Un equipo científico internacional ha realizado un hallazgo extraordinario al documentar el espermatozoide más antiguo jamás encontrado. Estas células sexuales fueron descubiertas en el tracto reproductivo de una hembra de ostrácodo, un diminuto crustáceo, que quedó atrapado en ámbar hace aproximadamente 100 millones de años. Esta época corresponde al período en que la Tierra estaba dominada por criaturas colosales como el Spinosaurus, el dinosaurio carnívoro de mayor tamaño conocido.

Detalles del descubrimiento
Los investigadores analizaron la resina extraída de una mina en el norte de lo que hoy es Myanmar. En esta resina, encontraron hasta 39 ostrácodos, y de ellos, 31 pertenecían a una especie previamente desconocida, a la que bautizaron como Myanmarcypris hui. Esta criatura medía tan solo unos 0,59 milímetros de longitud.
La sorpresa principal para los científicos fue la comprobación de que la hembra adulta de M. hui poseía espermatozoides de una longitud considerable. Tras un análisis minucioso de la pieza de ámbar, cuyos descubrimientos fueron publicados en la revista especializada Proceedings of the Royal Society B, se determinó que estos espermatozoides medían unos 200 micrómetros (aproximadamente 0,2 milímetros) de longitud. Aunque esta medida pueda parecer insignificante para los humanos, es extraordinariamente grande en relación con el tamaño de estos diminutos seres.
Renate Matzke-Karasz, ambientóloga de la Universidad de Múnich, explicó a National Geographic España: “Dado que los espermatozoides fósiles aparecen como una red enmarañada dentro de los receptáculos seminales de la hembra (como en los ostrácodos vivos), no podemos medir su longitud absoluta con exactitud. Por ese motivo medimos la parte más larga que pudimos detectar”.

Espermatozoides gigantes: una estrategia reproductiva
Este fenómeno de espermatozoides de gran tamaño no es exclusivo de esta especie fósil. Muchas de las miles de especies de ostrácodos que viven en la actualidad también presentan espermatozoides gigantes, considerablemente más grandes que el propio organismo que los produce, el cual rara vez supera los 3,5 milímetros de longitud. La investigadora compara esta situación con la de un humano de 1,70 metros de altura produciendo un espermatozoide de 7,30 metros de largo.
Según Matzke-Karasz, esta aparente anomalía responde a una estrategia evolutiva que implica una gran inversión de recursos biológicos. La producción de pocos pero grandes espermatozoides requiere un enorme gasto de energía. Estos gametos masculinos maniobran en el interior de órganos sexuales también de gran tamaño, lo que resulta en copulaciones largas y complejas.
Un aspecto crucial de esta estrategia reproductiva es que el espermatozoide completo debe ingresar en el óvulo para asegurar la fertilización, ya que los cromosomas se localizan en la parte posterior del gameto masculino. Una vez dentro del óvulo, el espermatozoide se enrosca y se entrelaza en el órgano femenino.
Significado evolutivo y supervivencia
La científica destaca que esta compleja estrategia reproductiva tiene un profundo significado evolutivo. Demuestra que el grupo de los ostrácodos encontró su forma "óptima" de reproducirse ya en el período Cretácico, a pesar de lo rocambolesco del método.
“Hasta la fecha, no estábamos seguros de hasta qué punto las criaturas que habían desarrollado estos espermatozoides estaban condenadas a extinguirse rápidamente a través de la selección sexual, habida cuenta el gran coste energético y reproductivo que tienen”, afirma Matzke-Karasz. Sin embargo, el hallazgo confirma que el uso de espermatozoides gigantes ha sido una estrategia exitosa para estos animales durante más de 100 millones de años, lo que subraya la importancia de esta característica reproductiva para la supervivencia de sus especies.
El hecho de haber encontrado estos espermatozoides conservados dentro de una hembra es particularmente emocionante para los investigadores. Indica que la hembra fue inseminada poco antes de quedar atrapada en el ámbar, y demuestra la excepcional capacidad de esta resina para preservar partes del cuerpo tan delicadas.
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Comparativa con otros hallazgos y el reino animal
Este descubrimiento establece un nuevo récord, superando a los espermatozoides fósiles más antiguos encontrados hasta ahora, que databan de 17 millones de años. El hallazgo en Myanmar, publicado en el Journal of Royal Society, revela que los espermatozoides de Myanmarcypris hui son aproximadamente 50 millones de años más antiguos que cualquier registro previo de esperma animal.
Los ostrácodos, pertenecientes a una clase de crustáceos que ha existido durante unos 500 millones de años, se encuentran en océanos, lagos y ríos de todo el mundo. Durante el período Cretácico, los ostrácodos estudiados probablemente habitaban las costas de la actual Myanmar, donde quedaron atrapados en cúmulos de resina de árbol.
La particularidad de estos espermatozoides gigantes, que medían hasta cuatro veces la longitud del macho progenitor, contrasta con la norma en la mayoría de los animales, donde los machos producen millones de espermatozoides diminutos. Esta estrategia de "calidad sobre cantidad" de los ostrácodos es una excepción notable.
En el reino animal, el récord del espermatozoide más grande en relación con el tamaño del cuerpo lo ostenta la mosca de la fruta de la especie Drosophila bifurca. Su espermatozoide puede alcanzar unos 5,8 centímetros de largo, lo que es casi 20 veces la longitud del insecto y aproximadamente 1.000 veces más largo que el espermatozoide humano.
Los científicos teorizan que el gran tamaño del esperma en especies como D. bifurca podría estar relacionado con la morfología de los órganos reproductores femeninos y servir como un indicador de la salud y calidad del macho, actuando como un factor en la selección sexual. La investigadora Renate Matzke-Karasz sugiere que esta estrategia reproductiva, lejos de ser una extravagancia evolutiva, representa una ventaja a largo plazo para la supervivencia de las especies, evidenciada por su persistencia durante más de 100 millones de años.
