Eleuterio Sánchez Rodríguez, más conocido como El Lute, emerge como una figura tan icónica como contradictoria y compleja en la historia reciente de España. Encapsulado en un relato de crimen y castigo, la historia de su vida va más allá del mero acto de delinquir, para adentrarse en las profundidades del espíritu humano y su capacidad de redención y transformación. Su vida, con sus altibajos, sus conflictos y sus conquistas, invita a la reflexión sobre la capacidad del ser humano para cambiar y adaptarse, incluso en las circunstancias más adversas.

Orígenes: La Vida Merchera y la Pobreza Extrema
Orgulloso de su estirpe, Eleuterio Sánchez nació merchero en Los Pizarrales, un barrio de Salamanca, en 1942, en el seno de una familia extremadamente pobre. Vivió sus primeros lustros de pueblo en pueblo, nómada, ambulante en carromato, arreglando y vendiendo quincalla, el oficio secularmente heredado por los suyos. Era una vida en las cunetas de aquella España oficial de la dictadura, al borde siempre del hambre y siempre bajo sospecha, con el temor a la visita de la Guardia Civil pegado en la piel.
Los mercheros se regían por sus propias normas, por un código interno que situaba a la familia en el centro del universo. No inscribían a los hijos en el Registro Civil, de manera que para “la sociedad oficial” eran alegales de nacimiento, una especie aparte. Así creció Eleuterio, rodando por los caminos, intentando engañar al hambre y al frío. Solo recuerda un paréntesis feliz en su infancia, cuando fue acogido por una familia de Las Hurdes para pastorear cabras, donde tuvo plato y cama fijos cada día. Sin embargo, volvió al carromato tras unos años.
A la edad de 19 años, Eleuterio se cruzó con Consuelo, su primer amor y madre de sus primeros hijos. A esa misma edad padeció su primera condena y cárcel, al robar unas gallinas en Badajoz, en un invierno duro de frío y malo de trabajo. Este delito famélico le costó 2 años de prisión. Cuando recobró la libertad, la forma de vida merchera sucumbía; el plástico enterraba a la quincalla. Eleuterio decidió instalarse en los arrabales de Madrid, y allí, entre chabolas, su vida tomó un giro oscuro.

El Punto de Inflexión: El Atraco a la Joyería de Bravo Murillo
El 5 de mayo de 1965 marcó un antes y un después en la vida de Eleuterio Sánchez. Ese mediodía, junto a dos compinches, los tres en una moto, pararon frente a una joyería en la calle Bravo Murillo de Madrid. Con un ladrillo, rompieron el escaparate y cogieron algunas joyas valoradas en 120.000 pesetas. Cuando emprendían la huida, les sorprendió el vigilante, Tomás Ortiz, dándoles el alto. Sonó un disparo y el vigilante cayó herido de muerte. Eleuterio asegura que no fue él quien disparó, ni sabía que su compañero llevara un arma.
Días después, Eleuterio fue localizado en un bar de la calle Galileo. Intentó escapar, la policía disparó y una bala rebotada alcanzó y mató accidentalmente a una niña, Raquel Campiña, que pasaba por allí. El recuerdo de este trágico suceso aún le brilla en los ojos. En los calabozos de la Dirección General de Seguridad, Eleuterio padeció tortuosos interrogatorios policiales. De allí salió “El Lute”, el bandido despiadado que atemorizó a España. Él nunca se ha reconocido en ese personaje, afirmando que “El Lute” ha sido siempre un extraño en la piel de Eleuterio.
Se le aplicó la Ley de Bandidaje y Terrorismo; un tribunal militar lo condenó a muerte. Pasó días de desesperación en la prisión de Carabanchel, en celdas bajas, la antesala del garrote, atenazado de temor, esperando la ejecución. Finalmente, la sentencia fue conmutada por cadena perpetua.

Transformación tras las Rejas: La Búsqueda del Conocimiento
En prisión, Eleuterio Sánchez no se rindió ante la desesperanza de su situación. Todo lo contrario, se embarcó en un viaje de autoeducación. El penal de El Dueso, en Santoña (Cantabria), fue su primer destino como condenado. Eleuterio tenía 23 años y era analfabeto; otros presos le escribían las cartas que enviaba a la familia y le leían las que recibía. Se propuso cambiar la situación y comenzó a acudir a clases para adquirir los conocimientos básicos.
En El Dueso, encontró a una persona que contribuyó decisivamente a encauzar su existencia: Simón Sánchez Montero, un dirigente comunista y preso político. Montero le mostró la necesidad de formarse, de adquirir conocimientos, de explorar la cultura y de dotarse de herramientas para un futuro en libertad, convencido de que la libertad llegaría tras la dictadura. Eleuterio se hizo un militante convencido de la lectura y del estudio, y lo sigue siendo. Aprendió a leer y escribir en la cárcel, se licenció en Derecho entre rejas por la UNED y llegó a ejercer como abogado para el gabinete jurídico de Enrique Tierno Galván. Su madre no lo había parido para que se pudriese en la cárcel, por lo que buscó una razón para sobrevivir: Franco tenía que morirse algún día y una amnistía podría librar de los barrotes a un preso sin delitos de sangre. Había entrado El Lute, aunque de allí tenía que salir Eleuterio Sánchez.
Las Fugas Legendarias: El Mito del Fugitivo
No obstante, fueron sus audaces fugas las que cimentaron su leyenda. La autodisciplina ha sido, asegura, su tabla de salvación, combinando cada día gimnasia, estudio y la constante idea de la fuga en su cabeza: "libre o muerto".
Primera Fuga: El Salto del Tren
La primera ocasión se presentó en junio de 1966, durante un traslado penitenciario en tren, custodiado por la Guardia Civil, de El Dueso a Madrid para una vista judicial. Un preso anarquista le había dado un llavín con el que consiguió abrir su atadura. A la altura de Frómista, en Palencia, abrió la puerta y se arrojó en marcha a setenta kilómetros por hora. Con un brazo roto, luxación de vértebras cervicales y magulladuras por todo el cuerpo, resistió 13 días de dolor y agotamiento, recorriendo 170 kilómetros a pie con un brazo roto en tan solo 12 días. La fuga acabó cerca de Salamanca, cuando la Vespa que había hurtado no pudo esquivar un control policial. La foto de la captura, con el brazo en cabestrillo, entre dos guardias civiles, fue portada de prensa e icono de aquella España maniquea.
Segunda Fuga: La Evasión de El Puerto de Santa María
Esta aventura le costó 52 años más de condena añadida y el traslado al penal de máxima seguridad de El Puerto de Santa María, un lugar del que ningún preso había conseguido escapar. Eleuterio había urdido un plan con paciencia y tenacidad, ganándose la confianza de los funcionarios que veían en él un preso modélico, responsable y estudioso. La Nochevieja de 1970 fue la ocasión esperada. La noche festiva había relajado la vigilancia; con otros compañeros, hizo un boquete en la pared y accedió a una zona desde la que pudo descolgarse, ayudado de una soga, hasta el otro lado del muro de la prisión. En el tramo final fue descubierto, pero esquivando balas consiguió su propósito. Era de nuevo un fugitivo, el único que dejó escapar el viejo penal de El Puerto de Santa María, lo que le valió un homenaje de sus compañeros que bautizaron su vía de escape como la "Avenida del Lute".
El Lute: Las Fugas Imposibles que Humillaron al Estado Español
La Vida en la Clandestinidad y el Nacimiento de "Camina o Revienta"
La fuga de Nochevieja dio paso a dos años y medio de huida. En ese tiempo, Eleuterio vivió protegido por su familia, oculto tras la falsa identidad de un hombre llamado “Mayo”, su nombre fugitivo. Era la persona más buscada y temida, y su captura se convirtió en una prioridad para la Guardia Civil. El clan familiar se desplazaba de un sitio a otro a golpe de cerco policial; pudo haber caído en Málaga, en Granada, en Alcalá de Guadaira, pero consiguió escapar.
El grupo fugitivo creció cuando Eleuterio conoció a Frasquita, una joven gitana granadina con la que se casó por el rito caló. La huida les llevó incluso a ocultarse dos meses en el subsuelo, en el colector central de Sevilla. Allí, a la luz de un candil, Eleuterio escribió las primeras notas de su biografía, el embrión de “Camina o revienta”. El 3 de junio de 1973, en el barrio Juan XXIII de Sevilla, una operación de la policía secreta, alertada por una persona que había reconocido al prófugo, consiguió devolver a Eleuterio a prisión. Fue conducido al penal de Cartagena, el más pequeño de la península, conocido como la “caja fuerte”, y después a la cárcel de Córdoba. Sus hermanos, Toto y Lolo, detenidos en la misma operación, pasaron cinco años en prisión preventiva.
En 1977 se editó “Camina o revienta”, la primera parte de la biografía de Eleuterio Sánchez. El libro llegó a las estanterías con su autor preso en Córdoba. Lo había escrito clandestinamente, en tiras de papel higiénico que, también clandestinamente, sacaba de prisión escondidas en los puños de las camisas que le permitían entregar a su familia para lavar en el exterior. Descosía los puños, metía las tiras de papel y volvía a coserlos. Así llegó “Camina o revienta” a la editorial Cuadernos para el Diálogo. Fue un éxito editorial extraordinario dentro y fuera de España -se tradujo a varios idiomas- que contribuyó a extender una imagen más real de Eleuterio Sánchez, alejada del estereotipo de quinqui violento y huidizo. Y puso al autor de nuevo en primer plano, pero ya no por sus fugas o sus fechorías. Eleuterio se alejaba, al fin, de “El Lute”.
La ansiada Libertad y la Vida en el Ojo Público
Eleuterio tenía puestas sus esperanzas de libertad en la amnistía de 1977, pero la medida, que puso en la calle a numerosos condenados por terrorismo, no le alcanzó. En mayo de 1978, accedió al régimen abierto; fue trasladado a Alcalá de Henares, donde solo debía acudir al centro penitenciario a pernoctar. Poco después de estrenar su nueva situación, aún debió comparecer ante la justicia, en la Audiencia Nacional le juzgaron por más de un centenar de cargos acumulados en los dos años y medio que vivió fugitivo. Pese a que algunos magistrados propusieron su libertad bajo caución, se impusieron las tesis de la fiscalía y la condena sumó centenares de años. La libertad solo podía llegar por el camino del indulto.
El 19 de junio de 1981, el Consejo de Ministros, presidido por Calvo-Sotelo, aprobó, a propuesta del titular de Justicia, Francisco Fernández Ordóñez, conceder el indulto a Eleuterio Sánchez Rodríguez. Tenía 39 años y había pasado 18 en prisión. Era libre, pero no fue ese un día feliz. “Yo no necesitaba un perdón, yo quería justicia”, reflexiona Eleuterio sobre aquel momento. Aquellos fueron los años mediáticos. Vivía requerido, cuando no perseguido, por los medios de comunicación, de sarao en sarao, preso ahora de una popularidad no buscada. Años después de su liberación, el propio Lute reflexionaba sobre su vida y su transformación, preguntándose si realmente había muerto en alguna de sus numerosas huidas, simbolizando la metamorfosis de su identidad a lo largo de los años.

Vida Personal y Familiar: Hijos y Relaciones
Eleuterio Sánchez ha tenido cinco hijos con tres mujeres diferentes. Su primer amor fue Consuelo, madre de José María y David, de quien la cárcel lo separó. Posteriormente se casó con Frasquita, una joven gitana granadina. Durante su relación con Carmen Romero nació un pequeño Eleuterio. Sus otros dos hijos, Ismael y Camino, llegaron con Carmen Cañavate, quien lo denunció por malos tratos. Con Teresa, su actual pareja y “alma gemela”, no ha tenido descendencia. El propio Eleuterio, a veces, reflexiona sobre sus nietos, manifestando que no quiere que lo consideren "el abuelo cebolleta" o "el de las batallitas", pues son cinco y le gustaría ser bisabuelo.
Posteriormente, en el año 2006, fue detenido por malos tratos denunciados por su esposa (Carmen Cañavate), aunque más tarde, en el año 2008, sería absuelto de tal pena. Su último trago amargo fue esta denuncia, de la que salió absuelto, pero que lo tuvo tres años al borde de la depresión, viviendo bajo la sombra de la sospecha.
Presente y Sosiego: Una Vida Lejos de los Focos
Ahora Eleuterio vive días tranquilos, disfruta de una serena libertad en Niebla, en Huelva, junto a Teresa. Es lo que siempre quiso: trabajar, vivir, sin ruidos innecesarios, sin excesos ni focos. De vez en cuando se acerca a Cabezabellosa, una pequeña localidad de montaña al norte de Cáceres, donde tiene una casa. Cerca de la naturaleza, su mejor refugio. Escucha música, sobre todo clásica, lee y escribe. Ha publicado “Cuando resistir es vencer”, el libro que cierra su trilogía biográfica, sumándose a sus obras anteriores “Camina o revienta” y “Mañana seré libre”.
Solo los compromisos de promoción le han sacado de la plácida monotonía en la que ha conseguido instalarse, de esa libertad sin estridencias por la que tanto ha dejado en el camino. Ha colaborado con varias publicaciones e impartido conferencias, defendiendo sus puntos de vista sobre la justicia y la sociedad. Eleuterio considera que el franquismo forjó un "enemigo público número uno" en él, pero los "mass media" terminaron por convertirlo en un "último bandido romántico" o "un Luis Candelas del siglo XX", etiquetas que él rechaza, pues niegan la complejidad de su persona.

Legado y Relevancia Cultural
La representación de El Lute en el cine y la literatura ha oscilado entre la glorificación y el análisis crítico. Las películas "El Lute: camina o revienta" y "El Lute II: mañana seré libre", protagonizadas por Imanol Arias, y su serie de libros autobiográficos, ofrecen perspectivas sobre una vida que desafía una categorización simple. Estas narrativas destacan su transición de un criminal perseguido a un abogado y escritor respetado, planteando preguntas sobre la naturaleza de la justicia, la redención y el poder transformador del conocimiento y la voluntad.
Su historia ha servido de inspiración más allá de su propia obra literaria, con múltiples grupos musicales referenciándole de una u otra manera en algunos de sus temas. Entre ellos se encuentran Boney M, Joaquín Sabina ("furtivo como el Lute cuando era el Lute"), Estopa (con su canción «La del Lute» en una edición especial de La calle es tuya), Mojinos Escozíos, Los Chikos del Maíz, Perros Callejeros y Haze. En 1979, su historia fue relatada en un tema del grupo Boney M en su álbum Oceans of Fantasy, que alcanzó el número 1 en Europa y le reportó casi 4 millones de pesetas en derechos de imagen. Él mismo firmó un éxito musical; suya es la letra de la canción “Quisiera” que ganó el festival de Benidorm en 1980.
Más allá del personaje público, El Lute es un reflejo de lo peculiar y único de la sociedad española de su tiempo. En una época marcada por la represión y la resistencia, la figura de Eleuterio Sánchez se unió irremediablemente con la historia más amplia de España, ofreciendo una ventana a los tumultuosos años del franquismo y la transición a la democracia.
El Lute: Las Fugas Imposibles que Humillaron al Estado Español
Testimonio: Un Encuentro Inesperado
Una mujer relata un encuentro fortuito con Eleuterio Sánchez durante una de sus fugas, ofreciendo una perspectiva humana y cercana de la leyenda. Ella se encontraba en el campo con sus dos hijos pequeños, cuando observó la figura de un hombre con paso ligero. Al verle, pensó en soltar a sus perros, pero el miedo no la acorraló. Decidida, le preguntó si quería un vaso de agua. A tres metros, vio a un “cristo acorralado, casi harapiento”, con un traje chaqueta manchado y sudoroso. Mientras le ofrecía agua fresca del aljibe, él le dijo: “Señora, no sé quién está más perdido por estos parajes si usted o yo”.
Al verle una lágrima escaparse, la mujer recordó un "NODO" de la época franquista y lo identificó: ¡El Lute! Él le cogió una mano en un apretón que nunca olvidó, como tampoco su mirada de “perro acorralado”. Poco después, dos patrullas de la Guardia Civil llegaron, alertadas por la aparición. Los hijos de la mujer, al ver la escena, preguntaban si quería la escopeta de papá. La mujer, asombrada, solo pensaba: “¡Por Dios, si era un roba gallinas!”. Poco después se supo que El Lute estaba en la cárcel de nuevo. Años más tarde, la mujer contactó con Eleuterio Sánchez a través de las redes, y él, inteligentemente, le respondió que “El Lute no existía”, ni afirmó ni desmintió. Le pasó una serie de libros, entre ellos "Camina o revienta", "Mañana seré libre", "Una pluma entre rejas" y "Cuando resistir es vencer", y a día de hoy mantienen una respetuosa amistad.