Alejandra Pizarnik: Biografía, Obra y el Crucial Episodio del Aborto

La vida de la poeta argentina Alejandra Pizarnik, marcada por la intensidad literaria y una profunda introspección, revela aspectos hasta ahora poco conocidos, como su embarazo y posterior aborto en París en 1963. Este episodio, detallado en la biografía Alejandra Pizarnik. Biografía de un mito, de Cristina Piña y Patricia Venti, arroja nueva luz sobre la compleja personalidad y las vivencias de una de las voces poéticas más influyentes de Latinoamérica.

Un Embarazo Inesperado en París

El 22 de septiembre de 1963, Alejandra Pizarnik, residiendo en París, anotó en su diario una revelación impactante: "Sí, estoy encinta". La noticia la tomó por sorpresa, pero en lugar de ceder al miedo, expresó su determinación: "Hacer lo que se necesita hacer con extrema seguridad y lucidez. Esto es una nueva trampa". La concepción había ocurrido en una fiesta en agosto anterior, fruto de un encuentro con un "joven pintor italiano" que la cautivó con su intensidad.

El episodio del embarazo, hasta ahora desconocido, se desvela en la biografía publicada por Lumen. El libro es una versión ampliada de la obra de Cristina Piña de 1991, enriquecida por el trabajo de la escritora y cineasta venezolana Patricia Venti. Ambas autoras revisaron exhaustivamente diarios, correspondencia, borradores y cuadernos inéditos de la poeta, muchos de ellos conservados en la Biblioteca de la Universidad de Princeton. Además, se incorporaron testimonios de familiares de Pizarnik en Francia y de su hermana mayor, Myriam.

Fotografía de Alejandra Pizarnik en su juventud

La Biografía como Reconstrucción de un Mito

Cristina Piña, reconocida crítica literaria argentina, compartió su sorpresa ante la revelación de la vida de Pizarnik en París, que contrastaba con la imagen que se tenía de ella a través de los testimonios de sus amigos de Buenos Aires. La correspondencia y los diarios de este período ofrecieron una perspectiva completamente diferente.

La tarea de articular los diversos testimonios, diarios y correspondencia fue un desafío considerable. El objetivo era organizar el vasto material para ofrecer una imagen lo más fiel posible de Alejandra. Las conversaciones con su hermana Myriam fueron fundamentales para reconstruir la atmósfera familiar y la personalidad de la poeta desde su infancia y adolescencia.

La Complejidad de la Personalidad de Pizarnik

Las autoras de la biografía destacan un rasgo "bastante infantil" en la personalidad de Alejandra Pizarnik, que la acompañó a lo largo de su vida. Este se manifestaba en celos hacia sus amigos, la búsqueda de relaciones exclusivas y centradas en ella, un humor agudo, una curiosidad insaciable, la atribución de roles parentales a amigos y psicoanalistas, una marcada inutilidad para las tareas cotidianas y un desapego de responsabilidades que no estuvieran ligadas a la escritura. También se describe su desconocimiento de los horarios propios y ajenos, llegando a despertar a amigos a altas horas de la noche para conversar.

Un Amor Intenso y Trágico

La biografía también revela el intenso romance que Pizarnik mantuvo con el poeta colombiano Jorge Gaitán Durán. Un enamoramiento profundo, según el testimonio de su hermana Myriam, quien afirma que Alejandra fantaseó con casarse con él. Sin embargo, este amor tuvo un final trágico el 23 de junio de 1962, con un accidente aéreo que le costó la vida a Gaitán.

La muerte de Gaitán la devastó. Pizarnik le escribió a su antiguo psicoanalista, León Ostrov, expresando el impacto de esta pérdida y la frustración por los "planes maravillosos" que habían quedado truncos. A Gaitán Durán dedicó su poema "Memoria", incluido en su obra Los trabajos y las noches (1965).

Se señala que Pizarnik era bisexual, y Gaitán fue uno de sus grandes amores, pero no el único. La poeta también sintió un gran amor por una mujer, según aclara Piña.

El Aborto en París: Un Acto de Desesperación y Lucidez

El 30 de septiembre de 1963, tras confirmar su embarazo, Alejandra Pizarnik, acompañada por su amiga Marie Jeanne, se sometió a un aborto en París. En su diario, anotó con profunda emoción: "Lloré todo el día. Lloré por mí. Ahora comprendo por qué no lloré hasta hoy".

Las entradas de su diario revelan la angustia y la crudeza de la experiencia: "No se trata de abortar o tener un hijo. No me asusta. Aunque esperar un hijo sería quedarse encerrada en un ascensor entre dos pisos, en plena zona de asfixia. Abortar no me da miedo ni culpa. Sí, me da miedo de recibir un castigo no menos asfixiante: prisión a perpetuidad. No podré vivir un solo día con un hijo, con algo creciendo y alimentándose de mí".

La poeta describe el proceso con una crudeza desgarradora: "Martes 24 de septiembre; 8.50h Telefoneo al Dr. X. Teléfono ocupado... A las 16.30 responde citándome para las 17.30 h. No encuentro sangre para el simulacro. Al final hundo en mi pierna el puñal japonés y obtengo." La necesidad de un aborto clandestino en la década de 1960 implicaba enfrentarse a procedimientos dolorosos y sin garantías médicas.

El 30 de septiembre, tras el procedimiento, la entrada en su diario refleja el alivio mezclado con el dolor: "Lloré todo el día Lloré por mí. Ahora comprendo por qué no lloré hasta hoy." Días después, el 3 de octubre, reflexionaba sobre la experiencia: "Puesto que he sufrido debiera comprender mejor, no caer en los errores u horrores antiguos, etc. Pero no sé qué me obliga a incluir un aborto entre las grandes experiencias del dolor. Fue un dolor físico espantoso, de acuerdo, pero ¿por qué me habrá de traer la sabiduría? No. Sabiduría, no. Lucidez. O al menos prudencia."

Pizarnik interpretó este suceso como una elección autoinfligida, un "espanto que, en rigor, pertenece a la circunstancia irregular de la práctica". La soledad y la clandestinidad de la experiencia marcaron profundamente a la poeta.

Imagen de una farmacia antigua o frascos de medicamentos para representar la adicción a fármacos

Enfermedad Mental y Diagnóstico Elusivo

La biografía también aborda la enfermedad mental de Pizarnik, cuya naturaleza exacta sigue siendo incierta. La falta de un diagnóstico preciso se debe a la muerte de dos de sus psicoanalistas y a la política de archivos del hospital Saint Anne de París, que destruye la documentación de pacientes fallecidos. El único psicoanalista sobreviviente se niega a revelar información privada.

Legado y Reconocimiento Literario

A pesar de las dificultades personales, la obra de Alejandra Pizarnik ha alcanzado un reconocimiento significativo. Ha sido traducida a numerosos idiomas, y sus trabajos son objeto de estudio en universidades de Europa y América. Autoras como Violette Leduc y Lucia Berlin, en sus obras La Bastarda y Manual para mujeres de la limpieza respectivamente, también exploraron temas como el aborto y la crudeza de la experiencia femenina.

Pizarnik debutó con La tierra más ajena y se consagró con El árbol de Diana. Su poesía, caracterizada por un estilo único que fusiona el automatismo surrealista con una precisa racionalidad, sigue conmoviendo a lectores y críticos.

Orígenes y Primeras Influencias

Flora Alejandra Pizarnik nació el 29 de abril de 1936 en Avellaneda, Argentina, hija de Elías Pozharnik y Rezla Bromiker, inmigrantes ruso-judíos. La familia emigró de Rovna, en la actual Ucrania, y vivió un tiempo en París antes de establecerse en Argentina. Su infancia estuvo marcada por comparaciones con su hermana mayor, Myriam, y por problemas de tartamudez y acné, que afectaron su autoestima.

Desde joven, Pizarnik mostró una inclinación por la literatura, explorando obras de filosofía, existencialismo y poesía. Dejó la universidad para dedicarse de lleno a la escritura y tomó clases de pintura con Juan Batlle-Planas, demostrando talento en ambas disciplinas.

Imagen de la ciudad de París en la década de 1960

París: Refugio y Expansión Creativa

En 1960, Pizarnik se trasladó a París, donde encontró un refugio literario y emocional. Trabajó en la revista Cuadernos y en diversas editoriales, tradujo a autores franceses y estudió Literatura Francesa e Historia de la Religión en la Sorbona. En París, forjó amistades duraderas con figuras como Julio Cortázar, Rosa Chacel y Octavio Paz, quien prologó su obra Árbol de Diana en 1962.

La Oscuridad Poética y la Lucha Personal

Tras el fallecimiento de su padre en 1967, la poesía y las anotaciones diarísticas de Pizarnik se tornaron más sombrías. La intrínseca unión entre su obra y su vida, marcada por la pérdida, la condujo a crisis depresivas y problemas de ansiedad. A pesar de mudarse con su pareja, la fotógrafa Marta Moia, la tristeza persistió y su adicción a las pastillas se intensificó.

Muerte y Legado Imperecedero

A finales de los años sesenta y principios de los setenta, Pizarnik recibió importantes becas, como la Guggenheim y la Fullbright, en reconocimiento a su obra. Sin embargo, la depresión la llevó a un primer intento de suicidio en 1970. A pesar de los esfuerzos de amigos como Julio Cortázar, la madrugada del 25 de septiembre de 1972, Alejandra Pizarnik se quitó la vida ingiriendo cincuenta pastillas de secobarbital en su departamento de Buenos Aires.

Su legado literario, compuesto por siete poemarios, diarios, relatos, una obra teatral y una novela breve, constituye una parte fundamental de la literatura latinoamericana. Su obra sigue siendo objeto de estudio y admiración por su profunda exploración de la identidad, la soledad, la muerte y la condición humana.

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