Biografía de José Hernández

José Rafael Hernández y Pueyrredón, conocido simplemente como José Hernández, nació el 10 de noviembre de 1834 en la Chacra de Pueyrredón, actual Villa Ballester (partido bonaerense de General San Martín), en la Provincia de Buenos Aires. Fue hijo de don Rafael Hernández y de doña Isabel Pueyrredón. Su vida fue un reflejo de la turbulenta Argentina del siglo XIX, destacándose como poeta, periodista, orador, comerciante, contador, taquígrafo, estanciero, soldado y político. Es mundialmente reconocido por su obra maestra, el poema narrativo "El Gaucho Martín Fierro", una pieza canónica de la literatura gauchesca y uno de los textos fundamentales de la identidad argentina, cuya publicación en 1872 se convirtió en un acto de denuncia social sobre la marginación de los gauchos, al tiempo que exaltó su vida, costumbres y valores.

Infancia y formación en el campo

La infancia de José Hernández estuvo profundamente marcada por la vida rural. De pequeño, estuvo al cuidado de tíos y abuelos mientras sus padres trabajaban en el campo. A los nueve años, tras el fallecimiento de su madre en 1843, y debido a una afección respiratoria, su padre, mayordomo en un establecimiento ganadero, lo llevó como su ayudante a los campos bonaerenses. Estudió brevemente en el Liceo Argentino de San Telmo y en el colegio del señor Pedro Sánchez, pero una enfermedad del pecho le hizo abandonar Buenos Aires y reunirse con su padre en un campo de Camarones.

Allí, en «Camarones» y en «Laguna de los Padres», el joven Hernández se hizo gaucho. Su hermano y biógrafo, Rafael Hernández, escribió: “Allá, en «Camarones» y en «Laguna de los Padres» se hizo gaucho, aprendió a jinetear, tomó parte en varios entreveros, rechazando malones de los indios Pampas, asistió a las volteadas y presenció aquellos grandes trabajos que su padre ejecutaba y de que hoy no se tiene idea. Ésta es la base de los profundos conocimientos de la vida gaucha y su amor al paisano, que desplegó en todos sus actos. Ved ahí, por ambas líneas, el génesis patriótico y gauchesco fundido en Martín Fierro”. Esta experiencia fue fundamental para su conocimiento del mundo rural, de la realidad del hombre de campo y para impregnarse de las costumbres, la mentalidad, el lenguaje y la cultura gaucha.

Vida de campo en la Pampa argentina del siglo XIX

Carrera militar y política

La vida de Hernández estuvo ligada a las agitaciones políticas del país entre 1852 y 1872. Después de la batalla de Caseros (1852) y la caída de Juan Manuel de Rosas, se vio involucrado en las luchas que dividieron a Argentina. A los diecinueve años ingresó al ejército, formando parte de las milicias del Estado de Buenos Aires, donde llegó a ocupar el grado de teniente. De convicciones federales, se unió al gobierno de la Confederación, enfrentado con Buenos Aires, defendiendo la postura de que las provincias no debían permanecer ligadas a las autoridades centrales porteñas.

Participó activamente en la batalla de Cepeda (1859) junto a Justo José de Urquiza y en Rincón de San Gregorio contra las fuerzas del coronel rosista Hilario Lagos. Posteriormente, se retiró del ejército y obtuvo el cargo de oficial de contaduría, desempeñándose también como taquígrafo del Senado. Volvió a luchar con las tropas confederadas que sufrieron la derrota de Pavón (1861). Ascendió a Sargento Mayor efectivo del Ejército Nacional, título que jamás reclamó de los gobiernos posteriores que combatió. Para 1856, algunas fuentes lo sitúan en Paraná, trabajando como empleado de comercio.

Su compromiso político lo llevó a ser un férreo defensor del federalismo. Se desempeñó como diputado provincial y senador por Buenos Aires. Tomó parte activa con Dardo Rocha en la fundación de La Plata y, siendo presidente de la Cámara de Diputados en 1880, defendió el proyecto de federalización por el que Buenos Aires pasó a ser la capital del país. Adhirió al proyecto de federalización de la ciudad de Buenos Aires, mostrando sus ideas en notables conferencias en el teatro Variedades. Su famoso debate con el doctor Alem en 1880 sobre la cesión de Buenos Aires para capital de la República, lo llevó a decir que era como “forjar el acero para hacer invencible la Nación, y poner el sello a la obra iniciada en 1810”.

Por su militancia y apoyo a la rebelión de López Jordán, debió exiliarse en Brasil, donde vivió también en Entre Ríos y Rosario, y en Montevideo (Uruguay). En 1870, al fracasar una revolución, tuvo que volver a Brasil. Regresó en 1872, gracias a una amnistía que incluía la prohibición de ejercer el periodismo. Sin embargo, en 1875 retornó definitivamente a Argentina.

Periodismo y literatura

Hernández inició su carrera periodística en "La Reforma Pacífica", órgano del Partido Reformista. Colaboró en varios diarios como "El Argentino" de Paraná y "La Patria" de Montevideo. En 1869, fundó el periódico "El Río de la Plata", desde cuyas columnas defendió a los gauchos y denunció los abusos sufridos por ellos, así como los cometidos por las autoridades de la campaña. También fundó el diario "El Eco" de Corrientes, cuyas instalaciones fueron destruidas por adversarios políticos. En este diario, cuya administración Sarmiento "mató de un golpe", fue co-redactor el ilustrado Agustín de Vedia y colaboraron figuras como Navarro Viola, José Tomás Guido y Vicente G. Quesada. Fue un destacado periodista que defendió su visión del estado y la forma de vida de los gauchos.

En el ámbito literario, aunque en sus inicios intentó la poesía culta, fue a través de la escritura de corte popular donde alcanzó el éxito. El 8 de junio de 1863 se casó con Carolina del Solar y tuvieron siete hijos. Ese mismo año fue asesinado el caudillo riojano que le inspiró la serie de artículos recopilados con el título de "Vida del Chacho. Rasgos biográficos del general Ángel Vicente Peñaloza". En ese texto, considerado su primer enfrentamiento con Domingo Faustino Sarmiento, mostró su calidad como cronista y su notable capacidad para la polémica.

Obligado al exilio en el sur de Brasil, escribió los primeros versos de "El gaucho Martín Fierro" (1872), que completó y publicó a su regreso a Buenos Aires. El 28 de noviembre de 1872, el diario "La República" anunció su salida y en diciembre lo editó la imprenta La Pampa. Su éxito editorial entre los habitantes de la campaña fue rotundo y lo llevó, en 1879, a continuarlo con "La vuelta de Martín Fierro". Este poema narrativo se convirtió en un acto de denuncia social sobre la marginación que sufrían los gauchos, exaltando su vida, sus costumbres y valores, presentándolos como verdaderos representantes de la identidad argentina.

Portada original de El Gaucho Martín Fierro

La obra de Hernández llevó a la literatura la vida de un gaucho contándola en primera persona, con sus propias palabras e imbuido de su espíritu. "El gaucho Martín Fierro" es considerado uno de los libros fundacionales de la literatura nacional.

"Martín Fierro" y su legado

La vida de José Hernández tuvo un papel fundamental en la configuración de su obra maestra. Criado en el campo, entre gauchos, en plena lucha con la tierra y los peligros que significaban los indios y los maleantes, su formación cultural fue autodidacta. Cuando Hernández escribió el Martín Fierro, la poesía gauchesca ya estaba consolidada como género literario. Se definía por un conjunto de fórmulas, tópicos y temas: el predominio de la forma del "diálogo", que reunía rasgos gauchescos como el ritual del encuentro, las fórmulas de salutación, alusiones a los aparejos del caballo, el ofrecimiento de mate, tabaco y bebida, o quejas sobre la situación política o personal. Estas quejas servían como punto de partida del relato, construido sobre motivos políticos o asuntos personales con trasfondo político.

Todas estas características aparecen ya en los "Diálogos patrióticos" de Bartolomé Hidalgo, en la poesía antirrosista y antiurquicista de Hilario Ascasubi y en el "Fausto" de Estanislao del Campo. Sin embargo, "Martín Fierro", aunque beneficiario de esta tradición, rompe los moldes del género. El tradicional encuentro y diálogo son reemplazados por un monólogo que modifica radicalmente las figuras del emisor y receptor del poema, reproduciendo la situación del antiguo gaucho cantor que, ante un auditorio de oyentes analfabetos, cuenta con su guitarra sus desgracias.

El protagonista comienza presentándose y narrando sus relaciones con el medio, su familia y sus tareas. Esta armonía se quiebra con la leva forzosa, que lo obliga a marchar a la frontera con el indio. Ello significa la disolución de la familia, el desarraigo y muchos pesares. La amistad con el gaucho Cruz atenúa en parte los amargos sentimientos que causan en Fierro las injusticias y las violencias que presencia o protagoniza. En la segunda parte, se produce el reencuentro con sus hijos, víctimas de abusos, a quienes aconseja llevar una vida honrada y de trabajo.

La obra presenta pequeñas rupturas formales. Mientras la primera parte puede leerse como un alegato contra los abusos de la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, en la segunda, realizada siete años más tarde, la dureza se rebaja y deja lugar a un cuadro más matizado y complejo del mundo rural. El poema, como casi toda la literatura gauchesca, está escrito en octosílabos (7210 versos), pero no agrupado en las tradicionales décimas o cuartetas, sino en sextinas, estrofas de seis versos que posibilitan la división en pares, dándoles mayor proximidad con el lenguaje gauchesco.

"El gaucho Martín Fierro" tuvo un gran éxito editorial en su día, pero poca repercusión entre la crítica literaria, que era casi inexistente entonces. Los ardores nacionalistas vividos con la celebración del primer centenario de la Revolución de Mayo reflejaron, entre otras formas, la revalorización de la obra por parte de Leopoldo Lugones y Ricardo Rojas. Desde esa fecha se convirtió en un clásico, y Jorge Luis Borges y Ezequiel Martínez Estrada, entre otros, le dedicaron su atención.

El Gaucho en la Literatura 📝 con Matias Casas

Otras obras y el Día de la Tradición

A lo largo de su carrera, José Hernández publicó otros títulos además de las dos partes de Martín Fierro, como "Los treinta y tres orientales" e "Instrucción del Estanciero. Tratado completo para la plantación y manejo de campo destinado a la cría de hacienda vacuna, lanar y caballar" (1882). Este último libro, a pesar de su título específico, tiene un marcado cariz político. El gobierno ni siquiera suscribió un ejemplar del importante libro. Hernández, con gran capacidad autodidacta, pronto se convirtió en instructor del estanciero para quien trabajaba.

En sus notas, discursos y poemas, abordó la cuestión del indígena y del gaucho, y criticó las ideas “civilizadoras” de Sarmiento. Por su gran creación, ese paradigma de la literatura gauchesca que es Martín Fierro, con lecciones de vida que no perecen, y por haber nacido el 10 de noviembre, esa fecha permitió, muchos años después, fijar la celebración del Día de la Tradición. Este día se hizo oficial en 1939, cuando el Congreso aprobó la Ley N.º 4756, reconociendo el pedido de la Agrupación Bases, que expresaba las ideas del periodista y poeta costumbrista Francisco Timpone, para homenajear y celebrar las tradiciones gauchas en la Provincia de Buenos Aires.

Rasgos personales y legado final

José Hernández era un hombre de formas atléticas, con una fuerza colosal. Su físico imponente era descrito por un amigo como "tenía, más o menos, el cuerpo de dos hombres… Era un coloso". Una parienta, exagerando un poco, lo recordaba como "el hombre más grueso que tengo conocido". Tenía una cabeza poderosa, pelo negro, lacio y espeso, y ojos que miraban con serenidad, bondad y firmeza. Poseía una memoria prodigiosa, capaz de recordar páginas enteras y de improvisar versos y discursos con agilidad mental.

Le encantaba la vida en sociedad, las tertulias y el diálogo ingenioso. Era discreto, jovial y dado a las bromas. Era franco, sostenía con gallardía sus opiniones y no soportaba la mentira. Su gran pasión era la política, que llevaba en la sangre y era consecuencia de su generosidad. Amaba a la patria en el pueblo y quería la justicia. Le indignaban los abusos y atropellos contra los desvalidos, y el egoísmo de los poderosos. Era caballeresco con el adversario y moderado en el lenguaje, aunque Mitre y Sarmiento eran los únicos que lo sacaban de sus casillas, considerándolos culpables de los peores males del país.

José Hernández murió el 21 de octubre de 1886 en su quinta de Belgrano, a menos de 52 años de edad, minado por una afección cardíaca. Estuvo en pleno goce de sus facultades hasta cinco minutos antes de expirar. Numerosa y selecta fue la concurrencia a la inhumación de sus restos, y entre los discursos pronunciados, sobresalieron los del coronel José Tomás Guido y el doctor Luis V. Varela.

Su figura sigue siendo central para comprender la identidad argentina, y su obra, un faro que ilumina la complejidad del gaucho y su relación con la nación en formación.

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