La Placenta: Desarrollo, Ubicación y Diagnóstico en el Embarazo

La placenta es un órgano fundamental que se desarrolla en el útero durante el embarazo, conectando al bebé con la madre a través del cordón umbilical. Su labor es vital, ya que el bebé obtiene el alimento y el oxígeno que necesita para vivir y crecer en el útero, y a su vez, la placenta elimina los desechos de la sangre del bebé. Además, produce hormonas que mantienen el embarazo.

La placenta es un órgano efímero, es decir, tiene una duración determinada que es la duración del embarazo. A medida que se acerca la fecha del parto, es normal que la placenta comience a envejecer; esto no significa que deje de funcionar, pues existen placentas perfectamente funcionales en la semana 41 y 42. Sin embargo, a partir de la semana 40, se requiere un control más exhaustivo para asegurar su buen funcionamiento.

Desarrollo y Características de la Placenta

La placenta se desarrolla de las mismas células provenientes del espermatozoide y el óvulo que dieron lugar al feto. Existen distintos tipos de placenta entre los mamíferos, pero la humana es de tipo hemocorial (o discoidal), lo que quiere decir que el tejido fetal penetra el endometrio hasta el punto de estar en contacto con la sangre materna.

Se trata de un órgano compartido, tanto de la madre como del bebé, y a través de él circulan partículas de ambos en ambas direcciones. Sirve de filtro, pero hay sustancias, como las drogas, que consiguen penetrar en la placenta, por lo que muchos medicamentos están prohibidos durante el embarazo.

La placenta tiene forma de galleta redonda y aplastada, siendo mucho más fina que otros tipos de placenta, puesto que solo tiene tres capas: sincitiotrofoblasto, conjuntivo y endotelio vascular fetal. El tipo de placenta y el grosor de la membrana o barrera placentaria están muy relacionados con el paso de sustancias de la madre al feto; existe una clara relación, inversamente proporcional al grosor de la placenta, en el paso transplacentario de ciertas sustancias.

La madre proporciona al feto oxígeno, agua y principios inmediatos; y el feto cede a la madre el dióxido de carbono procedente de la respiración, y otros metabolitos (por ejemplo, la urea).

Ubicación Normal de la Placenta y Terminología

Lo habitual es que la placenta se adhiera a la pared del útero, generalmente en la parte superior o lateral. Esta posición suele ser la más segura, ya que permite al bebé crecer sin obstáculos.

Existen varios términos que suelen aparecer en las ecografías:

  • Placenta anterior: cuando se encuentra insertada en la cara uterina más próxima al ombligo de la madre. Puede hacer que las mujeres perciban los movimientos fetales de forma más tardía, funcionando como un amortiguador.
  • Placenta posterior: cuando se ubica en la parte trasera del útero.
  • Placenta lateral: cuando se coloca en alguno de los lados.
  • Placenta fúndica: se refiere a la parte superior del útero.

Cualquiera de estas posiciones es considerada normal durante el embarazo y no conlleva ningún control especial ni riesgos específicos.

Tipos de Placentas con Localización Baja y sus Implicaciones

En algunos embarazos, la placenta se coloca más cerca del cuello uterino (cérvix), lo que se denomina placenta baja o placenta previa. Estas placentas no se considerarían normales y precisan un seguimiento especial.

Placenta Previa

La placenta previa indica la relación de la posición de la placenta con el orificio interno del cuello uterino y una zona llamada segmento uterino inferior. Este último no inicia su formación hasta la semana 28, por lo que no se puede establecer esa relación antes de dicha semana. Antes de esa fecha, es imposible determinar si es una placenta previa.

Infografía comparativa de placenta anterior, posterior y previa

El 80% de las placentas de inserción baja al final de la gestación no serán placentas previas, debido a la "migración placentaria", que es el desplazamiento de la placenta a la porción superior del útero por la elongación del segmento uterino inferior que de una longitud de 0,5 cm en la semana 20 pasa a más de 5 cm al final de la gestación.

La placenta previa puede ser:

  • Placenta previa parcial o marginal: Se encuentra cerca del cuello del útero, pudiendo en algún momento del embarazo tapar el orificio cervical interno. Conforme avanza la gestación y el útero crece, suelen alejarse de este orificio cervical interno, por lo que no suelen impedir el parto. Sin embargo, se recomienda una estrecha vigilancia debido a una mayor posibilidad de sangrado.
  • Placenta previa total: Son las que se insertan sobre el cuello del útero, impidiendo de forma completa el parto normal. Estas placentas pueden producir sangrados durante el embarazo o si se desencadena el parto. La placenta previa puede causar un sangrado vaginal intenso durante el embarazo o el parto. El tratamiento depende de diversos factores, como la cantidad de sangrado, si este se detiene, el momento del embarazo y la posición de la placenta. Si la placenta previa continúa en las etapas tardías del embarazo, un profesional de atención médica probablemente recomendará una cesárea.

Placenta Adherida (Accreta, Increta, Percreta)

Otro tipo de placenta es la placenta accreta, que penetra excesivamente en la pared uterina y se encuentra muy adherida a ella. De la misma manera, la placenta increta y percreta son placentas que penetran aún más en el músculo uterino o en la pared uterina y que, a veces, se extienden a estructuras próximas como la vejiga.

En estos trastornos, la placenta no se separa totalmente del útero como debería hacerlo cuando la mujer da a luz al bebé, lo cual puede producir una hemorragia peligrosa después del parto vaginal. Por lo general, la placenta debe extirparse quirúrgicamente para detener la hemorragia y, con frecuencia, es necesario realizar una histerectomía (extirpación del útero).

Cuando se diagnostica placenta accreta antes del nacimiento, suele realizarse un parto por cesárea seguido inmediatamente por una histerectomía para reducir la pérdida hemorrágica y otras complicaciones en la madre.

Placenta Retenida

En un parto vaginal, la placenta se expulsa al poco tiempo de que salga el bebé en la mayoría de los casos. Sin embargo, si no se expulsa la placenta en el plazo de 30 minutos después de dar a luz, es un caso de placenta retenida. La placenta retenida podría ocurrir debido a que la placenta queda atrapada detrás del cuello del útero parcialmente cerrado o porque sigue unida a la pared uterina. Si no se trata, la placenta retenida puede causar una infección grave o una pérdida de sangre que pone en riesgo la vida. El tratamiento puede incluir medicamentos para ayudar a expulsar la placenta o un procedimiento para extraerla.

Diagnóstico de la Posición y Salud de la Placenta

La ecografía es la prueba que permite saber con exactitud dónde está colocada la placenta. Por eso, en las revisiones prenatales se suele anotar su localización. La ecografía Doppler permite controlar las arterias umbilicales para asegurarse de que el flujo de sangre y, por ende, los nutrientes y el oxígeno, estén llegando adecuadamente al bebé.

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En el primer y segundo trimestre, la placenta baja es relativamente frecuente y muchas veces la placenta “sube” de manera natural a medida que el útero crece. Si persiste en el tercer trimestre, puede requerir vigilancia extra, ya que puede dificultar el parto vaginal o provocar sangrados.

Factores de Riesgo y Síntomas de Problemas Placentarios

Diversos factores pueden afectar la salud de la placenta, incluyendo:

  • La edad de la persona embarazada, especialmente después de los 40 años.
  • La ruptura de la fuente antes del trabajo de parto.
  • Presión arterial alta.
  • Embarazos múltiples (gemelos, mellizos, etc.).
  • Afecciones relacionadas con la formación de coágulos.
  • Cirugías previas del útero (cesárea, miomectomía).
  • Afecciones previas de la placenta en embarazos anteriores.
  • Consumo de sustancias adictivas (tabaco, cocaína).
  • Lesiones en la zona del abdomen (accidentes de auto, caídas).

Es crucial llamar a un profesional de atención médica si se presentan los siguientes síntomas durante el embarazo:

  • Sangrado por la vagina, especialmente si es abundante.
  • Dolor en la zona del estómago o abdomen.
  • Dolor de espalda.
  • Contracciones uterinas (contracción y relajación de los músculos del útero).

El Método Ramzi: Una Curiosidad Temprana

El método Ramzi es una técnica popular no invasiva que promete predecir el sexo del bebé durante las primeras semanas de embarazo, aunque no está científicamente comprobado. Se basa en la ubicación de la placenta en ecografías realizadas entre las semanas 6 y 8 de gestación, antes de que sea posible determinar el sexo fetal por métodos convencionales (que generalmente es en la ecografía de las 20 semanas).

¿Cómo aplicar el Método Ramzi?

  1. Solicitar al especialista información sobre la ubicación de la placenta durante la ecografía.
  2. Interpretar la orientación de la imagen adecuadamente:
    • En una ecografía transvaginal, el lado derecho de la imagen corresponde al lado derecho de la madre.
    • En una ecografía abdominal, la orientación es inversa, lo que puede resultar confuso.

Según este método:

  • Si la placenta se observa en el lado derecho de la imagen (en ecografía transvaginal), sugiere una niña.
  • Si la placenta se observa en el lado izquierdo de la imagen (en ecografía transvaginal), sugiere un niño.

Limitaciones del Método Ramzi

Aunque ha ganado popularidad en foros y redes sociales, presenta importantes limitaciones:

  • Falta de validación científica: No hay estudios concluyentes que respalden su precisión. El creador del método afirma una precisión del 97%, pero estudios independientes no han corroborado esta cifra.
  • Subjetividad en la interpretación: Factores como el ángulo de la imagen y la experiencia del técnico pueden influir significativamente en la percepción de la ubicación de la placenta.

En resumen, el método Ramzi puede ser una manera divertida de especular sobre el sexo del bebé en etapas tempranas del embarazo, pero no debe ser considerado como un método confiable con valor diagnóstico.

Expulsión de la Placenta Post-Parto

Si el bebé nace por parto vaginal, la placenta se expulsará poco después; esta es la tercera etapa del trabajo de parto. Después de dar a luz, la madre continuará teniendo contracciones leves. El profesional de atención médica podría administrar oxitocina (Pitocin) para ayudar a que continúen las contracciones y disminuir el sangrado. También podría masajear la parte baja del abdomen para estimular el útero a contraerse y expulsar la placenta por la vagina. Es posible que la madre deba pujar para expulsar la placenta.

Si se realiza una cesárea, el profesional de atención médica extraerá la placenta del útero durante el procedimiento. Una vez expulsada, se revisa para asegurar que esté intacta y que no haya quedado ninguna parte dentro del útero, lo que podría causar sangrado o infección.

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