La historia de Córdoba se teje a menudo sobre los restos de civilizaciones anteriores, con edificios que adoptan nuevos usos a lo largo del tiempo, y épocas que reconstruyen su presente sobre lo que ha quedado del pasado. Un claro ejemplo de esta evolución es el edificio de la calle Torrijos, conocido inicialmente como el Hospital de San Sebastián, cuya trayectoria ha sido fundamental para la asistencia sanitaria y social de la ciudad, especialmente en lo referente a la atención maternal y a la infancia desprotegida.
Orígenes del Hospital de San Sebastián (siglos XIV-XVII)
El primitivo Hospital de San Sebastián estuvo ubicado en el Mercado de la Seda o la Alcaicería, un solar entre las calles Magistral González Francés, Martínez Rücker, Alfayatas y Cardenal González. Cuando el volumen de usuarios aumentó y se quedó pequeño, se decidió trasladarlo a un solar conocido como el "Corral de Cárdenas", situado frente al lado occidental de la Mezquita-Catedral, lo que es hoy día la Calle Torrijos.
La construcción de este nuevo hospital se realizó entre los años 1512 y 1516 por obra del arquitecto Hernán Ruiz I El Viejo, a petición de la Cofradía de San Sebastián. Esta cofradía, que estaba tutelada por el Cabildo Catedralicio y en funcionamiento desde mediados del siglo XIV, decidió crear un nuevo hospital dedicado a la atención y cuidados de los enfermos dementes y contagiados. El Hospital de San Sebastián se consolidó como el centro sanitario más relevante de Córdoba durante siglos.

Desde su construcción, y especialmente con las epidemias y crisis del siglo XVII, el hospital tuvo que atender muchas situaciones difíciles. En el libro "Antiguo Hospital de San Sebastián", escrito por Virgina Luque, Antonio Cuesta y Manuel Pimentel, se alude al escrito de uno de sus médicos, Nicolás de Vargas Valenzuela, quien en 1651 habló del «trágico suceso, mortífero estrago que la justicia divina obró en la ciudad de Córdoba» por una epidemia que se cebó sobre todo con los barrios pobres. Los hospitales en aquel momento eran principalmente para quienes no podían pagarse médicos que fuesen a sus casas.
Transformación en Casa Cuna y Maternidad (siglos XVIII-XIX)
Después de doscientos años como principal centro sanitario, con la inauguración del cercano Hospital del Cardenal Salazar en 1724, el Hospital de San Sebastián dejó de atender enfermos. El edificio de la calle Torrijos pasó a acoger a partir de entonces la Casa Cuna, la cual había ocupado distintos lugares de Córdoba desde el siglo XVI. Esta decisión se tomó en unas circunstancias en que la falta de medios era apremiante y la sociedad cordobesa estaba especialmente sensibilizada con el problema del abandono de niños por las calles de la ciudad y, en muchos casos, a orillas del río, una problemática que arrastraba desde mediados del siglo XVI.
Para abordar esta situación, ya antes de la instauración de esta casa de expósitos, se había habilitado una crujía del Patio de los Naranjos de la Mezquita para este fin, conociéndose uno de los accesos como "Postigo de la Leche", en relación con la alimentación de esos niños lactantes de la Casa de Cuna primitiva.

El proyecto del hospital fue apadrinado por el acaudalado Juan Fernández de Córdoba, quien fue convencido por Don Juan de Ávila. En 1816, la Casa de Expósitos de San Jacinto se trasladó a este lugar para evitar el abandono de niños y niñas por las calles de la ciudad.
En 1850, el edificio fue adquirido por la Diputación de Córdoba y pasó a denominarse Casa de Maternidad. A finales de esa misma década ya había más de 120 niñas que se criaban allí. La Casa de Expósitos, conocida en el barrio como "La Casa de los Expósitos" o "Hospital de San Jacinto", se hacía cargo de pequeños abandonados, cuidándolos hasta que tenían edad de pasar al Hospicio ubicado en el Palacio de la Merced. Este establecimiento de beneficencia no solo acogía a huérfanos, sino también ofrecía una salida para familias con muchos hijos que encontraban en él una ayuda.

La Maternidad en el siglo XX: Pioneros y Realidades Sociales
El libro sobre el hospital recuerda al médico Joaquín Gómez Aguado, quien llegó en 1919 tras haberse formado en Madrid y fue uno de los pioneros de la pediatría en Córdoba. La obra recoge muchas imágenes de habitaciones con cunas y dependencias en el tiempo en que fue Casa Provincial de Maternidad, entre los años 1936 y 1984, siempre bajo el cuidado de la Diputación Provincial.
El Hospital de San Sebastián continuó con sus funciones de casa de expósitos y hospital de maternidad hasta 1961, año en que el edificio se clausura durante más de dos décadas. Posteriormente, la Casa Cuna y Maternidad se ubicó en el antiguo Sanatorio Antituberculoso de Puerta Nueva, una vez que este se trasladó al construido en la finca de los Morales.

La sociedad de la época, a pesar de las instituciones de beneficencia, enfrentaba complejidades. El texto del borrador alude a casos de adopciones "compadre" y "chanchullos" facilitados por matronas de la institución para que niños nacidos en la Maternidad, fruto de relaciones extramaritales o embarazos no deseados de familias pudientes, pudieran ser registrados como hijos de otras familias que buscaban descendencia. Estos ejemplos ilustran las realidades sociales y las prácticas informales que convivían con la función oficial de la Maternidad.
Arquitectura del Antiguo Hospital de San Sebastián
El edificio ha conservado gran parte de su estructura original, destacando su fachada, iglesia y patio. El antiguo Hospital de San Sebastián, inscrito como Bien de Interés Cultural desde 2007, es un hito arquitectónico en el Centro histórico de Córdoba, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994.
Portada y Fachada
Lo más destacable del conjunto es, sin duda, la portada gótica-flamígera que trazara el maestro Hernán Ruiz I El Viejo hacia 1516, considerada una de las fachadas más bellas de toda Córdoba. Es un acceso compuesto por tres arcos tan rebajados que da la sensación de ser adintelado. De las jambas que enmarcan la portada nace un arco ciego cuyas molduras simulan un arco conopial, que descansa sobre el citado vano de acceso. El tímpano aloja tres esculturas bajo doseles finamente decorados, en las que se han querido ver a San Pedro, San Sebastián y San Pablo. Se encuentran más esculturas entre los baquetones que flanquean la puerta y las jambas, todas ellas dispuestas sobre ménsulas y cubiertas por finos doseles. La decoración plateresca es esencialmente vegetal y zoomorfa.

Patio y Claustro
El núcleo principal del edificio lo constituye el claustro de arquitectura mudéjar. El patio, de planta cuadrangular, presenta dos niveles de arcadas. Sus muros son de piedra y columnas de ladrillo con arcos peraltados en planta baja y rebajados en planta alta. La organización del edificio se realiza en torno a los patios.

Iglesia
La iglesia presenta una planta de tipo salón, rectangular, dividida en dos tramos: oratorio y presbiterio. La cubierta está realizada en nervadura gótica, formando un conjunto de arcos que descansa sobre plementos. El retablo del altar es obra de Teodosio Sánchez de Rueda y data de 1725. Dentro del edificio, aún se conserva parte del mecanismo del torno donde las madres o familiares dejaban a los niños abandonados.

Evolución y Usos Actuales del Edificio
A partir de 1980, tras un abandono de casi 20 años, el antiguo Hospital de San Sebastián fue aprovechado como Palacio de Congresos y Exposiciones, actividad que se mantiene hasta la actualidad. En 1994, se integró en la denominación de Centro histórico de Córdoba como Patrimonio de la Humanidad.
Hoy día, el antiguo Hospital de San Sebastián alberga las oficinas de Turismo de la Junta de Andalucía, el Palacio de Congresos y un tablao flamenco. Parte de lo que fue la Maternidad es ahora la Filmoteca Andaluza. En cuanto a otros edificios mencionados en la historia, el Hospital del Cardenal Salazar es actualmente la Facultad de Filosofía y Letras; el Sanatorio de Puerta Nueva, la Facultad de Derecho; y el Hospital de los Morales cumple con otras funciones del Servicio Andaluz de Salud.
Entre 2013 y 2023, el edificio ha sido objeto de varias fases de restauración y construcción para dotar al Palacio de Congresos de salas accesibles y con más capacidad, pasando de 677 a 1786 plazas, con intervenciones en el patio Mudéjar e Italiano, así como en diversas salas y servicios.