El Rol de la Doula y el Bienestar Materno: Perspectivas y Desafíos desde la Voz de Ana Morales

Pioneros en la Asistencia al Nacimiento Humanizado

La Influencia del Dr. Michel Odent

El doctor Michel Odent es un obstetra que revolucionó las ideas de atención al nacimiento. Es conocido por introducir conceptos como la "sala de partos como en casa" y las "piscinas para partos". Fue el autor del primer artículo sobre literatura médica acerca de la utilización de las piscinas para partos, publicado en Lancet en 1983. Además, fue pionero al escribir el primer artículo sobre la iniciación de la lactancia materna durante la primera hora después del nacimiento y el novedoso artículo para obstetras "Gate control Theory of Pain".

Sus obras, artículos y cursos abordan las necesidades básicas de la mujer durante el nacimiento de un hijo, las condiciones que favorecen el "reflejo de eyección del feto" y nuestra condición de mamíferos. Tras años de trabajo hospitalario y atención de partos en casa, Odent fundó el Primal Health Research Center -Centro de Investigación en Salud Primal- en Londres. Su propósito es transmitir la idea de que la fase más decisiva de la ecología humana es la ecología pre y perinatal. El centro investiga la relación entre lo que sucede durante el "período primal" (desde la concepción hasta el primer año) y la salud y el comportamiento de las personas a lo largo de su vida. Su conclusión es que, al igual que nuestra salud se determina en gran parte durante el período primal, la forma en que nacemos y somos criados determina nuestra capacidad de amar (a nosotros mismos y a otros).

La Labor de Liliana Lammers como Doula

Liliana Lammers, nacida en Buenos Aires, es madre de cuatro hijos, abuela de dos nietos y doula. Su acompañamiento a madres durante más de diez años le ha brindado una invalorable experiencia que hoy comparte en los cursos Paramanadoula, que dicta junto al Dr. Michel Odent en Londres, Europa y Sudamérica.

Foto de Liliana Lammers y Michel Odent en un curso o conferencia sobre parto humanizado

Ana Morales y el Fenómeno del Cansancio Materno

La crianza es, en casi todos los casos, agotadora. El esfuerzo físico y mental, unido a la falta de sueño los primeros meses (y, a veces, años), da lugar a que la madre tenga la sensación de pérdida de control de su propio bienestar, que casi siempre acaba relegando a un segundo plano. Para entender por qué ocurre esto, se ha consultado a la periodista Ana Morales, especializada en temas de bienestar, salud mental, nutrición y fitness, quien ha publicado su primer libro: Estado civil: cansada. La guía perfecta para pasar del "yo puedo con todo" al "elijo cuidarme" (Roca Editorial).

Morales ofrece una serie de claves eficaces y fáciles de llevar a cabo para que las madres puedan dedicarse tiempo a sí mismas cuando están inmersas en la crianza y sienten que no llegan a nada. Ella subraya que el cansancio está muy extendido y generalizado entre las mujeres más allá de la maternidad, siendo un tema multifactorial condicionado por escenarios como los bailes hormonales, el contexto social y laboral, y el factor psicológico relacionado con la tendencia a pensamientos rumiantes y problemas de autoestima. Si a esto se suma el papel de cuidadoras de todo el mundo (no solo de los hijos) tan interiorizado, el cansancio afecta a todas. Sin embargo, la maternidad es un factor añadido que agrava este estado de agotamiento.

Entendiendo la Carga Mental Materna

El tener que estar sosteniendo mentalmente tantos detalles de organización y planificación que implican la crianza y la educación es un esfuerzo cognitivo constante mantenido en el tiempo que agota. Esto sucede incluso durante el embarazo, llevando a un estado de alerta constante para que todo fluya, lo cual es extremadamente agotador.

Estrategias de Autocuidado en la Maternidad

Afrontar esta situación es muy complicado, especialmente cuando no hay tiempo material real para una misma. Aunque la teoría sugiere reservar tiempo diario para el autocuidado, en los primeros años de la crianza puede ser casi imposible. Por ello, Ana Morales cree que es valioso centrarse en lo pequeño para conseguir grandes cambios. Por ejemplo, si no hay tiempo para ir al gimnasio, se puede caminar más o subir y bajar escaleras. Si no se puede quedar con una amiga, se pueden reservar 10 minutos para una llamada telefónica. También ayuda hacer pequeñas microparadas de 2 minutos al día, concentrándose en una sola cosa y estando más presente. Es cierto que buscar tiempo para una misma durante el apogeo de la crianza y sin ayuda externa puede ser frustrante si se piensa a lo grande, por lo que es mejor buscar esos pequeños momentos antes de llegar a un agotamiento extremo.

Raíces Culturales de la Autoexigencia y el Desgaste

Incluso cuando la pareja está igual de implicada en la crianza, la carga mental y el cansancio de las madres suele ser mayor. Ana Morales atribuye esto a una herencia cultural: "Tenemos tan interiorizado ese papel de cuidadoras (en parte porque puede que lo hayamos visto en nuestras madres y abuelas) que tendemos a asimilar en silencio muchas cosas sin cuestionarnos la posibilidad de que esa carga no tiene por qué ser solo nuestra". También influyen las dinámicas sociales, familiares y de pareja veladas, donde se da por hecho que ciertas tareas de crianza son responsabilidad materna. Es crucial dejar de asumir de forma pasiva y hablar más sobre esta distribución.

Estudios científicos sugieren que las mujeres pueden necesitar unos 20 minutos más de sueño cada noche. Esta necesidad adicional se explica por la tendencia femenina a la multitarea y a una mayor activación del sistema límbico en el cerebro, relacionado con las emociones. Todo esto, unido a la autoexigencia constante, lleva a un estado de alerta que mantiene al cerebro siempre "de guardia". Estas adaptaciones neuronales, si bien reflejan la plasticidad del cerebro y su capacidad de supervivencia, repercuten en los niveles de energía.

El Impacto de la Autoexigencia Extrema

La autoexigencia es un factor determinante en el cansancio de las mujeres, y en muchos casos, se lleva al extremo con la maternidad. La gran cantidad de información disponible sobre la crianza, aunque útil, puede incrementar las cotas de autoexigencia, trasladando el deseo de "hacerlo todo y hacerlo perfecto" al campo de la maternidad, amplificándolo. Sin embargo, para otras mujeres, la maternidad les ayuda a relativizar y a priorizar, aprendiendo a establecer prioridades por su salud mental y el bienestar de sus hijos. La autoexigencia excesiva genera frustración y agotamiento, ya que "las mujeres tendemos a autoexigirnos mucho y a perdonarnos poco", lo cual es un factor de desgaste significativo.

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Recomendaciones para Madres Agotadas

Para las madres que se sienten saturadas y agotadas, Ana Morales aconseja reconocer que "estamos todas en el mismo barco" y que la sensación de "no me da la vida" es común. No obstante, está en sus manos intentar cambiar ciertas cosas para cuidarse a sí mismas y, por ende, poder cuidar mejor a sus hijos. Utiliza la analogía de la máscara de oxígeno en un avión: "antes de ayudar a los demás es necesario ponerse la máscara de oxígeno a uno mismo". Se trata de encontrar la manera, con pequeños gestos diarios, para el autocuidado: "ya sea tomando el primer café en calma; leyendo aunque sea 10 minutos o hablando con una amiga por teléfono". Es fundamental recuperar el control del propio bienestar, sin dejarlo en manos ajenas.

El Rol de la Doula en España: Contexto, Debate y Profesionalización

El reciente fallecimiento de un bebé en Vigo, después de que su madre intentara dar a luz en casa sin asistencia sanitaria, ha reavivado el debate sobre las doulas en España. El Colegio General de Enfermería (CGE), en un informe de 2015, destacó los graves riesgos para la salud de la madre y el hijo en partos domiciliarios asistidos por una doula en lugar de personal sanitario cualificado. El CGE ha denunciado la situación ante el Ministerio de Sanidad para ilegalizar y prohibir la actividad de las doulas, postura que es compartida por matronas y ginecólogos, quienes coinciden en que "las doulas deben desaparecer".

Desconocimiento y Estigmatización

Ante esta controversia, el gremio de doulas busca desmitificar la imagen que se tiene sobre ellas. Una doula, cuya identidad se reserva, afirma: "Somos acompañantes emocionales de la mujer no solo en el parto, sino también a lo largo de la gestación y el posparto, y jamás tocamos al bebé". Lamentan el "completo desconocimiento que se tiene del trabajo real de una doula" y critican el acoso y vilipendio que sufren en el sector sanitario. Subrayan que "la pareja que ha perdido a su bebé en Vigo no tenía una doula, o eso creemos".

Las doulas aclaran que trabajan "junto a las matronas en los hospitales o en el domicilio. En el parto somos las que le damos la mano a la madre, le recogemos el pelo, empatizamos con ellas con la mirada". La Asociación Española de Doulas (AED) busca desmentir las acusaciones de "sectarias", afirmando: "En ningún momento le indicamos a la mujer que se aparte de su familia, ni que se coma la placenta. Son leyendas sobre nosotras". Si alguna doula incumpliera su código deontológico, la asociación iniciaría una investigación y, si fuera necesario, tramitaría una denuncia.

Esquema que ilustra el apoyo emocional y físico que ofrece una doula a una madre durante el parto, sin intervenciones médicas

Definición y Ámbito de Acción de la Doula

A nivel legal, el espacio de la doula está delimitado y no se solapa con el de otros profesionales como ginecólogos, matronas, psicólogos, terapeutas o pediatras. Las doulas defienden que su oficio está profesionalizado, requiriendo un año de formación. El colectivo reivindica el derecho de las madres a contratar una compañera que las comprenda y entienda durante el embarazo. La presidenta de la AED, que aglutina a 70 doulas, asegura que su trabajo es compatible con otras labores. Su motivación para ser doula, según una de ellas, a menudo surge de experiencias personales como la pérdida de un bebé, donde no se encontró la cobertura emocional o sanitaria suficiente.

Factores que Impulsan la Demanda de Doulas

En otros países, la doula es un recurso más común, asociado a la preferencia por el parto natural. En España, el aumento de las cesáreas, que superan en un 70% las operaciones recomendadas según un informe de The Lancet, indica una tendencia que parece sugerir que "las mujeres españolas no saben parir". Ante esto, cada vez más embarazadas demandan un plan de parto natural, lo que impulsa la búsqueda de doulas. Otro motivo recurrente para solicitar sus servicios es la soledad durante el alumbramiento, cuando "hay mujeres que por los motivos que sean se encuentran solas o no puede estar ningún familiar o su pareja".

Aspectos Económicos del Servicio de Doula

Respecto al factor económico, la AED informa que el coste medio de una doula por cinco semanas de asistencia y guardia (24 horas de disponibilidad telefónica) durante el embarazo y el parto es de 500 a 700 euros. Incluye varias citas previas con la madre antes del nacimiento. Argumentan que esta cantidad no es "ni mucho menos desorbitada para todo el tiempo de atención que dedicamos a la paciente", contrastando con los 2.000 euros que puede cobrar una matrona solo por asistir un parto a domicilio, aunque reconociendo que "su trabajo es diferente".

Desafíos de la Conciliación y los Cuidados en el Contexto Actual

Impacto de la Pandemia y el Modelo de Maternidad Intensiva

La crisis sociosanitaria provocada por la pandemia del COVID-19 y la declaración del Estado de Alarma en España (del 14 de marzo al 21 de junio de 2020) restringieron la movilidad y reestructuraron el trabajo. Esto puso de manifiesto y agravó los problemas de conciliación familiar que ya existían. Las guarderías y colegios permanecieron cerrados, dificultando la vida de las familias con menores a cargo. Las medidas de conciliación impulsadas desde el ámbito público se han revelado como insuficientes, ya que las tareas de cuidados siguen recayendo principalmente en las madres y en arreglos familiares individuales, donde abuelas y otros familiares tienen un rol significativo, pero la carga final sigue siendo materna.

Los cuidados, definidos como todas aquellas actividades que regeneran el bienestar físico y emocional de las personas (Amaia PÉREZ OROZCO, 2006), han sido históricamente asignados a las mujeres. La maternidad, y sus prácticas asociadas, se han construido sobre discursos esencialistas y biologicistas que relacionan a las mujeres con el cuidado infantil, naturalizando el instinto y amor maternal (Elisabet BADINTER, 2011; Catherine BODENDORFER, 2015). Dentro del modelo de bienestar familista/mediterráneo español, el cuidado de menores se entiende como una cuestión que las familias deben asumir con sus propios medios. A pesar de los cambios sociales en las parentalidades, el modelo de maternidad intensiva (HAYS, 1996), que centra la responsabilidad principal en la madre biológica y su presencia física constante, sigue prevaleciendo.

Aunque la corresponsabilidad en la crianza ha ganado relevancia, la participación de madres y padres en los cuidados sigue siendo desigual. Datos del Instituto Nacional de Estadística (2020) muestran que en España, el 24.3% de mujeres (25-54 años) empleadas con un hijo trabajan a tiempo parcial, frente al 4.1% de hombres. En hogares biparentales con hijos, el 25.4% de mujeres ocupadas lo hacen a tiempo parcial. Además, el 37.7% de mujeres se declaran inactivas por no poder costear servicios de cuidado infantil, frente al 13.3% de hombres. Este modelo de maternidad intensiva, que responsabiliza a las mujeres de los cuidados y las evalúa por su "buen hacer", genera sentimientos de culpa cuando no se cumplen los parámetros impuestos (María BLÁZQUEZ; María MONTES, 2010).

Gráfico de barras comparando el porcentaje de mujeres y hombres que trabajan a tiempo parcial por motivos de cuidado infantil en España

La Sobrecarga de las Madres Trabajadoras

Para las madres trabajadoras, la insuficiencia de medidas de conciliación se traduce en jornadas interminables de trabajo y cuidados. Este modelo se enmarca en un sistema económico capitalista y políticas neoliberales que fomentan la responsabilidad individual de las familias en el cuidado de los menores (ENNIS, 2014). Tras la crisis de 2008, en España se produjeron recortes en servicios públicos que transfirieron a los hogares la responsabilidad de la atención infantil (Sandra EZQUERRA, 2011). Cuidar y trabajar se convierte en una sobrecarga, aumentando las desigualdades de género, clase, origen y capital social.

Las investigaciones sobre el impacto del confinamiento en familias con niños muestran la relevancia del cuidado, las dificultades para mantener rutinas, seguir la escuela y conciliar el trabajo remunerado. Estudios como los de Jessica Calarco et al. (2020) evidencian un aumento del estrés, ansiedad y frustración en las mujeres por el incremento de los cuidados. Sin embargo, también se ha observado un aumento de la implicación de los hombres en tareas de cuidado durante la pandemia en estudios como el de Éva Fodor et al. (2020) en Hungría y Daniela Del Boca et al. (2020) en Italia, aunque esta participación no ha sido suficiente para cerrar la brecha de género preexistente. Las familias monoparentales enfrentan una gestión del tiempo aún más compleja (Elisabet ALMEDA; Dino DI NELLA, 2011). Cecilia Serrano (2020; 2021) destaca que, aunque el confinamiento no tuvo un impacto negativo en el desarrollo social de menores de 4 años en España, la intensidad de los cuidados llevó a los padres a estar disponibles 24 horas, generando estrés y ansiedad, principalmente en las madres.

Metodología y Hallazgos de Investigación

Una investigación cualitativa realizada en Zaragoza, España, entre abril y octubre de 2020, durante el auge de la pandemia, se propuso averiguar la organización de los cuidados de menores durante el confinamiento, identificar las estrategias de las madres para conciliar trabajo y familia, y conocer los cambios en el reparto de tareas. La metodología incluyó el contacto inicial a través de redes sociales y el muestreo no probabilístico de la bola de nieve. Se realizaron 16 entrevistas (10 grabadas y 6 con notas), destacando el perfil de las madres participantes, sus edades, nacionalidades, número e edad de hijos, tipo de familia y modalidad de empleo (virtual o presencial).

La pandemia modificó la organización de los hogares. El teletrabajo, aunque ofreció continuidad laboral, generó problemas específicos para las familias con menores, reforzando la participación de las madres en el cuidado y la atención infantil, a menudo como únicas o principales responsables (Lidia MANZO; Alessandra MINELLO, 2020). Las madres entrevistadas reportaron grandes dificultades para realizar su trabajo asalariado debido a interrupciones constantes y un incremento de tareas laborales por el paso a la virtualidad. Implementaron estrategias como aprovechar el tiempo de siesta de los menores o trabajar por las noches o a primeras horas de la mañana, lo que aumentaba el estrés ya existente.

Como una de las entrevistadas señaló: "Yo se supone que entraba a las 8h30 y terminaba a las 14h30 pero no me daba tiempo a hacerlo seguido. Tienes que hacer la comida, que si tienes que hacer esto con la pequeña…. Al final se me hacía las 17 o 18 horas." Los correos electrónicos, las reuniones en línea y el teletrabajo en general inundaron los hogares, aumentando los niveles de estrés ya existentes antes del confinamiento, pero exacerbados durante el mismo (BONCORI, 2020).

Reflexiones sobre la Evolución de las Prácticas de Parto

Históricamente, la institucionalización del proceso de parir y nacer promovió una serie de cambios en la asistencia a la mujer y la familia. Muchas prácticas que preservaban el respeto a la autonomía y los valores culturales dieron paso a otras que valoran la tecnología, la medicalización y la intervención. Tales cambios no lograron una reducción significativa en la mortalidad materna y neonatal; por el contrario, promovieron la deshumanización de la asistencia. Este artículo presenta una reflexión sobre los factores determinantes que llevaron al cambio de la posición de la mujer de vertical a horizontal en el proceso de parturición. La institucionalización del proceso de parir y nacer promovió que, en lugar del respeto a la autonomía y los valores culturales, se valoraran la tecnología, la medicalización y la intervención. Tales cambios no resultaron en una reducción significativa de la mortalidad materna y neonatal, sino que, por el contrario, promovieron la deshumanización de la ayuda.

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