Me acuerdo cuando una vez te perdiste. Vos seguro que no te acordás, es imposible. Tenías unos tres o cuatro años. Íbamos caminando por las sierras en un día nublado. El cielo estaba más camaleónico que nunca, las nubes parecían imitar las diferentes tonalidades de gris de las piedras, también copiaban los tamaños y las formas. Yo te decía que no te adelantes tanto, que me esperes, que yo estaba cansada. En un momento quedé parada arriba en lo alto de una loma. Yo te podía ver con tu gorra verde de John Deere, pero a vos no te daba el ángulo. Por eso digo que te perdiste y no que te perdí. Pude ver el momento en el que te diste cuenta de que estabas perdido. Hay algo en ese momento, ¿cuándo se pierde uno? Esa vez yo pude ver el momento exacto en el que te diste cuenta que estabas perdido. Y no estabas perdido por no saber dónde estabas. Eso lo sabías. Un montón de veces habíamos atravesado juntos esos senderos llenos de zarzamoras violetas y pinchudas. Estabas perdido por no saber dónde estaba yo. Desde ese momento creo que, cada vez que te perdiste, te perdiste de la misma manera: en relación a alguien y no en relación al espacio. Es por eso que no importa si atravesás el Amazonas en lancha, si trabajás mil horas por semana en un rascacielos en el DF o si vendés todo menos tus libros y te vas a jugar a ser escritor en Madrid, de todas maneras te vas a sentir perdido.

La naturaleza de la pérdida y la conexión humana
Si fueses un perro serías un golden retriever. Hasta en la forma te le pareces. Rubio, pelos largos, afable, siempre simpático, más inteligente que la media. El problema es que los golden no se hicieron para estar perdidos. Nunca vi un golden solo en la calle. Y acá no soy necia, no me cierro en mi razonamiento: puede ser que nunca veas un golden perdido en la calle porque son tan lindos que alguien los recogería en su primera hora de vagabundeo, incluso antes de que les dé hambre o sueño o ganas de que un humano les tire una pelota de tenis y salir resbalando con las patas para agarrarla antes de que dé el tercer pique. Aunque, ¿qué pasaría con ese golden si nadie lo recoge en esos primeros días?
Una enfermedad incurable, pero manejable
No te digo esto porque creo que puedas cambiar. Creo que tenés una enfermedad. Una enfermedad que no se cura, pero con la que espero puedas convivir. Te propongo un decálogo de cuidados paliativos a este mal que te aqueja. Cumpliendo menos de tres, supongo que te suicidarás o desarrollarás una enfermedad degenerativa en los próximos años. Entre cuatro y seis podrás llevar una vida anodina con algunos destellos de felicidad, pero superados en número por esos momentos en los que te mordés las uñas hasta dejarlas chiquitas que son solo parte rosa y nada de blanco y te revolvés en la cama a la mañana y a la noche intentando no mirar el reloj. Entre siete y ocho serás una persona normal, hasta podrás dar consejos y pasar desapercibido una tarde de otoño en un bar de vermuts.
Diez consejos para navegar el desamor
En algún momento las personas no aguantan un ritmo sostenido de intensidad, son como los electrodomésticos comprados en Estados Unidos que hay que ponerles un transformador. Cuando pienses en decirle a una chica que la querés y nunca se lo dijiste antes, esperá. Siempre andá con tu kit de escape preparado. Una mochila con los indispensables. Cuando alguien te deje es muy importante que no llorés. La gente necesita espacio. Esto lo entendés pero confundís las dosis. Nunca hablés de dinero. Mostrá que lo tenés pero no des cifras. De esta manera siempre puede parecer que sos el que más tiene. No hay tal cosa como la honestidad sentimental. Es una fábula. Una ficción. Nadie puede estar del todo seguro de qué es lo que siente. Nunca le digas a la otra persona que es la mejor en algo, mucho menos en el sexo, aunque sea verdad.

Sé que es difícil que te encuentres, pero espero que estas líneas te sirvan para saber que estás perdido. Andar suelto por ahí sin ser consciente de todo esto puede ser peligroso.
La experiencia del desamor en la juventud
Es difícil pensar en esto cuando veo tus fotos, difícil pensar en esto cuando te veo sonreír. Pero pasará. Te romperán el corazón. Cuando pase, lee esto. Cuando te rompan el corazón, sentirás que el mundo no es redondo. Sentirás que la Tierra es plana, que el mundo no gira y el tiempo no pasa. Que por alguna razón, un gran agujero se abrió ante ti en cuyo borde resbalarás y caerás, y donde quizás sólo llegar al fondo haga que el dolor termine. Sentirás que no puedes más. Sentirás, quizás, que todo el oxígeno que te rodea no es suficiente para tus pulmones. Que no puedes respirar, que las paredes se cierran alrededor tuyo. Es probable que no entiendas cómo es posible que sigas llorando. ¿De dónde pueden salir tantas lágrimas? Que tu voz se corte por el llanto. Que la compañía no sea suficiente, o que no la necesitas. Sentirás un hueco hondo en el pecho, donde antes latía tu corazón. Sentirás una piedra en el estómago y un nudo en la garganta.
Te preguntarás, “¿qué hice mal?” y tendrás tantas respuestas, quizás sin la certeza de que alguna sea correcta. La duda te visitará constantemente. Los consejos para seguir adelante de tus amigos y amigas lloverán, pero por alguna razón no te harán sentir mejor. Querrás sentirte dura, para derrumbarte nuevamente. Y te sentirás culpable por eso. Querrás que todo pase, y que pase ya. Porque nadie quiere sentirse mal, nunca tan mal. Querrás odiar a la persona que te hizo sentir así. Y te sentirás mal por odiarlo, porque en el fondo quizás quieras perdonarlo, y volver al pasado. Estarás tentada de olvidar lo que pasó, y empezar todo de nuevo. Pero sabes que sí pasó. Sabes que dolió. Y sabes que lo único que quieres es no sentirte así.

El camino hacia la sanación y el crecimiento
Mi pequeña hija. Quiero decirte que no estás sola. Que como tú, miles de personas en el mundo han sufrido de ruptura de corazón. Y que la mayoría de ellas han sobrevivido exitosamente. Quiero decirte que se trata de un mal agudo, y no crónico. Es un mal que pasa. Un dolor profundo que te tumba hasta el piso, y te reta a ponerte de pie. Quiero decirte que ese agujero en el pecho, luego se llena de calma. Se llena de ti. Que tu corazón se reconstruye. Que aprende. Tu alma renace, y la vida vuelve a sonreír. Quiero asegurarte que el tiempo, y sólo el tiempo, te dará la perspectiva necesaria para sanar tus heridas. Quiero que sepas que estarás bien.
Quiero decirte que cuando esto pase, respetaré tu espacio. Aunque mi corazón salte en llamas y mi alma quiera degollar a la persona que te hizo sentir así, guardaré la distancia que tú requieras. Que dejaré que te encierres dando un portazo. Pero que estaré del otro lado de esa puerta. Que estaré listo para pedirte, cuando tú estés lista, que me acompañes a comprar un helado, o a pasear - si es que no te molesta que te vean con tu viejo. Quiero que sepas, mi amor, que esto puede pasar más de una vez. Y que pasa muchas veces, cuando uno menos lo espera. Que es muy difícil estar preparado para esto, y que el dolor duele más cuando sorprende.
Pero quiero que sepas también, que puedes contar conmigo. Puedes contar con que te llevaré, sin juzgar ni hablar demasiado, quizás a algún lugar distinto, donde podamos ver las estrellas más de cerca. Donde el cielo tenga otro aire, y el horizonte del mundo se vea distinto. Que te sacaré de la rutina, y te ayudaré a tomar una pausa. Que mamá y yo acompañaremos, en mutuo respeto, el luto que guardes en el alma. Pero sobre todas las cosas, quiero que sepas que eres fuerte. Que lograrás pararte. Que tu corazón es más grande de lo que crees. Que para entonces habrás aprendido a perdonar, a aprender, a respetar, y a avanzar. Que Dios es una fuerza que nos ayuda mucho en estos casos, y que puedes contar con él. Que puedes contar conmigo.
Quiero prometerte, que luego, serás más fuerte, serás más tú, serás más humana, y más bella que nunca. Porque las flores que renacen de las cenizas son quizás las más hermosas. Cuando te rompan el corazón, yo te ayudaré a recoger los pedazos, los pegaré, y los cuidaré. Y cuando estés lista, una mañana al despertar, lo encontrarás latiendo otra vez en tu pecho. Ese día, te enseñaré a verte a través de mis ojos. Te amo, pequeña. Padre del corazón, padre adoptivo, padre no biológico. Para mí siempre fue un hijo.

El impacto del desamor en la juventud y la era digital
El amor romántico, o primera etapa del enamoramiento, es caprichoso, imprevisible y transitorio, ya que supone una alteración de neurotransmisores (dopamina, noradrenalina y serotonina) y causa un efecto similar al de la adicción a las drogas. Durante años han creído que existe una relación directa entre lo que hacen y los resultados que obtienen, y este es su primer encuentro con una realidad que les estalla en la cara. Escucha: Escucha sin juzgar, sin interrumpir y sin dar lecciones. Acepta: Permite sus emociones, tanto si son de rabia como de tristeza o culpa. Apoya: No aconsejes, no aportes tu experiencia personal, no critiques a la otra persona. Simplemente ponte a su disposición para lo que pueda necesitar. Superar estas épocas de dolor e incomprensión es imprescindible para fortalecer la resiliencia de nuestros jóvenes. Es probable que tú también recuerdes el dolor de una separación durante la adolescencia, sobre todo con alguna persona con la que saliste por un periodo largo y que quizá pensaste que sería “la persona indicada”. Pero cuando tu adolescente atraviesa por una experiencia similar, las palabras sabias no parecen venir a la mente de forma automática.
“Fue difícil durante un par de semanas”, me dijo una amiga, refiriéndose a su hija, cuyo novio rompió con ella a través de un mensaje de texto. “Aunque podía entender cómo se sentía por haber perdido a alguien que era importante para ella, yo nunca tuve que pasar por una ruptura bajo el escrutinio de las redes sociales”. Sin duda, la era digital hace que los rompimientos amorosos de los adolescentes sean más traumáticos y dramáticos. “Las parejas adolescentes a menudo están en contacto todo el día a través de mensajes de texto y de Facetime”, explica Lisa Damour, PhD, autora de The Emotional Lives of Teenagers. “Algunos incluso hacen la tarea juntos a través de Facetime. Mis pacientes adolescentes que están una relación amorosa están mucho más en contacto con sus parejas que mi esposo y yo. Por lo tanto, cuando esas relaciones terminan, sienten el dolor de la pérdida y también un enorme vacío en su día a día.”

Además, con las redes sociales, las noticias sobre la ruptura se extienden con rapidez entre el círculo de amigos. “¡Los amigos de mi hijo -me contó otra mamá amiga- le escribieron en menos de una hora después de que su novia rompió con él, porque ella lo publicó en Snapchat! Ni siquiera tuvo tiempo de procesarlo antes de que los mensajes empezaran a llegar”. La presión de las redes sociales, la mayor cantidad de tiempo libre y el hecho de que los adolescentes sienten todo con mayor profundidad (tanto a la alta como a la baja) conspira para que la ruptura no sea el mejor de los escenarios. “La intensidad emocional durante la adolescencia es mayor que en otras etapas de la vida”, afirma Dave Anderson, PhD, psicólogo clínico sénior del Child Mind Institute. “No podemos prevenir la angustia emocional en nuestros hijos, ni hacer nada para que pase tan rápido como quisiéramos, pero sí hay algunas cosas que definitivamente podemos hacer y decir para ayudarlos”, afirma la Dra. Damour.
Estrategias de apoyo parental ante el desamor
Estado de shock, tristeza, enojo: tu adolescente está atravesando por todo tipo de emociones intensas durante los primeros días de un rompimiento amoroso. Incluso si fue ella o él quien tomó la iniciativa de la separación, o si fue una decisión acordada, podría estar sintiéndose muy mal. “Como padres podemos caer en la trampa de tratar de ayudarlos a poner las cosas en perspectiva y apresurarnos a compartirles historias de nuestros propios rompimientos”, explica el Dr. Anderson. “Pero es un instinto que debemos tratar de limitar, al menos durante un tiempo”. Guíalo con empatía. Trata de resistir la tentación de pedirle a tu adolescente más detalles de los que él o ella te quieran compartir, sugiere el Dr. Anderson. En su lugar, ofrécele alternativas y di algo como: “Sé que esto debe ser muy difícil para ti. Si quieres hablar conmigo al respecto, aquí estoy. Si sólo quieres que te acompañe mientras haces tu tarea o ves la tele, también cuenta conmigo”. Si tu hijo responde “estoy bien”, pero tú ves claramente que no es así, dale un día y retoma el tema con algo como: “Corazón, quiero que sepas que estoy preocupada por ti, y que estoy aquí para apoyarte”.
Recibe a sus amigos. Propónle a tu adolescente que invite a un par de amigos a ver una película por la noche y ofréceles helado. De hecho, es posible que sus amigos ya lo hayan sugerido. “Me conmueve la forma tan natural y creativa en que los amigos se ayudan entre sí”, afirma la Dra. Damour. “El apoyo de los amigos (y el consuelo del helado) es más que sólo una distracción alegre. Ayuda a tu adolescente a darse cuenta de que hay otras personas que quieren pasar tiempo con él o ella”. Guarda para ti lo que opines sobre su ex. Tal vez siempre pensaste que no eran el uno para el otro y estés feliz de que la relación haya terminado. O quizá considerabas que era una maravilla y extrañarás su presencia. En cualquier caso, este no es el momento para compartir tus sentimientos con tu adolescente. Puedes compartirlo con tu pareja, con amigos o con un terapeuta. Pero sí opina acerca del “quedemos como amigos”. Si tu adolescente te dice que tratará de mantener la amistad con su ex, desaliéntalo cariñosamente, al menos para el corto plazo. “Es muy difícil pasar directo de una relación romántica a la amistad”, explica la Dra. Damour. “Todavía hay mucha vulnerabilidad y es fácil salir lastimado”. Sugiere, en su lugar, decir algo como: “Puede que se vuelvan amigos en el futuro, pero es difícil transformar estos sentimientos tan intensos en una amistad de un momento a otro”. Informa a su terapeuta. Si tu adolescente se encuentra en tratamiento para la depresión, la ansiedad o cualquier otro desafío de salud mental, informa a su terapeuta para que tenga a otro adulto de confianza con quien hablar sobre lo sucedido, y para que lo ayude a superarlo.
Retomando la vida tras una ruptura
Luego de unos cuantos días con el ánimo por los suelos es momento de regresar a la rutina. Estas son algunas ideas para ayudar a tu adolescente a retomar su vida: Recuérdale que no está solo. ¿Tu adolescente sigue refugiado en su cuarto a puerta cerrada? Muestra empatía hacia lo que acaba de pasar, pero también ayúdalo a mirar hacia el futuro. El Dr. Anderson sugiere comenzar con algo como: “De verdad siento mucho por lo que estás pasando. Sé de qué se trata, todas las personas que conozco han pasado por algo así, no estás solo en esto”. Este puede ser un buen momento para compartirle alguna historia de separación cuando tenías su edad. Luego, busca la forma de avanzar en la conversación. Puedes decirle algo como: “No te pido que estés bien, ni que te recuperes o te olvides a esta persona de inmediato. Pero existe un punto medio entre dejar que los sentimientos se expresen y regresar a tus rutinas que te puede ayudar a sentirte mejor. Ayúdalo a reflexionar. Es posible que haya cosas que lo hayan hecho sentir mejor durante los últimos días y otras que lo hayan hecho sentir peor, explica la Dra. Damour. Guía a tu adolescente para que identifique qué le ha ayudado y qué no, y a que sea muy honesto consigo mismo. “Muchos adolescentes dirán algo como: “Me hace bien seguir viendo las publicaciones de mi ex en las rede sociales, porque me ayuda a sentir que seguimos conectados”, afirma el Dr. Anderson. Si, por ejemplo, eso significa ver que la persona se está divirtiendo con sus amigos, pregúntale: “¿De qué manera te ayuda?”. Si no quiere bloquear el contacto en redes sociales por completo, sugiérele elegir la opción de dejar de ver sus publicaciones temporalmente, para que no le aparezcan en su muro. Por otro lado, motívalo a fortalecer más las estrategias que le hayan sido útiles, ya sea acurrucarse con su perro, hornear pasteles, volver a ver capítulos populares de sus series favoritas o salir a correr.
Manténlo ocupado. Aunque las rutinas son importantes, distraerse también lo es. Ofrécele llevarlo a algún lugar divertido. Elijan opciones interactivas (como un escape room, ir al boliche o una clase de cerámica) en vez de opciones pasivas en donde es más fácil evadirse. Por supuesto, evita los lugares que le recuerden a su ex. Manténte alerta si ves que le da muchas vueltas al asunto. Por supuesto, ver a tu hijo hablar sobre la separación con sus mejores amigos es una buena señal. Pero seguir hablando del tema con distintos grupos de amigos una y otra vez durante días puede empeorar las cosas. Si notas que eso está sucediendo, es todavía más importante que le ofrezcas actividades que lo distraigan, como las que sugerimos antes. También podría ser bueno reforzar tus reglas sobre el tiempo de pantallas. Busca ayuda profesional. Es normal e incluso saludable estar triste por una separación. Pero hay algunas señales de alerta que los padres deben tener en cuenta. “Si luego de unos días tu adolescente se trata mal a sí mismo y a otros, podría necesitar apoyo profesional para desarrollar mecanismos de afrontamiento”, explica la Dra. Damour. El Dr. Anderson añade que a la mayoría de los adolescentes les toma alrededor de dos semanas empezar a tener sentimientos menos intensos sobre el rompimiento amoroso y comenzar el camino hacia la normalidad. Si no ves señales de esto, programa una sesión con un profesional de la salud. Las separaciones pueden provocar un episodio depresivo en los adolescentes. Trata de encontrar el lado positivo de las cosas. Aunque sea difícil ver a tu hijo tan alterado y no ser capaz de “arreglarlo”, “ten presente que manejar bien el malestar psicológico tiene un enorme valor en el caso de los adolescentes”, afirma la Dra. Damour. “Les demuestra que tienen la habilidad de manejar emociones dolorosas y encontrar la forma de superarlas”.