Agustina de Aragón: Origen y Legado de una Heroína

Orígenes y Primeros Años de Agustina de Aragón

Agustina Raimunda María Saragossa Domenech, conocida históricamente como “Agustina de Aragón”, nació el 4 de marzo de 1786. Si bien una corriente historiográfica apunta a Reus (Tarragona) como su lugar de nacimiento, la mayoría de las fuentes más recientes y detalladas, incluyendo su registro bautismal, señalan que nació en Barcelona, muy cerca de la iglesia de Santa María del Mar. Era la penúltima de once hermanos, fruto de un matrimonio de campesinos, Pedro y Raimunda, que habían llegado a la ciudad condal desde la población leridana de Fulleda. La niña fue bautizada en la iglesia barcelonesa de Santa María del Mar, y al parecer, pasó parte de su infancia en el pequeño pueblo leridano de Fulleda.

Imagen de la Iglesia de Santa María del Mar en Barcelona, lugar del bautismo de Agustina de Aragón

Apenas salida de la adolescencia, Agustina contrajo matrimonio en 1803 con Joan Roca Vilaseca, un artillero veterano de la guerra de Portugal, oriundo de Maçanet de Cabrenys (Girona). El matrimonio, debido a la profesión del marido, residió en Mahón y posteriormente en Barcelona. Fue en esta ciudad donde se instalaron a principios de 1808, apenas unas semanas antes de la ocupación por sorpresa de las tropas napoleónicas en febrero.

La Guerra de la Independencia y el Primer Sitio de Zaragoza

Contexto Histórico

A principios del siglo XIX, España atravesaba una profunda crisis económica, social y política. La Revolución Francesa y la expansión napoleónica en Europa llevaron a una serie de conflictos que culminaron con la invasión francesa de España en 1808. Napoleón Bonaparte, aprovechando la debilidad de las instituciones y la división interna, convirtió un permiso de paso para sus tropas hacia Portugal en una invasión total del país. Tras el estallido de la rebelión antifrancesa en Madrid en mayo de 1808, las tropas napoleónicas ocuparon diversas plazas españolas, incluyendo Barcelona.

Mapa de la Península Ibérica durante la Guerra de la Independencia

En este contexto de invasión, Joan Roca fue movilizado, abandonando a su esposa. Al poco tiempo de esta separación, a principios de junio de 1808, Agustina, con su pequeño hijo Juan, se trasladó a Zaragoza. El 15 de junio, las tropas francesas de Lefebvre se presentaron a las puertas de la ciudad, iniciando un ataque. El gran asalto del 2 de julio se centró, entre otras zonas, en el Portillo, donde la batería allí dispuesta había ido perdiendo uno a uno a sus defensores.

La Acción Heroica en el Portillo

Durante el primer sitio de Zaragoza, a principios del verano de 1808, Agustina participó activamente en la defensa de la ciudad, al igual que muchas mujeres de la época, cosiendo sacos terreros, avituallando con comida, agua y munición a los defensores, e incluso realizando labores ocasionales de enfermería. Quiso la fortuna que el día 3 de julio se encontrara en el Portillo de San Agustín, suministrando munición en el momento en que los franceses abatían al último de los artilleros que defendía la posición.

Agustina de Aragón, ejemplo de resiliencia

Fue entonces cuando, según el relato popular, hizo su aparición la heroína: tomando la mecha de las manos de un moribundo, Agustina prendió la pólvora de una de las piezas de artillería de 24 libras, disparando el cañón contra los atacantes y consiguiendo su retirada. Esta acción la hizo célebre y fue admitida en el cuerpo de artilleros. Agustina también intervino en la lucha por el convento de Jerusalén.

Prisión, Fuga y Continuación en la Lucha

Tras la capitulación de Zaragoza en febrero de 1809, Agustina cayó enferma y fue hecha prisionera por los franceses. Durante su tortuoso traslado hacia Francia, su hijo Juan, de cinco años, murió al llegar a la localidad soriana de Ólvega. Ella consiguió escapar en tierras navarras (en Puente la Reina, según algunas versiones) y se dirigió hacia zonas libres del dominio napoleónico. Una vez recuperada, Agustina se reintegró en el ejército y participó en numerosas acciones de guerra, como los sitios de Tortosa y Vitoria en 1813, sirviendo como artillera. Recorrió gran parte de España como animadora de los ejércitos, donde su gesta ya era muy conocida.

Una Vida Compleja: Matrimonios y Sombras

Primeros Matrimonios y la Sombra de la Bigamia

Al final del conflicto, Agustina Zaragoza se había convertido en una figura extraordinariamente popular. Fernando VII la recibió en Madrid y le concedió una pensión de cien reales en virtud de Real Orden. Sin embargo, su vida estuvo marcada por la complejidad, especialmente en el ámbito matrimonial, con la sombra de la bigamia cerniéndose sobre su biografía.

Al poco tiempo de llegar a Zaragoza en 1808, Agustina se relacionó con un hombre llamado Luis de Talarbe, un antiguo pretendiente que había conocido en Mahón. La desaparición de Joan Roca al inicio de la contienda, la rápida marcha de Agustina hacia Zaragoza, y la ambigüedad de las fuentes sobre si ella y Talarbe contrajeron matrimonio durante el primer sitio, sugieren una relación seria. La historiografía romántica, en ocasiones, embellece o distorsiona los hechos, e incluso se ha llegado a mantener que el artillero al que Agustina sustituye en el Portillo era su amado Talarbe, cuya existencia ha sido puesta en duda por algunos historiadores, sugiriendo que podría corresponderse con el militar José Carratalá.

Una vez expulsados los franceses y reinstaurado Fernando VII en el trono, Agustina pasó a residir en Barcelona, Segovia y Valencia. Fue en Valencia donde, al parecer, su primer esposo, Joan Roca, se puso en contacto con ella, quien había sido dado por desaparecido. Agustina se vio obligada a regresar a Barcelona junto a su marido, mientras Luis de Talarbe marchó a América y allí contrajo matrimonio. Este segundo período de convivencia con Joan Roca se truncó en agosto de 1823 con su fallecimiento.

Retrato idealizado de Agustina de Aragón en una batalla

Segundo Matrimonio y la Causa Carlista

Poco después de enviudar, Agustina regresó a Valencia. Allí conoció al joven médico almeriense Juan Cobos de Mesperuza. A pesar de la diferencia de edad (ella era doce años mayor), la precariedad económica la empujó a contraer matrimonio rápidamente el 12 de marzo de 1824, apenas medio año después del luto. De esa unión nació su única hija, Carlota, en 1825.

La vida de Agustina se complicó con la muerte de Fernando VII en 1833 y el posterior conflicto sucesorio entre isabelinos y carlistas. Instalado con su esposa en Sevilla desde 1828, Juan Cobos simpatizó abiertamente con la causa carlista. El desarrollo adverso de la guerra carlista minó la fortuna familiar, ya que las autoridades isabelinas suspendieron el pago de las pensiones que Agustina percibía desde la época de los Sitios, y que no recuperaría hasta varios años más tarde. Se plantea la pregunta de si Agustina llegó a coquetear con el carlismo o si simplemente se vio arrastrada por las simpatías de su marido.

Últimos Años y Legado en Ceuta

En 1830, la familia Cobos-Zaragoza pasó a residir en Sevilla. En 1847, su hija Carlota Cobos se casó con un militar destinado en Ceuta, Francisco Atienza Morillo. Agustina, que se había distanciado de su marido desde que este decidió abrazar la causa carlista, decidió trasladarse con su hija a la ciudad norteafricana. La historiografía romántica embellece probablemente la vida de una mujer que seguía al ejército en sus movimientos y que, consecuentemente, falleció en la plaza militar de Ceuta el 29 de mayo de 1857, a los 71 años de edad.

Durante la capitanía general de Ceuta de D. Antonio Ros de Olano (1847-1848), a pesar de sus 62 años, Agustina de Aragón volvió a dar muestra de su valor. En esta fecha se produjo un levantamiento de los presos confinados en el Hacho y, debido al comportamiento de los reclusos, se decidió solicitar su intervención.

Agustina falleció en Ceuta el 29 de mayo de 1857. Al día siguiente, se celebró su entierro con una ceremonia religiosa en la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, con la asistencia de todas las autoridades y una gran participación de fieles. Fuerzas de la guarnición rindieron honores militares a sus restos mortales, que fueron sepultados en el cementerio de Santa Catalina, Departamento de San Cayetano, nicho nº 1. Sobre su sepultura se colocó una placa de bronce con la inscripción: "A la memoria de Dª Agustina Zaragoza. Aquí yacen los restos de la ilustre heroína de Zaragoza, cuyos hechos de valor y virtud en la guerra de la Independencia llenaron al mundo de admiración. Su vida, tipo de moral cristiana, terminó en Ceuta, el 29 de mayo de 1857, a los 71 años de edad; su esposo don Juan Cobos, su hija Dª Carlota e hijo político don Francisco Atienza, dedican este recuerdo a los restos queridos."

Homenaje Póstumo y Traslado de los Restos

Poco después de su muerte, el Ayuntamiento de Zaragoza hizo saber al de Ceuta su deseo de que los restos de Agustina reposaran en la ciudad de Los Sitios. El traslado se verificó trece años más tarde, el 14 de junio de 1870. España, en ese momento, buscaba rey tras la Revolución de Septiembre y el destronamiento de Isabel II. El viaje de los restos de Ceuta a Zaragoza fue un acontecimiento solemne: un barco de guerra, "Colón", los trasladó de Ceuta a Cádiz, y desde allí pasaron por Sevilla y Madrid. En todas las ciudades, se rindieron honores militares, se pronunciaron palabras de recuerdo y fervor, y hubo una gran emoción popular.

Grabado de la procesión cívica durante el traslado de los restos de Agustina de Aragón

Finalmente, Zaragoza recibió con emoción a su heroína, custodiando los restos mortales doce soldados de la guarnición vestidos con trajes aragoneses, en homenaje a las gentes del pueblo que colaboraron en la defensa de Zaragoza. La urna cineraria de Agustina fue depositada en la Basílica del Pilar. En 1908, con motivo del Centenario de los Sitios, los restos fueron trasladados a su sepultura definitiva en la iglesia de Nuestra Señora del Portillo, en un acto presidido por Alfonso XIII. Ahí descansa, junto a otras heroínas, cerca del lugar en el que abrió fuego frente a las tropas napoleónicas.

A finales de agosto de 1913, Francisco de Paula Atienza, nieto de Agustina, fue invitado por el Ayuntamiento de Ceuta a la ceremonia de erigir una lápida conmemorativa en la casa donde vivió su abuela Agustina Zaragoza. El 14 de septiembre llegó a Ceuta y un día después, el 15 por la tarde, se inauguró la lápida conmemorativa donada por la colonia catalana de Ceuta.

La Descendencia de Agustina de Aragón

Carlota Cobos y la Familia Atienza

La única hija de Agustina y Juan Cobos de Mesperuza, Carlota Cobos, nació en Valencia en 1825. Carlota se casó con Francisco Atienza Morillo, hijo de un capitán de artillería nacido en Ronda. Francisco había ingresado como meritorio en la fundación de bronce de artillería de Sevilla a los 16 años, fue promovido a oficial tercero del ministerio de Ceuta y razón del cuerpo de artillería, y tras recibir el cargo, pasó a Ceuta. Se conocieron durante su estancia en Sevilla, y su noviazgo culminó en matrimonio. La boda se celebró por poderes en la Iglesia parroquial de San Juan de la Palma, en Sevilla, donde el novio fue representado por Juan Roca, hijo del primer matrimonio de Agustina. Un mes después, el 6 de junio de 1847, el matrimonio fue ratificado en Ceuta, donde residía Francisco. En 1855, Carlota Cobos escribió una novela histórica sobre su madre, “La Ilustre Heroína de Zaragoza o la célebre amazona de la Guerra de la Independencia”, obra dedicada a S.M.

Agustina, junto con la joven pareja, se había trasladado a Ceuta. En un principio, Agustina Zaragoza vivió con su hija y yerno en la calle de La Muralla nº 10 (actual Paseo de las Palmeras). Más tarde se trasladaron a la Calle Soberanía Nacional nº 37 (actual calle Real), a la conocida como Casa Grande o Palacio de Medinaceli.

Los Nietos de Agustina de Aragón

Agustina de Aragón fue madrina de bautismo de dos de sus nietos nacidos en Ceuta:

  • Francisco de Paula Atienza y Cobos: Nació en Ceuta el 7 de agosto de 1848 y fue bautizado el 9 del mismo mes y año en la Parroquia de Nuestra Señora de África, apadrinado por su abuela materna Agustina Zaragoza. Por gracia especial de la reina Isabel II, ingresó como cadete en la Compañía de Lanzas de la plaza de Ceuta. Alcanzó el grado de teniente coronel de infantería, fue gentilhombre de entrada del rey Alfonso XIII, caballero con Placa de la Orden de San Hermenegildo y gran cruz de la Orden de Beneficencia de Carlos III. Fue autor de varios libros, entre ellos: “España en la mano”. El 26 de abril de 1875 contrajo matrimonio en Madrid con doña María de la Encarnación Serrano Durán, con quien tuvo un hijo, Francisco de Paula Atienza Serrano, nacido en Barajas, Madrid, el 19 de agosto de 1877.
  • Salvador Atienza y Cobos: Nació en Ceuta el 5 de marzo de 1853 y fue bautizado en la Parroquia de Nuestra Señora de los Remedios el 8 del mismo mes y año, siendo su madrina Agustina Zaragoza. Salvador falleció a los ocho días de nacer.

Otros nietos de Agustina de Aragón incluyen:

  • Augusto Atienza y Cobos: Su madre, doña Carlota Cobos, pidió a la reina la entrada de su hijo Augusto en la compañía que se iba a crear para dar guardia al príncipe de Asturias, el futuro Alfonso XII, aunque la compañía proyectada no llegó a constituirse. Augusto Atienza Cobos, por razones de salud, pidió la separación del servicio militar e ingresó posteriormente en el Ministerio de Hacienda, en el que llegó a ser jefe de negociado.
  • Carlos Atienza y Cobos: Nació en Ceuta el 5 de agosto de 1857 y fue bautizado en la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios el día 8 del mismo mes y año, siendo su padrino su hermano Francisco de Paula Atienza y Cobos. Cursó sus estudios en la escuela de Institutrices de Madrid (1873) y en las clases de dibujo para señoritas del conservatorio de Artes del Ministerio de Fomento, obteniendo un primer premio en 1876, y en la Escuela de Bellas Artes de San Luis de Zaragoza. En 1881, el ayuntamiento de Zaragoza le concedió una pensión de 1.000 pesetas anuales durante cuatro años para proseguir sus estudios en Madrid, siendo la primera mujer becada por la Diputación de Zaragoza. En 1886 donó al ayuntamiento de Zaragoza el retrato de su abuela Agustina de Aragón. Aquejada de trastornos mentales, ingresó en un hospital psiquiátrico de Madrid donde falleció el 1 de abril de 1915.

Agustina de Aragón: Entre la Persona y el Personaje

Agustina Zaragoza Doménech se convirtió en una de las figuras más representativas de la resistencia del pueblo aragonés contra las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia. Patriota ardiente, su condición de mujer añadió un atractivo especial a su figura, idealizada por la propaganda bélica. Sin embargo, en realidad, su vida distó bastante de la imagen heredada. Agustina de Aragón fue una mujer de carne y hueso, con vida, alegrías, penas y sentimientos, que ha sido utilizada en ocasiones como símbolo de valores patrióticos.

Es importante distinguir a la persona del personaje, captar y transmitir su vida más allá del mito en que esta mujer se ha visto convertida. Por ejemplo, en 2017, el alcalde de Zaragoza, Pedro Santisteve, decidió cambiar el retrato del Rey Felipe VI de su despacho por uno de Agustina de Aragón, destacando su simbolismo histórico. La valentía, el arrojo y la heroicidad son conceptos volubles, pero la vida de Agustina demuestra que hizo mucho más que encender una mecha: fue una profesional que se ganó la vida con un oficio ligado al mundo militar. Agustina Zaragoza, catalana eternamente ligada a Aragón y mujer cosmopolita que vivió e hizo suyos muchos lugares, es un símbolo de impulso y tesón. Bajo su efigie podrían alinearse cientos de mujeres que, en una situación límite, se levantan y plantan cara.

Agustina de Aragón, ejemplo de resiliencia

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