La mayoría de las madres que amamantan a sus bebés han notado alguna vez que el bebé muerde el pezón, cosa que puede resultar, además de dolorosa, desconcertante. Frente a un grito de dolor, es común obtener una mueca sonriente del bebé. Es fundamental saber que esta conducta, aunque molesta, es normal en los bebés y afortunadamente tiene solución. Morder es una situación habitual que puede formar parte de la lactancia y tan solo es necesario aprender a frenar el proceso y reconducir la situación para volver a disfrutar de la lactancia.

¿Por qué los bebés muerden al amamantar?
Existen muchas razones por las que los bebés pueden morder al tomar el pecho, y no siempre indican un problema grave.
La dentición
La razón más obvia es la dentición. Incluso varias semanas antes de que asomen los primeros dientes de leche (lo más habitual es que salgan entre los seis y los 15 meses, aunque hay algunos que ya tienen a los cuatro meses), las encías se hinchan y duelen, y el bebé comienza a morder todo lo que tiene a su alcance, incluyendo el pecho de mamá. Es un modo de aliviar sus molestias. Morder es algo que el niño suele hacer cuando los dientes aún no han aflorado porque entonces las molestias son mayores.
Las necesidades del bebé durante la dentición incluyen salivar más de lo habitual, tener las mejillas coloradas y calientes, y necesitar más dedicación o consuelo. También hay algunos que sienten la necesidad de morderse las manitas u otros objetos que tengan a su alcance.
Distracción y búsqueda de atención
Otras veces, el bebé muerde el pezón al notar a la madre distraída. A veces lo hacen para llamar la atención de la madre, para que le mire o haga caso mientras está al pecho. Sabemos que el momento de dar de mamar es un momento de gran conexión entre mamá y bebé, pero si la madre está haciendo otras cosas al mismo tiempo, el bebé puede reclamar con un mordisco.
Cuando el bebé muerde y mira a la madre, se ríe, espera una reacción. En ocasiones, cuando el bebé muerde recibe atención o incluso risas, lo que puede llevarlo a repetir el mordisco porque le hace gracia la reacción que produce y busca reclamar nuestra atención.
Problemas de salud
Un bebé puede morder durante una sesión de lactancia por problemas de salud como un resfriado o una infección de oído. Cuando la nariz está tapada, le resulta difícil tragar mientras amamanta, lo que puede generar incomodidad y que muerda. Si el bebé se está tirando de la oreja, es posible que tenga una infección de oído.
Agarre incorrecto o succión ineficaz
Cuando el mordisco es resultado de una mala succión o de un agarre incorrecto, la solución pasa por buscar otra postura o acudir a un especialista que pueda diagnosticar el problema de base. A veces, cuando asoman los primeros dientes, los bebés “olvidan” cómo deben coger el pecho para succionar. También si presentan dificultades de succión o agarre, el bebé va a buscar maneras de conseguir la leche que necesita y es posible que no se agarre del todo bien y puede dañar el pezón al cerrar la boca, simplemente por la presión que realiza con la encía.
Experimentación y desarrollo
No es extraño que a lo largo de la lactancia haya algún mordisco; suele suceder alrededor de los ocho meses, y forma parte de su desarrollo y experimentación. Muerde para ‘ver qué pasa’. Los bebés llevan todo aquello que quieren explorar a la boca durante sus primeros meses de vida. Chupar y, más adelante, morder le permiten al bebé conocer su entorno y sus capacidades.
Mordiscos involuntarios
Algunos bebés muerden de forma completamente involuntaria, de hecho, algunos bebés muerden cuando ya se han quedado dormidos. Los mordiscos involuntarios se producen cuando el bebé se duerme o se relaja mientras mama y cierra la boca de manera brusca. Si tenía el pezón en la boca, este puede quedar trillado. Esta situación también se puede experimentar antes de que el bebé tenga dientes. La salida de los dientes puede ocasionar indeseados mordiscos nocturnos.

¿Qué hacer cuando el bebé muerde?
Frente a un bebé que muerde al dar el pecho, existen estrategias para manejar la situación y corregir la conducta sin necesidad de un destete prematuro.
Reacción inmediata y gestión del dolor
La primera vez que un bebé muerde, lo más probable es que la madre no se lo espere en absoluto. Puede que la madre grite, se enfade o aparte al bebé. Es una reacción normal, de dolor, y, por tanto, es importante no sentirse culpable e intentar gestionarlo de forma diferente la próxima vez. Los dientes de los bebés, a pesar de ser muy pequeños, pueden ocasionar mucho daño al morder sobre una zona tan sensible como la mama. Como no tienen conciencia de lo que implica el mordisco, pueden emplear toda su fuerza en un modo de experimentar el contacto dental con el pecho de su madre.
Cómo anticiparse al mordisco
- Si es habitual que el bebé muerda al quedarse dormido, se le puede retirar el pezón de la boca con cuidado en el momento que la madre vea que se está durmiendo.
- Presta especial atención cuando tu hijo empiece o termine de mamar, cosa que puedes notar porque los movimientos de succión se espacian o también porque el pequeño empieza a quedarse dormido.
- Trata de estar atento a un indicio de que tu bebé está a punto de morder, generalmente después de que se haya satisfecho su hambre inicial, cuando sienta que su bebé se detiene y su mandíbula se tensa.
Estrategias para corregir la conducta
Establecer límites claros
Lo primero es marcar bien el límite con la expresión facial y la palabra. Un «no» dicho de forma muy firme y con cara seria hace maravillas, incluso con un bebé al que le falta mucho para poder hablar. Es bueno que lo hagamos nada más recibamos el primer mordisco. Adopta una actitud neutra; es mejor que la madre ni grite por el dolor ni se ría. Explícale que “si vuelve a morder, no hay pecho”.
Retirar el pecho temporalmente
Si el bebé muerde, retira suavemente el pezón y no le des el pecho por un ratito. Otra opción es retirarle el pecho de la boca, aunque podemos seguir manteniéndolo en nuestros brazos. Después podemos volver a ofrecerle el pecho, explicándole que no puede mordernos. Cuando tu bebé trate de morder mientras mama, introduce el dedo meñique en la comisura de sus labios para eliminar el vacío que se crea con la succión y aparta a tu hijo del pecho sin asustarlo pero con determinación. Si trata de morder otra vez, vuelve a soltarlo del pecho. Así aprenderá que morder tiene como consecuencia que lo apartes de tu pecho.
Si el bebé muerde el pecho y no nos suelta, podemos introducir con cuidado un dedo en el lateral de su boca para forzarlo a que la abra. Este movimiento puede hacerse incluso con el bebé dormido. Hay madres que colocan el dedo entre los dientes del bebé y el pecho cuando el bebé se va durmiendo; así, si el bebé cierra la boca, el mordisco se lo lleva el dedo que siempre duele menos que en el pecho.
Ofrecer alternativas para morder
Si notas que las mordidas coinciden con la etapa de dentición, ofrece al bebé un aro para morder, por ejemplo, para que pueda aliviar sus molestias. Un buen consejo para que tu bebé no te muerda el pezón durante la lactancia es darle suficientes opciones para morder fuera de las tomas. Por ejemplo, ofrécele un mordedor de caucho natural. Además, si metes el mordedor un rato en la nevera tendrá un efecto refrescante que le resultará muy agradable al niño. Asegúrate siempre de que esté limpio antes de utilizarlo. También puedes ofrecerle un mordedor frío (una toallita húmeda envuelta alrededor de un cubo de hielo o una paleta de agua helada hecha en casa) o un mordedor comercial.
Revisar la posición y el agarre
Siempre conviene revisar la postura de nuestro bebé cuando le damos de mamar y recolocarlo si la posición no es buena para evitar que esto sea una causa de que muerda el pezón. Recuerda que el bebé debe estar bien pegado al pecho, cuerpo contra cuerpo con el de la mamá y con la boca bien abierta, introduciendo en ella una buena porción del pecho. Corrige suavemente la prendida, ya que a veces, cuando asoman los primeros dientes, los bebés “olvidan” cómo deben coger el pecho para succionar. Colócalo de modo que el pezón apunte al paladar y espera a que tenga la boca bien abierta antes de abrazarlo rápidamente. Mantén su trasero cerca para ayudar a inclinar su cabeza hacia atrás. Evita que ponga boca de piñón como si succionara un espagueti porque con esa boquita cerrada es muy fácil morder.
Si el bebé está resfriado, revise el posicionamiento: es posible que su bebé deba estar más erguido para permitir que la congestión se drene más fácilmente y para respirar mejor.
Evitar castigos físicos
Nada de castigos físicos. Este tipo de castigos nunca son lo indicado: tu bebé sentirá miedo y probablemente llore, pero eso no corrige la mordida. Tampoco presiones el pecho contra su rostro para que abra mejor la boca, pues es otra manera indirecta de castigo. Es mejor evitar un castigo duro porque puede que eso provoque enfado y la consecuencia contraria que sea volver a hacerlo.
Mantener el contacto visual y la atención
Para evitar que siga pasando es necesario volver a centrarse en la toma; hablar con el bebé, jugar, no perder el contacto visual. Muchos mordiscos se producen por un reclamo de atención. Reconocemos que a medida que pasan los meses y la lactancia, la normalizamos como una acción casi mecánica y hacemos otras cosas mientras el bebé mama; estamos menos pendientes de lo que hacen.
Asegurar un flujo de leche constante
Mantener el flujo de leche puede ayudar. El bebé no puede morder si está succionando activamente. Si su bebé parece estar disminuyendo la velocidad, realice compresiones en los senos para aumentar el flujo, lo que le recordará succionar y tragar.
Manejo de heridas y grietas
Cuando hay grietas, una mastitis o cualquier otro problema en la lactancia, la madre sufre dolor. Estas heridas se infectan con mucha facilidad. Es vital que mantengas la higiene sobre estas heridas, realizando una limpieza a fondo dos o tres veces al día con agua y jabón neutro y secando la herida dando toques. Si los mordiscos en el pecho se convierten en un problema porque ocasionan grietas en los pezones, consulta con tu matrona o con una asesora de lactancia para que puedas volver a amamantar relajadamente.
¿Qué hacer si tu bebé te muerde la teta? 🦁Técnicas para evitar que tu bebé te muerda el pecho
¿El mordisco es señal de destete?
La realidad sobre el destete y los mordiscos
Es un consejo que escuchan muchas mamás: “tu bebé te muerde porque quiere comida, no leche”, “es la señal de que ya está bien de teta”… Sin embargo, el destete es una decisión que debes tomar con cuidado y no producto de la incomodidad de algunas mordidas. La realidad es que desconocemos la edad del destete en los humanos, ya que estamos condicionados por la sociedad y la cultura en la que vivimos. Pero si buscamos ayuda en otras disciplinas como la antropología, historia, etnología o etología, descubrimos que el destete en los humanos se debería producir entre los dos años y medio y los siete. Así pues, aún y con dientes, los bebés pueden seguir tomando el pecho. El destete rara vez es la respuesta cuando un bebé muerde.
Cuando a los bebés les salen los primeros dientes, muchas madres dejan de amamantarlos. Pero en realidad los dientes no son un motivo para iniciar el destete. La lengua cubre los dientes inferiores y realmente impide que el bebé dé un bocado. La mayoría de las veces los niños pequeños ya no muerden una vez que el diente ha salido, y cuando el diente se hace visible, suelen disminuir claramente el picor y la sensación de presión.
Destete temporal o "huelga" de lactancia
Debido al susto que le provoca al bebé el grito de la madre o su expresión de dolor, pueden llegar a destetarse. Esta situación es bastante habitual, un bebé puede no querer mamar después de este tipo de experiencias. Literalmente se asustan y no quieren repetir el incidente, por lo que dejan de mamar. Rechazan el pecho y todo contacto con él. Este tipo de destete o "huelga" puede ser temporal. No es lo ideal que un bebé de menos de un año se destete, así que con un poco de empeño el bebé suele volver a mamar.
Tan solo es necesario no forzarle a mamar; debe tener el pecho a pedir de boca pero no debemos ofrecerlo de manera directa ni ponerle en posición para mamar, especialmente si esto le incomoda. Es mejor “seducir”, intentar que se relaje cerca del pecho, que se reenamore… y, para eso, lo ideal es hacerle reír mucho, bañarse con él, hacerle cosquillas… y esperar, tener paciencia. Estos destetes o huelgas pueden durar de unos días hasta un mes.