Como todos los años, el primer domingo de abril se festeja en Kawasaki, Japón, el festival del pene. El festival, llamado "Kanamara Matsuri" -"Festival del falo de acero"-, se lleva a cabo el primer domingo de abril de cada año. Una gran cantidad de personas se acercaron a la ciudad japonesa de Kawasaki para adorar a una única figura: el pene. Esta especie de verbena tiene como fin orar por la fertilidad y, además, por el bienestar de la pareja o por la prosperidad del matrimonio.
El Kanamara Matsuri es en su origen una celebración de tipo religioso, organizada en el Templo de Kanayama (o santuario sintoísta de Wakamiya), donde se rinde culto a dos deidades relacionadas curiosamente con los mineros y los herreros: Kanayamahiko y Kanayamahime. Una leyenda japonesa dice que estos dioses sanaron a la diosa sintoísta Izanami después de que esta diera a luz a un dios del fuego. Con el tiempo, el santuario de Kanayama terminó por reunir todas estas leyendas y tradiciones en torno al sexo y la fertilidad.
La Leyenda de la Vagina Dentada y su Reinterpretación
Según cuenta una antigua leyenda Ainu, un demonio se enamoró de cierta mujer. Ésta, desinteresada, decidió casarse con otro hombre. En el súmmum de la ira y de los celos, el demonio poseyó a la mujer y le hizo crecer unos enormes dientes afilados en su vagina. Él se instaló entre las piernas de la mujer preparado para morder con sus afilados colmillos a cualquier miembro viril que osara poseer a la chica.
Durante la noche de bodas, en plena consumación de su primer encuentro sexual, los labios de la mujer arrancaron el pene del novio de un mordisco. Traumatizada, aquella se casó una segunda vez, pero sucedió lo mismo en la nueva noche de bodas. Así fue que dos jóvenes que intentaron estar con la chica terminaron de la peor manera. Hasta dos jóvenes que se desposaron con la muchacha sufrieron la peor de las suertes en la noche de bodas.
La mujer, cansada de la tortura de no poder tener relaciones con nadie, contactó entonces al herrero del pueblo, quien forjó para ella un pene de metal con el objetivo de hacerle creer al demonio que se trataba de un tercer pretendiente. La mujer le pidió a un herrero que fabricara un pene de acero para que cuando el espíritu maligno se decidiera a morder, se rompiera toda la dentadura y dejara en paz a la chica para siempre.
El mito de la vagina dentata como símbolo de castración recorre todas las culturas, siendo ejemplar la interpretación que hizo Marie Bonaparte del cuento “Berenice” de Poe. Sin embargo, la leyenda Ainu nos ofrece otro significado. Más que un mito sobre el impedimento y la imposibilidad, estaríamos ante un relato sobre la superación y la liberación. Todavía más, se trataría de una reafirmación del acto sexual y una defensa de la procreación.

El Santuario Kanamara: Centro de Culto y Peticiones
Esta es, en efecto, la función social que aún mantiene el santuario Kanamara. El templo, lleno de figuras genitales tanto masculinas como femeninas, tiene como 'reliquia' el falo de metal que da nombre al festival. La reliquia más importante es el falo de acero que le da el nombre al festival.
Durante el periodo Edo de la historia de Japón, entre 1603 y 1868, las prostitutas que ejercían en las rutas comerciales de la zona solían acercarse a este templo de Kawasaki a pedir por su salud y librarse de la sífilis y otras enfermedades de transmisión sexual. Todavía fue y es visitado por prostitutas que piden protección ante enfermedades de transmisión sexual.
Actualmente, muchas parejas lo visitan para solicitar por un embarazo sano o por cuestiones vinculadas a la fertilidad. La gente dirigía a estos dioses peticiones relacionadas con las enfermedades de transmisión sexual y el parto. Durante la fiesta se recauda dinero que luego se destina a apoyar la investigación sobre el VIH y el SIDA.
La Vagina de Bronce y el Ritual de Fertilidad
En la cuestión de la fertilidad los genitales masculinos no pueden hacer nada por sí mismos, así que el pene, aunque es la gran estrella, no es la única representación sexual en el santuario de Wakamiya. Dentro del templo, fieles de todas las edades se aproximan a una gran vagina de bronce que tiene una zona dorada donde ha sido rozada con asiduidad.
El culto consiste en comprar un pequeño falo de metal y arrodillarse ante la estatua que representa los genitales femeninos. El que quiera tener suerte con su fertilidad, con sus relaciones sexuales o con su matrimonio, solo tiene que rozar el pequeño miembro alrededor de la entrada de la vagina, eso sí, sin introducirlo dentro.

La Procesión de los Mikoshi y la Celebración Actual
El festival, tal como se desarrolla hoy en día, con su procesión en la que grupos de mujeres portan grandes falos y reparten piruletas con forma de pene, comenzó a celebrarse en 1978. Los actos comienzan sobre las 11 de la mañana, aunque la gente empieza a congregarse en la puerta del templo varias horas antes. La procesión principal es a mediodía y está formada por tres mikoshi (pasos), que avanzan por la calle hasta la estación de tren antes de regresar al Santuario. Estos mikoshi se exhiben antes de la procesión dentro del propio santuario.
El mikoshi es un objeto característico de todos los rituales sintoístas. Se trata de un recinto en miniatura, con sus respectivos pilares, ventanas y cortinas, el vehículo de los dioses que es acarreado por los habitantes de una ciudad para purificar así las calles. Muy parecidos a los pasos de nuestra Semana Santa, son capillas transportadas mediante vigas de madera que reposan en los hombros de hombres o mujeres durante las celebraciones sintoístas.
Kanamara Matsuri 2025|The Final Procession: Mikoshi Returns to the Shrine【4K】
Diversidad de Falos y Participación Inclusiva
En el Festival Kanamara, sin embargo, existe un segundo y un tercer mikoshi, los cuales cobran protagonismo por sobre el habitual. Uno de ellos es un alargado metal oscuro rodeado de sogas de cáñamo. El otro, un gigantesco pene de madera pintado de color rosa. Este último, que se incorporó al desfile hace unos años, fue donado por una asociación de travestis llamada 'Elisabeth' que tenía una gran amistad con un monje del santuario. Una famosa drag queen de Tokio, Elizabeth Kaikan, donó un enorme falo de color rosa, que es portado en la procesión por transexuales, y que se ha convertido ya en el centro de la atención del público.
Un grupo de travestis transportan este último, riendo, cantando y saltando, hasta llegar a una plaza en donde se desarrollan las celebraciones: alcohol, baile y música electrónica. La comunidad LGTB japonesa se hace notar entre los visitantes, sobre todo por el protagonismo del falo 'Elisabeth' en las celebraciones.
El mikoshi que transporta el miembro viril del templo Wakamiya es portado solo por hombres debido a su peso. Las figuras fálicas se presentan con tal naturalidad en la celebración que tanto niños como mayores participan en el evento.

El Kanamara Matsuri como Fenómeno Global y Turístico
Más recientemente, con la publicidad fácil a través de internet y las redes sociales, se ha popularizado en todo el mundo, como los Sanfermines o la Tomatina, hasta congregar a más de 30.000 personas. Miles de personas asisten a cada edición y los últimos años ha adquirido tanta popularidad que actualmente el colapso de público es notable.
Por otro lado, el Festival Kanamara es también ejemplo de otra función tan paradigmática como frecuente en las prácticas tradicionales japonesas: el consentimiento de los turistas. Los trenes llegan a Kawasaki repletos de estos últimos, cada uno de ellos esperando sacar una foto memorable, con una remera o gorra del evento, la mayoría de ellos lamiendo un chupetín con forma de falo. Incluso hay cientos de páginas de Internet que explican cómo llegar y qué hacer en los alrededores del evento.
Si alguna vez se aseguró que en el País del Sol Naciente existe una constante superposición entre tradición y modernidad, quizás hoy esto se resignifique en términos de «tradición y turismo». Porque además de la fertilidad, en el festival se celebra la curiosidad. Hay algo de erótico en eso, claro. En lo diferente, en lo exótico, en lo que no ocurre en ningún otro lugar del mundo.
Recuerdos y Símbolos del Festival
El evento se ha vuelto tan popular que para las 11 los organizadores pueden comenzar a rechazar la entrada del público, que se agolpa en largas colas en busca de comida, cerveza de sakura, camisetas estampadas con motivos fálicos y caramelos en forma de glande. Tan omnipresente está, que las calles están repletas de tenderetes donde se venden multitud de objetos que le hacen referencia. Las piruletas con forma fálica son las más populares, pero también se venden colgantes, camisetas, verduras moldeadas, velas y hasta amuletos sintoístas con la reconocible silueta. Muchos van disfrazados con coloridas máscaras en forma de pene y vagina, y se venden velas, llaveros y otros objetos con motivos fálicos.

Una Perspectiva Cultural
Esta expresión cultural y religiosa, vista desde nuestra perspectiva cristiana, puede resultar obscena y vulgar, pero muchos japoneses hacen una lectura estrictamente religiosa, y lo ven como una oportunidad para rezar por la fertilidad, el parto saludable y el sexo seguro. No se trata de una Marcha del Orgullo, ni de una fiesta en nombre de la liberación sexual.
Una sociedad civilizada sabe integrar con naturalidad todas las expresiones culturales espontáneas, tanto las suyas propias como las ajenas. Las tradiciones culturales son producto de la imaginación y las experiencias vitales de millones de personas a lo largo de la historia. Son ricas y vivas. Están ahí y seguirán ahí por su utilidad o simplemente por puro placer.