La hidratación es un aspecto fundamental para la salud de los más pequeños, y es común que surjan dudas sobre la cantidad de agua que deben ingerir, especialmente en bebés lactantes. Aunque pueda parecer una pregunta sencilla, es crucial conocer la información adecuada para asegurar un desarrollo óptimo.
El agua es un elemento básico en nuestra vida diaria y el 70% del cuerpo de un bebé de 0-24 meses se compone principalmente de este líquido. Los bebés y los niños, por su propia fisiología, tienen unas condiciones particulares de hidratación que se deben tener en cuenta al ofrecerles agua.
La Importancia del Agua en el Desarrollo Infantil
El agua es esencial para todas las funciones que se desarrollan en el cuerpo humano. La ingesta de agua tiene que ser suficiente para equilibrar las pérdidas que se realizan por orina, heces y evaporación, y poder mantener así un adecuado estado de hidratación en los tejidos del organismo. Las necesidades difieren según las condiciones ambientales (temperatura, humedad ambiental, etc.) y el grado de actividad física, siendo también variables entre individuos. La edad es uno de los factores de influencia en los diferentes requerimientos de este nutriente.
La fisiología del bebé cuenta con algunas particularidades, como una menor capacidad de sudoración y de eliminación de sustancias de desecho por vía renal, a diferencia del adulto. Estas condiciones deben tenerse en cuenta al calcular las necesidades de agua de los bebés. A ello se añade la posible dificultad de los pequeños para expresar la sensación de sed, por lo que su ingesta de agua puede parecer una cuestión compleja.

Hidratación en los Primeros Meses de Vida
Hasta los 6 meses: Lactancia materna exclusiva
La Organización Mundial de la Salud (OMS), la Academia Americana de Pediatría (AAP) y el Comité de Lactancia de la Asociación Española de Pediatría (AEP) recomiendan la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses de vida. Durante este periodo, el bebé no necesita agua adicional. Esto se debe a que el 88% de la leche materna es agua y posee todo lo necesario para saciar la sed y el apetito del bebé, incluso en ambientes muy calurosos o si tiene fiebre. En estas situaciones, la mejor opción es ofrecer el pecho con más frecuencia, o en su defecto, biberón con leche artificial.
No se recomienda dar agua a los bebés menores de seis meses, ya que al beber agua pueden dejar de mamar lo suficiente y disminuir la ingesta de nutrientes. Si se llenara su pequeño estómago con solo agua, se correría el riesgo de desnutrirle, pues no dejaría espacio para los nutrientes esenciales.
Bebés con fórmula infantil antes de los 6 meses
En el caso de los bebés que toman fórmula infantil antes de los 6 meses, se les debe ofrecer agua, además de la utilizada para la preparación de las mamaderas, siempre de acuerdo con la orientación del pediatra. Los biberones con leche de fórmula se preparan siguiendo las indicaciones del fabricante, que incluyen añadir agua. Es importante destacar que si el agua del grifo es potable, se debe hervirla unos dos minutos para garantizar su seguridad.
A partir de los 6 meses y con alimentación complementaria
Alrededor de los seis meses, se inicia la introducción de nuevos alimentos diferentes a la leche. Aunque la leche (materna o artificial) debe seguir siendo la principal fuente de nutrientes durante el primer año, a partir de esta edad se puede ofrecer agua al bebé varias veces al día. La cantidad que el niño tomará dependerá de su sed.
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) estima que las necesidades de agua para bebés y niños pequeños son de entre 0.8 a 1 litro al día, incluyendo todas las fuentes de la dieta. Estos valores incluyen el agua de bebida y otros líquidos como zumos, caldos, batidos o infusiones, así como el agua presente en los alimentos. Las bebidas representan alrededor del 80% de la ingesta, mientras que el 20% restante procede de los alimentos.
Al iniciar la alimentación complementaria, no es necesario añadir agua adicional si la lactancia materna o artificial sigue siendo el sustento principal. Además, los alimentos que se van incorporando, como las verduras y las frutas, también aportan agua. Solo en casos de lactancia artificial y una alimentación complementaria inadecuada (por ejemplo, papillas de cereales procesados azucarados) podría justificarse ofrecer agua adicional. Las infusiones, por otro lado, están siempre desaconsejadas.
Requerimientos de Agua para Niños de 1 a 3 Años (incluido un bebé de 14 meses)
A medida que los bebés crecen y se acercan al año, la cantidad de agua que demanda su organismo para su correcto funcionamiento y desarrollo aumenta. Para los niños entre 1 y 3 años, que es el rango de edad al que pertenece un bebé de 14 meses, necesitan tomar alrededor de 1,3 litros de agua o de líquidos al día. De esta cantidad, 900 ml deben ser de agua pura y de las comidas como guisos o sopas.
A partir del año, la alimentación de muchos niños se compone de leche (materna o de vaca) y una amplia variedad de alimentos ricos en agua, como frutas y verduras. Es importante recordar que los niños saben autorregularse en los alimentos que necesitan. El mecanismo de la sed, aunque no tan afinado como en los adultos, les impulsa a beber o pedir agua. No es necesario obsesionarse en el control de cantidades exactas, ya que dependerá de cada bebé y de la alimentación que lleve.
A medida que se hacen mayores, se aconseja insistir más en que beban agua. Esto podría suponer que el niño beba unos 4 o 5 vasos de agua diarios, aunque la sed que manifieste es la mejor manera de cubrir sus necesidades. Es fundamental evitar otras bebidas como zumos y bebidas azucaradas, consumiéndolas solo de forma ocasional y en pequeñas cantidades, si acaso.
¿QUÉ PODEMOS HACER PARA CUIDAR EL AGUA? 🌎💧💡
Cómo y Qué Agua Ofrecer al Bebé
Ofrecer el agua en un vaso o en el biberón es lo ideal, nunca directamente de la botella, ya que esto puede propiciar infecciones. Desde que empiezan con la alimentación complementaria, los bebés son capaces de sostener un vasito adaptado y llevárselo a la boca, lo cual también ayuda a evitar el uso prolongado del biberón, que puede generar problemas en la dentición y no favorece el desarrollo de la musculatura bucal.
El agua para el bebé siempre debe ser filtrada, tratada con cloro o hervida antes de que el bebé la consuma. Estos cuidados ayudan a prevenir infecciones que pueden causar fiebre, diarrea o vómitos. En cuanto a si ofrecer agua del grifo o mineral, la clave está en la calidad del agua. Si el agua del grifo es buena, no hay necesidad de dar embotellada. Si se opta por agua embotellada, lo ideal es que sea de mineralización débil y baja en sodio.
El vaso de agua con tetina que se use para el bebé debe lavarse con la misma frecuencia que el resto de vasos de la familia.
Signos de Deshidratación y Situaciones Especiales
La deshidratación es el proceso de pérdida de agua corporal y puede ser causada por vómitos o diarrea, sudoración excesiva o una ingesta insuficiente de líquidos. En los niños, es crucial estar atentos a los signos que indican deshidratación:
- Sequedad de labios y boca
- Que el niño lleve varias horas sin orinar
- Ojos hundidos
- Debilidad en general
- Menor número de pañales mojados (menos de 6-8 pañales mojados al día)
- Letargo
- Fontanela hundida (en lactantes)
Por el contrario, si el niño está contento, produce lágrimas al llorar y orina con regularidad, es señal de que está bien hidratado.
Resulta esencial asegurar una adecuada hidratación en las siguientes situaciones:
- Temperatura ambiental elevada: Cuando supera los 30ºC y la humedad ambiental es baja, las pérdidas de agua por evaporación se multiplican. Hay que ofrecerla con más frecuencia.
- Diarreas y gastroenteritis: Las pérdidas de agua son mucho mayores. Es recomendable ofrecer soluciones de rehidratación oral a menudo, ya que facilitan la absorción de agua y contienen sales minerales necesarias para reponer las pérdidas.
Alimentos que Contribuyen a la Hidratación
Sin duda alguna, el agua pura es la mejor opción para mantener una correcta hidratación. Sin embargo, muchos alimentos también contribuyen significativamente a la ingesta de líquidos:
- Frutas y hortalizas: Están compuestas en un altísimo porcentaje por agua y tienen un elevado contenido de sustancias protectoras para la salud, como vitaminas, minerales, fibra y compuestos antioxidantes.
- Lácteos: También pueden contribuir a la hidratación.
- Comidas como guisos y sopas: Aportan una cantidad considerable de agua.
Las necesidades de agua también varían en función del tipo de alimentación del niño. Si consume demasiados alimentos proteicos y ricos en sodio (carnes, precocinados, embutidos, etc.), el niño requerirá una mayor cantidad de agua para facilitar la excreción urinaria de los productos de desecho de su metabolismo. Por ello, la ingesta de alimentos ricos en estos nutrientes debe ser comedida en la infancia, recomendándose un máximo de dos raciones de alimentos proteicos al día y un consumo moderado y ocasional de alimentos ricos en sodio.

Hidratación en Madres Lactantes
La lactancia materna es exigente para el cuerpo de la madre, y la mayoría experimenta un aumento de la sed. Una hidratación adecuada es fundamental, ya que la leche materna se compone de aproximadamente un 90% de agua. Una buena hidratación garantiza que el cuerpo pueda producir suficiente leche de alta calidad para alimentar al bebé, aportando nutrientes esenciales, vitaminas y minerales.
Las madres lactantes deben esforzarse por beber alrededor de 16 vasos de líquido al día, incluyendo agua, otras bebidas y alimentos húmedos. Una pauta sencilla es beber un vaso lleno de agua cada vez que se amamanta al bebé. La deshidratación puede exacerbar la fatiga, mareos y confusión en la madre, y aunque es poco probable que el bebé se deshidrate si la madre no bebe suficiente agua (el cuerpo prioriza la producción de leche), la deshidratación crónica o grave de la madre sí puede disminuir la producción de leche.
Consejos para madres lactantes para mantenerse hidratadas:
- Beber un vaso de agua cada vez que se amamanta: Acostumbrarse a esta práctica.
- Llevar una botella de agua reutilizable: Tener agua cerca para ir tomando sorbos a lo largo del día.
- Atender a la sed: Es la señal natural del cuerpo para hidratarse, pero es mejor no esperar a sentirla.
Es importante saber que el consumo excesivo de cafeína puede inquietar al bebé o afectar su sueño, el alcohol puede pasar a la leche materna y algunos edulcorantes artificiales no son recomendables durante la lactancia.
En resumen, la mejor forma de mantener una producción de leche sana y asegurar el bienestar tanto de la madre como del bebé es beber suficientes líquidos y alimentar al bebé con frecuencia.