La obra literaria "El niño que no sabía jugar al fútbol", escrita por Ernesto Rodríguez Abad e ilustrada por Víctor Jaubert, es un cuento destinado a lectores infantiles de 7 a 9 años. Publicado por Ediciones SM, este libro forma parte de la colección "El Barco de Vapor Serie Azul", ocupando el número 166. Con una encuadernación de tapa blanda, el libro cuenta con 72 páginas y fue lanzado al mercado el 18 de abril de 2017.

El protagonista: Rodolfo y su mundo
El protagonista de esta historia es Rodolfo, un niño que no siente afinidad por el fútbol y, de hecho, no se le da bien. A pesar de que quienes le rodean insisten en que aprenda, Rodolfo posee una sensibilidad especial para las letras y la poesía. Su habilidad reside en la magia de las palabras, siendo capaz de tocar el corazón de las personas. Sin embargo, Rodolfo aún necesita encontrar su propio camino.
La madre de Rodolfo observa con inquietud cómo su hijo se mueve por los caminos de tierra con las manos quietas, como si estuvieran caídas a ambos lados del cuerpo. Los juguetes, la pelota o los camiones no le atraen; los mira, los toca y se marcha al jardín. Allí, con sus manos pálidas y no muy limpias, se dedica a buscar grillitos, gusanos, crías de rana y lombrices, que va metiendo en una caja para luego sacarlos uno a uno. Esta forma de ser del niño, tan alejada de lo convencional, inquieta a su madre.
En contraste, su padre observa a su hijo con alegría, exclamando: "No sabe jugar, no es un niño corriente". Esta diferencia de perspectivas entre los padres subraya la singularidad del protagonista.

La vocación de Rodolfo: la magia de las palabras
Mientras que en los recreos del colegio todos juegan a la pelota y sus amigos hacen lo mismo al acabar las clases, Rodolfo no es elegido para ningún equipo debido a su falta de habilidad. Esta situación le lleva a encerrarse en su propio mundo, donde su verdadera pasión es escribir poemas, jugar con las palabras, inventar rimas y soñar con mundos imaginarios. Esta afición, que practica en soledad, lo va aislando progresivamente.
A pesar de los intentos de su entorno por arrastrarlo al mundo del fútbol, Rodolfo solo se siente cómodo en su universo particular. Esto hace que, poco a poco, se vuelva invisible para los demás. El protagonista, tranquilo y apacible, disfruta yendo al colegio, mirando las nubes, dibujando y jugando con las palabras hasta hacerlas rimar. Es un buen estudiante, pero en los recreos se convierte en un pésimo jugador de fútbol.
La obra narra los esfuerzos de Rodolfo para que su padre comprenda que sus intereses están lejos de las competiciones deportivas. Inicialmente, su falta de destreza en este ámbito le causa tristeza y la sensación de que nadie valora sus otras habilidades, aquellas que no requieren de actividad física intensa.

El encuentro transformador
Un día, Rodolfo conoce a alguien que no lo ve como un extraño, sino que descubre lo que tiene de único y especial. Este encuentro lo animará a mostrarse a los demás tal como es. Este personaje, un contador de historias, llega al pueblo y fascina a todos sus habitantes. Rodolfo le enseña los poemas que ha escrito, y el contador de historias le explica la importancia de su labor, afirmando que sus padres deberían estar orgullosos de él por cómo escribe versos, en lugar de avergonzarle por su desinterés hacia el fútbol.
Gracias a esta persona, Rodolfo aprende a vivir sin miedo a fracasar, dedicándose a aquello que le gusta y logrando implicar a sus padres en los éxitos que consigue con su auténtica vocación. La obra, escrita con esmero, presenta un claro propósito educativo, transmitido a través de una trama verosímil y situaciones de carácter simbólico fácilmente comprensibles para los niños.
La edición del libro es muy cuidada, con una presentación atractiva que incluye páginas de color ocre donde destaca el texto escrito en blanco. La historia de Rodolfo es una delicada y gran narración con un protagonista entrañable.
Todos Creían Que Era Un Tonto Hasta Que Demostró Su Genio
La obra aborda, de manera sutil y educativa, la importancia de aceptar y valorar las diferencias individuales, así como la búsqueda de la propia identidad y vocación, lejos de las presiones sociales y las expectativas ajenas.