La Encefalopatía Hipóxico-Isquémica (EHI) es una patología neurológica grave en recién nacidos, resultado de un evento hipóxico al nacimiento que interrumpe el flujo sanguíneo al cerebro. Esta afección puede conducir a secuelas neurológicas severas como la parálisis cerebral e incluso la muerte del recién nacido asfíctico. La incidencia global es de 1-3 por cada 1.000 recién nacidos a término, siendo un problema sociosanitario relevante debido a sus graves consecuencias a largo plazo.
Ante un recién nacido con EHI, la actuación debe estar protocolizada, y los profesionales sanitarios deben conocer y estar entrenados en el cuidado y atención de estos niños. La atención integral, el uso de medidas de neuroprotección desde antes del parto y la protocolización de las actuaciones en las unidades neonatales son fundamentales.
Fisiopatología de la Lesión Cerebral Hipóxico-Isquémica
La lesión cerebral hipóxico-isquémica es un proceso complejo que inicia con la agresión y continúa durante el período de recuperación, desarrollándose en varias fases:
- Fase Primaria (Hipoxia-Isquemia): Deterioro inmediato del metabolismo oxidativo debido al déficit de oxígeno y aporte sanguíneo a células y tejidos, provocando una insuficiencia energética inicial.
- Fase Latente: Recuperación parcial de los niveles de fosfatos de alta energía. Este es el período de "ventana terapéutica", un intervalo temporal que precede al daño secundario, y donde el inicio de una intervención puede prevenir o aminorar la lesión. Su duración no es mayor de 6-8 horas.
- Fase Secundaria o Demorada: Ocurren reacciones bioquímicas, celulares y moleculares en cascada que extienden y agravan el daño durante las horas siguientes. Destacan la excitotoxicidad, entrada masiva de Ca2+ en la célula, estrés oxidativo, reacción inflamatoria y muerte celular por necrosis o apoptosis.
- Fase Terciaria: Persistencia del daño cerebral semanas, meses e incluso años después de la agresión hipóxico-isquémica.
El conocimiento de esta fisiopatología ha permitido identificar potenciales dianas terapéuticas para reducir el daño cerebral derivado de la asfixia.
La Hipotermia Terapéutica como Tratamiento Estándar
La Hipotermia Inducida (HI) es el tratamiento de mayor eficacia demostrada en casos de EHI, reduciendo la mortalidad y las discapacidades futuras de los neonatos. Actualmente, es la única terapia incluida en las unidades de cuidados intensivos neonatales que ha demostrado beneficio clínico significativo.
Mecanismo de Acción
El efecto neuroprotector de la hipotermia se relaciona principalmente con la reducción del metabolismo cerebral, con un descenso del 5% por cada grado centígrado de temperatura. Esto modula rutas metabólicas lesivas desencadenadas tras la asfixia. Además, la hipotermia actúa en otros procesos bioquímicos, celulares y moleculares que conducen al daño tisular durante la fase de fracaso energético secundario. Se ha observado que la hipertermia incrementa el deterioro neurológico temprano, la mortalidad y la morbilidad neurológica, mientras que una reducción de la temperatura cerebral de 3-4°C previene o aminora la lesión cerebral si se inicia durante la fase de reperfusión o latente.

Eficacia y Seguridad
La hipotermia terapéutica, que implica una reducción intencional de la temperatura cerebral de 3-4°C, es una intervención eficaz y segura para reducir la mortalidad y la discapacidad mayor asociada a la EHI. Se inicia antes de las 6 horas de vida y se mantiene la temperatura diana (33-34°C central) durante 72 horas, seguida de un recalentamiento lento (≤ 0,5°C por hora). Múltiples ensayos clínicos y metaanálisis han ratificado su eficacia, concluyendo que mejora la supervivencia y el neurodesarrollo en recién nacidos con EHI moderada o grave. Es efectiva tanto en la EHI moderada (riesgo relativo [RR]: 0,67) como en la grave (RR: 0,83), siendo el efecto más pronunciado en la moderada.
La hipotermia terapéutica es reconocida a nivel mundial como el principal tratamiento de elección para casos moderados y graves, presentando una estrategia prometedora para mejorar el pronóstico neurológico en neonatos afectados por hipoxia-isquemia.
Criterios de Inclusión y Exclusión
Los criterios de inclusión utilizados en ensayos clínicos han sido homogéneos y estrictos, incluyendo:
- Edad gestacional a término o casi término (≥ 35 semanas de gestación).
- Antecedentes perinatales de potencial agresión hipóxico-isquémica.
- Signos clínicos de encefalopatía moderada o grave.
- Edad igual o inferior a 6 horas al inicio de la hipotermia terapéutica.
Los criterios de exclusión incluyen:
- Recién nacidos prematuros con edad gestacional inferior a 35 semanas.
- Edad superior a 6 horas de vida.
- Restricción del crecimiento con peso inferior a 1.800g.
- Anomalías congénitas mayores (excepto aquellas que impacten notablemente en el neurodesarrollo).
- Paciente moribundo con limitación de soporte intensivo.
En la práctica clínica, algunos centros prolongan la ventana de inclusión hasta las primeras 12 horas de vida y enfrían a recién nacidos asfícticos de 34 o más semanas de gestación, así como a neonatos con colapso posnatal, debido a la seguridad de la intervención y la ausencia de otras terapias eficaces.
Métodos y Sistemas de Enfriamiento
Se utilizan dos métodos principales para reducir la temperatura cerebral a 33-34°C:
- Enfriamiento craneal selectivo: Basado en que el cerebro del recién nacido produce el 70% del calor corporal total. Trata de minimizar efectos adversos sistémicos, aunque para enfriar áreas profundas del cerebro es necesario reducir la temperatura corporal central a 34°C.
- Hipotermia corporal total: Consigue un enfriamiento similar de las estructuras cerebrales profundas y no asocia una mayor incidencia de efectos adversos.
Existen sistemas de hipotermia simples, como el enfriamiento natural (apagado del calentador radiante, bolsas de gel o ventiladores), pero la mayoría de las unidades emplean equipos tecnológicos servocontrolados o con control manual. Los sistemas servocontrolados son más seguros, eficaces y reducen la carga de trabajo de enfermería.
Etapas del Tratamiento con Hipotermia
El tratamiento con hipotermia consta de tres fases:
- Inducción: El enfriamiento debe iniciarse lo antes posible. Aunque se desconoce la velocidad óptima, los estudios experimentales sugieren que la precocidad es clave. Los aparatos servocontrolados ayudan a evitar el sobreenfriamiento. Si el neonato llega ya cerca de la temperatura diana, se decide continuar basándose en el examen neurológico y el electroencefalograma integrado por amplitud (EEGa).
- Mantenimiento: La temperatura central (rectal o esofágica) diana es de 33-34°C para hipotermia corporal total y 34-35°C para enfriamiento selectivo de la cabeza. Es crucial evitar fluctuaciones y vigilar el desplazamiento de las sondas de temperatura.
- Recalentamiento: Debe ser lento y progresivo (0,2-0,5°C por hora) hasta alcanzar la normotermia (36,5-37°C) en un mínimo de 6-8 horas. Un recalentamiento rápido aumenta el riesgo de hipotensión y convulsiones. Es fundamental evitar la hipertermia en esta fase y en las horas siguientes, ya que empeora la cascada neurotóxica y el pronóstico neurológico.
Manejo y Complicaciones Asociadas
Los únicos efectos sistémicos directamente relacionados con la hipotermia son: trombocitopenia (sin aumento de sangrados), bradicardia sinusal e hipotensión que puede requerir soporte inotrópico. La hipotermia no se asocia a complicaciones importantes si se realiza en unidades terciarias y siguiendo protocolos estrictos. El manejo integral de un recién nacido con EHI en hipotermia implica el control de:
- Problemas asociados a la disfunción multiorgánica: La hipoxia-isquemia puede afectar a múltiples sistemas. La EHI grave cursa con afectación respiratoria y cardiovascular en hasta el 90% de los pacientes, mientras que en la EHI moderada, esta afectación se reduce a un 30%. Es frecuente la hipotensión y la necesidad de soporte respiratorio, afectación renal (oligoanuria, SIADH), daño hepático (hipertransaminasemia, hipoglucemia) y coagulopatía.
- Comorbilidades: Evitar la hipocapnia, hipo o hiperoxia (mantener SatO2 entre 87-96%), corregir la glucemia (si es inferior a 50 mg/dl), hipocalcemia e hipomagnesemia. Monitorizar pH y gases con corrección de temperatura.
- Efectos sistémicos y metabólicos de la hipotermia:
- Respiratorio: La hipotermia reduce la producción de CO2. La respiración de Kussmaul puede llevar a hipocarbia. Se recomienda reducir el volumen minuto y la frecuencia respiratoria en ventilación mecánica. Los valores de gases sanguíneos deben corregirse para la temperatura real. Solo un ensayo clínico ha reportado un mayor riesgo de hipertensión pulmonar, pero la hipotermia no contraindica el óxido nítrico inhalado.
- Hemodinámico: Reducción del gasto cardiaco y bradicardia sinusal (descenso de 14 lpm por grado de disminución de temperatura), sin repercusión clínica grave. El objetivo es mantener una presión arterial adecuada (40-50mmHg), pudiendo requerir fármacos vasoactivos.
- Coagulación: La asfixia puede causar coagulopatía. La hipotermia asocia trombocitopenia moderada y tardía (nadir a las 72-96h).
- Inmunológicos: Efectos inmunosupresores y antiinflamatorios, pero sin mayor riesgo de infección con hipotermia moderada.
- Metabolismo de fármacos: La hipotermia puede alterar la farmacocinética (flujo hepático, aclaramiento, volumen de distribución y absorción), lo que puede llevar a toxicidad o fracaso terapéutico. Se requiere monitorización de niveles farmacológicos y ajuste de dosis.
- Estrés: La hipotermia puede provocar estrés por frío, manifestado como hipertonía flexora, temblor y signos de hiperexcitabilidad. Frecuencia cardiaca superior a 120 lpm puede indicar estrés. Se recomienda sedación continua para favorecer el confort, con dosis reducidas de sedantes como fentanilo o morfina, y un tratamiento dinámico basado en la respuesta del neonato.
- Nutrición y fluidos: Durante el enfriamiento, los neonatos se mantienen a dieta en los ensayos clínicos, con baja incidencia de enterocolitis necrosante (ECN). Los protocolos escandinavos utilizan alimentación trófica con leche materna sin mayor riesgo de ECN. Se recomienda prudencia e individualizar la decisión según la gravedad de la disfunción multiorgánica.
Monitorización durante el Tratamiento
Durante el tratamiento, es crucial una adecuada monitorización debido a la afectación sistémica de los diferentes órganos. La intensidad variará según la gravedad del cuadro.
- Monitorización cerebral: Se realiza mediante electroencefalograma integrado por amplitud (EEGa) para analizar el trazado de fondo y detectar actividad paroxística sugestiva de crisis. Un patrón adecuado es continuo con voltaje normal (límite inferior > 5 μV, superior entre 10-50 μV). Ondas monomorfas repetitivas (>10 segundos) son sugestivas de crisis convulsivas.
- Monitorización multiorgánica: Control de presión arterial, frecuencia cardiaca, saturación de oxígeno, temperatura central, glucemia, electrolitos, función renal y hepática, y coagulación.

Terapias Neuroprotectoras Complementarias
Ante la evidencia de que la hipotermia no es completamente eficaz en aproximadamente la mitad de los casos, se buscan y optimizan terapias adyuvantes que puedan actuar en solitario o en combinación con la hipotermia. Estas terapias con potencial terapéutico demostrado buscan actuar a distintos niveles de protección de la cascada fisiopatológica o fomentar la sinergia con la hipotermia.
Melatonina
La melatonina es una neurohormona con un notable poder antioxidante y antiinflamatorio, capaz de atravesar la barrera hematoencefálica. Ha demostrado incrementar la protección desarrollada por la hipotermia, optimizando el metabolismo energético cerebral. Estudios clínicos preliminares han mostrado una reducción de marcadores de estrés oxidativo en neonatos tratados con melatonina y hipotermia combinadas. Se están realizando ensayos clínicos de fase III para evaluar su seguridad, farmacocinética, posología y efectividad.
Alopurinol
El alopurinol ejerce un potente efecto antioxidante mediante la inhibición de la enzima xantina oxidasa, además de quelar hierro libre y actuar como secuestrador de radicales hidroxilo. Estudios preclínicos han mostrado una mayor reducción del volumen infartado en terapia combinada con hipotermia. La administración temprana (dentro de las primeras 2 horas de vida) parece crucial para obtener resultados favorables. Actualmente, se encuentra en marcha un ensayo clínico para evaluar su potencial terapéutico administrando el inhibidor enzimático en los primeros minutos de vida.
Eritropoyetina (EPO)
La EPO es una citocina con acción antiapoptótica, antiinflamatoria y antioxidante, además de promover procesos reparativos a largo plazo como la angiogénesis, oligodendrogénesis y neurogénesis. Estudios en recién nacidos con EHI han demostrado que la EPO recombinante humana (rhEPO) es segura en dosis entre 300 y 2.500 U/kg, reduciendo el riesgo de discapacidad o mortalidad en pacientes con daño moderado, y disminuyendo convulsiones y anomalías neurológicas con dosis más elevadas. Se están desarrollando ensayos clínicos de fase III para evaluar la seguridad y eficacia de altas dosis de EPO en combinación con hipotermia.
Células Madre
El empleo de células madre es un campo en investigación para la EHI, buscando facilitar la reparación y regeneración del tejido cerebral dañado. Actúan a través de la interacción con el sistema inmunitario y el tejido cerebral, produciendo factores de crecimiento que aumentan la proliferación celular y la neurogénesis. Estudios experimentales han demostrado que diferentes tipos de células madre sobreviven en el cerebro lesionado, se diferencian y mejoran los resultados conductuales. Se han descrito estudios recientes sobre la administración de células madre mesenquimales junto con hipotermia.
ENCEFALOPATÍA HIPÓXICO-ISQUÉMICA. HIPOTERMIA TERAPÉUTICA EN LA UNIDAD NEONATAL.
Comunicación con la Familia y Seguimiento
Es fundamental informar a la familia desde el primer momento, de forma clara y sencilla, permitiendo que expresen sus dudas e inquietudes. Los profesionales deben ofrecer la máxima información y apoyo, ayudando a los padres a comprender la situación del bebé, los aparatos, cables y catéteres que lo rodean. Se administra sedación continua y se coloca al recién nacido en un "nido" para favorecer su confort y seguridad, realizando los procedimientos dolorosos con analgésicos y sedantes.
El traslado urgente a un centro especializado es crucial para iniciar la hipotermia en las primeras horas de vida, lo cual puede generar sentimientos de aturdimiento y separación temporal si la madre no puede acompañar al bebé.
El seguimiento debe ser multidisciplinar, involucrando a un equipo de valoración y atención temprana, como mínimo hasta los 6 años de edad. Este seguimiento debe llevarse a cabo desde el primer momento, siendo el pediatra de Atención Primaria el referente principal para estas familias. El impacto sobre el neurodesarrollo es mayor en casos de afectación de la sustancia blanca, corteza, ganglios de la base y tálamo.
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