La práctica curricular cobra sentido en función de su grado de adecuación a las características de los niños y niñas a los que va dirigida. El niño y la niña son los principales protagonistas de sus aprendizajes, mientras que el ambiente se constituye como un espacio y agente de educación esencial. En este proceso, el docente no es solo una fuente de saber, sino un mediador y acompañante que busca comprender a la persona en su globalidad.

Características del alumnado de cinco a seis años
Las peculiaridades de los alumnos de estas edades condicionan de forma decisiva la intervención docente. En la etapa de los cinco a seis años, los niños y niñas presentan los siguientes rasgos:
- Desarrollo motor: Consolidan logros en su cuidado personal y ganan seguridad en habilidades como trepar, saltar a la pata coja o patinar. En motricidad fina, son capaces de recortar figuras y trazar números y letras.
- Interés comunicativo: Se interesan por los textos escritos, conocen diversas letras y disfrutan inventando historias fantásticas o contando cuentos y chistes sencillos.
- Comportamiento social: Participan en conversaciones colectivas respetando normas, explican reglas de juegos y colaboran activamente en la consecución de objetivos comunes dentro de grupos estables.
Planificación y marco normativo
La programación didáctica es un instrumento de planificación, desarrollo y evaluación adaptado a la normativa vigente, que incluye la Ley Orgánica 3/2020 (LOMLOE), el Real Decreto 95/2022 y la normativa específica de cada ámbito educativo. Este documento se desarrolla considerando el proyecto educativo, las necesidades del alumnado y ha sido aprobado por el Claustro de Profesorado, siendo susceptible de actualización mediante procesos de autoevaluación.

Objetivos y competencias clave
La finalidad de la Educación Infantil es contribuir al desarrollo integral y armónico del alumnado en sus dimensiones física, emocional, afectiva, social, cognitiva y artística. Los objetivos representan los logros esperados al finalizar la etapa, vinculados estrechamente a la adquisición de las competencias clave:
- Comunicación lingüística.
- Competencia plurilingüe.
- Matemática, ciencia, tecnología e ingeniería (STEM).
- Digital.
- Personal, social y de aprender a aprender.
- Ciudadana.
- Emprendedora.
- Conciencia y expresiones culturales.
Dichas competencias tienen un carácter transversal y favorecen un enfoque globalizado, preparando al alumnado para afrontar los retos del siglo XXI, como la sostenibilidad, la igualdad de género y la resolución pacífica de conflictos.
Criterios de evaluación en los ámbitos de experiencia
Los criterios de evaluación conectan los contenidos educativos con los objetivos generales. Se organizan en tres ámbitos fundamentales:
1. Conocimiento de sí mismo y autonomía personal
Se evalúa el reconocimiento del propio cuerpo, la coordinación motriz y la autonomía en actividades cotidianas como la higiene y la alimentación. Es fundamental observar la construcción de vínculos afectivos y la capacidad de expresar emociones y sentimientos básicos.
2. Descubrimiento del entorno
Este ámbito se centra en la curiosidad por el medio físico y natural. Se valora la capacidad de explorar, manipular objetos, observar fenómenos naturales y participar activamente en la vida del centro educativo y familiar.
3. Los lenguajes: comunicación y representación
Se analiza la comprensión de mensajes orales y la capacidad de utilizar mecanismos comunicativos (gestos, vocabulario, entonación). Asimismo, se valora la experimentación con lenguajes musicales, plásticos, corporales y audiovisuales.