La Estatuilla Cretense del Museo de Boston y el Debate de la Autenticidad Minoica

La fascinación por las diosas de las serpientes minoicas ha sido un pilar en la arqueología cretense. Una de las figuras más conocidas, expuesta en el museo de Heraclión, es muy famosa, y su singularidad, fuerza y la sensación de poder que irradia cautivan a muchos. Sin embargo, más tarde se supo que la figurilla más célebre había sido una reconstrucción arqueológica a partir de fragmentos, ya que inicialmente se la conocía como una adoradora sin cabeza. Se reconstruyó la cabeza y se le colocó parte de uno de los brazos y el felino.

Existe otra diosa de las serpientes en el museo de Heraclión, hallada en el mismo contexto arqueológico, lo que permite fecharla en torno al 1550-1650 a. C. Con el tiempo, han aparecido imágenes de otras figurillas minoicas distribuidas en varios museos de Canadá, Estados Unidos y el Reino Unido. Sobre la mayoría de estas piezas ha planeado, y sigue planeando, la duda de su autenticidad. En algunos casos, no cabe duda de que son falsas. Esta situación se manifestó en las primeras décadas del siglo XX, planteando la necesidad de medios para dilucidar sin lugar a dudas si una figurilla es auténtica o una falsificación.

La Estatuilla del Museo de Boston: Un Caso de Falsificación

La estatuilla criselefantina que se encuentra en el museo de Boston (Estados Unidos) desde 1914 es un ejemplo clave en este debate. Aunque no está claro cómo llegó desde Creta al museo, los resultados de las pruebas de carbono XIV sobre el marfil no fueron decisivos. No obstante, los estudios sobre la técnica de la figurilla indican que fue una falsificación realizada a principios del siglo XX. Este caso subraya la complejidad de autentificar piezas antiguas, donde es posible aplicar técnicas como el «carbono 14» o realizar análisis de características técnicas e iconografía, aunque los resultados no siempre son concluyentes y algunos casos aún suscitan controversia.

Foto de la estatuilla criselefantina del Museo de Boston, mostrando detalles de su técnica y estado de conservación.

Otras Figuras Minoicas y el Debate sobre su Autenticidad

La controversia sobre la autenticidad no se limita a la pieza de Boston, afectando a varias otras estatuillas minoicas en colecciones internacionales.

Museo Real de Ontario (Canadá)

En el Museo Real de Ontario (Canadá) se encuentra una estatuilla que podría representar a una practicante de la taurocatapsia, el conocido espectáculo cretense del salto del toro. Esta estatua criselefantina fue adquirida por el museo en 1931 a un anticuario y experto en arte llamado Charles T. Seltman. Arthur Evans, al verla, la creyó auténtica, aunque en lugar de una simple saltadora, opinó que se trataba de una diosa protectora de esos espectáculos. Inicialmente, se creyó que podría datarse hacia 1500-1600 a. C., pero el desconocimiento del contexto arqueológico de su hallazgo pronto generó dudas sobre su autenticidad.

Museo Fitzwilliam (Cambridge, Reino Unido)

Desde 1926, el Museo Fitzwilliam (Cambridge, Reino Unido) alberga otra estatuilla, por la que se pagó una importante cantidad de dinero. Al igual que la anterior, Evans y otros especialistas la consideraron auténtica, presentándola como minoica. Sin embargo, la ausencia de menciones concretas a su procedencia rápidamente sembró dudas sobre su autenticidad. Se aprecia una cierta analogía con rasgos, principalmente de la vestimenta, de una de las diosas de las serpientes de Cnoso, pero esta pieza está realizada en mármol. Además, resulta insólito que presione sus senos.

Museo Walters (Baltimore, Estados Unidos): Estatuillas de Sacerdotisas

Otra estatuilla de diosa o sacerdotisa de las serpientes se halla en el museo Walters de Baltimore (Estados Unidos), donde llegó en 1931 tras ser adquirida a un comerciante de arte parisino. Es criselefantina, muy similar a la de Ontario pero en peor estado de conservación, posiblemente debido al uso de ácido para envejecer el marfil. La página del museo expone las dudas sobre su cronología, oscilando desde el siglo XVI a. C.

En el mismo museo Walters, se encuentra otra estatuilla de una diosa o sacerdotisa con las manos perforadas para, supuestamente, sostener serpientes. Otra serpiente se enrosca en el tocado que lleva en la cabeza. Está hecha de esteatita y la parte superior está clavada en la inferior.

Composición de fotos de las estatuillas minoicas de los museos de Ontario, Fitzwilliam y Walters, destacando sus similitudes y diferencias.

Museo de Arte de Cleveland (Estados Unidos)

El Museo de Arte de Cleveland (Estados Unidos) conserva otra estatuilla, de bronce, que tiene la singularidad de que la figura femenina tiene las manos juntas frente a la cara, en una actitud como de adoración. Por tanto, en este caso no se trataría de ninguna diosa, aunque la falda y los adornos pueden tener paralelismos con una de ellas. Además, su peinado, también muy singular, sugiere que se trata de una adolescente. La página del museo la data hacia 1600-1500 a. C.

Britomartis: La Diosa Fecundadora Cretense y sus Cultos Ancestrales

Ante la presencia de falsificaciones, podría pensarse que los fragmentos auténticos hallados en Cnoso por Evans pertenecen a un tipo de diosa cuya asociación con las serpientes es circunstancial. Sin embargo, no es así, ya que en otros yacimientos minoicos aparecen otras representaciones de diosas, muchas de las cuales tienen los brazos levantados como característica recurrente.

Entre las deidades cretenses, Britomartis destaca como la "diosa apotropaica por antonomasia". Se la considera una de las Señoras de las Fieras (Potnias Theron) y la diosa cretense de los animales. En sus representaciones y ritos, esta Artemisa minoica se acompañaba de animales muy relacionados con los que lucía o rodeaba la Gorgona, como las sierpes que se ven en las esculturas de las oficiantes o de la propia ninfa cretense, quienes las llevan entre sus brazos y en las coronas. Los atributos y rasgos de Britomartis, al igual que los de aquellas domadoras de fieras minoicas, tenían un halo nefasto o siniestro, muy cercano a la brujería, similar a la diosa Hécate. Se concedían a estas divinidades poderes terribles, lo que las acercaba a las hechiceras más peligrosas.

La magia y los poderes tétricos de estas diosas suponían el recuerdo de antiguas religiones y mitos, entre los que destacaban los cretenses, donde las mujeres oficiaban ritos neolíticos. Comúnmente, estos ritos implicaban ofrecer vidas y "jugar" con daimones o animales de gran peligro, como la sierpe y el toro. Estos cultos de la Edad del Bronce, procedentes de civilizaciones ajenas a los helenos, eran rememorados por los griegos con más temor que amor y con mayor cautela que veracidad, narrando una realidad que en ocasiones estaba muy deformada. La Hélade Clásica, una sociedad patriarcal y ajena a los cultos primitivos de la diosa madre, percibía la mayoría de estas religiones ancestrales como creencias sobre la "oscuridad" y la muerte.

Pese a ello, diosas como Artemisa, Deméter o Perséfone tuvieron un papel preponderante en la Mitología helena, aunque siempre guardando un cierto carácter de deidades "bárbaras", lo que les concedía un toque de "siniestras y ajenas" al mundo clásico. Era el caso de la "Diana cazadora" de Creta, Britomartis, reverenciada en Grecia con el nombre de Diktina (tanto como en su isla de origen) y adorada al menos desde el siglo XX a.C. como Señora de la Naturaleza. Esta adoración fue el principio de la posterior Artemisa helena y compartía gran parte de sus atributos y poderes con Hécate.

Ilustración o reconstrucción de Britomartis como Potnia Therón, rodeada de animales y serpientes.

El Mito de Britomartis y sus Epithetos

La historia de Britomartis narra cómo esta hija de Zeus fue perseguida por el rey de Creta, escondiéndose durante nueve meses en los montes y bosques de la isla. Finalmente, para no ser tomada por el monarca, decidió saltar al mar desde las montañas llamadas de Dikte, cuyo significado es "red", ya que se salvó al caer sobre el aparejo que unos pescadores tendían bajo el lugar desde el que se arrojó al vacío. Ello le dio el epíteto de Diktina (la red), sobrenombre común con el que era conocida en toda Grecia y Creta. Algunos autores como Diodoro Sículo afirman que esta diosa nació en la ciudad cretense de Canea (Chania), siendo sus padres Zeus y Carme (la señora de las cosechas). También se dice que posteriormente fue llamada Diktina por ser la inventora de las redes (de pesca y de caza).

Por haber saltado y desaparecido en el mar (o al ser llevada a Egina para ser convertida en diosa), Britomartis también fue titulada como Afaia. Este nombre, según algunos, procedía del griego "afaneia" (ἀφάνεια), que significa "invisible". Sin embargo, otra interpretación sugiere que proviene de "afaireo" (ἀφαιρέω), cuya traducción es "sustraer" o "robar", y también "botín" o "captura". Esta interpretación se basa en que la ninfa Britomartis protegía a los cazadores y pescadores, y su sentido unificado a "expolio" podría indicar que era la patrona de los piratas (considerando que los barcos de pesca actuaban a menudo como corsarios).

Aunque Pausanias aclara que los cretenses la adoraban como Diktina y los Egeos como Aphaia (la invisible), otros autores también le otorgan el epíteto de "Lafria", que significa "la que expolia". Esta voz podría proceder del griego "lafuron" (λάφυρον), que significa "despojo", "botín" o "presa", haciendo referencia a un culto de esta diosa muy relacionado con el Hermes más antiguo, patrón de ladrones, comerciantes y viajeros. Este dios protegía el viaje y el comercio, pero también era el divo de los piratas. Este dato es crucial para comprender que Britomartis se relacionaba y era antecesora de los Mercurios más antiguos, dios del mercado que nace en Grecia en época muy tardía (sobre el siglo VIII a.C.), heredando atributos de otras divinidades de la prosperidad y la fertilidad. Sus primeras representaciones eran toscos "xoana" (esculturas de madera cilíndricas y con sentido fálico), seguramente nacidas en cultos venerados entre estalagmitas o estalactitas de las cavernas sagradas de Creta.

Centros de Culto y Ubicación Geográfica

Se dice que Britomartis nació en Chania (Canea), y en sus cercanías, muy próximo al puerto, se encontraba uno de sus templos principales, cuyo gran centro sagrado estaba en las montañas, a pocos kilómetros de allí. La relevancia de Chania en su veneración a Britomartis se debía no solo a ser un importante baluarte defensivo y comercial, sino también a su ubicación junto a pronunciados acantilados que rodean toda su bahía (denominada costa de Soudá), cuya riqueza en fauna y flora es prodigiosa. El culto de esta diosa se basaba en la sublimación de la Naturaleza, los animales y los metales.

El mito relata que la ninfa prefirió saltar al mar desde los montes Dikteos antes que romper su castidad y caer en manos del rey cretense Minos. Aunque algunos creyeron que el salto de Britomartis se situaba en los acantilados de las costas de Aptami junto a Chania, el mito dice claramente que se arrojó desde los montes Dikteos, que se hallan en el lado opuesto de la isla (a unos ciento cincuenta kilómetros de distancia). La confusión del lugar legendario probablemente surge al decir su mito que huyó y se refugió en los bosques de las prominentes montañas de la cordillera de Canea (Chania), picos antes denominados de Cidonia y hoy llamados de Lefka, que contienen algunas de las cumbres más altas de la isla (como el Paknes y el Kastro con más de 2400 y 2200 metros).

Mapa antiguo de Creta del siglo XVII, con la ubicación de Cidonia y

Los textos antiguos mencionan que Britomartis encontró refugio durante nueve meses en esta zona Oeste de Creta (junto a Chania o Canea), cuya vegetación y montes la hacen en ocasiones inexpugnable. Después, se dirigió a la cordillera situada en el lado opuesto de la isla, desde donde finalmente saltó al mar. Un mapa de Creta de 1688 muestra el "Diktinae Templum" en las estribaciones de la provincia de Cidonia, marcando el lugar exacto donde se consideraba estuvo el templo más importante de Britomartis en toda la Creta antigua. Este sitio privilegiado, con montañas que se levantan a pocos kilómetros del mar, alcanzando cimas como el Paknes (2452 metros), con nieves semiperpetuas y una flora y fauna prodigiosas, fue probablemente uno de los motivos que hizo de la diosa de la Montaña (Britomartis) la deidad más venerada entre los minoicos. Estos picos permitían la vigilancia, la huida y la lucha de los cretenses en caso de invasión. Las cordilleras de la isla son ricas en flora y fauna, y sus cimas nevadas proveen agua a la mayoría de la zona costera.

" La Leyenda de la Diosa Griega: Britomartis, la Dulce Virgen."

El Legado de las Diosas Minoicas en la Percepción Griega

Los cultos de la Edad del Bronce, procedentes de épocas y civilizaciones tan ajenas y lejanas a los helenos, eran percibidos con más temor que amor. Los griegos recordaban los rituales y costumbres minoicas con cautela, narrando en sus mitos e historias una realidad a menudo deformada. La Hélade Clásica, una sociedad patriarcal en gran parte ajena a los cultos primitivos de la diosa madre, tomó la mayoría de estas religiones ancestrales como creencias sobre la "oscuridad" y la muerte, practicando su veneración con mucha cautela y bastante temor. A pesar de ello, diosas como Artemisa y Deméter o Perséfone tuvieron un papel preponderante en la Mitología helena, aunque siempre guardando un cierto carácter de deidades "bárbaras", lo que les concedía un toque de "siniestras y ajenas" al mundo clásico. Esto las convertía, en cierto modo, en divinidades incomprensibles o en generadoras de rituales y conceptos religiosos cuyo sentido a veces los griegos no acertaban a discernir, ni en su origen ni en su significado.

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