Las canciones de cuna, o nanas, son un fenómeno universal que ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes. Constituyen un hilo musical invisible que une a las culturas, trascendiendo fronteras y generaciones. Son mucho más que simples melodías para dormir: son vehículos de afecto, historia, temores y esperanzas, que fortalecen los lazos familiares y favorecen el desarrollo infantil en múltiples aspectos.

La Esencia Universal de las Nanas
Es un hecho demostrado la existencia de un «común denominador» de todas las culturas que se mantiene desde nuestra etapa prehistórica como especie. La música cobra vida cuando cae la noche. Se acurruca bajo las mantas, se acomoda en los pliegues de unos brazos que acunan, en habitaciones del mundo entero. Un coro invisible de cuidadores llena la noche de música para un público infantil, cantándoles nanas.
Todavía hoy, a los bebés les gustan las canciones de cuna para dormir. Las heredamos y las transmitimos; llevamos canciones de cuna a través de las fronteras y hacemos otras nuevas en el camino. Contienen las huellas de aquellos que vinieron antes que nosotros, y llevarán las nuestras mucho después de que nos hayamos ido. Es probable que sean las primeras canciones de amor que escuchemos. Dentro de las canciones de cuna hemos reflejado no solo nuestros mayores temores, sino al mismo tiempo nuestras oraciones, nuestras esperanzas y nuestras garantías.
En todas las culturas del mundo encontramos canciones de cuna. Algunas son brillantes, otras serenas, pero el punto intermedio está en aquellas que te devuelven a la cuna cósmica, a la infancia, al momento en que se crean poderosos vínculos afectivos entre los miembros de la familia. Las nanas son canciones que las madres y padres utilizan para adormecer a su pequeño y han existido en cada punto de la historia y en toda cultura.
Raíces Históricas y Evolución de las Nanas
El origen de las nanas se remonta a tiempos inmemoriales, acompañando a la infancia con melodías suaves y repetitivas. Su propósito es sencillo pero esencial: calmar a los bebés y facilitar su descanso. Sin embargo, más allá de su función de arrullo, estas canciones han servido como testimonio de creencias, emociones y costumbres transmitidas de generación en generación.
Probablemente las civilizaciones antiguas como Egipto, Mesopotamia y Grecia cantaban a sus bebés canciones para dormir o protegerlos, ayudando a alejarlos de malos espíritus y otros peligros invisibles. Se han encontrado tablillas sumerias con inscripciones que, por sus letras y tono, podrían ser canciones de cuna, narrando la preocupación de una madre por el futuro de su hijo. De hecho, el registro completo más temprano de una nana, la babilonia, comienza con: «Pequeñito que estás en la casa oscura», y habla de un dios lar que, irritado por el llanto de un bebé, exige llevárselo.

Richard Dumbrill, director del Consejo Internacional de Arqueomusicología de Oriente Próximo de la Universidad de Londres, quien ha traducido la tablilla de 4.000 años de antigüedad del acadio, apunta: «No se andaban con contemplaciones. Y es que, no lo olvidemos, estamos hablando de una época brutal. La vida humana no valía nada». Esto nos revela que la nana como amenaza -duérmete o verás lo que es bueno- es común a todas las culturas.
Durante la Edad Moderna (siglo XV-XVI) se encuentran cancioneros con recopilaciones de piezas con características melódicas y funcionales que podrían relacionarse con canciones de cuna. Sin embargo, las nanas han sido tradicionalmente escasas en los cancioneros de música popular, lo que sugiere que su transmisión ha sido mayoritariamente oral. Su presencia escrita es limitada, y muchas han sido readaptaciones de otros géneros musicales, como romances y villancicos, dificultando su clasificación como género independiente. Una de las canciones de cuna más conocidas y publicadas es la Op. 49, n.º 4 de Johannes Brahms, de 1868.
Características Musicales Universales
Desde un punto de vista musical, las nanas comparten una serie de características que las hacen especialmente efectivas para inducir el sueño. Se caracterizan por ritmos pausados, estructuras repetitivas y melodías sencillas. Un estudio sobre 368 nanas recopiladas en España por Marius Schneider reveló que la mayoría de estas canciones siguen patrones melódicos similares, predominando el «modo de Mi», una tonalidad frecuente en la música tradicional que transmite sensaciones de calma y seguridad.
Nanas del Mundo: Voces y Historias
Aunque las canciones de cuna son un fenómeno universal, cada sociedad ha desarrollado versiones con particularidades propias, reflejando su cultura, historia y circunstancias.
Ejemplos de Diversas Culturas
La riqueza de las nanas globales se manifiesta en su diversidad. Algunas de las canciones de cuna tradicionales que se cantan en diferentes culturas incluyen:
- Chin chin garne baja (Jaramar)
- Gumayta puñén may (Canción para dormir a un niño)
- «Lithuanian lullaby» (Lituania)
- Iskierecka
- «African Lullaby» (África)
- Sove sødt lille Jumbo
- «Mi niño tiene sueño»
- Ljuljaj mi sine
- «Datooga dance»
- Dandini Dandini Dastana Ninnisi (Turquía)
- «Indian Lullaby» (India)
- «Hungarian lullaby» (Hungría)
- Une petite poule grise
- Lay lay
- Äiti lasta tuudittaa
- Jano Mori
- «Tatar lullaby» (Tataristán)
- Seoithín Agus Aeoithín
- «Greek Lullaby» (Grecia)
- Cançao de Embalar (Portugal)
- Thula Mtwana
- «Japanese lullaby» (Japón)
- Lullaby
- Partons, la mer est belle (Canadá)
- Nani, nani (Judeo sefardí)
- «Hopi song» (Hopi)
- My sweet little darling lullaby
- Slaap kindje slaap
- «Russian lullaby» (Rusia)
- Oyfn veg shteyt a boym
- Nani, nani, mummies baby
- Kleines baby wein nicht mehr
- Ushag veg ruy (Isla de Man, Reino Unido)
- «Moldavia lullaby» (Moldavia)
- «Chukhi Lullaby» (Península de Chukotka, Rusia)
- Vyssan Lull (Suecia)
- Agna Oror (Armenia)
- Doi Doi Doiya Baba (Bulgaria)
- «Svanuri nana» (Georgia)
Nanas como Reflejo de Realidades Culturales
Las nanas no solo arrullan, sino que también narran las vidas y desafíos de las personas que las cantan.
Liberia
En West Point (Monrovia, Liberia), Christiana Gmah canta canciones a su hija Orinna. Después de muchos años sin hogar, la nana se convierte en un refugio. Patience Brooks, también de Monrovia, utiliza las «lie-lies» -una mezcla de palabras entonadas, scat y ritmos vocales- para calmar y entretener a su hija Marta. Las nanas de Patience son un reflejo de los desafíos de la crianza temprana en su comunidad, donde las mujeres se apoyan mutuamente en las tareas cotidianas.
Duerme, bebé, duerme.Duerme, bebé, duerme.Mami quiere ver que tienes sueño.Y cuando tienes sueño,mami está contenta,mami está feliz.Por eso duerme, duerme.Duerme, bebé, duerme.
Siria y Turquía: Nanas en Contextos de Refugio
Mona Idrees, refugiada siria en Hatay, Turquía, acuna a su nieto Zaid Abideen, mientras las palomas sobrevuelan la ciudad al anochecer. En un contexto similar, Jadiya al-Mohammad, cuya familia huyó de Kafr Nubl en 2013, ha visto cómo sus nanas se transformaban en canciones sobre la guerra. «Ay, avión, vuela por el cielo y no ataques a los niños que están en la calle. Sé bueno y pórtate bien con ellos», canta Jadiya, creando un espacio seguro para su hijo Ahmad en medio de sus propios miedos y pesadillas.
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En un mundo cambiante, las nanas ayudan a crear espacios seguros para los niños. En estas canciones, se expresan no solo los peores miedos, sino también esperanzas y plegarias. Y aunque el son sosiega y conforta, no es raro que las letras sean siniestras, una ventana a nuestros temores. La nana islandesa «Bíum, Bíum, Bambaló» adquiere visos terroríficos cuando aparece un rostro en la ventana. Incluso «Rock-a-Bye, Baby», una de las canciones de cuna más conocidas de los países anglófonos, versa sobre una cuna que se precipita desde la copa de un árbol con el bebé dentro. Sin embargo, revelan también nuestros consuelos, como en la estrofa: «Rock a bye baby / no tengas miedo / Tranquilo, bebé / Mamá está cerca... Ahora duerme bien / hasta que salga el sol».
Japón
En Japón, las «Itsuki no Komoriuta», o «Nanas de Itsuki», eran tradicionalmente cantadas por las muchachas que servían como niñeras en casas acomodadas antes de la Segunda Guerra Mundial, reflejando a menudo su propia melancolía y el desapego: «Nadie derramará una lágrima cuando yo muera».
Mongolia: Nanas frente a la Contaminación
En Nailakh, un distrito de Ulaanbaatar, una de las capitales más frías y contaminadas del mundo, Dejid y su familia se preparan para dormir. Mientras la contaminación alcanza niveles peligrosos, Dejid canta para calmar a sus hijos y sus propias preocupaciones. Los nómadas de Mongolia llevan generaciones entonando la nana «buuvei», cuyo estribillo significa «no tengas miedo». Bayartai Genden, cantante y bailarina tradicional mongola, lamenta que la contaminación sea una barrera con sus ancestros, quienes «deben de estar llorando al ver la contaminación». Oyunchimeg Buyanjuu usa las nanas para proteger a sus hijos de las enfermedades causadas por la toxicidad ambiental, adaptando una canción ancestral con «palabras curativas».
Filipinas: Nanas y el Mar
Para Zaijan Villaruel, un niño de 10 años en Filipinas, el sueño está dictado por las mareas. Sale a pescar con su padre y se duerme con el sonido de las olas y el motor del barco. En su hogar en la provincia de Bataan, canta a su hermanita Jazzy canciones aprendidas en el karaoke, meciéndola al compás de una melodía sobre la esperanza. En Filipinas, entre nana y nana se pronuncian las palabras «Tahan na», una expresión que significa «deja de llorar», pero también «siéntete a salvo» y «siéntete en paz».
La Ciencia Detrás del Arrullo
Cada vez hay más estudios sobre los efectos calmantes de las nanas tanto en el cuidador como en el niño. Laura Cirelli, profesora de psicología del desarrollo en la Universidad de Toronto, investiga el trasfondo científico de las canciones maternas. Ha descubierto que, cuando una madre entona una canción de cuna, los niveles de estrés descienden no solo en el bebé, sino también en ella misma. Cirelli concibe el cantar nanas como una «experiencia multimodal» compartida por madre e hijo: «No es solo que el bebé oiga una música. Es estar en brazos de su madre, tener su cara muy cerca, sentir su oscilación cálida y suave».

Samuel Mehr, director del Laboratorio de Música de la Universidad Harvard, donde se estudia cómo funciona la música y por qué existe, afirma que en todas las culturas, las nanas «tienden a aunar características que las hacen reconfortantes o tranquilizadoras». El proyecto de su laboratorio, la Historia Natural de la Canción, descubrió que las personas perciben rasgos universales en la música, incluso cuando escuchan canciones de culturas ajenas. En el marco del proyecto, se pidió a 29.000 participantes que escuchasen 118 canciones e identificasen si se trataba de una canción curativa, bailable, de amor o de cuna. La conclusión fue que «la población acierta con más regularidad a la hora de identificar canciones de cuna».
En otro estudio, el laboratorio de Mehr descubrió que los bebés se sosiegan igualmente aunque la nana la cante alguien que no es su cuidador habitual o proceda de una cultura distinta a la suya. «Parece existir algún tipo de conexión músico-parental que es al mismo tiempo universal y ancestral, casi atávica. Llevamos una eternidad cantando canciones de cuna». Las investigaciones de Cirelli también han revelado que los niños que cantan o tocan instrumentos juntos son más proclives a ayudarse entre sí.
Nanas en la Era Moderna: Desafíos y Adaptaciones
Con el auge de la tecnología y el acceso a listas de reproducción con «ruido blanco» o melodías grabadas, el canto de nanas ha disminuido en muchos hogares. Sin embargo, estudios recientes destacan que la voz humana tiene un impacto irremplazable en el bienestar emocional de los bebés. Hoy, en medio de la vorágine de cambios que nos depara la pandemia de la COVID-19, estas canciones se perfilan una vez más como un vehículo importante para preservar momentos de ternura entre padres y pequeños.
En tiempos turbulentos, las historias nos unen. La pandemia de la COVID-19 alteró drásticamente nuestras maneras de relacionarnos. Elizabeth Streeter, enfermera en Massachusetts, tuvo que aislarse de sus cuatro hijos para evitar contagios. Por las noches, se comunicaba con ellos por teléfono, conteniendo las lágrimas mientras cantaba a su hijo de tres años su nana favorita. Allison Conlon, enfermera intensivista, también se distanció de su hijo Lucas, leyéndole cuentos y cantándole por teléfono o a través de una cristalera. Ambos ejemplos ilustran cómo las nanas se convirtieron en un puente emocional en momentos de separación forzada.
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El Proyecto Nana de Carnegie Hall
En 2011, el Carnegie Hall de Nueva York desarrolló el Proyecto Nana. Basado en conclusiones científicas que demuestran que las nanas benefician la salud materna, fortalecen los vínculos paternofiliales y potencian el desarrollo infantil, el proyecto fomenta la colaboración entre músicos profesionales y padres recientes para la composición de nanas personalizadas. Ha propiciado la creación de miles de nanas en distintos países, llegando a madres y padres a través de hospitales, refugios para gente sin hogar, programas para madres jóvenes y centros penitenciarios.
«Muchas madres explican espontáneamente cómo recurren a las canciones de cuna para reconstruir el hogar», apunta Dennie Palmer Wolf, consultora de investigación del Proyecto Nana. Este proyecto ha trabajado con familias migrantes en Grecia, donde las nanas son descritas como «santuarios portátiles». «Al igual que las oraciones o los cuentos tradicionales, puedes llevártelas contigo -dice Palmer Wolf-. No ocupan espacio en la mochila, siempre hay sitio para ellas en el equipaje. Es una manera de establecer continuidad donde esta escasea».
Además, las nanas no tienen que ser exclusivamente para bebés o sobre dormir. Puedes utilizar otras canciones que generen un ritmo que le guste a tu bebé y que te sientas cómoda cantando. Canciones tradicionales como "¿Dónde vas Alfonso XII?", canciones de Disney, o incluso canciones pop como "Something Stupid" de Frank y Nancy Sinatra o "Can’t Help Falling In Love" de Elvis Presley pueden ser adaptadas creativamente.
Nanas: Un Legado Cultural Invaluable
La desaparición progresiva de las canciones de cuna supone la pérdida de un importante legado cultural. Muchas de estas melodías se han transmitido oralmente, sin registros escritos, lo que las hace vulnerables al olvido. Presentes en todas las culturas, las nanas son un eco de la historia de quienes las cantan.
Somos una cultura conocida por nuestro aprecio y apego hacia nuestros mayores, y lo que aprendimos de nuestros abuelos lo solemos pasar a nuestros hijos. Todos conocemos las canciones de cuna que nos cantaba nuestra abuela, esos "cocos" que tanto miedo nos daban y que no han desaparecido con las nuevas generaciones. Cantar una nana es establecer una conexión. Las canciones vinculan al cuidador con el bebé, pero también, aunque pase más inadvertido, cuentan historias que nos vinculan con nuestro pasado y nuestros congéneres. Bayartai Genden describe la nana como «el intercambio de dos almas».
Las nanas forman parte del tejido con el que los cuidadores crean los espacios seguros necesarios para que florezcan los sueños. Jadiya al-Mohammad dice que Ahmad busca sus nanas «no solo para dormir, sino para sentir mi ternura». Volver a cantar nanas no solo es una manera de conectar con la tradición, sino también un acto de amor que beneficia a los más pequeños en su crecimiento y desarrollo.
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