuente. En 2023, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos recibieron 117 informes de SIM-P, y la mayoría de estos niños no había presentado problemas médicos antes de esta afección. Los síntomas del SIM-P incluyen fiebre persistente junto con otros síntomas como:

  • Vómitos.
  • Diarrea.
  • Dolor abdominal.
  • Sarpullido en la piel.
  • Ojos inyectados de sangre.
  • Mareos o aturdimiento.

Los signos de emergencia del SIM-P son problemas para mantenerse despierto o despertar, dificultad para respirar, confusión de reciente aparición, piel, labios o lecho ungueal de color gris o azul, y dolor abdominal intenso. Mantenerse al día con las vacunas contra la COVID-19 ofrece protección contra el SIM-P, y la mayoría de los niños que tuvieron esta enfermedad pueden recibir la vacuna contra la COVID-19 según el cronograma.

Efectos a Largo Plazo: Síndrome Post-COVID-19

Cualquier persona que haya tenido COVID-19 puede desarrollar el síndrome pos-COVID-19, incluso si su cuadro inicial fue leve. Los nuevos síntomas o afecciones que se presentan después de la infección se relacionan más a menudo con un cuadro grave. Los síntomas suelen incluir un alto nivel de cansancio que afecta la vida cotidiana y que puede empeorar después de determinadas actividades. Estos síntomas pueden estar relacionados con:

  • Respiración.
  • Problemas para pensar.
  • Latidos cardíacos rápidos.
  • Problemas para dormir.
  • Problemas digestivos.
  • Dolor en las articulaciones o los músculos.

Dependiendo de su edad, los niños pueden tener dificultades para explicar algunos de estos problemas, lo que puede dificultar el diagnóstico. Estos síntomas podrían afectar la capacidad del niño para asistir a la escuela o realizar sus actividades habituales. Si después de tener COVID-19 su hijo tiene síntomas que no mejoran, es importante hablar con un profesional de atención médica. Mantenerse al día con las vacunas contra la COVID-19 ofrece protección contra el síndrome pos-COVID-19.

Vacunas contra la COVID-19 Disponibles para Niños

En los Estados Unidos, las vacunas contra la COVID-19 disponibles incluyen:

  • Vacuna de Pfizer-BioNTech contra la COVID-19 (fórmula para 2024 y 2025), disponible para personas de 6 meses en adelante.
  • Vacuna de Moderna contra la COVID-19 (fórmula para 2024 y 2025), disponible para personas de 6 meses en adelante.
  • Vacuna de Novavax contra la COVID-19 (fórmula potenciada para 2024 y 2025), disponible para personas de 12 años en adelante.

En general, las personas de más de 4 años con sistemas inmunitarios típicos pueden recibir cualquier vacuna aprobada o autorizada para su edad, y no es necesario que siempre reciban vacunas del mismo fabricante. Sin embargo, algunas personas deben recibir todas las dosis de la vacuna del mismo fabricante, como los niños de 6 meses a 4 años, personas de 5 años en adelante con un sistema inmunitario debilitado, y personas de más de 12 años que solo han recibido una inyección de la vacuna de Novavax.

En Chile, la vacunación para menores de edad comienza a los 3 años con Coronavac, un compuesto que funciona con el virus desactivado. No obstante, la inoculación aún no está permitida para menores de tres años y mucho menos para recién nacidos, por lo que la prevención y el control de los síntomas son fundamentales.

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