Nutrición Perinatal y Función Cognitiva

En el viaje hacia la maternidad, la nutrición juega un papel esencial no solo en el desarrollo físico, sino también en el bienestar emocional de la futura mamá. La nutrición de la mujer que tiene lugar alrededor "peri" del nacimiento "natal" se conoce como nutrición perinatal, y se refiere a los periodos de preconcepción, embarazo y lactancia. Se trata de un proceso largo y crucial.

Durante el embarazo, el cuerpo de la madre requiere un equilibrio adecuado de macronutrientes (proteínas, carbohidratos y grasas) y micronutrientes (vitaminas y minerales) para sustentar tanto su propia salud como el desarrollo del feto. La variedad en la dieta asegura que se cubran las diferentes necesidades nutricionales, lo que es crucial para prevenir deficiencias que puedan afectar el crecimiento y desarrollo del neonato. Una alimentación equilibrada no solo apoya el crecimiento físico del feto, sino también su desarrollo cognitivo y neurológico. Esto es especialmente importante durante la formación del sistema nervioso central, que comienza desde las primeras semanas de gestación. El cerebro de un bebé comienza a desarrollarse a las 5 semanas de embarazo.

Diversos estudios científicos muestran cómo el estilo de vida de las madres puede condicionar en su descendencia la aparición de diferentes enfermedades en la edad adulta. Esto se conoce como "programación metabólica" y engloba todos los estímulos que ocurren durante un periodo de vida crítico (en este caso, la etapa perinatal) y que acaba ejerciendo un efecto a largo plazo en la salud de la persona, con consecuencias que engloban diferentes enfermedades cardiovasculares, obesidad o diabetes.

Esquema visual de los nutrientes clave para el desarrollo cerebral fetal y su función

Nutrientes Esenciales para el Desarrollo Cerebral y Cognitivo

El encéfalo necesita un aporte continuo de nutrientes para su correcta formación, desarrollo y funcionamiento. La capacidad cognitiva puede verse influida por los componentes de la dieta.

Macronutrientes: Proteínas, Carbohidratos y Grasas

Los macronutrientes son aquellos que suministran la mayor parte de la energía metabólica del organismo y se necesitan en grandes cantidades para un crecimiento y desarrollo normales. Generalmente se habla de desnutrición cuando existe una deficiencia de éstos.

  • Proteínas: La proteína no solo ayuda a fortalecer los músculos, sino que también contribuye al desarrollo del cerebro. Se utiliza para formar las enzimas y hormonas, que los sistemas del cuerpo utilizan para comunicarse unos con otros. El cerebro necesita un aporte continuado de aminoácidos para la síntesis de neurotransmisores, especialmente serotonina y catecolaminas. La cantidad y la calidad de las proteínas que ingerimos con la dieta pueden modular la síntesis de neurotransmisores, como la serotonina, dopamina y adrenalina, que se sintetizan a partir de los aminoácidos triptófano y tirosina, respectivamente.
  • Carbohidratos (Glucosa): El cerebro humano, debido a su alta actividad metabólica, necesita un aporte continuo de glucosa para mantener las capacidades cognitivas. La glucosa es el principal sustrato energético del tejido neuronal; el hipocampo (área clave del aprendizaje y memoria), es especialmente vulnerable a las interrupciones en su suministro. Los alimentos de bajo índice glucémico (IG) reducen la resistencia a la insulina y pueden mejorar la capacidad cognitiva (atención, memoria, capacidad matemática) en comparación con los alimentos de alto IG.
  • Grasas (Ácidos Grasos Poliinsaturados - AGP): La calidad y el tipo de grasa alimentaria también pueden afectar a la función intelectual y mental. La elevada ingesta de grasa saturada se ha relacionado con un deterioro cognitivo, mientras que el consumo de ácidos grasos poliinsaturados (especialmente el ácido docosahexaenoico - DHA) tiene efectos beneficiosos en su prevención. Es aconsejable el consumo de dietas con una adecuada proporción (5:1) de ácidos grasos omega-6:3 (como la dieta mediterránea), dado que se asocian con una mejor memoria y un menor riesgo de deterioro cognitivo. El DHA es el principal componente de los fosfolípidos de membrana, especialmente en la corteza cerebral, los sinaptosomas y las vesículas sinápticas, e interviene en la síntesis de neurotransmisores. Sin ácidos grasos omega-3, el cerebro y los ojos no se pueden desarrollar. Puesto que el cuerpo no puede producir ácidos grasos omega-3 por sí mismo, es absolutamente esencial que la madre obtenga un suministro adecuado de éstos.
Infografía sobre fuentes alimenticias ricas en omega-3 (pescado graso, frutos secos)

Micronutrientes Clave y su Impacto Neuroprotector

Los micronutrientes se necesitan en pequeñas cantidades e incluyen vitaminas y minerales esenciales que no son producidos por nuestro cuerpo y que debemos adquirir a través de la alimentación o la suplementación. La nutrición materna tiene un efecto directo en el desarrollo cognitivo del niño. Nutrientes clave son esenciales para el desarrollo óptimo del cerebro y del sistema nervioso.

  • Ácido Fólico (Vitamina B9): Esencial para el correcto desarrollo y funcionamiento cerebral durante el periodo perinatal. Su deficiencia en el embarazo se relaciona con defectos del tubo neural (DTN) y bajo peso al nacer. Los bajos niveles de folato durante el embarazo pueden causar defectos en el tubo neural, que es lo que el embrión forma en las primeras semanas del embarazo, antes de que se forme el sistema nervioso central completo. La espina bífida y la anencefalia son los dos defectos más comunes. El folato también se utiliza para la producción de ADN por cada célula en el cuerpo. Algunas fuentes de folato incluyen las verduras de hoja verde y frutas cítricas.
  • Hierro: Es esencial para el funcionamiento del cerebro, ya que estimula la producción de mielina - una sustancia grasa que protege a los nervios y permite que se transmitan más rápido los mensajes por todo el cerebro y el cuerpo. Es necesario en el proceso de mielinización de las neuronas y en la síntesis de neurotransmisores (catecolaminas y GABA). El hierro es un micronutriente indispensable en el transporte de oxígeno, como constituyente de la hemoglobina, y en la producción de neurotransmisores regulando mecanismos bioquímicos del cerebro. También participa en funciones cerebrales relacionadas con el aprendizaje y la memoria. El hipocampo, estructura fundamental para estos procesos, posee unos requerimientos elevados de oxígeno, por lo que es muy vulnerable a su carencia. La deficiencia de hierro puede afectar la función cognitiva, así como el desarrollo del lenguaje y el sistema motor. La anemia por deficiencia de hierro se ha relacionado con disminución de la concentración, del razonamiento, de la velocidad de aciertos, del rendimiento, de la memoria, del cálculo y de TDAH. Entre las fuentes de hierro encontramos la carne roja, muchos tipos de frijoles y verduras de hoja verde.
  • Yodo: Interviene en la síntesis de hormonas tiroideas (T3 y T4), necesarias para el correcto desarrollo cerebral y mental. Es importante su aporte materno, ya que el feto depende del suministro de hormonas tiroideas de la madre. La OMS estimó que 2 billones de personas en el mundo se encontraban en riesgo de sufrir una deficiencia de yodo.
  • Colina: Durante el embarazo, las reservas de colina de la madre son usadas para el desarrollo del bebé. La colina ayuda al cerebro a sintetizar neurotransmisores y materiales para las membranas celulares, así como señales de regulación nerviosas. Es un precursor del neurotransmisor acetilcolina y de los fosfolípidos de membrana (fosfatidilcolina). La acetilcolina tiene efecto sobre el sueño, la memoria y el aprendizaje. Durante el tercer trimestre de gestación, el feto atraviesa una fase intensa de proliferación y diferenciación neuronal, período de mielinización activa y sinaptogénesis. Estos procesos dependen directamente de un adecuado suministro de colina. La adecuada ingesta materna de este nutriente se asocia con una mejora de la memoria en los descendientes en la etapa infantil y con un menor riesgo de defectos del tubo neural. Algunos estudios han demostrado que los suplementos de colina durante la gestación, contribuyen a una mejor función cerebral en vida adulta del bebé. La colina podemos encontrarla en alimentos como huevos, cacahuetes y muchas de las verduras.
  • Vitaminas del Complejo B (B1, B6, B12): Las vitaminas B1, B6, B12, B9 (ácido fólico) y D, colina, hierro y yodo ejercen efectos neuroprotectores y mejoran el rendimiento intelectual. La vitamina B1 interviene en el metabolismo de los hidratos de carbono, asegurando la producción de energía y modula el rendimiento cognitivo. Las vitaminas B6 y B12 están directamente involucradas en la síntesis de neurotransmisores. La vitamina B12 retrasa la aparición de signos de demencia y su suplementación mejora las funciones cerebrales y cognitivas en los ancianos.
  • Vitamina D: Su deficiencia en países desarrollados sigue aumentando, especialmente en la población mayor. Estudios recientes han confirmado una asociación entre la deficiencia de vitamina D y el deterioro cognitivo y la demencia.
  • Vitamina C: Interviene en la síntesis de neurotransmisores (catecolaminas y serotonina), protegiendo al tejido nervioso del estrés oxidativo. Existe una correlación inversa entre sus niveles en plasma y los marcadores de salud metabólica y el deterioro cognitivo.
  • Vitamina E (Tocoferoles): Entre los diversos tipos de vitamina E (tocoferoles y tocotrienoles), solo los tocoferoles son captados activamente por el cerebro y están involucrados en la protección de las membranas neuronales.
  • Zinc: Interviene en el metabolismo energético, en las defensas antioxidante e inmunitaria y en la síntesis de neurotransmisores, y desempeña un papel importante en las actividades cerebrales. Su deficiencia es frecuente en países tanto desarrollados como en desarrollo. Los investigadores han encontrado que las deficiencias de zinc conducen a problemas con el ADN, el ARN y la síntesis de proteína en el cerebro. Si las mujeres embarazadas no reciben suficiente zinc, los bebés tienen una mayor probabilidad de que van a tener dificultades de aprendizaje, letargo y apatía, así como también, bajos niveles de zinc pueden conducir a trastornos mentales en la vida adulta. Haider y Bhutta (2007) apuntan que aproximadamente el 82% de las mujeres embarazadas de todo el mundo no consume la cantidad adecuada de zinc que les permite satisfacer las necesidades normales del embarazo.
  • Luteína y Zeaxantina: Son potentes antioxidantes y agentes antiinflamatorios que ayudan a proteger el sistema nervioso del estrés oxidativo e inflamatorio. El cerebro y los ojos son susceptibles al daño de los radicales libres, pues ambos tienen concentraciones muy altas de AGP y una carga metabólica alta. Existe relación entre los carotenoides maculares y el rendimiento cognitivo.
  • Agua: Es un nutriente esencial para el correcto funcionamiento cerebral. Una disminución en su ingesta está relacionada con estados de confusión, irritabilidad, letargia y pérdida de función cognitiva. La deshidratación en el encéfalo perjudica la transmisión nerviosa y disminuye la circulación sanguínea cerebral, lo que puede afectar al rendimiento mental. Se ha observado que personas correctamente hidratadas presentan puntuaciones más altas en los test de inteligencia.

La Nutrición Perinatal y el Desarrollo Cognitivo del Niño

La nutrición no solo posibilita la maduración biológica o el crecimiento físico, sino que también es determinante en el desarrollo cognitivo y social del individuo y, de ahí, en el crecimiento económico de los países. La deficiencia de nutrientes clave puede provocar dificultades en el desarrollo cognitivo, como problemas de aprendizaje o limitaciones en el desarrollo intelectual.

Periodos Críticos y Impacto de la Malnutrición

El momento más crítico para el desarrollo cerebral del bebé es durante el embarazo y luego durante los 3 primeros años después de su nacimiento. La primera infancia es el período en el que el crecimiento ocurre de forma más rápida. Así, durante el primer año de vida, el peso al nacimiento se triplica y los lactantes pasan de unos pocos movimientos voluntarios y habilidades de procesamiento de la información a caminar de forma independiente y a comunicarse verbalmente con otros. El periodo de máximo crecimiento cerebral es el que ofrece mayor vulnerabilidad.

Los daños físicos y cognitivos derivados de la desnutrición sufrida en los primeros dos años de vida son irreversibles, afectando la salud y bienestar a corto plazo y en el futuro progreso individual y colectivo. La malnutrición precoz parece tener un mayor efecto que la malnutrición a edades más adelantadas. De hecho, cuando se presenta malnutrición severa en un adulto, el cerebro permanece intacto en cuanto a su peso y composición.

Una alimentación inadecuada en el embarazo aumenta el riesgo de bebés con poco peso al nacer, que tienen más probabilidades de tener problemas auditivos, visuales y de aprendizaje, que requerirán educación especial en la edad escolar. El deterioro cognitivo se ha asociado con estrés oxidativo.

Desarrollo cerebral del niño

Efectos de la Privación Nutricional

En la fase aguda de la malnutrición postnatal, los niños presentan una reacción pobre a cualquier estímulo, un llanto monótono y una resistencia a seguir objetos en movimiento. La apatía del niño malnutrido incluye una reducción en sus capacidades para responder a los estímulos, así como reducción del tono muscular, y una disfunción motora caracterizada por cierto grado de torpeza motriz. Entre las alteraciones asociadas a la desnutrición se encuentran valores bajos en las pruebas de lenguaje, en las perceptuales y de razonamiento abstracto, así como falta de atención, una gran capacidad de distracción, pobreza de memoria, pobreza de motivaciones, labilidad emocional y habilidades sociales reducidas. De hecho, el retraso del impulso cerebral no se puede recuperar, inclusive después de una mejoría del estado nutricional, a diferencia de otros parámetros, como la talla, que a través de una buena alimentación puede adecuarse. Las alteraciones estructurales en el cerebro dependen de la duración y de la intensidad de la deprivación nutricional, así como también del estadio en que se encuentre el cerebro en ese momento.

Un estudio efectuado en escolares chilenos procedentes de familias de bajos recursos, que sufrieron desnutrición en el primer año de vida, mostró que presentaban un volumen encefálico de aproximadamente 200cc y 100cc menor en comparación con el de escolares no desnutridos. Por otra parte, la circunferencia craneana, un indicador de la historia nutricional y del desarrollo cerebral, presentó diferencias significativas entre ambos grupos. Los niños procedentes de adopción internacional que hayan sufrido malnutrición en los primeros años de vida, puede que con el tiempo alcancen un rendimiento similar al de los bien nutridos, pero mucho más tardíamente.

Suplementación: Evidencia y Controversias

Cuando no es posible adquirir los nutrientes a partir de la ingesta, se hacen necesarios los suplementos alimenticios, definidos como «aquellos preparados para usos nutricionales específicos, completos o no en cuanto a su composición, que complementan una dieta oral insuficiente». Esta medida se lleva a cabo para mantener o reforzar el estado nutricional así como para intentar paliar los efectos de los déficits que se puedan producir.

La leche materna es la única manera de que los bebés ingieran ciertos nutrientes, por lo que sería muy importante la suplementación en la madre durante el período de lactancia. La OMS (2010) recomienda la implementación de la lactancia materna al menos los 6 primeros meses de vida para resolver los problemas de malnutrición o de inmunodeficiencia del neonato.

Evidencia por Nutriente

  • Colina: Una investigación pionera sugiere que un nutriente durante el embarazo puede influir en la atención infantil años después. El estudio publicado en The FASEB Journal por Bahnfleth et al. (2022) representa el primer seguimiento a largo plazo en humanos de un ensayo aleatorizado de suplementación colinérgica prenatal. La evidencia apunta a que una dosis de 930 mg/día es más efectiva para asegurar un desarrollo óptimo de la atención en la infancia. La suplementación colinérgica prenatal -particularmente durante el tercer trimestre- tiene un efecto positivo y duradero sobre la atención sostenida en la infancia. La atención no es solo una función cerebral: es una capacidad que puede favorecerse incluso antes del nacimiento. La colina es precursora de la acetilcolina, un neurotransmisor clave en el control de la atención. Su adecuada presencia durante el embarazo, especialmente en el tercer trimestre, favorece la formación de redes neuronales en la corteza prefrontal y otras áreas implicadas en la atención sostenida. La investigación ha demostrado que la suplementación colinérgica prenatal mejora específicamente la atención sostenida, es decir, la capacidad de mantener el foco durante períodos prolongados y tareas monótonas. La dosis actualmente recomendada para embarazadas es de 450 mg/día, sin embargo, estudios clínicos recientes indican que dosis más elevadas, como 930 mg/día, tienen un efecto más significativo en el desarrollo de la atención infantil.
  • Yodo: Velasco et al. (2009) hallaron evidencia de que la suplementación con 0,3 mg/día de yodo desde el primer trimestre de gestación hasta el final del embarazo mejora las puntuaciones motoras de los niños entre 3 y 18 meses. No obstante, Berbel et al. (2009) no encontraron diferencias significativas en las puntuaciones de desarrollo en bebés de madres con hipotiroxinemia que habían recibido o no suplementos de yodo.
  • Zinc: La mayoría de los estudios sobre la suplementación con zinc durante el embarazo aportan resultados inconsistentes. Se ha observado que los niños cuyas madres recibieron suplementación durante el embarazo presentaban menos problemas de comportamiento a los 18 meses, así como mejores puntuaciones en tareas de función verbal-ejecutiva.
  • Ácidos Grasos Omega-3 (Pescado y Frutos Secos): Existe abundante evidencia sobre la relación entre el consumo de pescado durante el embarazo y la lactancia con mejoras neuropsicológicas en los niños. Un estudio de cohorte poblacional (2025) que siguió a 1.737 parejas madre-hijo desde el embarazo hasta los 15 años, como parte del proyecto español Infancia y Medio Ambiente, mostró que un mayor consumo materno de frutos secos se asoció significativamente con una mejor memoria de trabajo y atención. El consumo elevado de pescado graso mostró mejoras significativas en la atención y la inteligencia fluida. Los niveles de ácidos grasos omega-3 en sangre de cordón umbilical mediaron entre el 8,51 % y el 14,41 % de los efectos sobre la atención, sugiriendo un papel importante en el desarrollo cognitivo. Los resultados indican que el consumo elevado de frutos secos y pescado graso durante el embarazo se asocia con mejoras significativas en la atención, memoria de trabajo e inteligencia fluida en los niños hasta los 15 años, con los ácidos grasos omega-3 mediando parcialmente estos efectos.
Gráfico comparativo de resultados de atención en niños con y sin suplementación prenatal de colina

La Iniciativa NUTRIMENTHE

NUTRIMENTHE es un proyecto europeo de cinco años de duración que incorpora una amplia gama de disciplinas científicas y reúne organizaciones internacionales, con el objetivo de investigar el efecto de la dieta sobre el rendimiento mental de los niños. Este proyecto se está llevando a cabo desde 2008 y ha involucrado a miles de familias europeas y a sus hijos. Los investigadores han analizado el efecto que ejercen a largo plazo la ingesta de proteínas, ácidos grasos omega-3, vitaminas como las B o el ácido fólico, micronutrientes como el hierro o el yodo y la leche materna sobre el desarrollo cognitivo, emocional y conductual de los niños desde antes del nacimiento y hasta los 9.5 años. También se pretende establecer recomendaciones dietéticas para la población europea en relación a determinados nutrientes, especialmente ácidos grasos omega-3, ácido fólico y yodo. "Estudios a corto plazo parecen incapaces de detectar la influencia real de la nutrición en los primeros años de vida", por lo que es necesario más estudios a largo plazo. NUTRIMENTHE basa su éxito en el seguimiento de los niños involucrados en los diferentes estudios durante muchos años, ya que el cerebro necesita mucho tiempo para madurar, y las deficiencias tempranas pueden tener efectos de largo alcance. Asesorar a los padres es fundamental para promover la importancia de tener una buena nutrición durante el embarazo y en los primeros años de vida del niño, incluyendo la lactancia materna, si es posible, ya que puede tener un efecto positivo en la salud mental y el rendimiento académico durante la infancia.

Factores Adicionales y Contexto Social

La pobreza es una condición social considerada como uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo infantil que afecta a esta población de mayor vulnerabilidad en numerosos aspectos como el acceso a la alimentación, la educación o los servicios sanitarios. En nuestro país, uno de cada cuatro niños vive por debajo del umbral de la pobreza debido a la carencia de recursos económicos a la que se enfrentan las familias para cubrir sus necesidades básicas, incluyendo el estado nutricional.

Podemos concluir que las deficiencias nutricionales prenatales juegan un papel fundamental en el neurodesarrollo y en el desempeño neuropsicológico temprano, incluso cuando se trata de micronutrientes, con consecuencias en ocasiones irreversibles y a largo plazo. Las alteraciones asociadas en el neurodesarrollo se seguirán de problemas en el aprendizaje y la conducta que supondrán a los futuros jóvenes problemas mayores para el acceso a trabajos cualificados, perpetuándose así el ciclo de la pobreza tanto a nivel individual como social.

Es importante destacar que estas interrelaciones no son directamente de causa-efecto, ya que en el proceso enseñanza-aprendizaje intervienen muchas otras variables, como el propio sistema educativo y los recursos que ofrezca a la diversidad, el Coeficiente Intelectual del alumno, el de la madre y el padre, el ambiente sociocultural, etc. La genética, un ambiente estimulante y una nutrición adecuada son factores fundamentales para el desarrollo cognitivo.

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