El herpes zóster, conocido también como culebrilla, es una enfermedad viral causada por el mismo virus que provoca la varicela, llamado varicela-zóster. La varicela se padece cuando una persona se expone por primera vez a este virus. Si el virus inactivo, que permanece latente en el cuerpo tras una infección previa de varicela, vuelve a activarse más adelante, provoca el herpes zóster. Este virus es el responsable de irritaciones y erupciones en la piel que pueden llegar a ser bastante dolorosas, dependiendo de su gravedad.

Manifestaciones Clínicas del Herpes Zóster
La culebrilla se presenta en general como una erupción dolorosa en un lado del rostro o del cuerpo. Por lo general, el primer síntoma que aparece es el dolor focalizado, al que no siempre le siguen las erupciones y las ampollas, aunque sí es lo más común. Adicionalmente, se pueden experimentar fiebre, dolor de cabeza, escalofríos, malestar estomacal y dolor nervioso. En raras ocasiones, si el brote de culebrilla afecta los nervios del rostro, se pueden desarrollar problemas de audición o visión.

Contagio y Transmisión
Es importante tener en cuenta que el Herpes Zóster solo se puede contraer si se ha superado la varicela y el virus está latente en el cuerpo. El sarpullido de la culebrilla es contagioso, y las personas que no han tenido varicela antes o que no han recibido la vacuna contra esa enfermedad pueden infectarse después del contacto directo con las ampollas. Si una persona que nunca ha tenido varicela se infecta a través de este contacto, desarrollará varicela, no culebrilla. El riesgo de propagar el virus es bajo si la erupción permanece cubierta.
Sin embargo, si una mujer embarazada no es inmune a la varicela y entra en contacto directo con una persona (incluida su pareja íntima) que tiene culebrilla, existe el riesgo de que la gestante pueda infectarse con varicela.
Herpes Zóster durante el Embarazo
Cuando una mujer está embarazada, sus defensas naturales disminuyen para que su cuerpo no rechace al bebé que está creciendo en su interior. Es por esto por lo que es más fácil contraer algunas enfermedades, incluido el Herpes Zóster. El estrés también puede ser un reactivador del virus, por lo que es importante que la gestante se mantenga tranquila y relajada.
Impacto en el Feto y Riesgos Asociados
El padecimiento de un herpes zóster en una mujer embarazada generalmente no representa en principio un riesgo para el feto. Esto se debe a que, a diferencia de la varicela, el herpes zóster no se acompaña de viremia (presencia del virus en la sangre) en la mayoría de los casos. La viremia solo se presenta en la forma grave del zóster, la generalizada o diseminada, que cursa generalmente con afectación sistémica y complicaciones viscerales, y que se observa prácticamente solo en personas inmunodeprimidas.
El herpes zóster en una madre embarazada no conlleva el riesgo de que su propio feto desarrolle el síndrome de varicela fetal. Esto se debe a que el feto adquiere pasivamente, y está protegido por, los anticuerpos antivaricela de la madre, producidos en respuesta a su infección inicial de varicela. Además, hay que tener en cuenta que el feto está protegido por los anticuerpos maternos transplacentarios, incluso conociendo que en algunos estudios se han observado concentraciones bajas de anticuerpos inmediatamente antes del zóster.
El diagnóstico clínico de herpes zóster durante la gestación no está asociado a un incremento del riesgo de malformaciones congénitas. La infección por herpes zóster en la madre, basado en estudios prospectivos, no está asociado a un incremento del riesgo de malformaciones fetales. No hay muchos estudios que analicen cómo la culebrilla puede afectar un embarazo, y no se han realizado estudios para comprobar la relación entre culebrilla y problemas como el parto prematuro (nacimiento antes de las 37 semanas) o el bajo peso al nacer (menos de 5 libras, 8 onzas).

Tratamiento del Herpes Zóster en Gestantes
Si una mujer embarazada desarrolla culebrilla, es fundamental hablar con su proveedor de atención de salud sobre el tratamiento. En general, el Herpes Zóster se puede tratar con medicamentos antivirales durante el embarazo, ya que los antibióticos no son efectivos contra esta enfermedad viral.
Uso de Antivirales
No hay ensayos clínicos que evalúen el papel de los fármacos antivíricos en las mujeres embarazadas con una infección por herpes zóster. Sin embargo, la experiencia con aciclovir sugiere que el empleo de este fármaco es seguro durante el embarazo. Tampoco están descritos efectos teratógenos ocasionados por la administración, durante el embarazo, de fármacos antivirales como aciclovir, valaciclovir y famciclovir. El sumario de evidencia de Uptodate indica que los criterios de tratamiento serían los mismos que en una mujer no gestante.
Las guías de práctica clínica, dado que no ha sido totalmente probada la ausencia de efectos teratógenos de los antivirales y el escaso beneficio del tratamiento en herpes zóster no complicado, recomiendan comenzar el tratamiento solo si los beneficios superan los riesgos. Una de estas guías sugiere iniciar tratamiento con antivirales en gestantes con un rash severo (por ejemplo, más de 50 lesiones), o presencia de dolor importante, o diagnóstico clínico de herpes oftálmico. En estos casos, aciclovir o valaciclovir estarían más indicados.
En las etapas más precoces del embarazo, es crucial valorar bien la indicación de antivirales, dado el mayor riesgo en esa etapa de malformación fetal. Aunque no hay estudios adecuados sobre los efectos que tienen los antivirales durante el embarazo en el desarrollo del niño, las tasas de malformaciones congénitas en registros de datos para aciclovir y valaciclovir son bastante seguros, sin que haya datos similares para famciclovir y brivudina. Una evaluación resume que el empleo de aciclovir y de valaciclovir no está asociado con un incremento de malformaciones al nacimiento, basándose en un estudio amplio retrospectivo con 1.804 mujeres gestantes en las que la exposición a estos fármacos durante el primer trimestre de gestación no se asoció a la presencia de malformaciones congénitas en el recién nacido.
El tratamiento antiviral no está recomendado de rutina en mujeres gestantes diagnosticadas de diabetes, eclampsia o preeclampsia. La ficha técnica de la AEMPS del aciclovir consta que en el embarazo la experiencia en humanos es limitada, por ello aciclovir solo se utilizará en aquellos casos en los que previamente la valoración riesgo-beneficio de su aplicación aconseje su utilización.
En las evaluaciones de los fármacos aciclovir, valaciclovir y famciclovir, quedan clasificados los tres como categoría B para su uso durante el embarazo. Esto implica que los estudios en la reproducción en animales no han demostrado un efecto adverso sobre el feto, pero no hay estudios clínicos adecuados y bien controlados hechos en mujeres embarazadas o animales que hayan mostrado un efecto adverso.
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Vacunación
Durante el embarazo, la vacunación contra el Herpes Zóster no está recomendada por sus posibles efectos secundarios.
Herpes Zóster durante la Lactancia
No se ha encontrado el virus que causa la culebrilla en la leche materna. Sin embargo, es importante evitar que el bebé entre en contacto directo con el sarpullido o las ampollas para reducir las probabilidades de propagar el virus varicela-zóster, que podría hacer que desarrolle varicela. Si hay lesiones en la areola, la leche debería extraerse y desecharse hasta que se forme una costra sobre la erupción.
Dado que el aciclovir se excreta por la leche materna, la terapia antivírica debe administrarse con precaución en mujeres durante el período de lactancia y solo en los casos en que los beneficios sean claros. Si se toman antivirales para tratar la culebrilla mientras se amamanta, es aconsejable comunicarse con un servicio de información sobre medicamentos durante la lactancia para obtener más detalles.
Herpes Zóster en el Padre
No se han realizado estudios para determinar si la culebrilla podría afectar la fertilidad masculina (capacidad de dejar embarazada a una mujer) o aumentar el riesgo de defectos de nacimiento en el feto. En general, es poco probable que las exposiciones de padres o donantes de esperma aumenten los riesgos para el embarazo.
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