Ser madre o padre implica una toma de decisiones constante, y una de las más cruciales al alimentar a un bebé con leche de fórmula es la elección del agua. No todas las aguas potables son iguales, y sus propiedades varían dependiendo de su procedencia y de los tratamientos de desinfección y potabilización que se le apliquen.

La importancia de la elección del agua en la alimentación del bebé
Cuando el bebé se alimenta con biberón, ingiere directamente la mezcla de agua y leche de fórmula, sin pasar por ningún filtro materno. Por tanto, elegir el agua correcta es de suma importancia. Los padres primerizos, en particular, no quieren asumir riesgos y buscan la opción más segura para sus hijos. La industria del agua embotellada ha identificado esta preocupación, promocionando aguas de mineralización débil y baja en sodio como las mejores opciones, incluso destacando el cumplimiento de criterios de asociaciones pediátricas. Sin embargo, la decisión debe basarse en información sólida y no solo en la confianza que pueda generar una botella bien etiquetada.
La composición del agua y su origen
El agua del grifo procede de ríos y pozos cercanos a los núcleos de población. En su estado natural, esta agua puede contener microbios y contaminación, pero antes de llegar a nuestras casas, pasa por distintos procesos de potabilización en los que se le añade cloro y otras sustancias similares para que sea segura beberla.
Por otro lado, el agua mineral es agua de lluvia que se filtra desde las rocas de las montañas y queda acumulada en el subsuelo. La elección del agua para los preparados de los bebés depende fundamentalmente de su pureza y contenido mineral.
Tipos de agua aptos para preparar biberones
Tanto el agua de grifo como el agua mineral tienen sus ventajas y desventajas a la hora de preparar un biberón. Tu bebé puede beber ambas, tanto en la mezcla con la leche de fórmula como cuando empieces con la alimentación complementaria.
Agua del grifo
En muchas zonas, el agua del grifo es potable y apta para el consumo. Si el agua del grifo de tu casa es potable, no es necesario cambiar tus hábitos de consumo habituales por el hecho de estar embarazada o tener un bebé.
En el caso del agua de grifo, debes tener en cuenta la zona en la que vives antes de emplearla para la preparación del biberón, ya que algunas regiones pueden tener aguas con concentraciones elevadas de minerales. Si la calidad del agua del grifo en tu localidad es excelente, puedes considerarla una buena opción.
Consideraciones y preparación
- Antes de preparar el biberón, se recomienda hervir el agua del grifo durante unos minutos, no más de cinco. Hervir el agua ayuda a prevenir posibles infecciones de parásitos, que no se eliminan únicamente con la cloración.
- Una vez hervida, debes dejarla enfriar al menos a 70 grados C antes de mezclarla con la leche de fórmula. El agua del grifo es una opción adecuada para preparar leche de fórmula, siempre y cuando se hierva y se enfríe correctamente.
- Asegúrate de vaciar el hervidor y llenarlo con agua fresca cada vez que vayas a dar el biberón, y no utilices agua hervida repetidamente.

Agua embotellada
El agua embotellada es otra opción viable, pero requiere atención a la etiqueta.
Agua mineral natural
Este tipo de agua para biberones es idónea, principalmente porque no es necesario hervirla para que sea 100% segura, lo cual te ahorra tiempo y preocupaciones. Además, añadirá algunos minerales beneficiosos como magnesio, sulfatos, sodio o calcio. Sin embargo, tiene la desventaja de venir embotellada en plástico.
Cuando utilices agua embotellada, comprueba en la etiqueta términos como "purificada", "destilada" o "procesada por ósmosis inversa". Es crucial que el agua embotellada lleve la indicación "apta para lactantes" o contenga bajos niveles de flúor y sodio. Si no tienes acceso a agua del grifo segura, el agua embotellada es una alternativa, pero comprueba que sea baja en sodio y sulfatos; además, recuerda que no es estéril y, en muchos casos, sigue siendo necesario hervirla.
Agua purificada y destilada
Ha habido una preocupación general sobre qué tipo de agua es mejor, la destilada o purificada, para la leche de fórmula. Ambas pasan por procesos de tratamiento para eliminar impurezas, aunque el tratamiento y la composición final son diferentes.
- El agua destilada se obtiene hirviendo agua hasta obtener vapor y recogiéndolo en un recipiente limpio. Este proceso elimina todos los elementos minerales no deseados junto con las bacterias y separa de la mezcla solo las moléculas de agua pura H₂O. La ausencia de minerales ha llevado a los expertos a preguntarse si este tipo de agua debe consumirse por periodos prolongados. Sin embargo, no necesita ser sometida a ebullición antes de su preparación con fórmula.
- El agua purificada se somete a diversos procedimientos de filtración, como la ósmosis inversa, la deionización o el filtro de carbón. Así se reduce la mayor parte de las impurezas, como bacterias, metales pesados y sustancias químicas. Puede contener minerales esenciales, aunque el proceso de purificación elimina la mayoría de los minerales disueltos.
Una ventaja de las aguas destiladas o purificadas es que, al no contener fluoruros, eliminan los riesgos de fluorosis.
Aguas no recomendadas
- Agua de manantial: No se debe aconsejar el consumo de agua de manantial para preparar la leche de fórmula del bebé, sobre todo si contiene altos niveles de sodio y flúor.
- Agua de pozo: La preparación de leche de fórmula para bebés con agua de pozo no se considera un método seguro, ya que el agua no ha sido sometida a pruebas para determinar su contenido de contaminación bacteriana, así como de nitratos y metales pesados.
- Agua ablandada artificialmente: Este tipo de agua no es adecuada como agua potable para bebés, ya que los ablandadores de agua tienen poco que ver con la filtración o purificación del agua.
Tratamientos para la Potabilización del Agua | Aqualia
Seguridad microbiológica y métodos de preparación según las guías internacionales
Los preparados en polvo para lactantes (PPL) han sido asociados a casos de enfermedad grave y muerte debido a la infección por bacterias como Enterobacter sakazakii (o Cronobacter sakazakii) y Salmonella enterica. Durante la fabricación, las PPL pueden contaminarse con bacterias nocivas, ya que, con las actuales tecnologías, no es viable producir PPL estériles. El sistema inmunitario del lactante está todavía en desarrollo y es más susceptible a las infecciones, por ello es importante seguir una buena higiene durante su preparación.
Riesgos de contaminación en preparados para lactantes (PPL)
La infección por Cronobacter sakazakii, aunque poco común, puede presentar una elevada proporción de casos con complicaciones neurológicas y de muerte, especialmente en recién nacidos (menores de 28 días), en particular los prematuros, con bajo peso al nacer o inmunodeprimidos.
Método de "agua caliente" (OMS/FAO, CDC, NHS)
En base a las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) con la colaboración de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), así como del NHS y los CDC, el agua para la PPL (ya sea potable o embotellada) se ha de llevar a ebullición y seguir un proceso específico. Este método es el más indicado para lactantes menores de dos meses, prematuros e inmunodeprimidos, por ser los más vulnerables, y elimina el riesgo de enfermedad por contaminación microbiológica de la leche.
Proceso detallado:
- Hervir el agua: Lleva el agua a ebullición durante un minuto.
- Enfriar: Deja reposar el agua hervida de 5 a no más de 30 minutos, para que la temperatura del agua no descienda a menos de 70 ºC. Para los bebés menores de 3 meses, los que nacieron prematuros y los que tienen un sistema inmunitario debilitado, es crucial usar agua caliente para matar cualquier microbio.
- Verter y añadir fórmula: Vierte el agua caliente en un biberón limpio y vacío. Agrega la cantidad exacta de fórmula que se indica en el envase mientras el agua todavía está caliente.
- Agitar: Coloca una tapa en el biberón y agita para mezclar. No uses una cuchara u otro utensilio, ya que esto podría introducir gérmenes.
- Enfriar a temperatura corporal: Si vas a utilizar inmediatamente la leche de fórmula que has preparado, asegúrate de enfriarla a la temperatura corporal antes de alimentar a tu bebé. Pasa el biberón preparado y tapado por agua fría o colócalo en un baño de hielo.
- Comprobar la temperatura: La forma más fácil de comprobar la temperatura es poner unas gotas en la parte interior de la muñeca. Si no está demasiado caliente, puedes dársela al bebé.
Método de "agua fría" para bebés sanos (Agencia de Salud Pública de Catalunya)
Para los bebés sanos, la Agencia de Salud Pública de Catalunya refiere que hay ocasiones en las que no es posible disponer de agua caliente o no conviene reconstituir la PPL con agua caliente porque contiene probióticos. Por esto, se ofrece un segundo método de preparación con agua fría.
Proceso:
La preparación con agua fría consiste en llenar el biberón con agua fría (20 °C o menos), añadir la leche en polvo indicada por el pediatra, agitarlo para deshacer grumos y darlo inmediatamente al recién nacido.
Este método garantiza que no haya una proliferación de los microorganismos presentes en la leche, pero no asegura la eliminación del riesgo de enfermedad si la leche contiene un nivel de microorganismos suficiente para causar enfermedad.
Directrices clave para la preparación segura del biberón
No diluir la fórmula: peligros de la intoxicación por agua
En los primeros seis meses de vida, los bebés no necesitan agua ni otros líquidos, como zumos o jugos, además de la leche artificial o materna, a menos que el pediatra lo recomiende específicamente. Añadir agua adicional a la fórmula o dar zumos reduce la cantidad de nutrientes que recibe el bebé, lo que puede ralentizar el crecimiento y el desarrollo.
La leche de fórmula diluida con demasiada agua puede causar graves problemas de salud y desarrollo. El exceso de agua también altera el equilibrio de electrolitos y minerales (calcio, sodio, potasio), lo que puede provocar problemas de salud importantes, como convulsiones. Por tanto, mezcle siempre la leche de fórmula según las indicaciones del fabricante, a menos que se indique específicamente que se cambien estas instrucciones para los bebés con necesidades especiales de salud.
Pasos esenciales para la preparación
- Primero el agua, luego el polvo: Añade siempre el polvo al agua que hay en el biberón, y no al revés.
- No guardar leche sobrante: No se debe guardar la leche sobrante, ya que aumenta la probabilidad de que se contamine. La combinación de la fórmula y la saliva del bebé puede permitir que los gérmenes crezcan.
- No usar calienta biberones: No utilice calienta biberones, ya que mantener la leche tibia favorece el crecimiento de microorganismos patógenos.
Otros consejos de higiene
- Lávate las manos: Las manos son el vehículo de transmisión de la mayoría de las enfermedades contagiosas. Lávate las manos a fondo antes de preparar el biberón.
- Transporte seguro: Cuando esté fuera de casa, lleve los biberones llenos solo de agua y, en el momento de la toma, añada la leche en polvo.
Preguntas frecuentes
A continuación, resolvemos algunas de las dudas más comunes sobre el agua para la leche de fórmula:
- ¿Es mejor agua mineral que agua del grifo? Depende. Si el agua del grifo de tu casa es potable y de buena calidad, y la hierves correctamente, puede ser una opción perfectamente segura. El agua mineral de mineralización débil y baja en sodio es también una excelente opción, pero comprueba siempre la etiqueta y, si no es "apta para lactantes" o no se especifica su esterilidad, es preferible hervirla también.
- ¿Hay que hervir siempre el agua para el biberón? No siempre, pero se recomienda encarecidamente, especialmente para bebés menores de 3 meses, prematuros o inmunodeprimidos, para eliminar posibles microorganismos. Las recomendaciones específicas pueden variar según el país, el agua disponible y el consejo del pediatra. Hervir el agua es una práctica habitual cuando se quiere tener control extra y garantizar la máxima seguridad.
- ¿Cuándo se puede usar agua sin hervir? Las fórmulas líquidas listas para consumir han sido esterilizadas comercialmente y no necesitan agua. En cuanto al agua para mezclar con fórmula en polvo, el agua embotellada "apta para lactantes" o agua purificada/destilada suelen considerarse seguras sin hervir, pero siempre bajo supervisión pediátrica y siguiendo las instrucciones del fabricante. Para bebés sanos, bajo ciertas condiciones y siguiendo las pautas de las agencias de salud locales (como el método de agua fría), podría ser una opción si no hay riesgos microbiológicos.
- ¿Es el flúor un problema? El flúor es necesario para los dientes, pero una ingesta excesiva puede provocar fluorosis dental. Si el agua del grifo de tu zona tiene altos niveles de flúor, o si usas agua de manantial con alto contenido, el uso de agua destilada o purificada, que no contiene fluoruros, podría ser una opción para eliminar los riesgos de fluorosis.

Consideraciones finales
Es fundamental no dar agua a los recién nacidos ni a los bebés hasta los seis meses (a menos que el pediatra lo recomiende específicamente en caso de deshidratación), ya que sus riñones no están bien desarrollados para soportar grandes ingestas de agua pura.
Utilizar agua segura en la preparación de la leche de fórmula afecta directamente al estado de salud de tu bebé. Las mejores opciones de agua para el consumo son el agua destilada junto con el agua del grifo o el agua embotellada que contenga un mínimo de flúor y sea "apta para lactantes".
La elección del agua para el biberón depende del contexto, pero lo más importante es mantener una preparación segura, constante y siguiendo las instrucciones de la fórmula. Cada marca de leche de fórmula puede tener instrucciones específicas de seguridad y correcta disolución, que deben seguirse al pie de la letra.
La información proporcionada en este artículo tiene únicamente fines informativos generales y no constituye asesoramiento, diagnóstico ni tratamiento médico. Solicite siempre el consejo de su médico u otro profesional sanitario cualificado en relación con cualquier afección médica. (Por Steven A. Abrams, MD, FAAP)