El agua mineral es un producto clave en la nutrición de los lactantes. La ingesta diaria de agua va a depender de la edad del niño y oscila de los 0,8 litros/día del lactante hasta los 2,3 litros/día del adolescente. Sin embargo, es fundamental conocer las pautas correctas para su uso, ya que el sistema inmunitario del lactante está todavía en desarrollo y es más susceptible a las infecciones.

Recomendaciones según el tipo de lactancia
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la lactancia materna hasta los 6 meses cubre todas las necesidades hídricas del lactante. Por ello, no se recomienda dar agua a los bebés menores de seis meses, ya que al beber agua existe el riesgo de que el bebé disminuya la ingesta de leche y, por ende, de los nutrientes necesarios. En el caso de la lactancia artificial, si el niño toma unos 150 ml/Kg/día de fórmula, no necesita tomar agua suplementaria, salvo si hay necesidades aumentadas como calor ambiental elevado, fiebre, diarrea o vómitos.
Cuando se inicia la ingesta de alimentos sólidos, secos y salados, el niño necesitará más agua y debemos ofrecérsela varias veces al día. En este punto, el agua debe ser la bebida a escoger. Es importante recordar que la naturaleza es sabia y el mecanismo de la sed es eficaz; no es necesario obligar al bebé a beber ni controlar obsesivamente la cantidad exacta que ingiere.
Agua mineral frente a agua del grifo
El empleo de agua mineral natural presenta una doble ventaja para los padres: un contenido mineral conocido y constante, y que no necesita ser hervida antes de su empleo. No obstante, el bebé puede tomar desde el primer día agua de consumo público potable, siempre y cuando se conozca bien su composición.
Factores a considerar en el agua del grifo
- Variabilidad geográfica: En algunas comunidades el agua es muy blanda, mientras que en otras es dura o muy dura.
- Concentraciones minerales: En zonas costeras, el agua de consumo público puede presentar altas concentraciones de cloruro de sodio.
- Seguridad microbiológica: La OMS recomienda que el agua potable sea hervida para preparar los biberones, ya que la inmunidad relativa del lactante es menor. Un minuto de ebullición es suficiente; si la localidad está por encima de los 1.000 metros sobre el nivel del mar, se recomienda añadir un minuto más.

Criterios para elegir el agua adecuada
No todas las aguas envasadas son aptas para bebés. Al verificar la etiqueta, es importante buscar la frase “adecuada para la preparación de alimentos infantiles”. Los expertos insisten en controlar los niveles de minerales:
| Parámetro | Recomendación |
|---|---|
| Residuo seco | Hasta 500 mg/l (mineralización débil) |
| Sodio | Menos de 200 mg/l (idealmente <20 mg/l) |
| Sulfato | No más de 250 mg/l |
Es fundamental evitar el uso de agua destilada o purificada por ósmosis inversa para preparar biberones, ya que estos procesos eliminan minerales esenciales y pueden alterar la osmolalidad de la leche en polvo, lo cual no hidrata correctamente al lactante.
Consejos para una preparación segura
Para prevenir infecciones y garantizar la calidad nutricional, siga estas pautas:
- Prepare el biberón en el momento de la toma.
- No utilice calienta biberones, ya que mantener la leche tibia favorece el crecimiento de microorganismos.
- Si está fuera de casa, lleve los biberones llenos solo con el agua necesaria y añada la leche en polvo en el momento exacto.
- Para enfriar el biberón, colóquelo bajo el grifo con agua fría o en un recipiente con agua y hielos.
- Compruebe siempre la temperatura vertiendo unas gotas en la cara interna de la muñeca; el líquido debe estar solo tibio.