La figura de Augusto, el primer emperador romano, ha sido inmortalizada en diversas esculturas que no solo reflejan su imagen, sino también el ideario político y propagandístico de su época. Entre estas obras, destacan el busto de Augusto como Pontifex Maximus hallado en Pollentia y la célebre estatua de Augusto de Prima Porta, cada una con sus propias características, historia y profundo simbolismo.
El Emperador Divinizado del Museo del Prado
La pieza que se encuentra en el Museo del Prado, de un emperador divinizado, es una escultura elaborada en mármol blanco de grano fino, material predilecto en la estatuaria desde la Edad Clásica hasta la actualidad, procedente posiblemente de las canteras de Carrara o Lunense en Roma, o de Paros o Naxos en Grecia. Este tipo de mármol realza el juego de luces y sombras sin interferir con la imagen.

Técnica y Restauraciones
La técnica de ejecución de esta obra, que data del 41-54 d.C., posiblemente se realizó mediante el traslado de puntos, trasladando las medidas desde un modelo al bloque a partir de los puntos más salientes mediante una plomada. La obra fue restaurada en 1998 por S. Schröder.
A lo largo de su historia, la escultura ha sufrido varias restauraciones y añadidos, evidenciados en la unión de la cabeza con una parte del cuello, el brazo derecho a partir de la mitad (el hombro presenta varias roturas y las reparaciones en la parte frontal son modernas), el antebrazo izquierdo con una porción del atuendo que cae de él, el pie izquierdo con la mitad de la pierna, y todo el plinto, a excepción de la zona alrededor del apoyo y el pie derecho. También se han realizado reparaciones en la rodilla derecha, los pliegues de la toga y en la parte posterior del apoyo. El hombro derecho fue añadido en la antigüedad, y la mitad superior de la pierna izquierda presenta dos roturas, que también son añadiduras antiguas.
Identificación y Ubicación
Aunque originalmente se pensó que la escultura podría representar a César, Augusto o Tiberio, el tratamiento de sus paños sugiere que fue realizada en la época de Claudio (41-54 d.C.), lo que apunta a que solo pudo representar a los tres emperadores anteriores divinizados tras su muerte: César, Augusto o Tiberio. Sin embargo, la desnudez, evocadora de las estatuas de dioses y héroes griegos, es la característica particular de esta estatua-retrato romana, que en tiempos modernos fue complementada con una cabeza de Augusto con corona de laurel o encina, un globo y un bastón de mando.
Antes de su exposición en el Museo del Prado, la pieza se encontraba en el Palacio Real de San Ildefonso, formando parte de la colección personal del monarca Felipe V.
Precedentes Griegos y la Influencia en la Escultura Romana
La escultura romana, y en particular las representaciones de Augusto, tienen fuertes raíces en el arte griego. En la sociedad androcéntrica griega, el cuerpo humano, especialmente el masculino desnudo, ocupaba un lugar dominante en la escultura, transmitiendo cualidades viriles como el coraje, la fuerza y la velocidad, algo visible desde los primeros Kouros.

El Desnudo Heroico
A lo largo del periodo clásico, la representación de desnudos en la estatuaria griega se asociaba al ensalzamiento de personajes por sus hazañas guerreras o triunfos atléticos, como el Doríforo de Policleto, que representa a un viril guerrero en el umbral de su madurez. Los dioses, héroes y atletas griegos eran representados con cuerpos atléticos e idealizados, símbolo de una fuerza sobrehumana.
Esta tradición se extendió a algunos mortales distinguidos, entre ellos Alejandro Magno. A partir de este momento, una serie de esculturas romanas absorbieron este estilo helenístico del desnudo heroico, penetrando paulatinamente en el arte romano. Un ejemplo es el Mariscal de Tívoli, una escultura ligeramente posterior que muestra a un militar en desnudo idealizado, con un rostro veraz de hombre maduro y un expresivo gusto helenístico.
La Asimilación Romana del Modelo Helenístico
Esta apuesta por el modelo helenístico tuvo un éxito considerable en los agitados tiempos que precedieron y siguieron a la implantación del principado por Augusto. Fue un periodo de grandes personajes como Sila, Pompeyo y César, líderes beligerantes que ansiaban engrandecer el imperio y controlar su destino. Para mostrar su condición de líderes sobrehumanos, aprovechaban su cualidad de triumphatores, que los equiparaba temporalmente con Júpiter Óptimo Máximo, y adoptaron decididamente los modelos heroizados de los príncipes helenísticos.
Este modelo helenístico fue absorbido por completo, tanto por autoridades públicas como por privados, especialmente en imágenes funerarias póstumas que, asociándose a héroes y dioses, hacían explícita la inmortalidad ambicionada. Un ejemplo de esta asimilación a Hércules se encuentra en una estatua del Museo del Prado, que refleja a un individuo con una fisionomía retratística singular, pero con el cuerpo ideal de Hércules y sus atributos (la clava, la leonté, las manzanas del jardín de las Hespérides).
Para los emperadores, la fórmula de desnudo heroizado que se adoptó en época de Augusto para la imagen de César divinizado, el Divus Iulius, fue muy explicable. Este fue el primer caso en Roma de un culto post mortem a un soberano a la manera de los príncipes helenísticos. Sin embargo, más acomodado a las tradiciones romanas del pudor sobre el desnudo, y especialmente a la exhibición del sexo, el Divino Julio aparecía como los generales heroizados al estilo del Mariscal de Tívoli, cubriendo con un manto o toga desde las caderas a parte de las piernas.
La escultura Griega y Romana
Características del Busto de Augusto en Pollentia
Este busto es una cabeza velada que representa al emperador Augusto, descubierta en el siglo XVI en el Camp d´en França, cerca del oratorio de Santa Anna, en Alcudia. La testa, tallada en mármol blanco fino con vetas rojizas, debía coronar una estatua togada procedente del foro de Pollentia.
- Tipo: Escultura, busto.
- Descripción: Mármol blanco, con manchas pardo rojizas en la frente y el rostro.
- Dimensiones: 38,5 x 21 x 18 cm.
- Cultura/Época: Romana.
- Datación: 30-20 a.C.
- Origen: Pollentia.
El emperador es representado joven, de unos treinta años, con la cabeza velada, simbolizando su rol como Pontifex Maximus, la máxima autoridad religiosa romana. Su rostro destaca por una expresión tensa y enérgica, característica de los retratos regios helenísticos. Esta obra ha sido clasificada dentro de la variante Actium-Alcúdia y fechada entre el 30 y el 20 a.C., siendo una de las efigies imperiales más antiguas de la Hispania romana. La cabeza fue labrada como una pieza aparte para ser insertada en una estatua togada y velada de cuerpo entero y tamaño natural.
El Augusto de Prima Porta: Un Icono de Propaganda Imperial
La escultura conocida como «Augusto de Prima Porta» es una obra anónima del arte romano imperial, realizada hacia el 20 a.C., en plena consolidación del régimen del primer emperador romano, César Augusto. Se trata de una estatua de bulto redondo, tallada en mármol mediante la técnica de la talla directa, y responde a un tipo iconográfico específico: el retrato de adlocutio, es decir, de discurso ante las tropas.

Descubrimiento y Ubicación
Esta pieza se conserva en el Museo Chiaramonti de los Museos Vaticanos, tras haber sido descubierta en 1863 en la villa de Livia, esposa del emperador, en Prima Porta, a las afueras de Roma. Es una copia en mármol de un retrato original en bronce, actualmente perdido. La obra fue realizada poco después de que Augusto se proclamara emperador.
Descripción y Características Formales
El Augusto de Prima Porta representa al emperador de manera figurativa y naturalista, en una postura de solemnidad y autoridad. Es una escultura exenta, concebida para ser vista frontalmente pero con tratamiento tridimensional completo. Pertenece al retrato político-ideológico, con elementos religiosos y mitológicos, propios del discurso de poder de la época.
- Tema: El emperador en actitud oratoria, con el brazo derecho extendido en gesto de mando o arenga, y el izquierdo sosteniendo el manto (paludamentum).
- Vestimenta: Viste coraza militar (lorica musculata), símbolo de su autoridad como comandante en jefe de los ejércitos romanos, y lleva el manto recogido sobre la cintura.
- Volumen: Cuidadosamente esculpido con un volumen cerrado y compacto, que transmite estabilidad y solidez.
- Movimiento: Aunque la figura es fundamentalmente frontal y estática, la torsión leve del torso y la disposición de las piernas sugieren un contrapposto moderado, heredado del clasicismo griego, particularmente del Doríforo de Policleto. La figura apoya el peso en la pierna derecha, mientras que la izquierda está ligeramente flexionada hacia atrás, creando una curvatura del tronco y la cabeza ladeada.
- Composición: De estructura piramidal, cuidadosamente equilibrada, con el brazo extendido como eje dominante.
- Color: Aunque hoy se presenta en mármol blanco, estudios han demostrado que estaba ricamente policromada, especialmente en la coraza y el rostro, con restos de colores vivos como dorados, púrpura y azul aún observables.
- Expresividad: El rostro, sereno y levemente idealizado, transmite autoridad, control y divinidad. Refleja al político sereno y seguro, prudente y consciente de sus pensamientos y palabras.
- Altura: Mide aproximadamente dos metros de altura.
Simbolismo y Propaganda
La escultura es un perfecto ejemplo de arte al servicio del poder, ya que el arte romano estaba estrechamente relacionado con la política y la propaganda. Augusto comprendió el poder de la imagen para comunicar una ideología. Los relieves de la coraza representan las victorias de Augusto, lo que posee un significado histórico para que el pueblo admire las hazañas de su gobernante. En la parte superior hay un remate presidido por el Dios Marte.
La Coraza: Un Relato de Triunfos
Un elemento icónico central es el relieve de la coraza, que alude al triunfo diplomático sobre los partos: muestra la devolución de las insignias legionarias que habían sido capturadas décadas antes, en el 53 a.C., por Craso. Esta recuperación, ocurrida en el 20 a.C., fue tratada por la propaganda de Augusto como uno de sus mayores éxitos, un logro a la altura de un triunfo militar. La imagen central muestra a un bárbaro barbado, un emisario parto, entregando el águila expoliada al legado romano.
Flanqueando la escena central, dos figuras femeninas simbolizan países conquistados por Augusto: la personificación de Hispania, sentada y afligida, llevando una espada, en alusión a la victoria sobre cántabros y astures; y la personificación de la Galia, en actitud de derrota, mostrando atributos celtas como una trompeta zoomorfa de guerra y una enseña gálica en forma de jabalí.
Debajo de estas representaciones se encuentran Apolo y Diana, dioses por los que Augusto tenía especial devoción. Apolo aparece con su lira y montando un grifo, en referencia a la creencia de que había ayudado a Octavio Augusto en la batalla de Accio. Diana cabalga sobre un ciervo y lleva su carcaj de flechas, representando una deidad nacional romana.
Todos estos sucesos se hallan enmarcados por un contexto cosmológico. Arriba, sobre los pectorales de la coraza, Caelus (el cielo) despliega su manto. Por él recorre el Sol en su cuadriga, trayendo luz, junto al Rocío y la Aurora. Debajo, en la vertical del ombligo, se encuentra la Tierra (Tellus o Terra Mater), recostada y con emblemas de fertilidad, como la cornucopia.

Referencias a la Divinidad
A pesar de que Augusto no deseaba ser representado explícitamente como un dios, la estatua contiene muchas referencias apenas veladas a su "naturaleza divina". El pequeño Cupido a sus pies, montado sobre un delfín (que también sirve de soporte para la estatua), es una alusión directa a la ascendencia divina de Augusto. Cupido era hijo de Venus, la diosa de la que la Gens Julia, a la que pertenecían Julio César y el propio Augusto, reclamaba descender a través de Eneas. Esto emparentaba a la gens Julia con los dioses, los fundadores de Roma y los héroes troyanos.
Los pies descalzos del emperador también simbolizan su divinización, un honor reservado en el mundo clásico a dioses y mortales deificados. Augusto fue divinizado tras su muerte, y su esposa Livia se convirtió en su sacerdotisa. La tradición dio al hijo de Eneas, Ascanio, el nombre de Iulio.
Contexto Histórico y Estilístico
La escultura del Augusto de Prima Porta se inscribe en el contexto del Alto Imperio romano, un periodo que se inicia con el gobierno de Augusto tras la crisis de la República. El estilo de esta obra, nacido en Roma, se difundió rápidamente por las provincias, marcando la identidad visual del imperio. El contexto histórico es el de la estabilización política y el establecimiento de la Pax Romana, tras décadas de guerras civiles.
La escultura se inspira en el Doríforo de Policleto en cuanto al tratamiento corporal, y en los retratos heroicos griegos como los de Pericles o Alejandro Magno. Sin embargo, mientras que el retrato griego perseguía una concepción ideal del hombre, el romano busca el máximo realismo y parecido de la persona, un rasgo que culmina la larga tradición del retrato en Roma, influenciada por el realismo etrusco y el idealismo helenizante. Esta estatua marca el inicio de una iconografía imperial que influirá durante siglos, no solo en Roma, sino en el arte del Renacimiento y el Neoclasicismo.
Iconografía y Tipologías del Retrato de Augusto
Los tipos de peinado son importantes para identificar los retratos y esculturas de Augusto, pues arrojan una cronología aproximada de la pieza. Se distinguen tres tipos de peinado:
- Actium: Creado tras la batalla homónima, se caracteriza por presentar el cabello en desorden.
- Prima Porta: Creado con motivo de la concesión del título de Augusto, se resuelve en un flequillo corto con horquilla o cola de golondrina en el ojo izquierdo y dos ganchos de tenaza, garra o pico de buitre sobre el derecho.
- El tercer tipo es el retrato como Pontifex Maximus o "con cabeza velada", donde el personaje oficia como jefe religioso o sumo sacerdote.
Otro tipo es el retrato apoteósico, que representa al emperador semidesnudo tras su muerte, como alusión a su carácter de semidiós o divinizado.
Las estatuas-retrato augusteas que representan a Julio César, asesinado en el 44 a.C., y la mayor parte de las estatuas del tipo que aquí se analiza, pueden fecharse en la época Claudia (41-54 d.C.). Esta estatua, creada entre el año 41 y el año 54, es probablemente un retrato de Augusto o Tiberio, quienes a menudo fueron representados de acuerdo con este esquema. Al igual que las estatuas republicanas de generales, todos los retratos de emperadores y de príncipes del tipo representado aquí han sido realizadas póstumamente, lo que les confería un valor simbólico muy especial.
La escultura Griega y Romana
Ubicación de la Estatuaria Imperial
No se tiene constancia del emplazamiento original que tendría la estatua de Augusto del Museo del Prado, pero sí de la colocación de este tipo de estatuaria tanto en las zonas públicas de la ciudad, como el Foro de Augusto, como en espacios privados. La presencia de estatuas con retratos del emperador en villas privadas, como la de Ovidio o la de Falanio, que tenía una estatua de Tiberio, reflejaba la adhesión de la familia al gobernante. En el yacimiento de Tusculum, la villa Lucidi ofrece otro ejemplo interesante en relación con la escultura de Augusto.
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