Hallazgos de Serpientes en la Ciudad de México
Cuatro serpientes de la especie culebra sorda mexicana han sido encontradas deambulando en la Ciudad de México (CDMX). Tres de ellas fueron capturadas al interior de viviendas y una más en un camellón.
En marzo pasado, la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) informó sobre el resguardo de una cincuate, conocida comúnmente como culebra sorda mexicana, dentro de una casa en Tlalpan. En junio, se reportó otro reptil de la misma especie en la colonia San Felipe de Jesús, Xochimilco, también en el interior de una vivienda.
Días después, la titular de la Brigada de Vigilancia Animal (BVA), Leticia Varela, dio a conocer otro hallazgo en Tlalpan: una mujer encontró una culebra sorda mexicana de 1.50 metros al abrir el cajón de su buró. El martes 18 de julio, la funcionaria reportó el aseguramiento de otra cincuate en un camellón de la colonia San Juan de Aragón, en la alcaldía Gustavo A. Madero.
¿Cómo reconocer a una Cincuate?
La culebra sorda mexicana (cincuate) puede medir hasta 1.6 metros y habita en ambientes boscosos templados.
El Miedo Ancestral a las Serpientes y su Simbolismo
La morfología de los ofidios, tan diferente a la de aves y mamíferos, siempre ha suscitado temor en el ser humano, a menudo derivado del desconocimiento. Este temor no es exclusivo de los humanos; la primera reacción de los animales cazadores ante la aparición súbita de una culebra suele ser un paso atrás, un salto de sorpresa y pavor. Las culebras son consideradas criaturas cazadoras muy eficaces en el reino animal.
La aversión, el miedo y el desconocimiento ancestral han generado un pánico y un temor atávico hacia los ofidios, especialmente en el medio rural. La interpretación de las Sagradas Escrituras, el vínculo bíblico de la serpiente con Satanás, el pecado original, la tentación y la astucia, han intensificado los mitos y leyendas oscuras asociadas a estos animales, personificando el mal en forma de culebra.

Mito 1: Las Culebras que Maman Leche Materna
En muchos pueblos, especialmente en España, existen leyendas sobre grandes culebras que maman leche materna. Estas historias relatan cómo las serpientes meten la punta de su cola en la boca de los bebés para evitar que lloren y despierten a la nodriza. Cuando no hay mujeres lactantes disponibles, se dice que también se nutren de las hembras del ganado. Se describe su "mamar" como una caricia suave y delicada, incluso placentera para la madre, que las relaja hasta inducir un sueño profundo y casi hipnótico.
Sin embargo, para que un animal pueda mamar, es imprescindible que cumpla varias condiciones biológicas: las hembras deben poseer mamas y glándulas mamarias, tener labios que permitan la succión y una dentición que no dañe los pezones. Las culebras carecen de mamas, glándulas mamarias, labios adecuados para la succión y una dentición adaptada para ello. Son reptiles, no mamíferos, y por lo tanto, no maman.
Además, para la correcta digestión de la leche, se necesitan enzimas que procesen la lactosa, las cuales también están ausentes en las culebras. Por lo tanto, estas historias son meros símbolos y parábolas mal interpretadas.
Este mito está muy extendido, evidenciado por numerosos dichos, sentencias y refranes populares como "Como las culebras a la leche". Existen incluso recetas tradicionales para ahuyentar a las culebras utilizando leche envenenada como atrayente.
Las referencias culturales también incluyen la creencia de que las tenias intestinales (consideradas simbólicamente como "culebras") pueden ser expulsadas mediante técnicas que utilizan la leche como ingrediente esencial, asumiendo que se han alojado en el cuerpo humano a través de alimentos o incluso al dormir.
El acervo cultural está repleto de leyendas sobre cómo se utilizan amuletos para disuadir a las culebras que huelen la leche materna, como cabezas de reptil desecadas, rezos, oraciones, lagartos vivos como avisos, o envolver al bebé con una camisa de culebra.
Una antigua copla popular resume esta creencia: "Una culebra llegó y de mil pechos mamó, pero la Virgen María mamando la sorprendió. Por beber de aquesta leche yo te condeno que por el día y en la noche andes arrastra por el terreno. Y para que así ande toda su vida recemos a Nuestro Dios un Padre Nuestro y un Ave María".

Propiedades Medicinales y Curativas Atribuidas a las Serpientes
El halo de misterio, miedo atávico y simbolismo religioso que rodea a las culebras ha llevado a atribuirles a lo largo de la historia propiedades medicinales y curativas. Su carne, apreciada en la llamada "España Profunda", no solo se consumía por sus cualidades culinarias, sino también por sus supuestas propiedades para curar el acné, desinfectar y cicatrizar mordeduras de alimañas en animales y personas, y para la recuperación de enfermos anémicos.
El herpes zóster, conocido popularmente como "la culebrilla", se trataba con agua de culebra. Las culebras, limpias y evisceradas, se dejaban secar en adobo, al igual que la matanza, para su uso posterior. También se conservaban ahumadas y maceradas en alcohol de romero y aguardiente.
El sebo de culebra, deshidratado con azúcar y sal, se guardaba para desinfectar heridas, extraer espinas y astillas, y en el tratamiento de diviesos y procesos gripales.
Según la creencia popular, la "culebrilla" se contagiaba cuando un reptil pasaba por encima de ropa tendida al aire libre. Al entrar en contacto con la piel (ropa íntima, toallas, sábanas), se manifestaba el herpes. Si la prenda rozada era un mandil, la usuaria sería la primera afectada, especialmente si coincidía con su menstruación, contagiando a todos los miembros del hogar. El mal de la "culebrilla" se agravaría con cada nueva menstruación de la usuaria del delantal, hasta manifestarse claramente en la vejez, en un momento de debilidad.
Las llamadas culebras "morronas", "morrillas" o "eslabones" eran consideradas doblemente mágicas por no estar expuestas al sol y por su morfología que aparentaba tener dos cabezas. Estas referencias se aplican a culebras ciegas y eslizones, siendo estos últimos especialmente llamativos por sus cortas patas ("culebras con patas"). Se creía que los eslizones, al contagiar a un humano (directamente o a través de la ropa), se transformaban en lagarto a medida que el enfermo sanaba, de ahí la expresión "lagarto, lagarto…". La frase popular "Si te pica el eslabón coge la pala y el azadón" refleja esta creencia.
A su piel también se le atribuían propiedades de clarividencia mental y aumento de la sagacidad, astucia e inteligencia sibilina.
Mito 2: El Canto de las Serpientes
Es común escuchar referencias a cómo "cantan" las culebras, describiendo sonidos parecidos al croar de una rana, al chasquido de la lengua al arrear caballerías, o al ruido de chocar la lengua entre los dientes y la mejilla para espantar a un perro.
Sin embargo, para que un animal pueda cantar o emitir sonidos guturales, necesita ciertas condiciones biológicas y auditivas. Las culebras no cantan porque carecen de laringe fonadora. Solo pueden emitir bufidos de intimidación y silbidos de advertencia. Son, en esencia, mudas y sordas.
¿Qué sentido tendría cantar si los congéneres no pueden oírlo? Las aves se comunican mediante el canto y los gorjeos porque se oyen mutuamente. Las culebras, en cambio, no se escuchan ni se oyen entre sí. Su canto solo serviría para delatar su presencia a presas y depredadores.
Los sonidos que a menudo se atribuyen a las culebras provienen de otros animales: las salamanquesas emiten sonidos que pueden ser confundidos con cantos de culebra, especialmente en época de celo. Otros sonidos pueden ser de anfibios, como sapos. En las noches de verano, son los chotacabras los que emiten chasquidos que se atribuyen a las culebras.
Mito 3: Culebras con Pelo
En los pueblos, circulan leyendas sobre enormes culebras con pelo, largas y de gran grosor, cubiertas de pelos en el dorso. A pesar de que las culebras tienen la piel cubierta de escamas, quienes afirman haber visto culebras con pelo cuentan su verdad, aunque el origen sea otro.
Frecuentemente, los verdaderos protagonistas de estas leyendas son los meloncillos en el sur de España y las musarañas en toda la península. Ambos animales tienen la costumbre de desplazarse en familia, formando una fila india y mordiendo cada individuo la cola del anterior. La silueta de esta estampa, vista a distancia o con poca luz, puede asemejarse a una culebra con pelos.
En ejemplares de avanzada edad y buen tamaño, durante el proceso de muda, a veces quedan largas escamas a medio desprender entre el cuello y la cabeza, lo que puede dar la apariencia de pelos. La combinación de fobia, imaginación y superstición contribuye a la creación de estas percepciones.

Mito 4: Otras Leyendas sobre el Origen de las Serpientes
Existe una leyenda, contada incluso en el seno familiar, que afirma que si de un animal de tiro (como un caballo) que se agacha para beber cae al agua un pelo con raíz, este pelo se convierte por generación espontánea en una culebra.
Se sabe que las culebras ponen huevos y que las víboras paren crías vivas (reproducción ovovivípara). Esta última característica ha inducido la creencia de que las crías de víbora se comen a la madre para salir al exterior, similar a lo que ocurre con algunas arañas y escorpiones. Sin embargo, además de su bagaje reproductivo, se les atribuye el poder de surgir de un pelo con raíz caído en un charco de agua, considerándolas discípulas y emisarias de Satanás.
En el reino animal existe el orden de los nematomorfos, que tienen forma de largos pelos y viven en el agua. Estos podrían ser la raíz de estas leyendas.
Figuras como los basiliscos, lacuercos y alicantes, con sus diversas acepciones en las zonas rurales de España, forman parte de un rico acervo cultural que, aunque requiere filtros de interpretación, debe ser conservado.
No toda la relación entre humanos y ofidios es negativa. El escudo de la Farmacia y la Vara de Esculapio simbolizan el poder de la curación y el valor del antídoto.
Leche y Culebras en Asturias y Otras Regiones
Sorprendentemente, todavía hoy es creencia general y común en Asturias que las culebras maman tanto de las vacas como de las mujeres. Se cuenta que si uno se duerme después de beber mucha leche, una culebra podría entrar en el estómago siguiendo el aliento. Se dice que el "mamar" de la culebra es muy dulce e hipnotiza a la madre. Luego, la culebra introduce su cola en la boca del bebé, que sigue succionando dormido, mientras ella se alimenta del seno materno.
La solución tradicional para evitar esto era dormir en el hórreo; por la mañana, sería fácil darle muerte a la culebra al encontrarla enroscada y adormecida en el pie del hórreo. Para mamar de las vacas, la culebra se enrosca a las patas traseras del animal.
Una leyenda asturiana narra cómo en tiempos pasados se dio muerte a un cuélebre (serpiente alada de la mitología asturiana) hirviendo una gran olla de leche frente a su morada.
Otra historia cuenta cómo una abuela crio una culebra en un cubo con leche. Al volver de servir, la llamó, y la culebra, en un gesto de alegría, se le enroscó en el cuello y la ahogó.
También se relata la experiencia de una ama de cría que, al oír por primera vez un despertador, revolucinó a todos para que buscaran la culebra que supuestamente se había metido en casa para entrar en el niño, sin darse cuenta de que era un despertador.
Estas historias forman parte de la vida cotidiana de miles de asturianos.
En el centro de México, está ampliamente difundida la idea de que la serpiente conocida como alicante o cuncate (especie *Pituophis deppei*) gusta de beber leche materna. El imaginario popular sugiere que esta serpiente busca alimentarse de leche de cualquier mamífero, y específicamente, que busca a madres humanas lactantes, las hipnotiza, introduce su cola en la boca de los bebés para simular la alimentación, y mientras tanto, se pega al seno materno.
Juan Luis Peña, investigador de la UNAM y especialista en interacciones humano-animales, desmiente este mito. Señala que los únicos animales que consumen leche son los mamíferos, y lo hacen durante los primeros meses de vida, al ser tolerantes a la lactosa. Conforme crecen, pierden la enzima lactasa, necesaria para digerir la lactosa.
El alicante es una serpiente que habita en lugares secos, montañosos y húmedos. La tradición oral afirma que se alimenta de leche materna, pero la realidad biológica lo desmiente.
El alicante es una víbora que forma parte de las leyendas rurales en estados como Michoacán, Jalisco, Guerrero y Tlaxcala, donde se relaciona a este reptil con las mujeres lactantes. La creencia de que le coloca la cola al bebé o becerro para que no llore al no ser interrumpida es parte de estas leyendas.