El Rey David: Linaje, Vida y Legado

El rey David (c. 1040-966 a.C.), figura central del Antiguo Testamento, fue el segundo rey del reino unido de Israel. Se le describe como un rey justo, un gran guerrero, músico y poeta, tradicionalmente atribuido a muchos de los salmos reproducidos en el Libro de los Salmos. Su vida y gobierno se describen en los Libros de Samuel y Primera de Crónicas. La biografía de David es la más completa del Antiguo Testamento. En el Segundo Libro de Samuel, se dice que Dios estaba tan complacido con David al final de su vida que prometió que su linaje duraría para siempre.

El Linaje de David: Hijo de Isaí

David era el octavo y último hijo de Jesé o Isaí, miembro de una de las principales familias de la tribu de Judá. Isaí era un efrateo que vivía en Belén de Judá y se dedicaba a la agricultura. En tiempos de Saúl, Isaí era ya de edad muy avanzada y tenía ocho hijos. El linaje de David, descendiente de Boaz y de Rut, provenía de Judá a través de Pérez. Su madre no es mencionada específicamente, aunque algunos han creído que Nahás pudo haber sido la madre de sus medio hermanas. Belén, a unos 9 km al SSO. de Jerusalén, era el pueblo natal de David y el lugar donde habían vivido sus antepasados Jesé, Obed y Boaz.

Los Hermanos de David

Isaí tuvo ocho hijos. Sus tres hijos mayores, Eliab, Abinadab y Sama, habían marchado a la guerra con Saúl y eran soldados en el ejército de Israel. David, que era el menor, solía ir adonde estaba Saúl, pero regresaba a Belén para cuidar las ovejas de su padre.

  • Eliab: El primogénito, de apariencia imponente.
  • Abinadab: El segundo hijo.
  • Sama: El tercer hijo.
  • David era el menor de sus hermanos.
Árbol genealógico simplificado de la familia de Isaí hasta David

La Elección Divina: Unción de Samuel

El profeta Samuel fue enviado por Dios a la casa de Jesé en Belén para ungir a uno de sus hijos como el próximo rey de Israel, ya que el rey Saúl había perdido el favor divino por su desobediencia. Samuel, al recibir la instrucción divina, visitó a Isaí. Isaí presentó a sus hijos mayores, pero Samuel dijo a Isaí: «Jehová no ha elegido a estos». Después de ver a siete de ellos, Samuel preguntó si había algún otro hijo.

Isaí respondió: «Queda aún el menor, que apacienta las ovejas». Samuel dijo a Isaí: «Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí». Cuando David entró, era descrito como "rubicundo, un joven de hermosos ojos y gallarda apariencia". Entonces Jehová dijo: «Levántate y úngelo, porque este es». Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David.

Este episodio enseña que Dios valora el corazón y el carácter de las personas, y no su apariencia o posición. Jehová mismo afirmó: “He hallado a David hijo de Jesé, varón agradable a mi corazón, que hará todas las cosas que yo deseo”.

Juventud y Habilidades de David

Los años que David pasó como pastorcillo tuvieron una profunda influencia en el resto de su vida. La vida al aire libre le preparó para vivir como fugitivo y desarrolló destreza en lanzar piedras con la honda, así como aguante y valor. David no dudaba en matar a un oso o a un león cuando atacaban su rebaño.

Además de sus habilidades como guerrero, David alcanzó renombre por tocar el arpa y escribir poesía, talentos que cultivó durante las largas horas que pasó cuidando las ovejas. Se le conoce como diseñador de nuevos instrumentos musicales y el amor que David sintió por Jehová elevó sus composiciones muy por encima de un mero entretenimiento, convirtiéndolas en obras maestras clásicas dedicadas a la adoración y alabanza de Jehová. Los encabezamientos de al menos 73 salmos indican que David fue su compositor; sin embargo, también se le atribuyen otros salmos.

El Reino de David – La Saga de los Israelitas 01 – Junto a los ríos de Babilonia

David en la Corte de Saúl

Los relatos de David comienzan en 1 Samuel 15:28, describiendo cómo el rey Saúl perdió el favor de Dios y cómo Dios transfirió su bendición y presencia a David. Se dan varias razones para la pérdida de la bendición divina por parte de Saúl, incluyendo su desobediencia y decisiones tácticas imprudentes. Dios envió un espíritu maligno para atormentar a Saúl, y sus siervos le sugirieron que llamara a David, quien sabía tocar el arpa.

Un consejero de Saúl describió a David no solo como “diestro en tocar”, sino también como “valiente y poderoso y hombre de guerra y persona que habla con inteligencia y hombre bien formado, y Jehová está con él”. Saúl así lo hizo, y designó a David como uno de sus escuderos y arpista personal para aliviar su ansiedad espiritual. Así, David se convirtió en el arpista del atribulado Saúl y en su escudero. Más tarde, por razones que no se registran, David volvió a la casa de su padre por un período indeterminado.

David y Goliat

La historia de David y Goliat en 1 Samuel 17 es una obra maestra literaria. Isaí envió a David al campamento de guerra para llevar provisiones a sus hermanos, que estaban en el ejército de Israel enfrentando a los filisteos. El filisteo Goliat de Gat, un gigante de casi tres metros de altura, desafiaba a los israelitas a enviar a su propio guerrero para decidir la guerra en combate singular.

Cuando David llegó al campamento, oyó las palabras de Goliat, que desafiaba e insultaba al ejército y al Dios de Israel. David se indignó y preguntó: «¿Quién es este filisteo incircunciso para que tenga que desafiar con escarnio a las líneas de batalla del Dios vivo?». Ante la falta de valor de los demás, David se presentó ante Saúl y le aseguró que él sí lo enfrentaría. Explicó que, mientras cuidaba las ovejas de su padre, había enfrentado y vencido tanto a leones como a osos que atacaban el rebaño, y que del mismo modo podría derrotar al gigante. Saúl finalmente lo deja luchar.

David se negó a usar la armadura de Saúl. En cambio, eligió un bastón, una honda y cinco piedras para enfrentarse a Goliat. Confiando plenamente en el Señor, David lanzó una piedra con su honda e hirió al filisteo en la frente, quien cayó en tierra. Entonces corrió, tomó la espada de Goliat y le cortó la cabeza. Los filisteos huyeron aterrorizados y los israelitas obtuvieron una gran victoria. Con piedra y honda, el muchacho de Belén venció al gigante y Dios fue exaltado. Por esta hazaña, David pasó de ser un joven pastor de ovejas a ser un guerrero victorioso, aplaudido y reconocido como héroe por toda una nación.

Curiosamente, tras esta victoria, Saúl preguntó: «¿De quién eres hijo, joven?». David respondió: «Soy hijo de tu siervo Isaí de Belén». Esta pregunta sugiere que Saúl no parecía recordar a David, a pesar de su anterior servicio como músico en la corte, lo que ha llevado a algunos eruditos a considerar que estas narrativas podrían pertenecer a diferentes períodos literarios.

La Furia de Saúl y la Huida de David

Tras esta victoria, el rey Saúl nombró a David comandante de uno de sus ejércitos y le ofreció a su hija Mical como esposa. David tuvo un gran éxito en muchas batallas, y las mujeres que regresaban de la batalla cantaban con alegría: «Saúl ha matado a sus miles, y David a sus diez miles». Poco a poco, la popularidad de David despertó el temor de Saúl: «Ahora solo falta que él sea el reino». Saúl empezó a «mirar a David [...] con sospecha desde aquel día en adelante».

Por dos veces, Saúl arrojó una lanza con la intención de clavar a David en la pared mientras este tocaba el arpa, pero en ambas ocasiones Jehová lo libró. Saúl había prometido su hija a quien matase a Goliat, pero luego se mostró reacio a dársela a David. Finalmente, consintió en que David se casase con su segunda hija, Mical, a cambio de «cien prepucios de los filisteos», una petición irrazonable que Saúl creyó que significaría la muerte de David. Sin embargo, David duplicó la dote, presentando doscientos prepucios, y se casó con Mical.

La envidia de Saúl creció, y cuando David tocaba de nuevo ante él, el rey procuró clavarle en la pared por tercera vez. David huyó al amparo de la noche, comenzando un período de años en los que vivió como fugitivo. Se refugió con el profeta Samuel en Ramá, luego en la ciudad filistea de Gat, deteniéndose en el camino para ver al sumo sacerdote Ahimélec en Nob, donde obtuvo la espada de Goliat. Para salir con vida de Gat, tuvo que fingir locura. Los Salmos 34 y 56 de David se basan en esta experiencia.

Luego huyó a la cueva de Adulam, donde su familia y unos cuatrocientos hombres desafortunados y angustiados se unieron a él. David continuó en constante movimiento, desde allí hasta Mizpé, en Moab, y después volvió al bosque de Héret, en Judá. Saúl persiguió a David incansablemente, pero en varias ocasiones, David tuvo la oportunidad de matar a Saúl y le perdonó la vida, demostrando su respeto por «el ungido de Jehová».

Mapa de los lugares donde David fue fugitivo

David como Rey de Israel

Saúl y Jonatán murieron durante una batalla contra los filisteos en el monte Gilboa. David lamentó sus muertes profundamente, componiendo una endecha titulada “El arco”. Luego subió a Hebrón, donde los ancianos de Judá le ungieron rey sobre su tribu en 1077 a. E.C., cuando contaba treinta años. Reinó en Hebrón durante siete años y medio. En el norte, Isboset, hijo de Saúl, intentó gobernar las tribus del norte de Israel, lo que llevó a una guerra civil entre David e Isboset hasta que este último fue asesinado.

Tras la muerte de Isboset, las tribus del norte se unieron a Judá, y David fue ungido rey sobre todo Israel, con una fuerza que ascendía a 340.822 hombres. David gobernó el Reino de Judea entre c. 1010 y 1003 a. C. desde su primera capital, Hebrón, y cuando se convirtió en rey del Reino unificado de Israel entre c. 1003 y 970 a. C., trasladó la capital a Jerusalén.

Jerusalén: Capital del Reino y Centro Religioso

David conquistó la fortaleza jebusea, «la ciudadela de Sión», que se encontraba estratégicamente entre los dos reinos unidos y nunca había sido capturada por los israelitas. Hizo que el Arca de la Alianza se colocara en un santuario de tiendas en la ciudadela de Sión para conectar a Yahvé con el lugar, y erigió un altar de holocaustos en una era al norte de la ciudadela. Jerusalén, situada fuera de las zonas de interés tanto de Judea como del Reino del Norte, se convirtió en su residencia independiente, "la ciudad de David", y el centro religioso-cultual de su reino.

El mayor logro político de David fue la creación de una nación unida y poderosa, de carácter marcadamente teocrático. Gracias a una decidida política exterior expansionista, David logró extender los límites de su reino desde el mar Mediterráneo hasta el río Éufrates, y desde el Líbano hasta el Mar Rojo, tras someter a los pueblos vecinos. En política interior, desarrolló una intensa labor unificadora y centralizadora, plasmada en la constitución de una clase de funcionarios, la creación de un ejército profesional y, sobre todo, la elección de Jerusalén como capital política y centro religioso de Israel.

La Promesa Divina y el Templo

David se dio cuenta de que vivía en una casa de cedro, pero el arca de Dios en una tienda, por lo que se dispuso a construir una casa para Dios. Sin embargo, Dios le impidió hacerlo, indicándole que Él le construiría una casa, no una estructura física, sino una dinastía que culminaría con Uno que reinaría por los siglos de los siglos. La construcción del templo recayó en el hijo de David, Salomón. Más tarde se reveló que Dios impidió a David construir el templo en parte porque era un hombre de guerra y había derramado mucha sangre.

David recibió con gran gozo y gratitud la promesa que Dios le hizo de una casa eterna. Comprendió que uno de sus descendientes sería también su Señor, lo cual expresó en el Salmo 110: «Dice el SEÑOR a mi Señor: “Siéntate a Mi diestra, hasta que ponga a Tus enemigos por estrado de Tus pies”».

Defectos y Consecuencias: Betsabé y Urías

El reinado de David, sin embargo, se vio empañado por sus debilidades pecaminosas, que le produjeron consecuencias nocivas para su familia, para él mismo y su pueblo. David cometió adulterio con la bella Betsabé, hija de Elián y futura madre del rey Salomón, esposa de Urías el hitita, mientras su esposo se encontraba luchando contra los amonitas. Betsabé era la "hija de Eliam", una de los "treinta" de David, y su abuelo fue Ahitofel de Gilo, uno de los principales consejeros de David.

Betsabé quedó embarazada, y David, en un acto despiadado, planeó y ordenó la muerte de Urías, enviándolo a la batalla más encarnizada y ordenando a Joab que se retirara para que muriera. Urías el hitita murió. David se casó con Betsabé y ella le dio un hijo, pero “lo que David había hecho era malo a los ojos del Señor”. El profeta Natán confrontó a David, acusándolo de adulterio y asesinato. Natán declaró que Dios castigaría al rey con un régimen difícil, y que el hijo nacido de Betsabé no viviría. El Señor provocó que una grave enfermedad azotara al niño, y aunque David oró y ayunó severamente, el niño murió.

La reacción de David fue de humildad: «He pecado contra el Señor». Natán le informó de que sus pecados estaban perdonados, pero el hijo fruto del pecado moriría. Al séptimo día, el hijo murió, y la respuesta de David fue sorprendente. En lugar de amargarse u odiar a Dios, David se levantó y «entró en la casa de Yahveh y se postró» (v. 12:20). El pasaje también registra que «David consoló a Betsabé su mujer: fue y se acostó con ella; dio ella a luz un hijo y se llamó Salomón» (v. 12:24).

Problemas Familiares y Sucesión

Las tensiones entre las diferentes tribus hebreas y las intrigas palaciegas urdidas por sus numerosas esposas e hijos empañaron el reinado de David. La Casa de David experimentó malas noticias que comenzaron con la violación de la hija de David, Tamar, por parte de su hermanastro, Amnón. Dos años después, el príncipe Absalón, hermano de Tamar, ejecutó su venganza, emborrachó a Amnón y luego hizo que sus hombres lo asesinaran. Absalón huyó a Gesur y regresó tres años después con otro plan para robar el trono de David. A medida que la conspiración de Absalón crecía, David huyó de sus fuerzas, pues no quería matar a su hijo.

Finalmente, las fuerzas de David se enfrentaron a las de Absalón y, al huir, «el cabello de Absalón se enredó en el árbol» (v. 18:9). Joab, el comandante de David, lo mató, desobedeciendo las órdenes de David. Cuando la noticia de la victoria llegó a David, no se regocijó, sino que lamentó la muerte de su hijo: "¡Absalón, hijo mío! ¡Absalón, hijo mío, hijo mío! ¡Ojalá hubiera muerto yo en tu lugar!"

Cuando David envejeció y quedó postrado en cama, Adonías, su hijo mayor sobreviviente y heredero natural, se autoproclamó rey sin consultar al profeta Natán. Betsabé y Natán temieron ser asesinados por Adonías y fueron a David, argumentando que Salomón debía convertirse en rey, como David había prometido anteriormente. Es a Salomón a quien David da sus últimas instrucciones, incluyendo la promesa del Señor de que su linaje y el de Salomón heredarían el trono de Israel para siempre.

Legado y Trascendencia

David reinó durante 40 años, un período conocido como "La Edad de Oro" de Israel. El mayor logro político de David fue la creación de una nación unida y poderosa. En la esfera religiosa destacan sus composiciones poéticas y el proyecto de construir un gran templo en Jerusalén para albergar el Arca de la Alianza, edificio que habría de erigir su sucesor en el trono.

La trascendencia de la obra davídica propició que la figura del monarca fuese muy pronto idealizada por el pueblo hebreo como modelo mesiánico, arquetipo que fue posteriormente adoptado por el cristianismo al presentar a Jesucristo como descendiente de David -«el árbol de Jesé»- e identificar a la Iglesia con «el nuevo Israel». David es, por tanto, una de las figuras más importantes de la historia de Israel.

En el Antiguo Testamento, el término «mesías» se utiliza para referirse al rey ungido de la casa de David, elegido e instalado por Dios. Según el Nuevo Testamento, Jesucristo pertenece al linaje de David y es descrito como su heredero, «el León de la tribu de Judá» y «la Raíz de David». En el islam, David es profeta y rey de una nación, recordado por su elocuencia y sus hermosas recitaciones de la palabra de Dios.

David fue un valiente luchador en el campo de batalla y supo aguantar dificultades. Este caudillo y comandante audaz, que nunca se dejó intimidar, tuvo la suficiente humildad para reconocer sus errores y arrepentirse de sus graves pecados.

tags: #de #quien #era #hijo #el #rey