José Rodríguez-Medel Briones: Vida y asesinato del comandante fiel a la República

Biografía y trayectoria militar

José Rodríguez-Medel Briones nació en Siruela, provincia de Badajoz, el 9 de diciembre de 1888. Hijo de militar, estudió la carrera castrense y salió con el grado de teniente de la Academia de Infantería de Toledo. Con veinte años llegó a Pamplona por primera vez en 1908, donde conoció a Lucía Carmona Valentín, con quien contrajo matrimonio en septiembre de 1911 en la iglesia de San Nicolás.

Tras un breve periodo en la capital navarra, fue destinado a Granada, donde se instaló con su familia. En 1917, aprovechando el contexto de las Juntas Militares de Defensa, solicitó la situación de supernumerario sin sueldo, lo que le permitió mantener su escalafón militar mientras ejercía trabajos civiles para mantener a sus siete hijos. En esta etapa, obtuvo el título de ingeniero mecánico, fundó una academia de matemáticas y escribió un libro de aritmética. En 1933, reingresó al servicio activo como comandante, solicitando destinos en Madrid y Pamplona. En Madrid sirvió como ayudante de campo del general de brigada Federico Santiago.

Fotografía histórica de la Plaza de San Francisco en Pamplona durante los años 30, mostrando el emplazamiento del antiguo cuartel de la Guardia Civil.

El contexto político en Navarra y la conspiración

Desde el surgimiento de la Segunda República, Navarra se convirtió en un foco de intensa actividad conspirativa de extrema derecha. Tras el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, las reuniones secretas entre militares, falangistas y carlistas se intensificaron. El gobierno de Manuel Azaña trasladó al general Emilio Mola a Pamplona, una decisión que Mola interpretó como una afrenta personal. Mola, quien no buscaba restaurar la monarquía sino instaurar una República autoritaria de corte derechista, comenzó a planificar el golpe de Estado con el apoyo de sectores reaccionarios y la connivencia de medios como el Diario de Navarra.

En junio de 1936, Rodríguez-Medel fue nombrado primer jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Navarra. Su nombramiento fue visto por Mola como un obstáculo insalvable, pues conocía la lealtad del comandante hacia el poder constitucional. Mola intentó reclutarlo para la sublevación apelando a una supuesta hermandad militar:

  • Mola: «Quiero hablarle, no en plan general, sino de compañero. ¿No le importa nada la salvación de España?»
  • Rodríguez-Medel: «La Guardia Civil seguirá al lado del Gobierno. Ahora y siempre defenderé al Gobierno de la República como poder constitucional».

El 18 de julio de 1936: El asesinato

Tras rechazar las presiones de Mola, Rodríguez-Medel se reunió con el gobernador civil y recibió órdenes del inspector general, el general Sebastián Pozas, de agrupar a las fuerzas de seguridad y trasladarse a Tafalla para establecer una línea defensiva. Al regresar al cuartel de la calle Ansoleaga, formó a los guardias y arengó a la tropa: «Supongo que todos estaréis dispuestos a seguirme. [...] Es preciso hacer un esfuerzo supremo, del que necesita el Gobierno en estos instantes». Finalizó con un «¡Viva la República!», que fue respondido por una parte de la tropa con gritos de «¡Viva España!».

Rodríguez-Medel fue asesinado poco después. Durante décadas, la versión oficial de los sublevados -difundida por autores como Arrarás Iribarren o Pérez Madrigal- sostuvo que el comandante había disparado primero y que su muerte fue producto de un enfrentamiento o un accidente. Sin embargo, el hallazgo reciente de diligencias judiciales extraviadas en el Archivo General Militar de Ávila y el informe de la autopsia han desmentido esta versión:

Evidencia Descripción
Autopsia Confirmó seis disparos por la espalda realizados con arma larga (fusiles Máuser).
Testimonios Testigos presenciales confirmaron la ejecución a traición sin tiroteo previo.
Documentación El juez instructor y el forense constataron que el cuerpo fue movido; no hubo investigación real.
Esquema infográfico que reconstruye los hechos en la calle Ansoleaga basándose en el informe judicial hallado en 2022.

Consecuencias y represión posterior

La muerte de Rodríguez-Medel fue el preludio de una represión sistemática en Navarra. Poco después, el capitán Ricardo Fresno Urzaiz, su principal apoyo en la comandancia, también fue asesinado. La viuda, Lucía Carmona, recibió una resolución de la Dirección General de la Guardia Civil negándole certificados oficiales al declarar que su esposo murió por «oponerse a los postulados de nuestro Glorioso Alzamiento». Sus restos fueron enterrados en un panteón familiar sin inscripción, tras la negativa de las autoridades militares golpistas a permitir un entierro digno.

La figura de Rodríguez-Medel permanece como un símbolo de lealtad institucional frente al golpe de Estado de 1936, mientras que los responsables del alzamiento en la región recibieron prebendas y honores durante la dictadura franquista, siendo sus restos trasladados posteriormente al monumento a «los caídos» en Pamplona.

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