La Arqueología de la Infancia y los Ritos Funerarios
El estudio de la infancia a lo largo de la Prehistoria reciente es una perspectiva que suscita en la actualidad mucho interés en el campo de las investigaciones arqueológicas. Durante muchos años, la presencia de niños y niñas dentro del registro arqueológico ha sido relegada a un segundo plano en la investigación. Sin embargo, muchos autores critican esta falta de estudios y abogan por un interés aún mayor para poder llevar a cabo análisis comparativos que definan a las sociedades pasadas a través de la infancia. El primer paso para realizar un análisis sobre esta etapa de la vida de un individuo es dejar de lado el concepto actual de infancia, para no extrapolarlo al pasado.
El presente trabajo se propone el estudio sistemático de la infancia en la Prehistoria Reciente a partir de una serie de casos localizados en la Región de Murcia, concretamente en sus áreas occidentales y sur. La muerte de un individuo infantil es algo que hoy día aún nos impresiona, y no sabemos a ciencia cierta cuánto tendrían asumido en el pasado la frecuente muerte de individuos tan pequeños (CHAPA 2002) debido a factores como enfermedad o condiciones medioambientales. No obstante, la dedicación que se pone en el tratamiento funerario de niños y niñas nos indica la valoración que tenían de estos individuos como miembros del grupo.
El interés por la infancia en arqueología comienza en los años 70 con los estudios de Grete Lillehammer, pero no será hasta el nuevo milenio cuando congresos, seminarios y monografías desarrollen este tema con más detenimiento. En este momento, empiezan una serie de congresos como el de Berlín en el año 2004, con el título “From birth to death”. Los primeros estudios se desarrollaron en los países escandinavos, centrándose en la Prehistoria y Protohistoria. Uno de los momentos clave fue la fundación en 2005 del SSCIP (Society for the Study of Childhood in the Past), una sociedad internacional y multidisciplinar que promueve el avance de los estudios de los individuos infantiles (LILLEHAMMER 2009:16). A nivel nacional, los estudios aún son escasos, aunque el interés por los individuos infantiles ha sido desarrollado en los últimos años sobre todo para las etapas prehistórica y protohistórica peninsulares, con destacados investigadores como Maria Manuela Ayala Juan (1999), Teresa Chapa (2002, 2003, 2008), M. Paz de Miguel (2010, 2010a 2014) o Margarita Sánchez Romero (2004, 2006, 2007, 2008, 2010).
La metodología aplicada a la Arqueología de la Infancia es la misma que se aplica a cualquier forma de estudio de la identidad, eligiéndose la “Arqueología del Cuerpo”. En primer lugar, se considera el cuerpo como objeto de estudio. El análisis se apoya en estudios antropológicos de los yacimientos seleccionados, permitiendo conocer el sexo, la edad, la alimentación, patologías, enfermedades y actividades realizadas. Por otro lado, se analiza el contexto funerario, a través del cual se puede averiguar el tipo de relación existente entre los cuerpos y los objetos, cómo eran vistos dentro del grupo y su consideración en la comunidad. Por último, es fundamental el estudio de los objetos.

Orígenes y Evolución del Enterramiento Ritual en el Paleolítico
Dentro del estudio de los comportamientos funerarios de las poblaciones de la prehistoria, en lo que se conoce como “Arqueología de la Muerte”, los enterramientos son analizados atendiendo a diferentes elementos rituales, como la morfología de la sepultura, el estudio de los ajuares y ofrendas, y la posición y tratamiento del cadáver, con el fin de reconstruir el ritual. Sin embargo, solo la parte material de estos rituales llega a manos de los arqueólogos.
Primeros Indicios: Paleolítico Inferior y Medio
Durante el Paleolítico Inferior (1.000.000-200.000 años AP), existen pequeñas muestras de cierto comportamiento ritualista del Homo erectus, caracterizado por el canibalismo de los restos humanos. No obstante, estos hallazgos pueden quedar como elementos para la especulación, ya que no constituyen evidencia suficiente para considerar esto como un comportamiento ritual. Para situar el verdadero inicio de los comportamientos funerarios, debemos trasladarnos al Paleolítico Medio (200.000-40.000 años AP), un periodo de frío extremo protagonizado por el Homo neanderthalensis.
Es esta especie la que comenzará a organizarse en tribus estructuradas y a establecerse en cuevas para protegerse del clima. En estas cuevas, empiezan a aparecer las primeras muestras de enterramiento ritual de la historia, las inhumaciones. Estos rituales podían ser excavaciones deliberadas de huecos para la colocación de cadáveres o simplemente el depósito de los cuerpos en el suelo, cubiertos con rocas u otros elementos con intención de preservarlos. Los difuntos se encontraban en posiciones concretas: con los brazos cruzados sobre el pecho, los brazos y las piernas flexionados, o en posición fetal, y siempre colocados en una orientación de este-oeste.
Un claro ejemplo de ello es el enterramiento del niño conocido como Mtoto, descubierto en África y datado hace 78.000 años. Este enterramiento se caracteriza por la posición fetal en la que se encontró colocado el cuerpo y por estar arropado con hojas. Ambos elementos son característicos de los entierros humanos realizados por los Homo neanderthalensis y los Homo sapiens durante el Paleolítico (1.000.000-10.000 años AP). Las inhumaciones no eran algo generalizado en toda la población de la época, pero sí lo suficiente como para apreciar una clara intención ritual en ellas.

Refinamiento del Ritual: Paleolítico Superior (Homo sapiens)
Con el tiempo, durante el Paleolítico Superior (40.000-10.000 años AP), el Homo neanderthalensis desaparecerá y dará paso al Homo sapiens. En este periodo, se producirán cambios tecnológicos, económicos y en las creencias esotéricas, lo que llevará a una evolución clara de los rituales mortuorios. La inhumación se mantendrá como método de enterramiento, pero se generalizará entre la población y se refinará, introduciendo elementos novedosos como las ofrendas que acompañaban a los cadáveres. El Homo sapiens comenzará a crear las primeras sepulturas conocidas, más elaboradas y algunas con un completo ajuar en su interior. A pesar de estos avances, aún persisten interrogantes importantes: ¿Por qué la posición determinada de los cuerpos?, ¿qué representaban los objetos con los que se enterraban a los cadáveres? Las excavaciones continúan y quizás, algún día, se conozcan las respuestas.
Enterramientos Colectivos en el Neolítico y Calcolítico: El Caso de Camino del Molino (Murcia)
El yacimiento de Camino del Molino (Caravaca de la Cruz, Murcia), excavado de urgencia entre febrero y noviembre de 2008 (LOMBA et al. 2009: 33), representa un enterramiento múltiple. Se trata de una fosa común donde todos los miembros fueron inhumados sin distinción de sexo o edad. Los trabajos de campo preliminares indicaron que un 30% de los individuos eran sujetos entre los primeros años de vida y los 14 años (LOMBA et al. 2009).
Los individuos fueron colocados en las zonas del perímetro de la cavidad, pero con posteriores deposiciones, los cuerpos enterrados con anterioridad se desplazaron hacia el centro, provocando el astillamiento de los huesos de aquellos que aparecieron en el centro de la fosa. En Camino del Molino, se identifican dos tipos de deposiciones: (1) primeras inhumaciones, junto a las paredes de la cavidad; y (2) individuos reubicados, depositados con anterioridad (HABER et al. 2012).
Esta población no hacía distinción al enterrar a sus difuntos, integrando a hombres, mujeres, niños o ancianos, sin signos de jerarquización social. La secuencia de enterramiento parece haberse desarrollado a lo largo de unos 300 años, indicando una población media de unos 70 habitantes por comunidad (HABER et al.). La sepultura colectiva se encontraba muy cerca de su poblado, Molinos de Papel, lo que sugiere que, a diferencia de otras necrópolis de la época (aproximadamente 2.300-1900 a.C.) que enterraban solo a una parte de la población, en Camino del Molino se inhumaba a todos los miembros de la comunidad, e incluso a cánidos (HABER et al. 2012).

Salud y Mortalidad Infantil
El estudio del cuerpo es fundamental para el análisis de la infancia, ya que permite establecer las condiciones de vida, enfermedades, salud, dieta, época del destete y actividades realizadas. En este yacimiento, se da la ausencia de fetos (aunque análisis actuales buscan identificar restos asociados a esta etapa). No obstante, el análisis de los grupos de edad en relación con la segunda etapa infantil (3-12 años) sugiere una alta tasa de mortalidad en esta franja, con una mayor cantidad de individuos que en el grupo de edad anterior. Esto pudo deberse a la deficiencia alimentaria, las condiciones de vida, o el hecho de que, al comenzar el destete, el sistema inmunológico no estuviera preparado, lo que resultaría en la pérdida de individuos entre los 3-4 años.
En cuanto a las patologías óseas, se registraron oberturas porosas en distintas partes de los huesos, producidas por falta de hierro, anemia (genética o adquirida por alimentación deficiente), o infecciones crónicas. La lesión ósea más frecuente fue la criba femoralis (18 de 25 individuos), seguida de la lesión de encaje (13 de 25). La hiperostosis porótica del parietal fue menos común (3 de 25 casos) (HABER et al.).
Ajuar Funerario y Estructura Social
Los ajuares informan sobre la sociedad en función del número y tipo de objetos. En Camino del Molino, el ajuar, compuesto por decenas de cerámicas, puntas de flecha, láminas, un puñal, piezas retocadas en sílex, unos 30 punzones de hueso, hachas pulimentadas y cuentas de collar, es bastante escaso considerando el número de sujetos enterrados. Aunque estos objetos pueden inferir jerarquización social, en CMOL no se puede asociar cada elemento con un sujeto concreto, lo que es coherente con un tipo de enterramiento tradicionalmente asociado a una sociedad poco jerarquizada, donde lo importante era el conjunto de la sociedad y no el individuo.
Patrones de Enterramiento en la Edad del Bronce en Murcia: Focos Infantiles
Para el estudio de la Edad del Bronce en Murcia, y ante la insuficiencia de individuos encontrados en un solo yacimiento, se seleccionaron varios sitios para obtener una muestra representativa de la infancia: Bajíl (Moratalla), Los Cipreses (Lorca) y Las Madres Mercedarias (Lorca). La muestra total suma 11 fetos de 18 individuos, con seis infantiles y uno juvenil (en 3 casos, adultos acompañan a los infantiles en la misma tumba).
Neonatos y Lactantes (hasta 9 meses)
Los individuos más pequeños de esta época son los neonatos (hasta los 9 meses de edad) que aparecen dentro de los espacios de hábitat. En Los Cipreses, todos los fetos se encuentran depositados de manera individual, siendo la forma de enterramiento más común la urna (tumbas 7, 8, 10 y 12). La orientación de los individuos en las tumbas 7, 8 y 10 está generalizada en dirección Este-Oeste, a excepción de la tumba 12 (Nor-Noreste/Sur-Sureste). En la tumba 7, el cadáver aparece flexionado con la cabeza y los pies mirando hacia el Este. En la tumba 8, el cadáver introducido en la urna tiene la cabeza al Oeste y los pies al Este, y en la tumba 10, la cabeza mira al Oeste y los pies al Este.
En El Bajil, la disposición de los individuos es muy parecida a la de Los Cipreses, y todas las tumbas son individuales. Predominan las sepulturas en urna (tumbas 2, 5 y 7), con la novedad del pithos (tumba 10). Las tumbas 5 y 7 tienen una orientación Este-Oeste, mientras que la tumba 2 está en orientación Suroeste-Sureste. La orientación y ubicación del feto de la tumba 10 en pithos es imprecisa (EIROA 1993-94, 1998).
En el yacimiento de Las Madres Mercedarias de Lorca, predomina el modo de enterramiento en urna (60%), con ejemplos de fetos en las tumbas 2 y 7. La orientación de los individuos varía. En la tumba 2, la urna se encuentra en posición horizontal con orientación Noroeste-Suroeste. Aquí aparecen dos individuos: el primero desarticulado y el segundo flexionado, lo que podría deberse al desplazamiento del primero para la colocación del segundo (PUJANTE y MARTÍNEZ 2010; RIHUETE, OLIART y FREGEIRO 2011). También se encuentran tumbas dobles (tumba 2) y triples (tumba 3), donde en esta última aparecen un feto, un infante y un adulto.
Individuos Infantiles (3-13 años)
Dentro de esta muestra, seis individuos infantiles pertenecen a edades comprendidas entre los 3 y los 13 años, con una notable ausencia de individuos en sus primeros años de vida. Esto podría deberse a mejores condiciones de vida en este periodo de edad y tiempo, aunque también puede ser un sesgo de la muestra o que no toda la población fuera enterrada (DE MIGUEL 2010).
En Los Cipreses, el único individuo infantil de este grupo de edad (tumba 6, en cista) se encuentra enterrado con el eje transversal de la cista orientado de Este a Oeste, y el cadáver aparece en posición fetal decúbito lateral izquierdo con la cara mirando hacia el norte (MARTÍNEZ, PONCE y AYALA 1996).
En El Bajil, el único individuo infantil (tumba 1, en cista) está orientado hacia el Suroeste-Noroeste, y aparece en posición supina, flexionado, con la cabeza hacia el Suroeste (EIROA 1993-94, 1998).
En Las Madres Mercedarias, los infantiles se encuentran enterrados en urnas (tumbas 1 y 7) y cistas (tumba 6), a excepción del infante de la tumba 3 que aparece en una fosa sellada con piedras, junto con un feto y un adulto. La orientación de los cuerpos varía: en la tumba 1 el sujeto está en posición Noroeste-Suroeste; en las tumbas 3 y 6, no se puede establecer una orientación por estar los individuos desarticulados; y el esqueleto infantil de la tumba 7 se encuentra en posición Noroeste-Sureste.
⚫ La Edad del Bronce | Paleoantropología y Edades de la Prehistoria
El Enigma de Can Sadurní: Un Ritual Neolítico de Enterramientos Fetales
En una cueva de las afueras de Barcelona, se ha descubierto un modelo funerario inédito en España hasta ahora: cuerpos inhumados hace 6.400 años siguiendo un rito singular. Los restos de cuatro individuos del Neolítico medio inicial -un adulto de unos 50 años, dos adolescentes y un niño- fueron dispuestos en posición fetal, alineados en círculo a un metro de distancia entre sí. Reposaban sobre el lado derecho de su cuerpo, encarados a la entrada de la gruta y siguiendo el contorno de la pared norte de la cueva.
Junto al adulto, se hallaron trozos de animales domésticos muertos y un ajuar fúnebre compuesto por un vaso con dos asas (probablemente para beber cerveza) y un colgante de hueso bajo su brazo izquierdo. Los expertos calculan que esta práctica funeraria se mantuvo durante unos dos siglos. Este sistema aprovechaba un hueco natural en la superficie de una caverna dedicada exclusivamente al uso fúnebre, ya que los residentes "pasaban la mayoría del tiempo en la terraza y el porche de la cueva, que era oscura y tenebrosa", según los investigadores.
Antes de ser inhumados, los cadáveres eran siempre bien aseados, atados con cuerdas en brazos y piernas, y envueltos en una mortaja. La forma de inhumar los cuerpos, nunca dejada al azar, era idéntica: los sujetos eran sepultados en posición fetal, como se estilaba en el Neolítico, y encarados a la entrada de la caverna. Los arqueólogos señalan que el resto de media cabra de unos tres años de edad, hallado sobre el pecho de uno de los esqueletos, "no era en ningún caso comida", añadiendo un cierto misterio al hallazgo.

Este descubrimiento confirma, según Edo (uno de los responsables de la investigación), la existencia de un modelo funerario diferente a otros lugares "a causa de que aprovecharon las circunstancias de la cueva". Un desprendimiento de piedras desde el exterior de la cueva colapsó la entrada, lo que hizo posible la conservación de los restos de individuos de épocas diferentes que iban siendo colocados, en una suerte de servicio funerario neolítico, a medida que avanzaba la necrópolis. El arqueólogo Edo puntualiza que "los esqueletos no fueron enterrados, sino depositados tras haber sido inhumados", por lo que no sería correcto hablar de tumbas colectivas, sino de un conjunto de inhumaciones. Las cuevas fueron utilizadas como lugar de entierro colectivo hasta que, hace 4.000 años, los cuerpos empezaron a sepultarse bajo tierra y de forma individual.
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