La evolución histórica del desnudo artístico transcurre en paralelo a la historia del arte en general, con algunas particularidades derivadas de la distinta aceptación de la desnudez por parte de las diversas sociedades y culturas. El desnudo es un género artístico que consiste en la representación del cuerpo humano desnudo en diversos medios, como la pintura, la escultura o, más recientemente, el cine y la fotografía. Es considerado una de las clasificaciones académicas de las obras de arte. La desnudez en el arte ha reflejado por lo general los estándares sociales para la estética y la moralidad de la época en que se realizó la obra.
Es importante destacar que muchas culturas toleran la desnudez en el arte en mayor medida que la desnudez en la vida real, con diferentes parámetros sobre qué es aceptable. Por ejemplo, aún en un museo en el cual se muestran obras con desnudos, en general no se acepta la desnudez del visitante. Aunque se suele asociar al erotismo, el desnudo puede tener diversas interpretaciones y significados, desde la mitología hasta la religión, pasando por el estudio anatómico, o bien como representación de la belleza e ideal estético de perfección, como en la Antigua Grecia.
El estudio y la representación del cuerpo humano en el arte
El estudio y la representación artística del cuerpo humano ha sido una constante en toda la historia del arte, desde la prehistoria hasta nuestros días. Una de las culturas donde más proliferó la representación artística del desnudo fue la Antigua Grecia, donde era concebido como un ideal de perfección y belleza absoluta. Este concepto ha perdurado en el arte clasicista, llegando hasta nuestros días y condicionando en buena medida la percepción de la sociedad occidental hacia el desnudo y el arte en general.
En la Edad Media, su representación se circunscribió a temas religiosos, siempre basados en pasajes bíblicos que así lo justificasen. En el Renacimiento, la nueva cultura humanista, de signo más antropocéntrico, propició el retorno del desnudo al arte, generalmente basado en temas mitológicos o históricos, perdurando igualmente los religiosos.
Fue en el siglo XIX, especialmente con el impresionismo, cuando el desnudo empezó a perder su carácter iconográfico y a ser representado simplemente por sus cualidades estéticas, es decir, el desnudo como imagen sensual y plenamente autorreferencial. En tiempos más recientes, los estudios en torno al desnudo como género artístico se han centrado en los análisis semióticos, especialmente en la relación entre obra y espectador, así como en el estudio de las relaciones de género. El feminismo ha criticado el desnudo como utilización objetual del cuerpo femenino y signo del dominio patriarcal de la sociedad occidental.
El desnudo en el arte prehistórico
El arte prehistórico es el desarrollado desde la Edad de Piedra (paleolítico superior, mesolítico y neolítico) hasta la Edad de los Metales, periodos donde surgieron las primeras manifestaciones que se pueden considerar como artísticas por parte del ser humano. Tras un periodo de transición (mesolítico, 8000 a. C.-6000 a. C.), en el neolítico (6000 a. C.-3000 a. C.) el ser humano se volvió sedentario y se dedicó a la agricultura, con sociedades cada vez más complejas donde va cobrando importancia la religión, y comienza la producción de piezas de artesanía.
En el arte paleolítico el desnudo estaba fuertemente vinculado al culto a la fertilidad, como se puede apreciar en la representación del cuerpo humano femenino -las llamadas «venus»-, generalmente de formas algo obesas, con pechos generosos y abultadas caderas. La mayoría proceden del período auriñaciense, y están generalmente talladas en caliza, marfil o esteatita. Destacan las venus de Willendorf, Lespugue, Menton, Laussel, entre otras. A nivel masculino, la representación del falo -generalmente erecto-, en forma aislada o en cuerpo completo, era igualmente signo de fertilidad, como posteriormente en el llamado Gigante de Cerne Abbas (Dorset, Inglaterra).

En la pintura rupestre -sobre todo la desarrollada en la zona franco-cantábrica y levantina- son comunes las escenas de caza, o bien de ritos y danzas, donde la figura humana, reducida a trazos esquemáticos, es representada en ocasiones destacando los órganos sexuales -pechos en mujeres y el falo en los hombres-, seguramente asociado a ritos de fecundación.
Civilizaciones antiguas y la desnudez
Las creaciones artísticas de la primera etapa de la historia se denominan arte antiguo, destacando las grandes civilizaciones del Próximo Oriente: Egipto y Mesopotamia. También englobaría las primeras manifestaciones artísticas de la mayoría de pueblos y civilizaciones de todos los continentes.
Egipto
En las primeras religiones, desde la sumeria hasta la egipcia, se relacionó el antiguo culto a la Madre Tierra con las nuevas deidades de tipo antropomórfico, vinculando la forma femenina con la naturaleza, en cuanto ambas son generadoras de vida. Así, los dioses mellizos egipcios Geb y Nut representaban la tierra y el cielo, de cuya unión nacían todos los elementos. En otros casos, los dioses se relacionan con elementos cosmológicos, como la diosa Ishtar con el planeta Venus, representada generalmente desnuda y alada, con una luna creciente en la cabeza. Otras representaciones de la Diosa Madre suelen ser figuras más o menos vestidas, pero con los pechos desnudos, como la famosa Diosa de las serpientes (Museo Arqueológico de Heraklion), una estatuilla minoica de alrededor del 1550 a. C.

En Egipto la desnudez era vista con naturalidad, y abunda en representaciones de escenas cortesanas, especialmente en danzas y escenas de fiestas y celebraciones. Pero también está presente en los temas religiosos, y muchos de sus dioses representados en forma antropomórfica aparecen desnudos o semidesnudos en estatuas y pinturas murales. Igualmente aparece en la representación del propio ser humano, sea faraón o esclavo, militar o funcionario, como el famoso Escriba sentado del Louvre.
Sin duda debido al clima, los egipcios solían llevar poca ropa, taparrabos y faldellines los hombres, vestidos de lino transparente las mujeres. Así se refleja en el arte, desde las escenas que muestran las fiestas y ceremonias de la corte hasta las escenas más populares, que muestran el trabajo diario de campesinos, artesanos, pastores, pescadores y demás oficios. Asimismo, en las escenas de guerra aparecen los lastimosos cuerpos desnudos de los esclavos y cautivos, tratados con el mismo estilo hierático y falto de dinamismo propio del arte egipcio, donde prepondera la ley de la frontalidad, del cuerpo constreñido a rígidas posturas estáticas y faltas de realismo. La pintura se caracteriza principalmente por presentar figuras yuxtapuestas en planos superpuestos, con un criterio jerárquico. Predominaba el canon de perfil, que consistía en representar la cabeza y las extremidades de perfil, pero los hombros y los ojos de frente.

Entre las obras que nos han llegado del Antiguo Egipto, el desnudo, parcial o completo, es perceptible tanto en pintura como en escultura, sea monumental o en pequeñas estatuillas, como la Oferente del Louvre o la Muchacha tocando el arpa del British Museum; tenemos estatuas como las de Rahotep y Nofret, la de Micerino con su esposa o la Dama Tui del Louvre que, aunque vestida de lino, la transparencia de la tela nos muestra su desnudez; en pintura, los murales de la tumba de Nath, contable de Tutmosis IV, o la Tumba de los Médicos en Saqqarah.
Mesopotamia
Por contrapartida, en Mesopotamia, cercana geográfica y cronológicamente al Antiguo Egipto, el desnudo es prácticamente desconocido, excepto algún relieve asirio como Asurbanipal cazando leones (British Museum), donde el rey aparece con el torso desnudo, o algunas escenas de tortura de prisioneros, mientras que en la vertiente femenina solo hallamos los pechos desnudos de un bronce caldeo representando una joven canéfora, presente en el Louvre.
La belleza del desnudo en la Antigua Grecia
En Grecia se desarrollaron las principales manifestaciones artísticas que han marcado la evolución del arte occidental. Tras unos inicios donde destacaron las culturas minoica y micénica, el arte griego se desarrolló en tres periodos: arcaico, clásico y helenístico. Caracterizado por el naturalismo y el uso de la razón en medidas y proporciones, y con un sentido estético inspirado en la naturaleza, el arte griego fue el punto de partida del arte desarrollado en el continente europeo. El Moscóforo de la Acrópolis, hacia 570 a. C. es un ejemplo temprano de la escultura griega.

El punto álgido del arte griego se produjo en la llamada era de Pericles, donde el arte gozó de un gran esplendor, generando un estilo de interpretar la realidad: los artistas se basaban en la naturaleza según unas proporciones y unas reglas (κανών, canon) que permitían la captación de esa realidad por parte del espectador, recurriendo si era necesario al escorzo. Grecia fue el primer lugar donde se representó el cuerpo humano de una forma naturalista, lejos del hieratismo y la esquematización de las culturas precedentes. La cultura griega era humanista, el ser humano era el principal objeto de estudio de su filosofía y su arte, ya que su religión era más mitológica que objeto de culto.
Para los griegos el ideal de belleza era el cuerpo masculino desnudo, que simbolizaba la juventud y la virilidad, como los atletas de los Juegos Olímpicos, que competían desnudos. El desnudo griego era a la vez naturalista e idealizado: naturalista en cuanto a la representación fidedigna de las partes del cuerpo, pero idealizado en cuanto a la búsqueda de unas proporciones armoniosas y equilibradas, desechando un tipo de representación más real que mostrase las imperfecciones del cuerpo o las arrugas de la edad.
Desde una composición más esquemática en la época arcaica, el estudio del cuerpo fue evolucionando hacia una descripción más pormenorizada del esqueleto y los músculos, así como del movimiento y las distintas posiciones y torsiones que puede realizar el cuerpo humano. Los griegos concedieron gran relevancia al cuerpo desnudo, del que se sentían orgullosos, ya que no solo era el reflejo de una buena salud física, sino que era el recipiente de la virtud y la honestidad, así como le otorgaban un componente de avance social, en contraposición a las inhibiciones de otros pueblos menos civilizados. Para los griegos el desnudo era expresión de integridad, nada relacionado con el ser humano en su conjunto podía eludirse o aislarse. Relacionaban cuerpo y espíritu, que para ellos estaban unidos indisolublemente, de tal manera que incluso su religiosidad se materializó en unos dioses antropomórficos. Relacionaban elementos aparentemente antagónicos, y así como algo tan abstracto como las matemáticas podía llegar a proporcionarles placer sensorial, algo material como el cuerpo podía convertirse en símbolo de algo etéreo e inmortal. Así, el desnudo tenía un componente moral que evitaba el simple sensualismo, por lo que no les resultaba obsceno ni decadente, como en cambio les parecía a los romanos.
El desnudo masculino en Grecia: atleta y héroe
En el desnudo griego masculino es esencial la captación de la energía, de la fuerza vital, que transcribieron mediante dos tipologías de desnudo viril: el atleta y el héroe. El primer exponente del desnudo masculino lo constituyen un tipo de figuras que representan a atletas, dioses o héroes mitológicos, llamadas kouros (kouroi en plural), pertenecientes al periodo arcaico (siglos VII a. C.-V a. C.) -su variante femenina es la koré (korai en plural), que, sin embargo, solían representar vestida-.

Si bien en origen estas figuras denotan una cierta influencia egipcia, pronto los escultores griegos siguieron su propio camino, buscando la mejor forma de representar el cuerpo humano en aras de traslucir su ideal de belleza. El kouros se caracteriza por la postura hierática, donde predomina la frontalidad, con los pies en el suelo y la pierna izquierda adelantada, los brazos pegados al cuerpo y las manos cerradas, y la cabeza de forma cúbica, con una larga melena y rasgos faciales básicos, destacando su característica sonrisa, denominada «sonrisa arcaica». Los primeros ejemplos datan del siglo VII a. C., procedentes de lugares como Delos, Naxos y Samos, apareciendo generalmente en tumbas y lugares de culto. Posteriormente se extendieron por el Ática y el Peloponeso, donde van ganando en naturalismo, con rasgos descriptivos y mayor interés por el modelado.
Posteriormente, el desnudo tuvo una lenta, pero constante evolución desde las formas rígidas y geométricas de los kouroi hasta las líneas suaves y naturalistas del periodo clásico (el llamado estilo severo, desarrollado entre 490 a. C. y 450 a. C.). El principal factor de esta innovación fue un nuevo concepto a la hora de concebir la escultura, pasando de la idealización a la imitación. Este cambio se empezó a notar en los primeros lustros del siglo V a. C., con obras como el Apolo de Piombino (circa 490 a. C.), el Efebo de Critio (circa 480 a. C.) o el llamado Grupo de los Tiranicidas, que representa a Aristogitón y Harmodio, obra de Critio y Nesiotes (circa 477 a. C.). En estas obras se denota el culto a la perfección física, que se expresaba principalmente en el atletismo, que conjugaba el vigor físico con la virtud moral y la religiosidad.
El nuevo estilo clásico aportó mayor naturalidad no solo formal, sino vital, al proporcionar movimiento a la figura humana, especialmente con la introducción del contrapposto -atribuido por lo general a Critio-, donde las diversas partes del cuerpo se contraponen armónicamente, y que proporciona ritmo y equilibrio a la figura.
Maestros de la escultura griega
Fidias se dedicó especialmente a esculturas de dioses -era llamado el «hacedor de dioses»-, especialmente Apolo, a los que trataba con una mezcla de naturalismo y ciertos vestigios de la arcaica frontalidad hierática, que otorgaban a sus figuras un aura de majestuosidad, con una equilibrada sintonía entre la fuerza y la gracia, la forma y el ideal, como en el llamado Apolo de Kassel (circa 450 a. C.).

La obra de Policleto tuvo una especial relevancia en la estandarización de un canon de proporciones geométricas en el que se basaban sus figuras, junto a la búsqueda del equilibrio dentro del movimiento, como se vislumbra en sus dos principales obras, el Doríforo (440 a. C.) y el Diadumeno (430 a. C.) -lamentablemente, solo nos han llegado copias romanas de sus obras-.
Con posterioridad, la escultura griega perdió en cierta forma esa unión entre lo físico y lo ideal, encaminándose a figuras más esbeltas y musculosas, donde predominaba la acción por sobre la expresión moral. Así se percibe en obras como el Efebo de Anticitera (340 a. C.), el Atleta con estrígil de Éfeso y el Efebo de Maratón. Entre los artistas que descollaron en esta época sobresale Escopas, autor del friso del Mausoleo de Halicarnaso, pleno de figuras en movimiento, como sus Griegos y amazonas (circa 350 a. C.), donde es característica la utilización de los ropajes -especialmente las capas de los griegos, que por lo demás llevan el resto del cuerpo desnudo- para dar sensación de movimiento. También trabajó en el Mausoleo Leócares.
