La infancia es una etapa crucial para el desarrollo emocional, social y cognitivo. Sin embargo, cuando un niño pierde el control y se comporta con agresividad, puede representar un riesgo grave para sí mismo o para otros, incluyendo su familia. Durante esta etapa, es habitual que surjan ciertos comportamientos que pongan a prueba los límites, la autoridad o la convivencia en casa y en la escuela. Los problemas de conducta en niños de 6 a 12 años, cuando son persistentes, disruptivos o inadecuados, pueden considerarse un problema de comportamiento y, si no se abordan adecuadamente, pueden derivar en pautas y tendencias más difíciles de tratar en la adolescencia.

Comprendiendo la agresión infantil
¿Qué hay detrás del comportamiento agresivo?
Una niña o niño que, al sentirse abrumado, reacciona con violencia, está experimentando una gran angustia. Durante la infancia, aún no se cuenta con la habilidad para manejar los sentimientos y expresarlos de una manera más madura, y puede que los niños no tengan las habilidades verbales, de control de impulsos o de resolución de problemas. Vasco Lopes, psicólogo clínico, explica que para muchos niños con estallidos emocionales frecuentes, estos se presentan en momentos predecibles, como la hora de hacer las tareas, la hora de acostarse o cuando es momento de dejar de jugar. El factor detonante suele ser que se les pide hacer algo que no les gusta o que dejen de hacer algo que sí les gusta.
Aunque algunos padres consideren este tipo de comportamiento explosivo como manipulación, generalmente los niños que reaccionan con violencia no pueden manejar su frustración o ira de una manera más efectiva, como hablando y pensando cómo lograr lo que quieren. Es importante diferenciar entre la agresividad normal en el desarrollo y los comportamientos problemáticos que requieren intervención. En las etapas tempranas del desarrollo, es común que los niños experimenten momentos de agresividad como parte de su exploración del mundo y aprendizaje social. Sin embargo, si la agresividad es persistente, intensa y causa daño físico o emocional, es necesario buscar ayuda profesional.
Características de un niño con problemas de agresividad
Todos los niños en algún momento pueden empujar o dar una patada a un objeto. Sin embargo, un niño que tiene un problema o trastorno de agresividad presentará algunas de las siguientes características:
- Con frecuencia se enfada intensamente.
- Es extremadamente irritable o impulsivo y tiene problemas para mantener la concentración.
- Se frustra fácilmente.
- Ataca y combate físicamente a otros niños o adultos.
- Con frecuencia es perturbador.
- Tiene un mal rendimiento en la escuela o no puede participar en el aula u otras actividades organizadas.
- Tiene problemas para actuar de forma correcta en situaciones sociales y hacer amigos.
- Discute o pelea continuamente con miembros de la familia y no acepta la autoridad de los padres.
- Inevitablemente desafía a la autoridad y se niega a obedecer las reglas.
- Niega frecuentemente la responsabilidad de su mala conducta y culpa a los demás.
Un niño agresivo actuará de esa forma en más de un ámbito de su vida: en la escuela, casa, eventos sociales, competiciones deportivas.
¿Qué hacer si un niño pega? Agresividad infantil
Causas de la agresividad en niños de 6 a 12 años
Los problemas de conducta en niños de 6 a 12 años pueden estar influenciados por diversos factores presentes en su entorno. Un niño que tiene un patrón de reacciones violentas puede ser debido a un problema subyacente que necesita tratamiento.
Factores familiares y ambientales
El entorno familiar juega un papel fundamental en el desarrollo de la conducta de los niños. Podría ser que el niño esté pasando por una mala situación como el divorcio de sus padres. Las peleas, problemas o cambios en el hogar de un niño le generan estrés, haciendo que pueda reaccionar de forma agresiva, especialmente si ha visto previamente a alguien de su familia comportarse así. La exposición a situaciones estresantes o traumáticas, como la violencia doméstica o la falta de apoyo emocional, puede contribuir a la aparición de problemas de conducta en esta etapa.
Las actitudes disciplinarias en el hogar poco exigentes y demasiado relajadas, aunadas con actitudes hostiles entre padres, fomentan las actitudes agresivas en los hijos. Otro de los factores relacionados con el ambiente familiar es el comportamiento incongruente de los padres, donde uno prohíbe algo y el otro lo autoriza, o desaprueban la actitud agresiva incipiente pero la reprimen a través de la amenaza o el castigo físico y la violencia. Esto provoca que el niño se desoriente sin saber qué es permisible y qué no lo es. Otro factor desencadenante reside en prohibiciones no razonables impuestas a los hijos.
Muchos expertos opinan que ser testigo de violencia en programas de televisión o películas puede producir agresividad de forma temporal en niños.
Factores emocionales y psicológicos
Los problemas emocionales, como la ansiedad, la depresión o la baja autoestima, pueden tener un impacto significativo en la conducta de los niños. La dificultad para expresar y regular adecuadamente las emociones puede manifestarse a través de comportamientos problemáticos, como la agresividad, la irritabilidad o el aislamiento social.
- Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH): Los niños con TDAH se frustran con facilidad, especialmente en ciertas situaciones, como cuando deben hacer la tarea o ir a la cama. Esto genera más comportamientos de tipo agresivo que la población general.
- Ansiedad: Un niño ansioso puede mantener sus preocupaciones en secreto, luego reaccionar violentamente cuando las exigencias de la escuela o del hogar ejercen una presión sobre él que no puede manejar. Generalmente, un niño que "mantiene la calma" en la escuela, la pierde con uno o ambos padres.
- Discapacidades del aprendizaje no diagnosticadas: Cuando un niño tiene arranques de furia repetidamente en la escuela o durante el tiempo de tareas, puede que se deba a que el trabajo es demasiado difícil para él. Esto puede ser un trastorno del aprendizaje, conductual o emocional que le dificulte escuchar, concentrarse o leer, obstaculizando su rendimiento en la escuela.
- Problemas de procesamiento sensorial: Algunos niños tienen problemas al procesar la información que están captando a través de sus sentidos. Cosas como demasiado ruido, multitudes e incluso la ropa que “pica” puede ponerlos ansiosos, incómodos o abrumados, lo que puede conducir a acciones desconcertantes, incluida la agresión.
- Autismo: Los niños en el espectro autista suelen ser propensos a crisis emocionales importantes cuando se sienten frustrados o se enfrentan a un cambio inesperado.
- Trauma emocional: La violencia en el hogar o el abuso sexual pueden generar ansiedad intensa, miedo y depresión, y algunos niños encuentran en la agresión un modo de liberar esa ansiedad.
Posibles causas neurológicas y biológicas
Algunos problemas de conducta en niños de 6 a 12 años pueden tener su origen en factores neurológicos y biológicos. Los desequilibrios químicos en el cerebro, las diferencias en la estructura cerebral o el funcionamiento del sistema nervioso pueden afectar la manera en que los niños procesan y responden a estímulos externos. Además, factores genéticos y hereditarios pueden influir en la predisposición de los niños a presentar determinados trastornos de conducta.

Impacto de los problemas de conducta en el desarrollo de los niños
Los problemas de conducta en niños de 6 a 12 años pueden tener un impacto significativo en varios aspectos de su desarrollo.
Consecuencias en el ámbito escolar
Los estudiantes con trastornos de conducta pueden presentar dificultades para seguir las reglas y adaptarse al entorno escolar. Esto puede resultar en dificultades académicas, falta de concentración, bajo rendimiento escolar y conflictos recurrentes con compañeros y maestros. Además, la falta de habilidades sociales y emocionales adecuadas puede afectar negativamente las relaciones con sus pares, lo que puede llevar a un aislamiento social y una disminución de la autoestima. La agresividad en esta etapa puede convertirse en un gran problema en la escuela y también con los amigos.
Implicaciones para el bienestar emocional
Los problemas de conducta también pueden tener implicaciones significativas para el bienestar emocional del niño. Los niños que luchan con trastornos de conducta suelen experimentar altos niveles de estrés, ansiedad y frustración. Estos problemas de comportamiento pueden afectar negativamente su autoconcepto y provocar sentimientos de culpa, vergüenza y baja autoestima. Además, el impacto de estos trastornos en el entorno familiar puede generar tensiones y conflictos emocionales, lo que a su vez puede contribuir a una mayor disrupción en el desarrollo emocional del niño.
Estrategias y pautas para padres en el manejo de las conductas problemáticas
La manera en que los adultos reaccionamos ante un estallido de ira de un niño determina si a futuro seguirá respondiendo a la angustia de la misma manera o aprenderá mejores formas de manejar sus sentimientos. Los padres que son seguros, calmados y consistentes pueden tener mucho éxito en ayudar a los niños a desarrollar las habilidades que necesitan para regular su propia conducta. Para saber cómo actuar ante la agresividad en niños, lo primero es no ponerse agresivo; golpear, gritar o tirar objetos cuando tu hijo te lleva al límite no solucionará el problema, simplemente le dará un ejemplo de cómo actuar de forma agresiva. Es importante que los niños conozcan y pongan nombre a lo que sienten, que aprendan a hablar de ello y conozcan formas de expresión funcional, que crezcan con unos límites y valores claros que les ayuden a manejarse en la vida de manera eficaz.
Establecimiento de normas y límites claros
Una parte fundamental en el manejo de las conductas problemáticas en los niños es establecer normas y límites claros en el hogar. Los niños necesitan saber cuáles son las reglas y qué se espera de ellos. Es importante que los padres definan con claridad qué comportamientos son aceptables y cuáles no lo son. Para establecer normas y límites efectivos, es recomendable:
- Explicar las reglas de manera sencilla y directa, utilizando un lenguaje apropiado para la edad del niño.
- Revisar y recordar constantemente las normas para que estén siempre frescas en la mente del niño.
- Establecer consecuencias lógicas y consistentes ante el incumplimiento de las normas.
- Reforzar positivamente cuando el niño cumpla con las reglas, elogiando su buen comportamiento.
Reforzamiento positivo y técnicas de disciplina efectivas
Además de establecer normas claras, es importante utilizar el reforzamiento positivo y técnicas de disciplina efectivas para fomentar el buen comportamiento y corregir conductas problemáticas en los niños. Una vez que tu hija o hijo haya recuperado la calma, elógiale por recobrar la compostura. Y cuando trate de expresar sus sentimientos de forma verbal y calmada, o trate de llegar a un acuerdo en un área de discrepancia, también reconoce de forma positiva esos esfuerzos.
Algunas estrategias que pueden resultar útiles son:
- Recompensar y elogiar el comportamiento adecuado de manera específica, reconociendo el esfuerzo y logros del niño. Si tu hijo logra controlar su temperamento, puedes recompensarlo con algo que él quiera, como tiempo extra contigo.
- Utilizar el tiempo fuera como técnica de disciplina, permitiendo que el niño se calme y reflexione sobre su conducta inapropiada. Los tiempos fuera por mal comportamiento no violento pueden funcionar bien en niños menores de 7 u 8 años. Cuando uses tiempos fuera, procura aplicarlos de manera consistente y equilibrarlos con otras formas de atención más positivas. Si tu hijo es demasiado mayor para los tiempos fuera, quizá quieras probar un sistema de refuerzo positivo por conducta apropiada (puntos o fichas que puede acumular para obtener algo que quiere).
- Si se trata de un niño de corta edad (generalmente de 7 años o menor), trata de ponerlo en una silla para tiempo fuera. Si no se queda en la silla, llévalo a un área tranquila donde pueda calmarse por sí mismo sin nadie más en la habitación. Para que este enfoque funcione, no debe haber ningún juguete ni juego en el área que pueda hacerlo gratificante. Tu hijo debe permanecer en esa habitación durante un minuto y debe calmarse antes de que le permitas salir. Luego, debe volver a la silla para tiempo fuera. El Dr. Lopes explica que “esto le da a tu hijo una consecuencia inmediata y consistente para su agresión y elimina todo acceso a cosas gratificantes en su ambiente”.
- Si tienes un niño de más edad que está siendo agresivo y no puedes llevarlo a un área aislada para que se calme, el Dr. Lopes aconseja que te alejes de él. Esto asegura que él no obtenga ninguna atención o refuerzo de tu parte y te mantiene seguro a ti.
- Establecer consecuencias naturales y lógicas relacionadas con la conducta inadecuada, de manera que el niño comprenda las consecuencias de sus acciones. Si tu hijo daña la propiedad de alguien, debe saber que hay que corregirlo. Es importante que el niño entienda que no se trata de un castigo sino de la consecuencia natural de un acto inadecuado hacia otra persona.
- Evitar los factores desencadenantes. La manera de responder ante un berrinche también depende de su intensidad. La primera regla para manejar las rabietas no violentas es ignorarlas lo más frecuentemente posible, ya que incluso la atención negativa podría alentarla. Pero cuando un niño comienza a pasar al plano físico, no se recomienda ignorar la situación, ya que podría lastimarse o lastimar a otras personas. En esta situación, el Dr. Lopes aconseja poner al niño en un ambiente seguro donde no tenga acceso a ti o a ninguna otra posible recompensa.
- Evitar el uso de castigos físicos o humillantes, ya que pueden tener efectos negativos en el desarrollo emocional del niño.
Promoción de habilidades sociales y emocionales
Es fundamental promover el desarrollo de habilidades sociales y emocionales en los niños para manejar adecuadamente sus conductas problemáticas. Algunas estrategias que los padres pueden implementar son:
- Enseñar al niño habilidades de comunicación y resolución de conflictos, para que pueda expresar sus emociones y necesidades de manera adecuada. Cuando no siente enojo es el momento adecuado para ayudar a tu hijo a comunicar sus sentimientos y proponer soluciones a conflictos antes de que se intensifiquen en estallidos agresivos. Le puedes preguntar cómo se siente y cómo cree que podría solucionar un problema.
- Fomentar la empatía y el respeto hacia los demás, promoviendo la comprensión de diferentes puntos de vista. Muéstrale que reaccionar de forma agresiva es algo inadecuado porque daña o afecta a otras personas. Es bueno realizar ejercicios de supuestas situaciones para ir mostrándole cómo los actos de cada uno afectan a otras personas y desarrollar empatía.
- Enseñar estrategias de manejo del estrés y la ansiedad, como técnicas de relajación y respiración.
- Estimular el desarrollo de habilidades de autorregulación emocional, enseñando al niño a identificar y controlar sus emociones. Demuéstrale que puedes controlar tu temperamento y así le ayudarás a aprender que él puede controlar el suyo. Debes intentar enseñar a tu hijo a reconocer y comprender sus emociones y guiarlo hacia formas aceptables de mostrar la ira, el miedo y la desilusión.
Intervención profesional y tratamiento de los problemas de conducta en niños
Importancia de buscar ayuda profesional
Si tu hijo está teniendo muchas reacciones violentas, lo suficiente como para asustarte frecuentemente y perturbar a la familia, es importante obtener ayuda profesional. Los profesionales de la salud mental cuentan con los conocimientos necesarios para evaluar, diagnosticar y diseñar planes de tratamiento adecuados para cada caso. La intervención temprana y el seguimiento adecuado son fundamentales para prevenir complicaciones futuras y maximizar las oportunidades de éxito. Debido a que hay tantas causas posibles para los estallidos emocionales y la agresión, contar con un diagnóstico preciso es clave para obtener la ayuda que necesitas. Puedes comenzar con su pediatra, quien puede descartar causas médicas y luego derivarte con un especialista. Un psicólogo o psiquiatra infantil capacitado y experimentado puede ayudar a determinar qué problemas subyacentes están presentes, si es que hay alguno. Los profesionales están de acuerdo en que, mientras más pronto se pueda tratar al niño, mejor.
Roles y responsabilidades de los profesionales de la salud
Los profesionales de la salud desempeñan un papel vital en el tratamiento de los problemas de conducta en niños. Su responsabilidad principal es evaluar y diagnosticar correctamente el trastorno de conducta específico del niño, teniendo en cuenta los factores biopsicosociales que pueden estar contribuyendo a su aparición. Además, deben diseñar un plan de tratamiento individualizado que se adapte a las necesidades específicas del niño y su familia. También es importante que los profesionales brinden orientación y apoyo a los padres, educándolos sobre cómo manejar eficazmente el comportamiento problemático y fortalecer la relación familiar.
Terapias y enfoques de tratamiento recomendados
Hay buenas terapias conductuales que pueden ayudarte a ti y a tu hijo a superar la agresión, aliviar su estrés y mejorar su relación. Tú puedes aprender técnicas para manejar este comportamiento con mayor efectividad, y él puede aprender a frenar la mala conducta y disfrutar de una relación mucho más positiva contigo.
- Terapia de interacción padres-hijos (PCTI): Ha demostrado ser de mucha ayuda para niños entre 2 y 7 años. El padre y el hijo trabajan juntos a través de un conjunto de ejercicios mientras que el terapeuta aconseja a los padres a través de un audífono intrauricular. Aprendes cómo prestar más atención a la conducta positiva de tu hijo, ignorar los malos comportamientos menores y ofrecer consecuencias consistentes para la conducta negativa y agresiva, todo mientras permaneces calmado.
- Capacitación en el manejo del comportamiento para padres (PMT): Enseña técnicas similares a la PCIT, aunque el terapeuta suele trabajar con los padres y no con el niño.
- Soluciones proactivas y colaborativas (CPS): Es un programa que se basa en la idea de que la conducta explosiva o la mala conducta es consecuencia de un retraso en las habilidades, en lugar de un intento de obtener atención o probar los límites.
- Terapia cognitivo-conductual: Se enfoca en identificar y modificar los patrones de pensamiento y comportamiento negativos, enseñando habilidades de resolución de problemas y fomentando estrategias de afrontamiento saludables.
- Terapia familiar: Se centra en mejorar la comunicación y las dinámicas familiares, brindando apoyo a los padres y enseñándoles estrategias efectivas para manejar el comportamiento de sus hijos.
- Programas de entrenamiento social y emocional: Se centran en fortalecer las habilidades sociales y emocionales de los niños, mejorando su capacidad para manejar el estrés, resolver conflictos y regular sus emociones de manera saludable.

Otras opciones de tratamiento
En casos extremos, puede que sea necesario llamar al 911 para garantizar tu seguridad y la de tu hijo. Los niños que son tan peligrosos para ellos mismos y para otros que las técnicas conductuales no son suficientes para mantenerlos seguros, pueden requerir opciones adicionales:
- Medicación: La medicación para las condiciones subyacentes, como el TDAH y la ansiedad, puede hacer que tu hijo sea más accesible y educable. A los niños que tienen problemas extremos de conducta se les suele tratar con medicamentos antipsicóticos como Risperdal o Abilify, pero estos medicamentos deben estar acompañados con técnicas conductuales.
- Zonas de apoyo: La capacitación de los padres puede incluir aprender cómo usar zonas de apoyo de seguridad con tu hijo de manera que lo puedas proteger de posibles daños a él y a ti.
- Entornos residenciales: Puede que los niños que tienen conductas extremas necesiten pasar tiempo en un centro residencial de tratamiento, algunas veces, pero no siempre, en un contexto hospitalario. Allí se les brinda tratamiento conductual y, posiblemente, tratamiento farmacéutico. Los internados terapéuticos proporcionan estabilidad y estructura las 24 horas del día, siete días a la semana. La meta es que el niño internalice el autocontrol de manera que pueda regresar a casa con una conducta más apropiada.
- Tratamiento diurno: Con el tratamiento diurno, un niño que tiene problemas extremos de conducta vive en casa, pero asiste a una escuela que tiene un plan de conducta estricto.
Consejos para promover el bienestar emocional y social en niños de 6 a 12 años
Creación de un entorno familiar seguro y afectuoso
La creación de un entorno familiar seguro y afectuoso es fundamental para promover el bienestar emocional y social en los niños. Los niños que no procesan las emociones de una forma adecuada y que no evalúan correctamente la realidad recurren a la agresividad como forma de expresión ante las dificultades. Cuando los padres son empáticos y establecen vínculos adecuados, los niños pueden manejar adecuadamente sus emociones y mostrar empatía, estableciendo relaciones de respeto hacia el otro.
Algunas pautas para lograrlo son:
- Establecer rutinas y horarios que brinden estructura y seguridad.
- Fomentar la comunicación abierta y el respeto mutuo dentro de la familia.
- Proporcionar un espacio físico acogedor y libre de tensiones.
- Promover la expresión de emociones de manera adecuada y respetuosa.
Fomento de la comunicación abierta y respetuosa
Una comunicación abierta y respetuosa entre padres y niños es fundamental para fortalecer los lazos familiares y promover el bienestar emocional del niño. Algunos consejos para fomentar este tipo de comunicación son:
- Escuchar activamente al niño sin interrumpir y mostrar interés genuino por lo que dice.
- Fomentar el diálogo abierto y la expresión de opiniones y sentimientos.
- Evitar juzgar o criticar de manera negativa las ideas o emociones del niño.
- Resolver los conflictos a través del diálogo y el entendimiento mutuo.
Apoyo en el desarrollo de habilidades emocionales y sociales
El desarrollo de habilidades emocionales y sociales es esencial para que los niños puedan gestionar adecuadamente sus emociones y relacionarse de manera saludable con los demás. Los adultos que son seguros de sí mismos, calmados y consistentes, ayudan a los niños a desarrollar las habilidades necesarias para regular su comportamiento. Esto puede requerir más paciencia y disposición para probar técnicas diferentes que las que podrías tener con un niño que se desarrolla típicamente, pero cuando el resultado es una mejor relación y un hogar más feliz, bien merece la pena el esfuerzo.