Antonia Lorente "La Partera" de Tobarra: Una Vida en Tiempos de Guerra

La historia de Antonia Lorente, conocida popularmente como "La Partera" de Tobarra, municipio de la provincia de Albacete, es un testimonio conmovedor de resiliencia y tragedia en el contexto de la Guerra Civil Española. Su vida, marcada por la pérdida y la desesperación, refleja el profundo impacto de un conflicto fratricida en el destino de las personas. La narración de su biografía ha sido rescatada, en parte, a través de relatos como el artículo de opinión de José Fernando Martínez, «Charly».

La Partera y su Entorno en 1937

Antonia Lorente ejercía la profesión de partera, una labor fundamental en la comunidad, dedicada a traer nuevas vidas al mundo. Sin embargo, en agosto de 1937, sus pensamientos estaban teñidos de amargura: "Ayudo a traer niños al mundo, los veo crecer y los veo morir en esta infame guerra entre hermanos, entre ellos están mis hijos José y Manolo." Ya había pasado un año desde la desaparición de su hijo José Fernando en Madrid, mientras Manolo, militante comunista, enfrentaba la amenaza de "la venganza que pesa sobre él por parte del Cojo Tecún."

El Sueño Premonitorio

Una noche, La Partera soñó que José Fernando regresaba. Llevaba en su regazo una pequeña Verónica que, al colocarla ante ella, comenzó a agrandarse mágicamente hasta alcanzar su tamaño, sus ojos quedando a la altura de los suyos. La imagen la miraba, sonreía y le mostraba un paño. Impreso en sangre estaba el rostro de su hijo. Al buscar a José, este se había marchado a Madrid. Al devolver la mirada al paño, este estaba en llamas y se hizo cenizas en segundos. Despertó con una "gran amargura" que le "encogía el estómago" y lloró "hasta que no le quedaron fuerzas ni lágrimas."

La Tragedia de los Hijos: José Fernando y Manolo

Ese mismo día por la tarde, llegaron noticias devastadoras. Había trascendido que el salvoconducto que llevaba su hijo José Fernando portaba en clave la sentencia: "Fascista peligroso."

Al comienzo de la guerra, su hijo había partido a Madrid invitado por el Capitán Meana, con quien mantenía una gran amistad desde el servicio militar. Necesitaba irse de Tobarra porque "el Cojo le había amenazado de muerte." Al llegar a casa de su amigo, encontró la puerta cerrada y nadie le abría. Un transeúnte le aconsejó alejarse, pues "habían matado a todos sus habitantes el día anterior." Sin saber qué hacer, José Fernando decidió ir a la Casa del Pueblo para alistarse en el ejército. Desconocía que llevaba su sentencia de muerte escrita en clave en el salvoconducto. Jamás se le volvió a ver, acabando "en alguna checa y posteriormente en alguna saca." No ha quedado rastro de él.

Los hijos de La Partera eran José Fernando y Manolo Martínez Lorente. Al terminar la Guerra, su otro hijo, Manolo, fue encarcelado y "murió al poco en la cárcel."

Acto de Desesperación y Consecuencias

Al enterarse de estas noticias, doña Antonia identificó al responsable y salió a la calle "presa de la ira y la rabia." Cerca de donde se realizaban juicios sumarísimos, estaba "el cojo con esa sonrisa de satisfacción que le proporcionaba sentenciar a muerte a gente decente que odiaba."

Antonia se acercó a él y "le dio una tremenda patada a la muleta," haciéndolo caer al suelo. Se abalanzó sobre él con "las tijeras de cortar cordones umbilicales que siempre llevaba atada al cinto," a punto de clavárselas en el cuello, pero fue detenida por varias personas presentes.

Ilustración de una partera antigua en un entorno rural

La Partera Indispensable

Fue encarcelada. Sin embargo, apenas llevaba unas horas encerrada cuando llegó un militar para comunicarle que la esposa del capitán estaba a punto de parir y que el farmacéutico, enterado del asunto, había declarado que se necesitaba la ayuda de La Partera, ya que se trataba de un parto distócico. Como condición para asistir, doña Antonia exigió que se firmara un documento que la absolviera de toda culpa, de lo contrario, no la asistiría, corriendo el riesgo de que murieran la madre o el niño. Diez minutos después, ya se encontraba de camino a la casa de la parturienta.

Al llegar a la residencia del capitán y ver a la mujer "maquillada hasta las cejas, a un nivel digno de los mejores lupanares," Antonia exigió que le lavaran la cara o no la asistiría. Y así se hizo, a pesar de las protestas de indignación y las amenazas de la parturienta de contárselo a su marido.

El Legado de Antonia Lorente

Todos estos hechos llevaron a Antonia Lorente a "odiar al ser humano y divorciarse de él." Quemó cualquier cosa por la que pudiera ser recordada, y "no ha quedado nada que la recuerde; ni siquiera sabemos dónde está enterrada porque así lo quiso en sus últimas voluntades."

A pesar de su trágica vida, Antonia Lorente dejó una impronta duradera. "Se encargó de la educación de mi padre," lo cual lo hizo "tan especial" y propició que el autor tuviera "una educación tan poco corriente." Su deseo era que el padre del autor estudiara medicina, aunque la madre de este, amiga del Obispo de Cartagena, don Miguel de los Santos Díaz de Gómara, se empeñó en que se hiciera sacerdote. El padre del autor ingresó en el seminario San José de Murcia a los diez años y permaneció allí hasta que, "a punto de cantar misa en latín, se salió y se vino a estas tierras." Esta es la razón por la que el autor ha escuchado "frases y aforismos en latín" de boca de su padre durante toda su vida.

Además de su influencia personal, Antonia Lorente, "La Partera", estuvo conectada con la Semana Santa de Tobarra. Se sabe que fue "la encargada de vestirla" a la antigua imagen de la Verónica, que acabó siendo destruida en 1936.

60 minutos - Las heridas de la Guerra Civil

tags: #antonia #lorente #la #partera #tobarra