Definición y Alcance de la Violencia Obstétrica
La violencia obstétrica se define como la apropiación del cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres por parte de los prestadores de salud. Esta forma de violencia de género se manifiesta a través de un trato jerárquico y deshumanizador, la medicalización excesiva y la patologización de procesos naturales. Como consecuencia, se produce una pérdida de autonomía y de la capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad, impactando negativamente en la calidad de vida de las mujeres.
Esta problemática está reconocida legalmente, como lo demuestra el artículo 51 de la Ley Orgánica venezolana sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, del 19 de marzo de 2007. La violencia obstétrica no es un fenómeno nuevo; ha permanecido oculta durante mucho tiempo y, a pesar de los avances, continúa siendo desconocida por una parte significativa de la población, incluyendo profesionales de la salud. Diversos estudios señalan que una proporción considerable de profesionales de la salud carecen de información suficiente sobre el tema, y un alto porcentaje de usuarias desconocen el término.
Se trata de prácticas extendidas en el tiempo que emergen como problema a partir de la toma de conciencia tanto de profesionales como de usuarias. Este fenómeno fue denunciado con otros términos en las décadas de 1950 en Estados Unidos y Reino Unido, y desde una perspectiva feminista en Brasil en la década de 1980. La violencia obstétrica, una violencia de género hasta ahora invisibilizada en el ámbito médico, ha comenzado a ser visibilizada gracias a la emergencia de nuevas asociaciones activistas.
La perpetuación de esta violencia se explica por una combinación de factores culturales, sociales, históricos y formativos. Las sociedades patriarcales tienden a naturalizar estas prácticas, que son asumidas por la sociedad en su conjunto, incluyendo a los profesionales de la salud y a las propias usuarias. La relación entre profesionales y usuarias a menudo se caracteriza por un trato jerárquico deshumanizador, donde los profesionales ostentan la prioridad y el poder sobre las pacientes. Esta dinámica se refuerza en sistemas de poder jerárquicos de género y salud, donde la calidad asistencial puede verse influenciada por la jerarquía social de la paciente, resultando en un trato más humillante para aquellas en mayor vulnerabilidad.
Sin embargo, no se puede generalizar, ya que existen profesionales, incluidas enfermeras, que cuestionan estas prácticas y viven el trato deshumanizador que se ejerce contra las usuarias, a pesar de sentirse incapaces de frenarlo. Algunos estudios sugieren una posible asociación entre la práctica de la violencia obstétrica y el síndrome de burnout entre profesionales del parto, quienes podrían tender a deshumanizar a las usuarias, afectando la relación médico-paciente.
La invisibilidad de esta praxis no se debe a bajas tasas de incidencia, sino a complicaciones en el registro de casos. En España, la violencia obstétrica puede manifestarse de diversas formas y, en ocasiones, ser subestimada o confundida con síndromes como la depresión posparto o el estrés postraumático. La percepción de las usuarias y de los profesionales de la salud sobre este problema es un área poco abordada, aunque estudios en Brasil estiman que un porcentaje significativo de mujeres sufren violencia obstétrica. En general, se calcula que un 35% de las madres presentan algún grado de trastorno de estrés postraumático relacionado con el parto.
Manifestaciones y Consecuencias de la Violencia Obstétrica
La violencia obstétrica se manifiesta de diversas maneras, incluyendo:
- La falta de consideración del consentimiento informado.
- El desconocimiento del plan de parto y las necesidades específicas de la mujer.
- La realización de intervenciones desaconsejadas por la evidencia científica, como la episiotomía, la rotura de bolsa, la maniobra de Kristeller, la separación madre-bebé o las cesáreas innecesarias.
- La desinformación, la actitud condescendiente y los silencios del personal médico.
- Un trato psicológico infantil, paternalista, autoritario, despectivo, humillante, con insultos verbales, despersonalizado o con vejaciones.
- Intervenciones dolorosas sin anestésicos.
- Obligar a parir en una determinada posición.
- Una medicalización excesiva, innecesaria o iatrogénica que podría generar complicaciones graves.
Estas prácticas deshumanizantes constituyen una discriminación de género y una violación de los derechos humanos, específicamente de los derechos a la salud y de los derechos sexuales y reproductivos de la mujer. Representan un problema de Estado y de salud pública en diversos países, incluido España, generando altos costos económicos y sociales.
La violencia obstétrica constituye un problema estructural e institucional que emana de una cultura patriarcal arraigada en diversos ámbitos, incluidas las ciencias médicas. A pesar de que no es un fenómeno nuevo, su invisibilidad histórica ha dificultado su reconocimiento. La falta de formación y de habilidades técnicas de los profesionales de la salud para afrontar los aspectos emocionales del parto contribuye a esta problemática. Durante el trabajo de parto, las mujeres pueden experimentar miedo, ansiedad, inseguridad y soledad, especialmente si no cuentan con el apoyo de una compañía. La formación del profesional de la salud juega un papel crucial en la asistencia al parto y en la resistencia al cambio.
Una encuesta en México reveló que una mayoría de profesionales de la obstetricia y ginecología manifestaban no tener información sobre la violencia obstétrica y carecían de herramientas para afrontarla. Es fundamental un cambio en el modelo obstétrico de formación para concienciar a los profesionales, a través de un enfoque de género, sobre esta violencia institucional y el abuso de poder que representa. La implementación de nuevos modelos formativos, que incluyan el conocimiento y la detección de la violencia obstétrica, así como estrategias para el control del estrés laboral, es imprescindible para mejorar la calidad asistencial y garantizar un trato respetuoso y humanizado.
Ante la ausencia o interferencias comunicativas entre profesionales y usuarias, se recomienda la creación de espacios que fomenten el diálogo fluido y el intercambio de percepciones. Asimismo, es crucial implementar un plan de parto que respete plenamente la autonomía de las mujeres y programas que visibilicen la violencia de género en el ámbito sanitario, fomenten la investigación y refuercen la autonomía de las usuarias.

El Activismo de "El Parto es Nuestro"
La asociación El Parto es Nuestro ha desempeñado un papel esencial en el debate obstétrico contemporáneo en España, dedicando dos décadas a combatir la violencia obstétrica a través del activismo. Nacida en 2003 a partir de la lista de correo Apoyocesáreas, creada en 2001 por Ibone Olza y Meritxel Vila, su objetivo inicial era compartir experiencias relacionadas con intervenciones obstétricas. El grupo creció rápidamente, convirtiéndose en un espacio de apoyo y comprensión para mujeres que compartían vivencias de violencia durante el parto.
El documental "Violencia Obstétrica y Activismo", dirigido por Claudia Reig y producido por Álex Badía, recorre este camino de activismo, ligado a la historia de la violencia obstétrica en España y al esfuerzo de las mujeres por combatirla. La directora destaca la importancia de mostrar el trabajo de la asociación en tiempo presente, capturando el clima de apoyo mutuo en sus reuniones y la forma en que los grupos locales atienden a las embarazadas y madres con sus dudas.
En sus inicios, las mujeres se contaban sus historias para sanar las heridas y el daño sufrido. La asociación se ha convertido en un referente internacional, interlocutora con organismos oficiales, y a pesar de su reducido número de socias y limitado presupuesto, ha logrado cambiar la atención a los procesos sexuales y reproductivos de las mujeres. Según la psiquiatra Ibone Olza, una de sus fundadoras, "no existe en España otra asociación que haya tenido tanto impacto en la Sanidad Pública".
Organizaciones como la Plataforma Pro derechos del Nacimiento, la Asociación Vía Láctea o la Associació Naixença, entre otras, comenzaron a denunciar cómo el parto se había convertido en un proceso intervenido, visibilizando el impacto físico y emocional de la forma en que nacemos. El Parto es Nuestro ha logrado el reconocimiento y la visibilización de que la atención al parto en España dista de ser óptima, denunciando prácticas obsoletas y brindando apoyo a mujeres con experiencias traumáticas. Han conseguido que los testimonios de las madres sean indicadores cruciales de la calidad de la atención, y en 2007 participaron en la elaboración de la Estrategia de Atención al Parto Normal en el Sistema Nacional de Salud, logrando que algunas malas prácticas clínicas fueran abandonadas, aunque dicha estrategia se encuentra actualmente estancada.
A pesar de los avances, la negación de la violencia obstétrica por parte de muchos profesionales persiste, añadiendo un daño adicional a las mujeres. Sin embargo, el negacionismo está cada vez más arrinconado, ya que la sociedad asume esta realidad y su dimensión, fruto del trabajo de activistas a nivel global. La propia ONU, a través de informes de su relatora especial sobre la violencia contra la mujer, ha destacado la existencia de la violencia obstétrica en servicios de salud reproductiva a nivel global, representando un paso significativo en el análisis de sus causas y consecuencias.
La reforma de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva de 2022 representó una oportunidad para reconocer explícitamente la violencia obstétrica, pero el término fue finalmente eliminado. La recuperación del parto "realmente nuestro" ocurrirá, según Susana Fernández, presidenta de El Parto es Nuestro, cuando las mujeres puedan decidir dónde y cómo parir, cuando los protocolos sanitarios y la praxis profesional se basen en la evidencia científica, y cuando los profesionales cuenten con la formación y las directrices adecuadas para atender en un marco de respeto a los derechos de todas las mujeres y sus bebés. Aunque el plazo no sea cercano, se avanza positivamente para recuperar el poder de decisión sobre los partos.

El Papel del Marco Legal y Judicial
La Organización de Naciones Unidas (ONU) ha señalado la problemática de la violencia obstétrica en España, emitiendo tres dictámenes condenatorios a través del CEDAW (Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer de la ONU) en los últimos años.
El Tribunal Constitucional ha abordado la violencia obstétrica en casos mediáticos, como el caso Oviedo, donde una mujer que planeaba un parto domiciliario fue internada para una inducción. A pesar de las resoluciones desestimatorias del Tribunal Constitucional, dos magistradas emitieron un voto particular reconociendo la conexión del caso con la noción de violencia obstétrica. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos será el encargado de resolver la cuestión.
A nivel de los Tribunales Superiores de Justicia, la búsqueda de sentencias que incluyan el término "violencia obstétrica" ya indica un cambio de paradigma. Aunque no abundan las sentencias que la reconozcan explícitamente, cada vez son más las mujeres que alegan haber sido víctimas de violencia en sus partos, y más los argumentos y las instancias que las respaldan.
Existen casos donde las pretensiones son desestimadas, como en la Sentencia 409/2024 del Tribunal Superior de Justicia de Murcia, que resta importancia a una rotura de bolsa sin consentimiento ni causa clínica justificada. En otros casos, se reconocen elementos de la violencia obstétrica, como una inducción sin información necesaria, aunque la resolución se limita a reconocer la falta de consentimiento y no nombra explícitamente la violencia obstétrica (Sentencia 818/2022 del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana).
El Tribunal Superior de Justicia de Canarias ha reconocido explícitamente la existencia de violencia obstétrica en dos resoluciones (Sentencia 412/2023 y Sentencia 291/2025), aprovechando las consideraciones del CEDAW. La Sentencia 143/2025 del Tribunal Superior de Justicia de Galicia reconoció la violencia obstétrica como un concepto autónomo susceptible de ser indemnizado, valorándola como un daño autónomo que incrementó el daño moral de tipo psicológico.
Este reconocimiento implica que la vulneración de la autonomía y la dignidad en el ámbito obstétrico tiene entidad propia, más allá de la existencia de secuelas. La violencia obstétrica es un problema estructural que opera de forma rutinaria, manifestándose en la vulneración de la autonomía, la falta de consentimiento informado y la realización de intervenciones innecesarias. A diferencia de otras especialidades médicas, estas intervenciones no consentidas son frecuentes en partos.
La violencia obstétrica existe independientemente del resultado final del parto, ya que el perjuicio ocurre durante el proceso y repercute directamente en la dignidad de la madre y el ejercicio de su autonomía. Es fundamental que jueces, legisladores, mujeres que la sufren y profesionales médicos reconozcan y aborden la violencia obstétrica en todas las instancias.