Fuentes policiales de diversos cuerpos de seguridad coinciden en señalar a Barcelona como el principal escenario del yihadismo en España, una tendencia que se ha mantenido constante en la capital catalana y su área metropolitana durante la última década. El protagonismo de la región se refleja en las cifras: solo en 2025 se contabilizaron 33 detenidos, y el balance de 2026 ya ha comenzado a aumentar tras recientes operaciones policiales. Un ejemplo de ello fue la detención en L’Hospitalet de un peluquero de origen chino investigado por supuesta financiación a Hamás mediante criptomonedas.
El volumen de detenciones acumuladas en Barcelona representa más del 10% de todas las personas arrestadas en España por delitos vinculados al terrorismo yihadista desde los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. En términos comparativos, la provincia catalana supera incluso a zonas tradicionalmente consideradas prioritarias por las Fuerzas de Seguridad, como el denominado «frente sur». En Melilla se han practicado 78 detenciones en 37 operaciones y en Ceuta, 43 arrestos en 21 actuaciones. La propia ciudad de Barcelona destaca dentro de Cataluña, con 61 detenidos contabilizados por Interior, superando también los registros de la capital española.
Distintos mandos consultados explican que en Cataluña operan tres cuerpos con estructuras de información -Guardia Civil, Policía Nacional y Mossos d’Esquadra-, lo que incrementa la capacidad de investigación y detección temprana. Más allá de las cifras, analistas y agentes coinciden en señalar un cambio en el perfil de los detenidos. Una parte importante de los arrestados en los últimos años son jóvenes nacidos en España y con nacionalidad española. Los investigadores describen escenas habituales en los registros domiciliarios: jóvenes sin empleo estable, con escasa vida social fuera de la red y familias que desconocían por completo su proceso de radicalización.

El Perfil del Terrorista Yihadista en Cataluña
En la tranquila localidad gerundense de Ripoll, de apenas 10.000 habitantes, junto a nombres conocidos como Younes Abouyaaqoub, Moussa Oukabir, Said Aallaa o Mohamed Hichamy, encontramos otros nombres, anónimos, de jóvenes musulmanes que han crecido en el mismo barrio, estudiado en la misma escuela y jugado en las mismas pistas de fútbol. Unos asesinaron a sangre fría a una multitud inocente en Barcelona y Cambrils; otros se han manifestado a favor de la paz y han llorado a las víctimas de la masacre. ¿Por qué unos jóvenes se radicalizan y otros no?
“El contacto con algún agente de radicalización yihadista y la existencia de vínculos sociales previos con individuos radicalizados explican por qué, dentro de España, hay musulmanes que se adhieren a una versión violenta del salafismo y se implican en actividades terroristas mientras otros no”, pese a vivir en el mismo país y compartir rasgos sociodemográficos semejantes, señala el último informe del Programa Terrorista Global del Real Instituto Elcano. El análisis, elaborado por Fernando Reinares, Carola García-Calvo y Álvaro Vicente, se basa en el estudio del proceso de radicalización de 178 individuos detenidos en España entre 2013 y 2016 por actividades relacionadas con terrorismo yihadista y concluye lo siguiente:
- La gran mayoría son varones, tres cuartas partes de ellos tenían entre 18 y 38 años en el momento de su detención.
- Son más frecuentemente casados que solteros.
- En proporciones muy similares tienen nacionalidad marroquí y española.
- Alrededor de la mitad son segundas generaciones descendientes de inmigrantes musulmanes.
- Quienes han cursado estudios de educación secundaria triplican a quienes no pasaron de la primaria.
- Se trata principalmente de individuos que trabajan en el sector servicios o como obreros no especializados, están desempleados o carecen de ocupación conocida, lo que a menudo significa que combinan actividades yihadistas y pequeña criminalidad.
- Al menos una cuarta parte tenían antecedentes penales por delincuencia común.
- Su radicalización se inició a partir de la guerra de Siria.

Factores Clave en la Radicalización: El Caso de Ripoll
Un análisis en profundidad de los estudios sobre radicalización permite sacar algunas claves para entender cómo se radicalizó la célula de los atentados en Cambrils y Barcelona. Uno de los factores cruciales es la existencia de un captador, un agente de radicalización que, mediante el contacto personal o a través de Internet, difunda unas creencias y actitudes inherentes a la ideología del salafismo yihadista. Alguien que siembre la semilla del odio y el integrismo.
El Rol del Imán de Ripoll
Los investigadores han señalado al imán de Ripoll, Abdelbaki Es Satty, fallecido en la casa de Alcanar (Tarragona), donde los terroristas preparaban una gran cantidad de artefactos explosivos para atentar, como la pieza central de la célula. La primera declaración en la Audiencia Nacional de los detenidos así lo ha corroborado. Mohamed Houli Chemlal, el joven de 21 años que resultó herido en la deflagración, ha culpado al imán de los planes terroristas y ha afirmado que Es Satty quería inmolarse.
Es Satty, de 45 años, había cumplido dos años de prisión por tráfico de drogas y era discípulo de uno de los principales detenidos en la operación de la Policía Nacional contra el terrorismo yihadista "Chacal I" en el año 2007. Usó la nueva mezquita del pueblo como gancho para captar a los futuros terroristas, pero luego continuó el adiestramiento de los jóvenes marroquíes, casi todos por debajo de los 30 años, fuera del entorno del centro religioso para no levantar sospechas. Chavales que, en apariencia, estaban integrados, no tenían problemas económicos, ni antecedentes y algunos habían sido buenos estudiantes. Fue un "proceso exprés" de radicalización para convertirlos en yihadistas que duró menos de un año y que fue plenamente exitoso, según los servicios antiterroristas de los Mossos d’Esquadra.
El caso coincide con el estudio de los investigadores de Elcano. En España, 7 de cada 10 detenidos entre 2013 y 2016 por actividades yihadistas se radicalizaron en compañía de otros, fundamentalmente cara a cara y con un agente de radicalización. En la mayoría de los casos, este es un activista con carisma -bien un combatiente terrorista o exmilitante-, pero para 2 de cada 10 fue una figura religiosa. Ibrahim Mohammed Hijjo, predicador en un lugar de culto islámico en Vizcaya, es un ejemplo. De origen palestino, radicalizó al menos a dos individuos, uno de los cuales fue posteriormente detenido y condenado, mientras que el otro viajó a combatir a Siria.
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Lazos Familiares y Sociales: La Red de Hermanos
En la célula de Cataluña sobresale además otro factor fundamental de radicalización del estudio: la existencia de lazos afectivos de vecindad, amistad y familiar. De los doce presuntos terroristas, nueve mantenían una relación de parentesco. Hay tres parejas de hermanos y un trío: Younes y Houssein Abouyaaqoub (el autor de la masacre de Las Ramblas y uno de los abatidos en Cambrils); Mohamed y Omar Hichamy (abatidos a tiros en Cambrils); Mousa y Driss Oukabir (uno abatido en Cambrils y el otro detenido); y Said, Mohamed y Youssef Aalla (abatido el primero, en libertad provisional el segundo y fallecido en Alcanar el tercero).
Casi todos convivieron en Ripoll. Algunos habían ido juntos a la escuela y la relación entre Younes y Houssein Abouyaaqoub, y Mohamed y Omar Hichamy se remonta a la infancia, ya que los cuatro proceden de la misma localidad marroquí: Mrirt, de cultura bereber, principalmente atea y famosa por su tolerancia religiosa. Allí, sus familiares, amigos y todos los que los conocían están de acuerdo: eran chicos "normales" y su radicalización se tuvo que gestar en España.
La presencia de hermanos es frecuente entre los yihadistas detenidos en España -el 47,7% lo son-, aunque también hay familiares políticos (27,3%), parejas (25%), y tíos y sobrinos (18,2%), entre otros. Los lazos fraternos son una pauta que se viene repitiendo desde el 11-S, cuando atentaron tres parejas de hermanos contra las Torres Gemelas y el Pentágono. Y se vio de nuevo en Boston con los hermanos Tsarnáev en 2013, en el ataque contra Charlie Hebdo perpetrado por los Kouachi y los Abdeslam en Bataclán en 2015, y los El Bakraoui en los ataques de Bruselas en 2016. Estos vínculos familiares y amistosos favorecen la creación de redes locales.
Geografía de la Radicalización en Cataluña
De ahí que la radicalización yihadista no sea uniforme en España, sino que se distribuya en cuatro demarcaciones administrativas bien diferenciadas: la provincia de Barcelona (23,2%), la ciudad autónoma de Ceuta (22,2%), Madrid con su área metropolitana (19,2%), y finalmente Melilla (12,1%). “En estas cuatro zonas reside poco más de la tercera parte de los musulmanes que viven en España, por lo que el porcentaje de detenidos que se radicalizaron en ellas duplica con creces el de población musulmana respecto al total nacional”, observa el informe de Elcano.
La extensa población musulmana asentada en Cataluña y su diversidad de origen ha favorecido la alianza entre los diferentes grupos del salafismo yihadista, un movimiento que reúne desde seguidores de Al Qaeda hasta simpatizantes del Estado Islámico. Entre enero de 2013 y septiembre de 2017, los servicios policiales españoles detuvieron y/o abatieron a 230 individuos que cometieron actos terroristas o realizaron actividades vinculadas con el yihadismo. El 24,35% de estos vivían en Cataluña, donde se concentra la mayor cantidad de simpatizantes o militantes del salafismo yihadista, un movimiento que nació con el surgimiento de Al Qaeda y que ha ido ganando seguidores en Europa occidental que se agrupan bajo el paraguas ideológico del Estado Islámico.
Según datos del Ministerio del Interior, el 45% de los casos de radicalización que ocurren en España tienen lugar en Cataluña, donde se concentra uno de los índices de detenciones de yihadistas más altos. Cataluña lidera el ránking de operaciones antiyihadistas en España, con 16 detenidos en diez meses en lo que va de 2024. Desde 2012, en las cuatro provincias catalanas se han realizado 116 operaciones antiyihadistas, que se han saldado con 172 detenidos. El director de los estudios de Criminología y Seguridad en la UAO CEU, Francisco Villacampa, confirma que «Cataluña es el principal nodo yihadista de España desde mediados de los años 90 del siglo pasado, es un escenario de intensa actividad de adoctrinamiento, captación y reclutamiento con fines terroristas».
Prevención y Factores Socio-Políticos
El análisis de la radicalización de la célula de Alcanar no permite responder todas las preguntas sobre esta red -si tenía colaboradores, si tuvo vínculos con redes yihadistas en Europa o cómo Es Satty pudo ejercer como imán pese a sus antecedentes-, pero sí ofrece algunas recetas para prevenir la radicalización yihadista. Entre ellas están "la detección de los reclutadores y su neutralización mediante una actuación coordinada de los servicios policiales y de inteligencia junto con las autoridades judiciales", y otorgar prioridad a las demarcaciones y los ámbitos donde tienden a concentrarse bolsas de radicalización a fin de "evitar una dispersión de los esfuerzos institucionales".
En esa lucha contra la radicalización, contar con las comunidades musulmanas es imprescindible. Vilvoorde, la localidad belga en la que el imán de Ripoll intentó encontrar trabajo es un ejemplo. En 2012 se situó tristemente en el mapa del terrorismo europeo después de saberse que una treintena de personas de este municipio había viajado a Siria para unirse a las filas del Estado Islámico. Dos años después, los esfuerzos de prevención redujeron la cifra a cero y el alcalde de la ciudad atribuye este éxito, precisamente, a la colaboración de su población musulmana. Una muestra más de que en contextos sociales similares, con perfiles familiares muy parecidos y trayectorias vitales casi idénticas, hay quien se deja seducir por la retórica de la radicalización y hay quien la combate. En Ripoll hay un grito que se repite desde el jueves: "El terrorismo no tiene religión".
Villacampa advierte que no hay una «respuesta definitiva» al porqué de la prevalencia de Cataluña en este ámbito, pero señala al menos seis factores que pueden explicar el hecho. El primero es que «desde hace tiempo se han ido implantando una gran cantidad de lugares de culto y centros islámicos con ideología salafista, una concepción rigorista del islam» que comparten los yihadistas, aunque estos últimos la lleven al extremo bélico. Estos centros cuentan con la ayuda financiera de Arabia Saudí, Qatar y Kuwait. El segundo factor es que «no ha habido un control del asentamiento de las comunidades musulmanas por parte de la administración catalana», y que muchos de estos centros salafistas se han establecido sin que nadie controlase sus vías de financiación ni si sus actividades «son contrarias a las normas de convivencia».
Cooperación Policial y Contexto Político
En tercer lugar, el investigador señala un «problema de cooperación» entre los diferentes cuerpos policiales presentes en la región -policía local, Mossos d’Esquadra, Policía Nacional y Guardia Civil- en la detención de los procesos de radicalización y el desmantelamiento de las células yihadistas. «Eso lo saben los yihadistas y se apoyan en ello para llevar a cabo sus actividades», lamenta. En esta línea, el experto señala que el procés independentista «puede haber afectado a ese control y gestión», y advierte que los yihadistas usan a su favor las «situaciones políticas inestables».
Como últimos dos factores, Villacampa señala la situación territorial de Cataluña -muy cercana con Francia y, por tanto, puerta de entrada al norte de Europa- y la presencia de una gran comunidad musulmana que permite a los terroristas pasar más desapercibidos. «Primero teníamos sobre todo argelinos y marroquíes, pero ahora es importante la presencia de la comunidad pakistaní; hay grupos afines a Al Qaeda de origen pakistaní», señala.
La diversidad de origen de la comunidad musulmana en Cataluña, que incluye marroquíes, españoles nacionalizados, paquistaníes, gambianos, argelinos y senegaleses, ha favorecido la aparición de células, redes y grupos de personas que simpatizan e incluso apoyan a diferentes organizaciones islamistas radicales. El líder de los terroristas que estrellaron los aviones el 11-S se reunió en Cataluña dos meses antes de los atentados, en julio de 2001, para ultimar detalles con Ramzi Binalshibh, encargado de la coordinación entre Al Qaeda y la red terrorista.
La propia ciudad de Barcelona destaca dentro de Cataluña, con 61 detenidos contabilizados por Interior, superando también los registros de la capital española. La extensa población musulmana asentada en Cataluña, alrededor de 500.000 personas, supone más de un 20% del total de España. La región cuenta con el mayor número de oratorios islámicos o mezquitas, con 268, casi el 20% de todas las que hay en España. Según el Ministerio del Interior, el 45% de los casos de radicalización que ocurren en España tienen lugar en Cataluña.

El Debate sobre la Integración y el Sentimiento de Pertenencia
El caso de los atentados de Barcelona y Cambrils (17A) ha reavivado el debate sobre la integración de las comunidades inmigrantes. Se reiteraron dos afirmaciones sorprendentes: se declaró que los jóvenes de Ripoll estaban «integrados» y, como consecuencia de ello, que un individuo perfectamente integrado se puede radicalizar. Sobre la base de criterios dudosos, se afirmó repetidas veces que los autores del 17A estaban plenamente «integrados», ya que hablaban perfectamente el catalán y que algunos de ellos trabajaban o practicaban deportes.
Sin embargo, el testimonio del primo de uno de los terroristas contrasta con esta afirmación: «Sí, nos criamos aquí y no tenemos problemas de convivencia, pero somos y siempre seremos los moros. En el colegio éramos los moros y las chicas no querían salir con nosotros. Y los mayores creen que vendemos hachís». El contraste entre las declaraciones de un miembro de la sociedad de acogida y las de un miembro del colectivo inmigrante invita a reflexionar en profundidad sobre el uso que se hizo del concepto de integración.
Si la integración se entiende como el «proceso que consiste en ser aceptado como parte de la sociedad», es imprescindible tener en cuenta las tres dimensiones que determinan este proceso: la dimensión político-legal (residencia, derechos políticos, etc.); la dimensión socioeconómica (posición socioeconómica, acceso y participación en las instituciones, etc.) y la dimensión cultural y religiosa. Si las dos primeras se pueden medir con criterios objetivos, la tercera es mucho más difícil de identificar, ya que «pertenece no solo al ámbito de las percepciones y prácticas de los inmigrantes y de la sociedad de acogida, sino también a las reacciones recíprocas a la diferencia y la diversidad».
La dimensión cultural es decisiva, puesto que los procesos de radicalización implican sistemáticamente tres rupturas: ruptura con la sociedad, considerada impía por no aplicar la «ley divina» y en guerra contra los musulmanes; ruptura con la familia, considerada demasiado laxista en términos religiosos; y ruptura con la comunidad musulmana que, si no comparte la misma ideología, es considerada «infiel» o de «falsos musulmanes». La existencia de esta triple ruptura hace entonces imprescindible el análisis del sentimiento de pertenencia -siempre y cuando se pueda identificar- en la comprensión de los procesos de radicalización, ya que influye en la trayectoria personal e íntima de los individuos.
Cuantiosos relatos biográficos de terroristas y trabajos de investigación han demostrado que una experiencia personal que genera, por ejemplo, un sentimiento de injusticia o de exclusión, constituye a menudo el desencadenante de dichos procesos. Estas experiencias nutren un sentimiento de exclusión que es preexistente al proceso de radicalización, o va siendo alimentado por la ideología yihadista, o incluso los dos a la vez. Según la visión del mundo que promueve esta ideología, la convivencia de los musulmanes es imposible en Occidente: por una parte, sostiene que cualquier forma de exclusión que sufren los musulmanes (racismo, discriminación, islamofobia, etc.) demuestra el carácter antiislámico de Occidente. Por otra parte, esta guerra se extiende a escala internacional con múltiples intervenciones de naciones occidentales en países musulmanes.
Desde este punto de vista, la idea de que un individuo perfectamente integrado puede convertirse en terrorista merece una mayor atención. Si se tienen en cuenta los criterios objetivos de lo integrado, podemos comprender, siguiendo el enfoque culturalista, que los orígenes culturales, étnicos y religiosos constituyen per se factores de vulnerabilidad a la ideología yihadista. Dicho de otra manera, el enfoque culturalista conlleva el riesgo de considerar que las áreas geográficas con mayor concentración de inmigrantes y sus hijos presentan necesariamente mayor probabilidad de radicalización.

La explicación centrada en las dimensiones culturales o religiosas de la radicalización no solo es inadecuada, sino también peligrosa. Es insuficiente en la medida en que no explica por qué, bajo las mismas condiciones socioeconómicas, geográficas, culturales y religiosas, algunos se radicalizan y otros no. En este sentido, tal explicación nos impide entender, por ejemplo, la sobrerrepresentación de conversos europeos en las filas de yihadistas. Además, esta lectura tiende a interpretar la radicalización como un fenómeno causal, en lugar de entenderlo desde una perspectiva procesual. Sin embargo, la radicalización es ante todo un proceso multidimensional en el que se interrelacionan cuatro dimensiones: personal/psicológica, socioeconómica (teoría de la «privación relativa»), política y cultural/religiosa.
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