La placenta es un órgano temporal esencial que se desarrolla en el útero durante el embarazo. Es crucial para el desarrollo del bebé, ya que le otorga oxígeno y nutrición, además de encargarse de eliminar los desechos. Sin ella, el crecimiento del bebé sería imposible. Desde la fecundación, el organismo de la madre fabrica la placenta y, una vez que el bebé nace, el cuerpo la expulsa.
La placenta es un órgano con un ciclo de vida corto, diseñado para durar el tiempo que el bebé se encuentre dentro del útero materno, es decir, entre 36 y 42 semanas. Todas las placentas evolucionan a lo largo de la gestación, y si no hay complicaciones, están preparadas para llegar con un buen funcionamiento a un embarazo a término. La madurez de la placenta es su edad, que no está relacionada con la edad de la mujer. El estado de madurez se mide en cuatro grados según su evolución, teniendo en cuenta las calcificaciones intraplacentarias, que son visibles en las ecografías.
Clasificación de la Madurez Placentaria (Grannum)
En 1979, Grannum fue el primero en proponer una clasificación de la madurez placentaria basada en sus características ecográficas, que van desde el grado 0 hasta el grado 3, siendo este último la placenta madura.
Grados de Maduración de la Placenta
- Placenta Grado 0: Ecográficamente, la placa basal (cerca del útero) y la placa corial (cerca del feto) se ven homogéneas, sin modificaciones.
- Placenta Grado I: Se aprecian pequeñas zonas de color blanco (ecorrefrigentes) en la ecografía. La placa coriónica puede aparecer interrumpida por indentaciones.
- Placenta Grado II: La placa basal se identifica en su totalidad y da la impresión de estar separada del miometrio (capa muscular de la pared del útero). La placa corial se visualiza con un perfil muy ondulado con calcificaciones difusas. La placenta no es homogénea debido a los depósitos de calcio.
- Placenta Grado III: Son placentas con un gran depósito de calcio a todos los niveles. Tanto la placa basal como la corial aparecen altamente ecorrefrigentes (color blanco). Los tabiques de ambas partes de la placenta confluyen y se fusionan entre sí. Este grado final de maduración indica que la placenta está lista para el parto.

Placenta Envejecida Prematuramente o Insuficiencia Placentaria
Aunque el término "placenta envejecida" no es comúnmente usado por los ginecólogos, se refiere a una insuficiencia placentaria, donde la placenta deja de funcionar de forma prematura, antes de la semana 35 de embarazo. Este endurecimiento que aparece antes de la semana 35 de gestación se denomina envejecimiento placentario precoz (Manrique y Huertas, 2021) y es una situación que requiere atención médica.
¿Por qué es un problema la placenta envejecida?
Si la placenta se endurece antes del momento esperado, pueden surgir complicaciones:
Complicaciones para el bebé:
- Restricción del crecimiento intrauterino: El bebé no alcanza el tamaño esperado para su edad gestacional debido a una inadecuada recepción de nutrientes y oxígeno a través de la placenta (Wardinger y Ambati, 2022).
- Parto prematuro: La placenta envejecida puede señalar al cuerpo antes de tiempo que es momento del parto, iniciando las contracciones antes de la semana 37.
- Bajo peso al nacer: El bebé puede nacer con un peso inferior al esperado si hubo restricción del crecimiento.
Complicaciones para la madre:
- Preeclampsia: Una condición caracterizada por hipertensión asociada al embarazo y problemas renales (Medline Plus, 2022).
- Desprendimiento prematuro de placenta: La placenta se separa del útero antes del parto, causando hemorragias.
- Nacimiento complicado: El parto inducido y la cesárea suelen ser más frecuentes en mujeres con envejecimiento placentario.
Causas del Envejecimiento Placentario Prematuro
Los factores que causan el envejecimiento placentario no siempre son claros, y algunas mujeres tienen una predisposición genética. Sin embargo, existen circunstancias que aumentan el riesgo (Cleveland Clinic, 2023; Wardinger y Ambati, 2022):
- Edad materna: Madres mayores de 35 años tienen mayor riesgo.
- Consumo de sustancias: El tabaco y el alcohol alteran el desarrollo normal de la placenta.
- Sobrepeso y obesidad: Mujeres con un peso elevado antes del embarazo o que aumentan más de lo recomendado durante la gestación.
- Enfermedades crónicas: Madres con diabetes o hipertensión arterial.
- Problemas de presión arterial: La preeclampsia y otras condiciones que afectan el flujo sanguíneo a la placenta aceleran su envejecimiento.
- Alteraciones placentarias: Si la placenta tiene una forma irregular, no se adhiere bien al útero o no crece lo suficiente.
Diagnóstico del Envejecimiento Placentario
La ecografía de embarazo es la principal herramienta para detectar la placenta envejecida. En los exámenes de seguimiento, el médico puede diagnosticar el problema (Wardinger y Ambati, 2022). Los médicos analizan los puntos blanquecinos de calcio en las imágenes y clasifican la placenta por grados. Si se alcanza el grado III antes de las 35 semanas de embarazo, se diagnostica placenta envejecida (Manrique y Huertas, 2021). Junto con la ecografía, se puede realizar un Doppler y se monitorea el desarrollo del bebé para detectar restricción del crecimiento intrauterino (Wardinger y Ambati, 2022).
Manejo de la Placenta Envejecida
Cuando se detecta placenta envejecida, el embarazo se considera de alto riesgo. Actualmente, no hay medidas específicas para revertir la situación. Se recomienda suspender el consumo de cigarrillos o alcohol, si aplica, y controlar cualquier enfermedad médica existente bajo la indicación del obstetra (Hickman, 2024). Algunos médicos pueden prescribir ácido acetilsalicílico a bajas dosis y suplementos vitamínicos, o nitroglicerina en casos más graves (Wardinger y Ambati, 2022).
Si el envejecimiento de la placenta afecta severamente al bebé, el médico podría recomendar adelantar el parto mediante una inducción o cesárea programada. En estos casos, se intentará mantener al bebé el mayor tiempo posible en el útero hasta que crezca lo suficiente para minimizar las complicaciones al nacer (Wardinger y Ambati, 2022). El seguimiento constante mediante monitoreo y ecografías es fundamental para determinar el momento óptimo para el nacimiento del bebé (Hickman, 2024).
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Otras Alteraciones Placentarias
Aunque la placenta es crucial para el desarrollo del bebé, puede experimentar otros cambios durante el embarazo que podrían afectar la gestación:
- Placenta previa: También conocida como placenta de inserción baja, ocurre cuando la placenta se desarrolla parcial o completamente en la región inferior del útero, cubriendo el cuello uterino, lo que impide un parto vaginal normal. Puede ser necesaria una cesárea si persiste hasta el tercer trimestre. Se detecta por ultrasonografía durante el cuidado prenatal. Los síntomas incluyen sangrado vaginal indoloro, generalmente de color rojo brillante.
- Desprendimiento de placenta: La placenta se separa de la pared del útero, produciendo sangrado vaginal y cólicos abdominales fuertes. Puede ocurrir con mayor frecuencia a partir de la semana 20 de gestación y puede provocar un parto prematuro.
- Retención placentaria: La placenta permanece adherida a la pared uterina, resistiéndose a salir en el momento del parto.
- Infarto de placenta: Se produce por la presencia de trombosis, un taponamiento de algún vaso sanguíneo de la placenta, causando una disminución de la cantidad de sangre que llega al bebé.
- Placenta succenturiata: Es la división de la placenta en dos o más partes de diferentes tamaños, generalmente más pequeñas que la placenta principal. El principal riesgo es la imposibilidad de expulsar completamente todas las partes después del nacimiento, lo que aumenta el riesgo de hemorragia e infección materna.
Controversias sobre el Envejecimiento Placentario y la Inducción del Parto
Existe un debate sobre el concepto de "placenta envejecida" y su implicación en la decisión de inducir el parto. Algunos expertos, como la Dra. Sara Wickham, cuestionan la teoría de la insuficiencia placentaria como una falla rutinaria al final del embarazo, señalando que nunca ha sido probada con evidencia sólida.
Argumenta que, aunque el riesgo de muerte fetal a término aumenta ligeramente hacia el final del embarazo (de 0.1% a las 40-41 semanas a 0.5% a las 43 semanas), este riesgo absoluto es pequeño. Ella enfatiza que no hay evidencia lógica para creer que la placenta, un órgano fetal, envejezca mientras otros órganos fetales no lo hacen.
Algunos cambios morfológicos en la placenta, como la apoptosis (muerte celular programada), autofagia (reciclaje celular), nudos sincitiales y reducción de la longitud de los telómeros, se han interpretado como signos de envejecimiento. Sin embargo, estas interpretaciones son ambiguas:
- La disminución de la autofagia se ha asociado con el envejecimiento, pero no es una prueba concluyente.
- La apoptosis no solo es un signo de senescencia; también ocurre durante el desarrollo fetal y la adolescencia para mantener la homeostasis celular.
- Los nudos sincitiales pueden formarse para reforzar estructuralmente la placenta o como resultado del recambio celular, sin necesariamente indicar un problema apoptótico o de desprendimiento.
- La longitud de los telómeros, aunque implicada en el envejecimiento celular, no es un biomarcador definitivo del envejecimiento en humanos, y se requieren más estudios.
La calcificación de una placenta a término (alrededor de las 39-42 semanas) es parte de su apariencia normal y no tiene importancia clínica en un embarazo saludable. Sin embargo, la aparición de calcificación significativa al principio del embarazo sí se asocia con riesgos para la madre y el bebé. El concepto de placenta envejecida prematuramente sigue siendo una teoría, y es fundamental que las decisiones sobre inducción del parto se basen en una evaluación individualizada y en el consentimiento informado de la madre.
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