Diego Maradona: Nacimiento, Primeros Años y Controversias

La vida de Diego Armando Maradona, conocido mundialmente como "El Pelusa" o "El Diez", estuvo marcada tanto por su inigualable genio futbolístico como por una serie de controversias y momentos polémicos que lo acompañaron desde sus inicios hasta sus últimos días.

Los Primeros Años: El Nacimiento de un Ídolo

Foto de archivo del Hospital Evita de Lanús, Argentina

Diego Armando Maradona nació a las siete y cinco del domingo 30 de octubre en el Hospital Evita, de Lanús. Su madre, Doña Tota, había llegado con dolores de parto, pero tuvo tiempo para advertir una estrella en el piso.

La infancia de "El Pelusa" se desarrolló en un entorno humilde. Con los ojos cerrados, acaso hayan vuelto aquellos atardeceres cuando la esquina de Azamor y Mario Bravo era una pajarera y los ocho gorriones caían y se sentaban a la mesa de plato escaso pero desbordantes de afecto. Su padre, Don Diego, o "Chitoro", cansado, callaba sus angustias y se entendía con ella en silencio. La abuela Salvadora Cariolichi, con su pipa, simbolizaba el hilo de la historia, bajo un techo de chapa y cumbreras desprolijas. El patio al costado servía como extensión de la pieza donde dormía el Pelusa con el Lalo y el Turquito, los más chicos del batallón.

Foto histórica de Diego Maradona de niño con su familia

El vientre del avión procedente de la exótica Dubai no valía aquella caja de la chata de don José Trotta cuando cebollitas y padres juntaban sus sueños y sudores rumbo al nuevo anhelo de jugar. Entre sueños y entre nubes, acaso Pelusa rememoraba el momento de la llegada de un señor de bigote fino y sapiencia ancha, Francisco Cornejo. Él frenó en la misma chata de don Yayo para buscar al pibe a quien Goyito Carrizo había llevado a probar a Argentinos Juniors. Cornejo era un vocacional tipo de esos que pululaban por el mapa juntando espigas; fue el primero que le pagó una Coca y que los proveyó a él y a otros chicos de Fiorito y de otros lugares del sándwich pospartido. Doña Tota asintió cuando Francis les pidió el pibe, y de ahí a subirse a la caja del Rastrojero, el tiempo fue una ráfaga.

La vida de Doña Tota continuó con un perfil bajo, aun cuando el nombre y apellido de su primer hijo varón volaban hacia alturas impensadas, y por momentos intuía que el Pelusa también se le iba. De ahí tanto abrazo, tanto afecto mutuo, porque acaso este cincuentón que dormita a 8000 metros de altura también advertía lo mismo a pesar de su edad temprana. Y no era todo color de rosa. Una tarde estaban jugueteando cuando un ladrón, corrido por la policía, cruzó el terreno revólver en mano, saltando alambrados.

Durante el Sudamericano Juvenil del ’79, en un día libre en las playas uruguayas de Atlántida, su familia compartió con la de su amigo Jorge Cyterszpiler un día de ocio. "Cómo no va a estar feliz, si está conociendo el mar", se confesó. Chitoro se revolcaba y su cuerpo se arenaba como una milanesa, mientras ella, Tota, contemplaba todo en silencio, con los ojos achinados para no perder nada referido a su familia. Gozaba de cada gozo y sufría con cada tropezón. A carcajada plena cuando confiaba, a seriedad suprema ante alguien de afuera, esos que cada vez eran más. Por eso no asombró aquella noche en New York City cuando el primer amigo y representante festejaba un aniversario, y en la mesa central ella estuvo junto a su único marido, mientras la pantalla gigante los abarcaba con unas palabras claras y directas: "El mejor amigo que tuvo a su lado Diego se llamó Jorge Cyterszpiler".

Por entonces, su Pelusa y Cóppola formaban una nueva dupla, la que nunca llegó a estar a la altura de la primera, la de la época del comienzo, cuando a los ponchazos y en forma temeraria fueron avanzando entre las espinas, y de pronto se vieron en las trincheras de Europa tirando con cebita ante poderosos dirigentes y empresarios habitantes de una sociedad milenaria.

Controversias y Temperamento Púbico

Diego Maradona - Sus mejores momentos televisivos - Parte 2 - #60VecesDiego - #ElRetrovisor

Diego Armando Maradona mostró de nuevo su cara más polémica al protagonizar un encontronazo en plena calle con Ángel García, periodista de El Partidazo de Cope. La bochornosa escena, pasada la medianoche, se produjo a las puertas del restaurante en el que ‘El Pelusa’ había cenado junto a su familia. El argentino no respondió y se zafó sin miramientos del periodista, quien aseguró en antena que había sido golpeado.

En el incidente, Maradona expresó: “Dejadme comer tranquilo, no podéis estar en el hotel sino no tenéis habitación. Tú no tienes habitación aquí para estar fuera del hotel ahora mismo. Yo tengo todo el derecho de hablar con mi familia lo que quiero, querido. Esconde tu micrófono. Haz tu trabajo. Haz tu trabajo.” Durante los días que estuvo en Madrid, en la agenda de Maradona, aparte del partido, destacaba la cena organizada por los directivos del Nápoles.

Ahora que Ezeiza estaba más cerca, acaso con una sonrisa tenue, Pelusa recordaba cuando su madre bailaba con él en el patio de su casa en la calle Cantilo, como parte central de su recuperación tras la fractura que le produjo el vasco Goikoetxea. El doctor Rubén Oliva llegó a decir: "No hay en el mundo mejor lugar de trabajo que este que tiene a Diego con el afecto de su madre al lado, y este patio con césped artificial para empezar a pegarle a una pelota de goma, y para bailar como lo está haciendo con su mamá, y el campo que tiene en Moreno con sauna, pileta de natación y hasta cancha de fútbol."

Doña Tota, siempre detrás de sus pichoncitos, apareció un sábado por el 9 de Julio natal del cronista, donde varios equipos del club barrial en el que actuaban sus hijos menores habían llegado para confraternizar con pibes del lugar. Fueron ella y varias de sus hijas junto a papá Chitoro, con quien compartió toda una vida y, como ocurre con los chajás que abundan por el río Corriente, cuando se va uno al otro le cuesta demasiado vivir solo. Diego aquella vez no pudo ir y envió unas pelotas firmadas para sortearlas a beneficio de un centro de rehabilitación. Pero ella decidió ir igual para estar cerca de los más chicos, como buena madre. Al mayor ya le habían crecido las alas y podía volar solo, a fines de los ’70. Y en su adolescencia no la había pasado bien. Digno exponente de un pueblo sufrido, había pasado por Buenos Aires como empleada doméstica, pero regresó a Esquina.

Tota sufrió en silencio cada vez que su hijo mayor se pasaba de la línea de cal a una cancha oscura y atroz, y una madrugada vivió en carne propia un allanamiento clandestino nunca aclarado en las épocas de Suárez Mason, mandamás de Argentinos y amo y señor de la empresa Austral, que había posibilitado que Diego continuara en la Argentina. Ya senil, apeló a su instinto de futbolera para gambetearle a la muerte. Varias internaciones en la clínica Los Arcos terminaron con la pelota dando en los dos postes y saliendo. Hasta que a media tarde del sábado, a la hora en que solían finalizar aquellos partidos de chicos a los que ella no dejaba de ir, con Diego en los Cebollitas y con Lalo y Hugo después, se fue. En silencio.

Incidentes con la prensa

Fotografía de Diego Maradona discutiendo con un reportero

En otro incidente en Buenos Aires, Diego Maradona se vio envuelto en un nuevo escándalo tras agredir a un fotógrafo a puntapiés, según una denuncia. El propio agredido, el fotógrafo Enrique Medina de la revista Gente, dijo que Maradona le aplicó un zurdazo en un testículo y otro en una pierna que lo hicieron tambalear. Medina, de 46 años, declaró a The Associated Press: "Maradona es un burro, un ser primitivo; me hizo doblar del dolor."

El episodio ocurrió a la salida nocturna de la casa de su padre Diego, en el barrio de clase media alta de Villa Devoto. Medina, quien cumplía guardia periodística, intentó fotografiarlo de frente después de algunas tomas de perfil. "Cuando Diego me vio, tomó carrera como si fuese a patear un tiro libre y me dio zurdazo en un testículo y después otro en una pierna que aún me duelen mucho", relató Medina, enfatizando que "no son patadas de uno cualquiera sino de alguien que está acostumbrado a dar patadas a una pelota; me podía haber quebrado". Comparó la agresión con un golpe de Mike Tyson.

El reportero gráfico señaló que Maradona ni siquiera se disculpó y lo notó "muy enojado, fuera de sí, como si en la casa de su padre algo hubiese ocurrido". Medina también recordó un problema anterior con Maradona, quien reside en Dubai, donde es embajador deportivo: "Me pisó con un auto". En aquella ocasión, el fotógrafo dijo en Tribunales que la culpa había sido suya para evitarle problemas legales a Maradona. Sin embargo, en este caso, al sentirse lesionado, presentó la denuncia. Maradona, a sus 52 años en ese momento, se había visto envuelto en numerosos problemas con la prensa, incluyendo un incidente en mayo pasado donde lanzó piedras a fotógrafos cerca de un peaje entre el aeropuerto de Ezeiza y la capital argentina. A pesar de su tumultuosa vida y varias causas judiciales, Maradona es considerado uno de los mejores jugadores en la historia del fútbol mundial. Fue técnico de Argentina en el Mundial de Sudáfrica 2010 y capitán, genio y figura del seleccionado argentino campeón mundial en México 1986. En ese momento, se encontraba en Argentina por compromisos familiares y sociales.

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