La placenta es un órgano materno-fetal esencial que se desarrolla en el útero durante el embarazo, proporcionando al feto oxígeno y nutrición, y eliminando los desechos. Normalmente, se adhiere a la parte superior o lateral de la pared interna del útero. Sin embargo, en algunos casos, la placenta se implanta en la parte inferior del útero, cubriendo total o parcialmente la abertura hacia el cuello uterino. Esta condición se conoce como placenta previa.
La placenta previa es un problema del embarazo que afecta a un pequeño porcentaje de mujeres, con una incidencia de aproximadamente 1 de cada 200 embarazos o 5 de cada 1000 nacimientos. Provoca que el crecimiento y la posición de la placenta sean anormales, lo que puede causar sangrado intenso durante el embarazo o en el momento del parto. Es una condición que debe controlarse cuidadosamente para reducir posibles complicaciones para la madre y el bebé.
¿Qué es la Placenta Previa?
La placenta previa se define como la implantación de la placenta sobre o cerca del orificio cervical interno, que es la abertura hacia el canal del parto. Al inicio del embarazo, es común que la placenta se encuentre en la parte baja del útero. A medida que el útero se estira y crece, la placenta generalmente se desplaza hacia la parte superior. Hacia el tercer trimestre, la placenta debería estar cerca de la parte superior del útero, dejando el cuello uterino despejado para el parto. Si esto no ocurre, se diagnostica placenta previa.
Es importante no confundir la placenta baja con la placenta previa. Una placenta se denomina baja cuando el borde placentario no cubre el orificio interno, pero está a menos de 2 cm de él. Generalmente, las placentas de inserción baja suelen desplazarse hacia arriba a partir de las 32 semanas de gestación, corrigiéndose por sí solas.
Tipos de Placenta Previa
Existen diferentes clasificaciones de la placenta previa, que se distinguen por la severidad de la obstrucción del orificio cervical:
- Placenta de inserción baja: La placenta se encuentra en el segmento inferior del útero pero no alcanza la abertura del cuello uterino.
- Placenta previa marginal (Tipo I): La placenta está al lado del cuello uterino, pero no cubre la abertura.
- Placenta previa parcial (Tipo II): La placenta cubre parte de la abertura cervical.
- Placenta previa completa o total (Tipo III/IV): La placenta cubre toda la abertura cervical. Este tipo también es conocido como placenta previa oclusiva.
Muchos especialistas también diferencian entre placenta previa menor (baja o marginal) y placenta previa completa o mayor (parcial o total). Si se diagnostica placenta previa en la primera parte del embarazo, a menudo se resuelve para las 28 semanas a medida que el útero se agranda. Sin embargo, en el caso de la placenta previa completa, es poco probable que se resuelva antes del nacimiento.
Síntomas de la Placenta Previa
La placenta previa a menudo es asintomática y se descubre de manera incidental en la ecografía rutinaria del segundo trimestre. Sin embargo, cuando se presentan síntomas, el principal es el sangrado vaginal súbito e indoloro de sangre roja brillante, que generalmente ocurre a partir de la semana 20 de embarazo, es decir, en el segundo o tercer trimestre. El sangrado puede variar en intensidad y puede estar acompañado de cólicos o contracciones uterinas dolorosas en un 10% a 20% de los casos.
El sangrado puede detenerse por sí solo, pero puede empezar de nuevo días o semanas después con sangrados mayores y en intervalos cada vez más cortos. En algunas mujeres, el sangrado puede no producirse hasta el comienzo del trabajo de parto. La fuente del sangrado en la placenta previa es materna. Es crucial consultar al proveedor si se experimenta cualquier sangrado vaginal durante el embarazo.

Causas y Factores de Riesgo
La causa exacta de la placenta previa se desconoce, pero se cree que está relacionada con causas uterinas o alteraciones en la propia placenta. La porción inferior del útero puede no ser la adecuada para la inserción placentaria debido a ser más delgada y con menos musculatura que la zona superior.
Existen diversos factores de riesgo que predisponen a las mujeres a sufrir esta complicación:
- Antecedentes ginecológicos:
- Haber tenido muchos embarazos previos (multiparidad).
- Haber tenido un parto previo por cesárea o cirugías uterinas anteriores (miomectomía, legrado, procedimientos de dilatación y legrado).
- Cicatrización del revestimiento del útero.
- Antecedentes de placenta previa en un embarazo anterior.
- Antecedentes de abortos espontáneos o inducidos.
- Características del embarazo actual:
- Embarazos múltiples (gemelos, trillizos).
- Fertilización in vitro.
- Malformaciones uterinas o un útero anormalmente formado (p. ej., miomas).
- Poco tiempo entre dos partos.
- Factores maternos:
- Edad materna avanzada (mayor de 35 años).
- Tabaquismo o consumo de cocaína.
Diagnóstico de la Placenta Previa
La placenta previa se diagnostica principalmente mediante ecografía. Si se sospecha placenta previa debido a un sangrado vaginal después de la semana 20 de gestación, se debe realizar una ecografía para determinar la localización de la placenta antes de explorar a la paciente por vía vaginal. El examen pélvico digital está contraindicado en presencia de placenta previa, ya que puede aumentar el sangrado y provocar una hemorragia masiva súbita; el examen con espéculo, sin embargo, es seguro.
La ecografía transvaginal es el método más preciso y seguro para diagnosticar una placenta previa y definir la distancia entre el borde placentario y el orificio cervical interno, lo que condiciona el pronóstico y la planificación del parto. Si no se ha realizado una ecografía en el segundo trimestre y la embarazada refiere sangrado vaginal, una ecografía abdominal (con la vejiga parcialmente llena) puede localizar inicialmente la placenta.
Si se detecta esta afección antes del tercer trimestre de embarazo, no hay que alarmarse, ya que es muy probable que la placenta varíe su posición a medida que el útero se agrande. Solo el 30% de las mujeres con placenta previa antes de la semana 24 de embarazo aún la mantienen en esa posición en el momento del parto. La probabilidad de que persista la placenta previa aumenta con la edad gestacional y si se trata de una placenta previa completa.
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Complicaciones Asociadas a la Placenta Previa
Es fundamental que el médico supervise cuidadosamente tanto a la madre como al bebé para reducir posibles complicaciones. Los riesgos principales de la placenta previa incluyen:
- Sangrado intenso (hemorragia): Puede ser potencialmente mortal para la madre y el bebé, y puede ocurrir durante el embarazo, el trabajo de parto, el parto o en las primeras horas después de dar a luz.
- Parto prematuro: El sangrado intenso puede ser motivo para realizar una cesárea de emergencia antes de que el embarazo haya llegado a término, lo que implica que el bebé podría nacer antes de que sus órganos mayores, como los pulmones, se hayan desarrollado completamente.
- Anemia materna: Debido a la pérdida de sangre, la madre puede desarrollar anemia.
- Necesidad de transfusiones sanguíneas: Para compensar la pérdida de sangre.
- Placenta accreta (espectro de placenta accreta): Esta es una complicación grave donde la placenta se adhiere en exceso a la pared del útero, creciendo dentro o a través de ella. Cuesta que se desprenda tras el parto, causando una hemorragia vaginal masiva. Para tratarla, puede ser necesario extirpar el útero (histerectomía), ligar las arterias uterinas e ilíacas, o realizar embolizaciones de los vasos sanguíneos de la pelvis. El riesgo de placenta accreta aumenta significativamente con el número de cesáreas previas.
- Mala presentación del feto: La ubicación de la placenta en la porción inferior del útero predispone a que el feto no tenga una presentación normal de cabeza (cefálica).
- Restricción del crecimiento intrauterino.
- Vasa previa e inserción velamentosa del cordón umbilical: Anomalías del cordón umbilical.
- Anomalías congénitas.
El compromiso fetal depende del materno. Las complicaciones y la mortalidad de los recién nacidos de embarazos con placenta previa han disminuido notablemente debido a las mejoras en el manejo obstétrico, las cesáreas y los cuidados neonatales.
Manejo y Tratamiento de la Placenta Previa
El tratamiento de la placenta previa depende de la edad gestacional, la cuantía del sangrado, la estabilidad materna, el bienestar fetal y la posición exacta de la placenta. Para la mayoría de las mujeres que reciben atención prenatal, esta afección se diagnostica antes de que aparezcan los síntomas, lo que permite al proveedor y a la madre tomar medidas para minimizar el riesgo.
Cuidados Durante el Embarazo
Cuando se diagnostica placenta previa, el especialista suele recomendar:
- Reposo modificado o absoluto: Reducir actividades y evitar esfuerzos físicos intensos, levantar peso.
- Descanso pélvico: No tener relaciones sexuales, no usar tampones ni practicarse duchas vaginales. No se debe colocar nada en la vagina.
- Evitar viajes largos: Especialmente al extranjero.
- Control estricto: El médico evaluará cuidadosamente el riesgo de sangrado comparado con el riesgo de un parto prematuro para el bebé.
Si la paciente presenta sangrado vaginal, debe acudir a urgencias tan rápido como sea posible y, en algunos casos, puede necesitar permanecer en el hospital para una cuidadosa monitorización materna y fetal.
Tratamientos Adicionales y Manejo del Parto
Otros tratamientos que la mujer puede recibir incluyen:
- Transfusiones sanguíneas: Si hay pérdida significativa de sangre.
- Medicamentos para prevenir un parto prematuro: Para prolongar el embarazo.
- Corticosteroides: Se administran entre las semanas 23 y 34 (o hasta las 36 en algunos casos) para acelerar la maduración de los pulmones fetales si se anticipa un parto prematuro.
- Inyección de inmunoglobulina Rho(D): Si el tipo de sangre de la madre es Rh negativo (Rhogam).
- Suplementos de hierro: Para corregir la posible anemia debida a la hemorragia.
El momento del parto y la vía de nacimiento son cruciales:
- Cesárea programada: Si la placenta cubre todo o parte del cuello uterino (placenta previa parcial o total), un parto vaginal puede causar sangrado intenso y ser mortal. En estos casos, se suele programar una cesárea entre las 36 y 37 semanas y 6 días de gestación, siempre que la madre y el feto estén estables y la hemorragia sea ausente o leve.
- Parto vaginal: Algunas mujeres con placenta baja o placenta previa marginal (donde el borde placentario está a más de 1.5-2.0 cm del orificio cervical) pueden intentar un parto vaginal, pero esto debe ser una decisión compartida con el médico y con la posibilidad de una cesárea de emergencia si surge alguna complicación o sangrado.
- Cesárea de emergencia: Está indicada si hay sangrado abundante o incontrolado, resultados preocupantes en la monitorización fetal, inestabilidad hemodinámica materna, o si el sangrado se incrementa progresivamente. Las cesáreas de urgencia en pacientes inestables se realizan bajo anestesia general.
El mayor riesgo es el sangrado intenso, por lo que es vital seguir los controles obstétricos programados y acudir al hospital de inmediato ante cualquier sangrado vaginal, dolor abdominal intenso, contracciones regulares, mareo, sensación de debilidad o disminución de los movimientos fetales.